La zaragozana, con discapacidad auditiva, ha sido reconocida por su actitud, implicación y compromiso social en su labor de venta de cupones "Estoy en una nube, todavía no me lo creo". Así de expresiva se manifiesta Margarita García sosteniendo entre sus manos un trofeo que representa a un grupo de viandantes. Esta zaragozana ha sido seleccionada como la mejor vendedora de la ONCE del año 2025 en Aragón. Un galardón con el que la organización reconoce anualmente el esfuerzo de los trabajadores dedicados a la venta de sus diferentes producto s de esta lotería así como "la actitud en su puesto de trabajo, la implicación con los clientes o el compromiso con la labor social". Margarita, de 60 años y con discapacidad auditiva, ha recibido el premio entre risas, reconociendo no tener muy claros los méritos por los que se lo han dado. "Es un orgullo grandísimo, pues muchos compañeros llevan muchos más años que yo trabajando y no lo han conseguido", señala mientras reparte saludos en su kiosco del paseo Independencia. Su vida a pie de calle ha forjado un carácter amable que derrocha simpatía. En el año 2017 entró en la ONCE con ganas de reinventar su trayectoria laboral. La sordera empezaba a dificultar otros desempeños y con este cambio pudo encontrar un puesto a su medida . "Cuando me detectaron la discapacidad pensaba que me tendría que retirar, pero yo conocía a otras personas que con ayuda habían podido seguir trabajando, así que di el paso de entrar en la organización para informarme, el caso es que me cogieron, me dieron un curso y hasta hoy vendiendo cupones", narra. Antes de encontrar un lugar en el paseo Independencia, Gracia había desempeñado una extensa carrera picoteando en diferentes frentes, desde el cuidado de niños a la atención de personas ancianas. En la última de sus encarnaciones había encontrado una vocación hostelera en un bar que tuvo que cerrar y la dejó descolgada del mundo laboral debido al avance de su discapacidad. "Ya me costaba realizar algunas tareas", detalla. Margarita, según cuenta su coordinador de zona, es "hábil arreglando cosas y haciendo reír y alegrando a todo el que la rodea". Su cantante favorita es Isabel Pantoja, le gustan todas sus canciones y es entusiasta de las películas románticas, en particular Titanic . "Aunque sea sorda disfruto mucho de la música, pero solo canto en la ducha", ironiza. A la tonadillera la ha visto en directo en dos ocasiones, que casi fueron como ganar un premio a la lotería Como cocinera hace unas estupendas croquetas y una tortilla de patatas buenísimas, algo de lo que pueden dar fe los clientes a los que atendía como trabajadora de bar. "Su temperamento es una de las mejores cosas que tiene a su favor y es imposible enfadarse con ella", dicen. "Siempre estaré agradecida a la ONCE por haberme dado una salida profesional y una esperanza al encontrar un trabajo en un momento difícil" reconoce. La alegría de Margarita es contagiosa, como saben los clientes que todos los días la saluda desde su privilegiado mirador del paseo de la Independencia. Y eso que en ocasiones le cuesta mantener el ánimo. "Como puedes ver, llevo audífono y gracias a ello me voy defendiendo, pero pierdo mucho el equilibrio porque estoy operada tres veces de perforación de tímpano", indica. El día a día dentro de su oficina particular tiene más alicientes de los que parece. "No es nada aburrido, tengo clientes estupendos que me quieren un montón y yo a ellos también", señala. En su opinión la clave de un buen vendedor de cupones está en saber cómo ofrecer la suerte. A veces dentro de la caseta, esperando a los habituales. Y cuando la jornada es propicia saliendo fuera a ofrecerla activamente, siempre con bromas y simpatía . "Lo mejor es cuando alguna persona vuelve tiempo después a agradecerte el día en el que le vendiste un premio gordo", recuerda 'Rascas' de premio Y de estos ha entregado bastantes en su trayectoria hasta llegar a ser la mejor vendedora de Aragón. "He dado premios de 500.000 euros y también premios de 1.000 euros por un rasca de un euro, menuda cara se le queda a la gente", explica esta residente en el barrio de Valdespartera. Enfundada en su chaleco verde confía en mantener la racha, sabiendo que entre sus funciones también está el transmitir confianza en la suerte, algo que cree que la ha beneficiado a lo largo de su vida. De hecho, en estos años en el centro de Zaragoza ha desarrollado un olfato especial para detectar el estado de ánimo de la gente, algo que se acaba reflejando en el número de ventas. Los peores días son los de cierzo frío, pero en general el paseo de la Independencia es el mejor lugar para no aburrirse nunca. "Pasa el tranvía, pasan todas las manifestaciones , la gente que va a trabajar y los que vienen de fiesta, aquí siempre hay cosas nuevas pero ya estoy más que acostumbrada", bromea. La mejor época para trabajar es el otoño, cuando la gente vuelve de las vacaciones y la ciudad recobra su pulso habitual. Por otro lado, ni el calor ni las aglomeraciones de las fiestas del Pilar son buenos días para el azar. "La gente está pensando en otras cosas y parece que se olvida", afirma entre risas. "Cuanto más jaleo hay en la calle peor, pues eso quiere decir que van a lo suyo y pasan casi sin verte", puntualiza. Con su nuevo estatus de mejor vendedora de Aragón ha notado cómo se han multiplicado las felicitaciones, los saludos y también las ventas. Será cuestión de llamar a la suerte, asume. "Toda la familia se ha puesto muy contenta, mis hermanas, mis sobrinas, todos han estado muy felices", dice. El premio, por el momento, lo guardará en su casa ya que no se fía de exhibirlo en su kiosco . "No quiero que se caiga, imagínate que drama", bromea de nuevo.