Una consulta de Oftalmología, en el Hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza. VÍCTOR MATEOE l envejecimiento de la población y el aumento de la diabetes elevan las patologías oculares. El incremento de la demanda se observa en las listas de espera en el sistema público de salud: la demora para la primera visita en las consultas externas de Oftalmología en Aragón llega a los 245 días de media, la segunda cifra más alta de las doce especialidades incluidas en el registro. Además, 515 pacientes aguardan pasar por el quirófano desde hace seis meses, con una espera media de 97 días. En el congreso internacional Euretina, uno de los principales encuentros de salud ocular a nivel europeo, celebrado en octubre en Viena, con profesionales de más de 140 nacionalidades, se abordaron patologías como la degeneración macular asociada al envejecimiento (DMAE) y el edema macular diabético (EMD). El jefe de servicio de Oftalmología del Sector Zaragoza I, Antonio Ferreras, reconoce la importancia del primer estudio global en práctica clínica real sobre DMAE y EMD, Spectrum, con más de 3.700 pacientes de 18 países. El trabajo demostró mejoras en la agudeza visual de los pacientes tratados y además evidenció la posibilidad de espaciar los intervalos entre tratamientos, una cuestión clave para mejorar la calidad de vida de los afectados y reducir la carga asistencial de unos servicios de Oftalmología ya tensionados. Según explica, Aragón tiene más de 300.000 personas mayores de 65 años. Aplicando las estimaciones de prevalencia, alrededor del 10 % podría presentar algún grado de degeneración macular asociada a la edad, lo que equivaldría a unas 30.000 en la Comunidad. Esta patología asociada al envejecimiento suele aparecer a partir de los 60 años, «y aumenta conforme pasa el tiempo». La degeneración macular es una alteración de la parte central de la retina, responsable de la visión central que permite leer, ver la televisión o reconocer las caras de las personas. La edad del paciente es el principal factor de riesgo, de ahí la alta incidencia de esta patología, sobre todo en Comunidades como la aragonesa, con un alto grado de envejecimiento. Por otra parte, la diabetes es una enfermedad que está aumentando a nivel mundial, especialmente en países en desarrollo, y que supone un reto para los sistemas sanitarios. A mediados del año pasado, el número de personas con diabetes registradas en atención primaria de Aragón rondaba las 103.000, lo que supone una prevalencia del 7,53 %. En la diabetes tipo 2 influye la edad, pero también, como reconoce el doctor Ferreras, otros factores, como pueden ser la obesidad o condiciones genéticas. «La retinopatía diabética sigue siendo una de las principales causas de ceguera adquirida en los países desarrollados», añade. Se trata de una complicación ocular de la diabetes que ocurre cuando el exceso de azúcar en la sangre daña los vasos sanguíneos de la retina. Se calcula que la prevalencia en adultos con diabetes es del 22 % en Europa (algo menos en España, donde ronda el 15 %), mientras que la de retinopatía diabética con lesiones amenazantes de causar pérdida visual es del 4,4 %. Si la cifra de pacientes con diabetes en la Comunidad supera ya los 100.000, señala, se estima que alrededor de 15.000 podrían tener algún grado de retinopatía diabética: «Y posiblemente el 5 % de esos 100.000 podrían tener lesiones amenazantes de visión, serían unas 5.000 personas en Aragón, pero son datos extrapolados de los estudios de prevalencia». El envejecimiento de la población implica una mayor carga asistencial. Además, reconoce, en estos momentos hay tratamientos para estas patologías, como las inyecciones intravítreas, entre otros: «Y hay que mantenerlas, generalmente, de por vida, porque son eficaces mientras se continúa con esa pauta». En el Sector Zaragoza I se administran alrededor de 4.000 inyecciones intravítreas al año para tratar enfermedades de la retina como la DMAE o el edema macular diabético, una complicación frecuente de la diabetes que afecta a la zona de máxima visión de la retina. Hay que tener en cuenta, concreta, que los enfermos reciben este tratamiento varias veces al año, por lo que la cifra correspondería a unos 1.500 pacientes diferentes, un dato difícil de concretar.