La ONCE impulsa por primera vez esta actividad en Palma para concienciar sobre las dificultades de las personas con discapacidad visual en el transporte público ¿Se imagina tener que subir al autobús con un antifaz? Algunos alumnos del IES Ramón Llull lo han experimentado en primera persona para ponerse en la piel de las personas con discapacidad visual. Un total de 25 alumnos y alumnas del Grado Medio de Atención a la Dependencia del IES Ramón Llull han participado en una actividad promovida por la ONCE por primera vez. En ella, han viajado en un autobús de la EMT provistos de antifaces y gafas de simulación, con las que han vivido en primera persona las vicisitudes de las personas ciegas a la hora de esperar, subir y viajar en autobuses urbanos. Han experimentado las sensaciones, los miedos y las inquietudes que puede tener una persona con discapacidad visual. Durante la actividad, han estado guiados y ayudados por un técnico de Rehabilitación de la ONCE, que les ha dado indicaciones. Xisca Muñoz, presidenta del Consejo Territorial de la ONCE en Baleares , ha expresado que la actividad busca concienciar a los alumnos de que hay personas con discapacidad que necesitan asientos reservados, ya que «hay gente que no se levanta del sitio, o están con el móvil, no se levantan y cuando pides que se levanten te encuentras con la negativa o te dicen que no lo necesitas». Por esto, considera importante que «tengan conciencia de ello y que si viene alguien con discapacidad les pueda ayudar y que sean conscientes y empáticos con la gente que tiene una discapacidad». Muñoz revela las diferencias entre las personas con discapacidad visual: «Una persona ciega puede usar bastón o perro guía y una persona con discapacidad visual si lo necesita también puede usar bastón pero hay gente que se maneja muy bien y no lo necesita». La actividad se celebra en el marco del aniversario del bastón blanco , que se conmemora cada 15 de octubre. Cada año, la ONCE organiza una actividad con motivo de esta fecha. Esta es la primera vez que se lleva a cabo esta iniciativa y, dependiendo de sus resultados, se repetirá a lo largo de los años. Muñoz ha añadido, además, que la accesibilidad a los autobuses «ha mejorado un montón». Lo achaca a que los nuevos autobuses incorporan muchas mejoras, pero recuerda que «aún queda mucho ya que muchas veces el sistema auditivo no funciona, a veces si te sabes la parada de memoria no pasa nada pero los que se suben por primera vez no saben donde se tiene que bajar». Muñoz explica que en la parada del bus, en la pantalla —«si esta funciona»—, hay unos botones que, al pulsarlos, indican la línea y cuántos minutos quedan para que llegue el autobús. Las personas con discapacidad visual se colocan al lado de la parada y, una vez dentro, «tienes que confiar en que el sistema sonoro funcione o sino preguntar a la gente». Ainara Ferrer, Laia Malagón y Neus Nodino son algunas de las alumnas que han participado en la actividad. Ferrer relata que «nos han explicado la diferencia de los bastones y nos hemos subido al autobús con antifaz. Al principio no parece tan complicado pero al final sí lo es». Malagón añade que «al principio da impresión, ahora el bus está vacío pero si estuviera lleno me daría miedo chocarme con alguien y ahora ayudaría a alguien con discapacidad o le dejaría espacio». Biel Salas, responsable del proyecto educativo de la EMT Palma , explica que en el proyecto «incidimos en fomentar el uso del transporte público pero con el civismo dentro de él como por ejemplo ceder los asientos prioritarios a las personas que lo necesitan». Salas revela que entre las mejoras de la EMT se encuentran la incorporación de 68 autobuses, la mayor parte de ellos articulados, y la introducción de mejoras en la configuración de la entrada, para que sea más amplia y facilite el acceso a las personas en silla de ruedas. Además, se ha incluido una doble rampa, una automática y otra manual, para poder dar servicio a estas personas si la automática fallara.