La falta de rampas, intérpretes de lengua de signos o contenidos adaptados evidencia la distancia entre el discurso sobre inclusión y su aplicación real Una circunstancia habitual y muy peligrosa a la que se enfrentan las personas con discapacidad. / L-EMV Hace unos meses, asistí a una jornada dedicada a la mujer organizada por uno de los grandes sindicatos de nuestro país. La jornada estaba dedicada al lenguaje inclusivo y no sexista , con una excelente charla y una mesa de debate posterior en la que participaron mujeres con diferentes perfiles, entre ellas una mujer con discapacidad visual. La importancia del lenguaje y de regular el ámbito laboral para todas las personas es una necesidad en la sociedad actual, pero también es necesario dar ejemplo Cuando levanté la mano para intervenir en el turno del público, la moderadora tenía claro por dónde irían los tiros en mi intervención. Para mí no era coherente el contenido de la jornada con la «puesta en escena» de la misma . Iniciar el acto con la proyección de un vídeo sin que estuviera adaptado a personas con discapacidad visual o auditiva, que la mesa de debate estuviera en un escenario sin una rampa o no tener intérprete de lengua de signos eran algunas de las incoherencias que chocaban con el mensaje del evento. Desgraciadamente no se trata de un hecho aislado y anecdótico ; al contrario, hace apenas unos días asistí a una charla sobre movilidad y accesibilidad universal dentro de la programación municipal de mi población en la que eché de menos un intérprete de lengua de signos, que el folleto que repartían estuviera adaptado a personas con discapacidad visual y que ocurriera lo mismo con las proyecciones que emplearon durante las ponencias. No se trata de carencia de normativa en esta materia , de la que vamos más que sobrados, aunque su aplicación en el día a día está a años luz de ser una realidad. Se trata de dar ejemplo , siendo las administraciones públicas y entidades implicadas las primeras en hacerlo, aunque el coste no tenga un retorno «electoral». La accesibilidad universal debe ser mucho más que una bonita declaración de intenciones o titulares vistosos cuando se hace algo en la materia. La accesibilidad universal es un derecho para que en la sociedad quepamos todas las personas, independientemente de nuestras capacidades.