Louis Braille, inventor del sistema de puntos en relieve
Biografía

A la edad de 3 años sufrió un accidente y se dañó uno de los ojos con el punzón que utilizaba para perforar el cuero en el taller familiar imitando la actividad de su padre. Tiempo después, ese ojo enfermo se infectó y la infección se le pasó al otro ojo, de modo que Louis Braille perdió la vista totalmente a los 5 años.
Braille asistió durante años a la escuela de su localidad natal donde demostró ser uno de los alumnos más aventajados. Cuando cumplió 10 años obtuvo una beca para estudiar en el Instituto Nacional de Jóvenes Ciegos (INJA, por sus siglas en francés) de París, una de las primeras escuelas especializadas en este campo en todo el mundo, donde la mayor parte de la instrucción se impartía de forma oral.
También daban clases de lectura porque el fundador de la escuela, Valentin Haüy, había conseguido desarrollar un sistema de impresión de libros que utilizaba representaciones en relieve del alfabeto visual para permitir una lectura táctil. El método era muy rudimentario, exigía una impresión individualizada en cobre para cada letra y, aunque los alumnos podían tocarlas e identificarlas con las yemas de los dedos, la lectura era muy lenta y no eran capaces de reproducirlas por sí mismos mediante la escritura sin la maquinaria existente en el colegio.
Al poco de perder Louis Braille la vista por completo, en 1815, Charles Barbier de la Serre, apasionado del acceso universal a la alfabetización, publicó hasta doce sistemas simplificados alternativos a la lectura y escritura convencionales, entre los que se incluía uno ideado específicamente para las personas ciegas. Este sistema se basaba en dos columnas de puntos en relieve que designaban la posición de cada carácter en una matriz. En realidad, Barbier proponía dos matrices: una alfabética de 5 filas por 5 columnas y otra fonética, que añadía una fila más a la segunda columna, pero que él consideraba más sencilla de aprender, sobre todo para aquellas personas que no tenían conocimientos previos de ortografía. Incluso fabricó punzones y regletas para que la adquisición de la lectoescritura fuera completa desde un principio, si bien era consciente de que era una propuesta teórica que las propias personas ciegas debían probar para constatar su validez.
El método de Charles Barbier, rechazado por el INJA desde su publicación por fidelidad al método ideado por el fundador de la escuela, fue inicialmente aceptado, a modo de prueba, por su nuevo director Pignier al poco de acceder al cargo en 1821, apenas dos años después del ingreso de Braille en la escuela. La posibilidad de que los alumnos tomaran sus propias notas y pudieran releerlas más tarde o intercambiarlas con sus compañeros hizo que hasta el profesorado se mostrara muy interesado en él.
Sin notificárselo a Barbier, Pignier pidió a uno de sus estudiantes de mayor edad que lo probara y, si funcionaba, lo diera a conocer a los demás. Sus compañeros, Louis Braille entre ellos, enseguida fueron conscientes de su enorme potencial. Eso sí, frente a las recomendaciones de Barbier, se decidieron por el sistema alfabético, interesados no ya solo en escribir, sino en hacerlo correctamente de acuerdo con las normas ortográficas del francés.

Continuó trabajando en el perfeccionamiento del sistema y acabó desarrollando códigos diferentes para la enseñanza de materias como la música y las matemáticas —ayudándose en ciertos signos con el uso de rayas horizontales, también en relieve—, publicando la primera versión del sistema con 20 años, en 1829. Su preámbulo se iniciaba con una nota de agradecimiento a Charles Barbier por su «ingenioso procedimiento de escritura con puntos, inventado por el Sr. Barbier especialmente para los ciegos». Barbier no conoció la existencia de esta evolución de su sistema de lectoescritura hasta 1833, año en el que Braille y él llegaron a conocerse personalmente. Barbier agradeció a Louis Braille su trabajo de perfeccionamiento, aunque su gran logro fue el de haber hecho surgir de una simple idea un sistema útil y funcional para sus destinatarios originales. En 1837, a los 28 años, Braille publicaría una nueva versión mejorada —ya únicamente con puntos en relieve—, que es, básicamente, la que ha llegado hasta nuestros días.
A pesar de las indudables ventajas que ofrecía para el desarrollo educativo de los niños ciegos, el método desarrollado por el joven francés no se implantó de forma inmediata. Afortunadamente, la llegada y el empuje del director Pignier al nuevo sistema y el apoyo de sus compañeros, permitió a Louis Braille trabajar con más ahínco en su desarrollo. Pronto descubrieron que, gracias a él, no solo eran capaces de leer textos, sino también de escribirlos ellos mismos. El mismo Charles Barbier financió la fabricación de docenas de pautas y punzones que entregó gratuitamente a la escuela, con la idea de que los propios alumnos difundieran este sistema de lectoescritura entre otros jóvenes ciegos que no estaban escolarizados. Por primera vez, las personas ciegas disfrutaban de una autonomía que hasta entonces les había estado vedada.
Braille se convirtió en profesor de la escuela y se ganó la admiración de todos sus alumnos. Desgraciadamente, no vivió lo bastante para ver cómo su sistema se adoptaba en todo el mundo. Enfermo de tuberculosis, murió a los 43 años con el pesar de que, probablemente, su revolucionario sistema desaparecería con él.
Según fue avanzando el siglo XX, el método de lectoescritura braille se fue implantando en todos los países del mundo.
Sistema braille

