La ONCE y la EMT de Palma han organizado una actividad con motivo del Día Internacional del Bastón Blanco para concienciar sobre las barreras que afrontan las personas con discapacidad visual en el transporte público. Subir a un autobús, pasar la tarjeta o encontrar un asiento son gestos cotidianos que pueden convertirse en un desafío cuando no se puede utilizar la vista. Un grupo de estudiantes de Formación Profesional de Atención a la Dependencia lo ha experimentado en primera persona durante una actividad organizada por la ONCE y la EMT de Palma. Con motivo del Día Internacional del Bastón Blanco, que se celebra cada 15 de octubre, las alumnas han participado en un taller de sensibilización en el que, equipadas con antifaces y bastones blancos, han tenido que desenvolverse en el interior de un autobús sin poder ver. El objetivo ha sido comprender las dificultades que afrontan las personas con discapacidad visual y fomentar la empatía entre los usuarios del transporte público. La presidenta del Consell Territorial de la ONCE en Baleares, Xisca Muñoz, ha destacado la importancia de concienciar a la ciudadanía sobre las necesidades de las personas con discapacidad. Muñoz ha recordado que gestos como ceder los asientos reservados o ayudar a una persona que tiene dificultades para subir al autobús pueden facilitar considerablemente sus desplazamientos. La accesibilidad también depende de las instalaciones y de la información disponible durante el trayecto. Reconocer qué autobús llega a una parada, acceder al vehículo o identificar dónde bajar son algunas de las dificultades que pueden encontrar las personas con discapacidad visual. En este sentido, el responsable del proyecto educativo de la EMT de Palma, Biel Salas, ha explicado que la empresa está incorporando mejoras de accesibilidad tanto en la flota como en las infraestructuras de las paradas. También ha destacado la importancia de fomentar el civismo y el respeto hacia las personas con necesidades específicas. Pero las principales protagonistas de la jornada han sido las estudiantes. Ainara Ferreira, alumna de Atención a la Dependencia, ha reconocido que la experiencia ha resultado más complicada de lo que imaginaba. “Hemos intentado sentarnos y pasar la tarjeta. No parece tan complicado, pero al final sí lo es”, ha explicado. Una impresión compartida por su compañera Neus Molino, que ha destacado la importancia de experimentar estas situaciones para comprender mejor a quienes las viven diariamente. “Cuando tú lo piensas, parece más fácil, pero cuando te lo pones y no ves nada, al principio da impresión. Es ponerse en el papel de la otra persona”, ha señalado. La actividad también ha permitido a las alumnas adquirir una perspectiva que podrá resultarles útil en su futuro profesional, cuando tengan que acompañar y atender a personas con diferentes necesidades. Para las estudiantes, la experiencia ha terminado al quitarse el antifaz. Para muchas personas con discapacidad visual, estas dificultades forman parte de sus desplazamientos diarios. Una jornada que ha servido para recordar que la accesibilidad no depende únicamente de las infraestructuras, sino también de la comprensión y la colaboración de los demás.