CentroCentro reúne 150 obras que recorren 50 años de experimentación con el color, el sonido y el tiempo en un proyecto concebido junto al artista antes de su muerte Hay una España que lleva décadas mirando a José María Cruz Novillo sin saberlo. Está detrás de los símbolos históricos de Correos, Renfe, PSOE, Repsol, Endesa, Telefónica y en algunos de los carteles más reconocibles del cine español. Pero detrás del diseñador que contribuyó a construir buena parte del paisaje visual del país existía otro Cruz Novillo, menos conocido por el gran público: el artista obsesionado con el color, los números, el sonido y las infinitas posibilidades de combinarlos . Esa vertiente es la que recupera CentroCentro en la primera retrospectiva celebrada en Madrid sobre su trayectoria como artista plástico y sonoro. La muestra abre al público este jueves en la primera planta del Palacio de Cibeles y reúne 150 piezas entre pinturas, esculturas, audiovisuales, maquetas y archivos. "Es la exposición más importante que se ha dedicado a mi padre. Y es una maravilla que tenga lugar en Madrid. Será un gran descubrimiento para todo el mundo. Aquí vemos a un artista que se dedicó al diseño en cuerpo y alma", ha señalado Pepe Cruz-Novillo, su hijo. Podrá visitarse hasta el 24 de enero de 2027. No se trata, por tanto, ojo, de una retrospectiva de sus famosos logotipos. Aunque diseño y creación artística resultan difíciles de separar en una figura como la suya, el recorrido desplaza deliberadamente el foco hacia el laboratorio personal de un creador que durante décadas trabajó a partir de reglas que él mismo establecía para después explorar sus consecuencias. Forma, aritmética, tiempo y juego aparecen como distintas puertas de entrada a una misma manera de pensar. El proyecto comienza en los años en que Cruz Novillo empezó a investigar las posibilidades combinatorias de las formas. En 1972 presentó en la madrileña Galería Skira sus Estructuras manipulables , un ciclo en el que ya aparecía una idea que atravesaría buena parte de su producción posterior: la obra no tenía por qué ser un objeto cerrado , sino también un sistema capaz de generar nuevas soluciones. El recorrido permite además recuperar piezas como Tximparta y Acoplamiento , que formaron parte de su participación individual en el pabellón español de la Bienal de São Paulo de 1977, y ponerlas frente a creaciones realizadas casi medio siglo después. Entre ellas aparece el Diafragma decafónico de dígitos , producido para el Instituto Nacional de Estadística en 2024, una muestra de la continuidad de unas preocupaciones que acompañaron al artista hasta sus últimos años . "No ha sido una exposición fácil. El hecho de que él falleciera mientras la preparábamos ha sido triste. Estamos ante un artista aún por descubrir. Era juguetón, le gustaba hacer partícipe al público en sus obras", ha apuntado Elena Fernández, comisaria junto a Pepe. A finales de los 70, esa investigación se extendió también hacia las imágenes que circulaban por la sociedad. Cruz Novillo comenzó a trabajar con fotogramas cinematográficos, imágenes de prensa y obras de la historia del arte, sometiéndolos a sus propios sistemas de fragmentación y combinación. Velázquez y Cézanne podían convertirse así en materia prima para preguntarse no sólo qué vemos, sino cómo una postal se reproduce y acaba formando parte de nuestra memoria visual . El salto decisivo llegó a mediados de los 90, cuando introdujo el sonido y el tiempo en ese universo. Nació entonces su concepto de diafragma , basado en la correspondencia entre tonos cromáticos y notas musicales. El cuadro dejaba de limitarse a una superficie para convertirse también en secuencia y duración. Su ejemplo más extremo es el Diafragma dodecafónico Opus 14 , generado mediante un algoritmo digital en 2010 y concebido para prolongarse durante cerca de 34.000 siglos: una obra prácticamente imposible de escuchar completa y en la que la combinatoria adquiere dimensiones casi astronómicas. Una despedida Ese Cruz Novillo experimental convivió siempre con el profesional que desde finales de los 50 trabajó en publicidad y que, en los 60, se convirtió en uno de los grandes nombres del diseño gráfico español. A su mano pertenecen identidades que todavía forman parte de la vida cotidiana y carteles de películas como El espíritu de la colmena La escopeta nacional El sur Deprisa, deprisa o Los lunes al sol . Su influencia terminó siendo tan profunda que CentroCentro ya presentaba esta muestra dentro de su programación como una oportunidad para reivindicar al creador más allá de su condición de pionero de la identidad visual española. La exposición tiene además un inevitable carácter de despedida : fue concebida junto al propio Cruz Novillo desde 2025. El artista murió en Madrid el pasado 1 de mayo, con 89 años, cuando todavía trabajaba en ella. Noticias relacionadas "Forma parte de nuestra memoria colectiva. Y, por tanto, claro, de nuestros recuerdos. Este es nuestro particular homenaje a su talento y creatividad . Ha contribuido a dibujar la España contemporánea", ha subrayado Marta Rivera de la Cruz, delegada de Cultura, Turismo y Deporte en el Ayuntamiento de Madrid. El resultado funciona ahora como algo más que una retrospectiva: es la posibilidad de entrar en la trastienda intelectual de alguien cuyas imágenes conocemos casi todos, aunque quizá no supiéramos hasta ahora cuánto había detrás de ellas.