nuevo sistema recogerá latas, botellas de plástico de hasta tres litros y, previsiblemente, briks.En 2023, el 47% de los envases de plástico en España no se recuperaba adecuadamenteEl consumidor abonará un depósito de 10 céntimos por envase que luego podrá recuperar.El modelo de devolución reduce los residuos que terminan incinerados o degradándose en vertederos y entornos naturalesCon su SDDR, Alemania ya recupera el 98% de los envases de un solo uso.Fotos: iStock E ra el punto crítico y, finalmente, ha llegado con los deberes sin hacer. Este 22 de noviembre lleva años marcado en el calendario como el día en el que vence el plazo legal para implantar el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), concebido para mejorar la recogida separa de determinados envases de bebidas mediante un incentivo económico al consumidor. No obstante, la complejidad de su despliegue y las incertidumbres y discusiones sobre su desarrollo administrativo han dificultado desde el inicio que los agentes implicados planifiquen cómo hacerlo. Así, y por el momento, la única manera cierta para procurar la recuperación de estos desechos va a seguir siendo depositarlos en el clásico contenedor amarillo. El reto que plantea el SDDR es mayúsculo. Este modelo prevé que los consumidores abonen, en el moEl mento de la compra de la bebida -en formato de lata o botella de hasta tres litros un suplemento estimado en 10 céntimos que recuperarán cuando devuelvan el envase en un punto específicamente habilitado para ello. Se trata, aparentemente, de una tarea sencilla, pero tras este nuevo mecanismo se encuentra una profunda transformación que supone organizar la recogida, financiar las operaciones, adaptar los establecimientos para colocar los espacios de devolución y garantizar que los recipientes llegan a las instalaciones habilitadas para clasificarlos y reciclarlos. Por ello, no únicamente los consumidores quedarán comprometidos. Fabricantes, distribuidores, embotelladores y comercios son también agentes implicados en el plan, y la incertidumbre sobre las condiciones y procesos ha supuesto, desde el inicio del planteamiento, la gran rémora de un modelo de aplicación nacional previsto para aumentar los porcentajes de recuperación y reciclaje de envases de un solo uso y equipararlos a los de otros países europeos. La ambición ambiental que activó el cambio La Ley 7/2022, de Residuos y Suelos contaminados para una economía circular, fija en su artículo 59 los objetivos progresivos de recogida separada para botellas de plástico de un solo uso a, entonces, siete años vista: el 70% en 2023, el 77% en 2025, el 85% en 2027 y el 90% en 2029. El pinchazo llegó pronto. Sin más alternativa que el contenedor amarillo y apoyado únicamente en el compromiso individual, los resultados de 2023 quedaron muy por debajo del umbral exigido, apenas superando el 43% cuando ya se debería haber situado en el 70%. Como parche para una previsible herida, la Ley contemplaba la implantación de un sistema de depósito, devolución y retorno en el caso de no alcanzarse determinados objetivos intermedios. Fue entonces cuando se rodeó por primera vez la fecha de este 22 de noviembre en el calendario. El Real Decreto 1055/2022 desarrolla las condiciones aplicables a los envases y sus sistemas de gestión, aunque el cumplimiento de los plazos queda ligado, sin remedio, a la implementación de un modelo operativo. El plan encalló en Madrid Uno de los agentes fundamentales del SDDR es el operador, encargado de la recogida, selección y labor de recuperación. Cuatro entidades se han postulado como candidatas, Ecoembes, Procircular, CorePET y la Asociación SDDR. Las cuatro tienen su sede en la Comunidad de Madrid, por lo que queda concentrada allí la tramitación administrativa inicial. La autorización de los operadores corresponde, por tanto, al Gobierno regional, aunque este reclama al central mayor concreción sobre las líneas estructurales del modelo como el reparto de responsabilidades una vez puesto en funcionamiento, la compatibilidad con los sistemas de recogida existentes, las posibles compensaciones a los municipios o los costes que deben asumir los comercios. La controversia entre administraciones se tradujo desde el inicio en el principal escollo, capaz de bloLa autorización del operador corresponde a Madrid, que pide al Gobierno más concreción quear cualquier desarrollo. Sin operadores autorizados, la cadena quedaba bloqueada, y la ausencia de ese eslabón impedía al resto de agentes prever gastos e inversiones y organizar su participación en el sistema. Una infraestructura de alcance nacional Las estimaciones del sector prevén que la implantación del SDDR exigirá desplegar entre 20.000 y 35.000 máquinas automáticas de devolución (reverse vending machines o RVMs) en una red de unos 500.000 puntos de venta e instalaciones comerciales que deberán adaptar sus espacios para la recepción, almacenamiento y trazabilidad de los envases. Por su parte, un estudio de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) señala que la inversión inicial se situará entre los 1.200 y los 1.400 millones de euros, mientras que los informes de viabilidad del Miteco estiman que el sistema generará un déficit anual de entre 440 y 618 millones de euros entre costes operativos y gestión logística porque, a la adquisición e instalación inicial de equipos, se suman después los costes derivados del mantenimiento, almacenamiento, transporte y, por último, gestión de los residuos. En este último ámbito el informe de la FEMP refleja que el sistema SDDR resulta entre tres y cuatro veces más costoso por tonelada que el contenedor amarillo. La razón es que la recogida tradicional optimiza la red pública existente y no requiere personal ni maquinaria específica en los comercios, por lo que el coste por tonelada se sitúa entre los 180 y los 250 euros. Sin embargo, la implantación del SDDR elevaría la cifra a un rango de entre 700 y 900 euros por tonelada, ya que su entrada en vigor ..