AZARplus La Generalitat Valenciana ha vuelto a escenificar una imagen que en el Sector del Juego resulta cada vez más familiar: la del “Juego bueno” y el “Juego malo”. Para el primero, recepciones institucionales, fotos en el Palau y elogios públicos. Para el segundo, regulación, restricciones y vigilancia constante, como bien pudimos comprobar ayer con las nuevas consultas públicas sobre la normativa de Salones de Juego y Máquinas. El president, Juanfran Pérez Llorca, ha recibido esta semana al presidente del Grupo Social ONCE, Miguel Carballeda, en un acto celebrado en el Palau de la Generalitat con motivo del cupón dedicado al Día Internacional de las Personas Sordociegas. Una iniciativa loable en su finalidad social, pero que vuelve a evidenciar la peculiar relación institucional que rodea a la ONCE. Porque el acto no fue solo una jornada de sensibilización: también sirvió para presentar un cupón. Es decir, un producto de Juego. Uno que, además, recibió el respaldo institucional del máximo representante del Consell. Nada que objetar a la defensa de las personas con sordoceguera, una causa que merece todo el apoyo. La cuestión es otra: cuando el Juego lleva el sello de la ONCE parece transformarse automáticamente en política social. La escena vuelve a dejar una imagen difícil de ignorar: la Administración regulando con mano firme a unos mientras abre las puertas del Palau a otros. Porque, en España, no todo el Juego es igual. Al menos, no a ojos de las instituciones.