ZARAGOZA. La Universidad de Zaragoza es, como las aulas de colegios e institutos, cada vez más diversa. Prueba de ello es que este curso 2026-2027 espera atender a casi 600 estudiantes con discapacidad o que requieren apoyos específicos para desarrollar su trayectoria académica en igualdad de condiciones que sus compañeros. Son casi un 39 % más que el año pasado, cuando fueron 432 los alumnos que precisaron alguna adaptación o flexibilización. La Oficina de Atención a la Diversidad (OUAD) del campus público cumple este año dos décadas y desde que se puso en marcha esta cifra se ha multiplicado por diez. Estos son algunos de los datos que dio a conocer ayer el director de secretariado del área de accesibilidad y diversidad de la institución académica, Fernando Latorre, con motivo de la presentación de la guía de apoyos y ajustes razonables, un documento para aclarar criterios y establecer orientaciones de cara a actuar de una forma más homogénea y segura. Además, otra novedad es que los docentes tienen a su disposición un asistente Gems de Inteligencia artificial (IA) como una herramienta orientativa complementaria a la valoración individual de cada joven que se lleva a cabo desde la OUAD. Este servicio establece las adaptaciones que precisa este alumnado a la hora de asistir a clase y hacer los exámenes y las prácticas. Entre los perfiles de jóvenes que requieren respaldo una tercera parte tienen reconocida una discapacidad de al menos un 33 %, mayoritariamente física, visual, auditiva o sordoceguera, mientras el resto presentan situaciones ligadas a otros trastornos como espectro autista (TEA), déficit de atención e hiperactividad (TDAH), dificultades específicas del aprendizaje o problemas de salud mental como trastorno obsesivo convulsivo, de la conducta alimentaria, ansiedad o del estado de ánimo. También se contemplan enfermedades y situaciones temporales o sobrevenidas, del tipo de dolencias crónicas o agudas, intervenciones quirúrgicas, hospitalizaciones, accidentes o lesiones. La rectora, Rosa Bolea, explicó que este documento supone un «cambio de mirada» que necesitará de un proceso progresivo «porque no pretendemos transformar de un día para otro, requerirá tiempo, aprendizaje y la implicación de toda la comunidad universitaria». S. C.