El uso del braille de las lenguas españolas forma parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de España
El 18 de julio de 2026 se publicó en el Boletín Oficial del Estado —entrando, por tanto, en vigor— el Real Decreto 601/2026, de 15 de julio, por el que se declara el uso del sistema de lectoescritura braille de las lenguas españolas como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial.
Esta declaración de nuestro uso del sistema braille supone un hito de enorme relevancia no solo por el reconocimiento que supone para este sistema de lectoescritura, para quienes velan por él y para sus usuarios, sino por las garantías que añade a su presente y su futuro la obligada salvaguardia que emana de nuestra Ley 10/2015, de 26 de mayo, para la salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. Esta ley, entre muchas otras cosas, exige de la sociedad «La sostenibilidad de las manifestaciones culturales inmateriales, evitándose las alteraciones cuantitativas y cualitativas de sus elementos culturales ajenas a las comunidades portadoras y gestoras de las mismas».
Así, pues, desde ese momento:
El sistema braille de las lenguas españolas tiene una única propietaria: su comunidad portadora, es decir, las personas usuarias del sistema y las entidades que lo protegen y lo hacen evolucionar, como la Comisión Braille Española. Ellas son las únicas que pueden gestionar su uso.
Ninguna persona o entidad jurídica puede modificar o alterar sus elementos ni utilizarlos con otro propósito que no sea el establecido por sus usuarios y refrendado ahora por la Unesco y por la ley española, especialmente si el objetivo final es de carácter mercantilista.
En el citado real decreto, se expone lo siguiente respecto a la importancia de este sistema de lectoescritura para su comunidad portadora:
El uso de este sistema de lectoescritura va más allá de la mera funcionalidad, convirtiéndose en un elemento clave para el ejercicio de derechos culturales y la consolidación de un acervo inmaterial vital, con valores esenciales en la construcción de la identidad y memoria colectiva de las personas ciegas, sordociegas y con deficiencia visual grave (artículo 2).
La consecución de esta declaración, perseguida por la ONCE desde 2019, se logró tras la elaboración y presentación a la Dirección General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes del Ministerio de Cultura de un extenso expediente elaborado por la Comisión Braille Española de la ONCE en colaboración con Timón Cultural. Este documento, El uso del sistema de lectoescritura braille de las lenguas españolas
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, fue además avalado por más de 50 entidades nacionales e internacionales
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del prestigio de la Unión Mundial de Ciegos, la Unión Europea de Ciegos, el Cermi o el Real Patronato sobre Discapacidad. Incluye además una extensa sección de material gráfico y una amplia bibliografía.
El respeto por el sistema braille y su salvaguardia
Habiendo dejado el real decreto clara la indudable relevancia del sistema braille de nuestras lenguas oficiales, el texto legal deja también claros los riesgos a los que está expuesto en nuestro país —situación, por otro lado, extrapolable al resto del mundo—:
Sin embargo, aunque el braille cuenta con un sólido arraigo histórico y social, no está exento de vulnerabilidades que pueden comprometer su pervivencia como patrimonio cultural inmaterial. Entre ellas, cabe citar el desconocimiento general sobre su valor alfabetizador, educativo, cultural y de inclusión social, o la creciente preferencia por soluciones digitales —texto-audio, códigos QR, lectores de pantalla—, que corren el riesgo de desplazar el aprendizaje táctil en lugar de integrarse con él. Por último, la tentación de emplear el braille como simple elemento decorativo o comercial trivializa su verdadera función y erosiona su significado identitario (artículo 2).
Como se ha dicho, el braille no está libre de riesgos (prueba de ello es el contenido de la noticia El braille es de todos), si bien, gracias a la declaración conseguida, quienes velamos por el uso, la continuidad y el desarrollo de este sistema de lectoescritura, fundamental para miles de personas ciegas y sordociegas en España, contamos ahora con una capa más de protección garantizada por nuestra legislación.
El último paso: patrimonio cultural inmaterial de la humanidad
La inclusión del uso del braille de las lenguas españolas en la lista de manifestaciones representativas del patrimonio cultural inmaterial se ciñe, en principio, al ámbito nacional. Solo la Unesco —y no las entidades nacionales que gestionan su propio patrimonio cultural inmaterial— tiene la potestad de ampliar ese ámbito territorial al ámbito internacional, declarando esa manifestación como representativa del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.
España ha sido el octavo país en declarar el sistema braille como parte de su patrimonio intangible, siguiendo los pasos de Alemania, Francia —cuna del sistema braille—, Portugal, Bélgica, Eslovenia, Austria y Finlandia. Los dos primeros países, Alemania —que obtuvo el visto bueno a su solicitud en 2020— y Francia —que lo obtuvo en 2023— solicitaron el 31 de marzo de 2026 a la Unesco en París que admitiera a trámite la solicitud de elevar el uso del sistema braille, en cualquier lengua, al rango de patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. España, al igual que los demás países citados, han apoyado de manera inequívoca esta iniciativa, que esperamos llegue a buen término a finales de 2027.
