La Santa Caridad y la ONCE derriban barreras desde el corazón de una banda Personas ciegas se integran como público entre los músicos en un concierto inclusivo en Toledo para sentir las marchas procesionales desde dentro J. Guayerbas Toledo La marcha procesional ‘La Saeta’ apenas había comenzado cuando algunos de los protagonistas de la mañana ya estaban viviendo una experiencia inédita. No ocupaban los bancos de la parroquia ni escuchaban la música desde la distancia. Estaban sentados entre los propios músicos, junto a los instrumentos, percibiendo las vibraciones de los metales, siguiendo el movimiento de las partituras y descubriendo cómo nace una melodía desde su interior. La parroquia de las Santas Justa y Rufina acogió ayer una iniciativa impulsada por la Cofradía de la Santa Caridad, la ONCE y la Asociación Musical de Argés con un objetivo sencillo y a la vez ambicioso: acercar la música procesional a las personas con discapacidad visual para que puedan sentirla de una forma más cercana y completa. Para José Martínez, presidente de la ONCE en Castilla-La Mancha, el proyecto es una nueva muestra de una colaboración que se ha convertido en referente de inclusión cultural en Toledo. «La Santa Caridad es una cofradía muy querida para nosotros porque siempre ha tenido una vocación social y una sensibilidad especial hacia las personas con discapacidad», explicó. Fruto de esa colaboración han surgido iniciativas como el Corpus inclusivo o una Semana Santa adaptada para personas con discapacidad visual. Martínez recordó que muchas de las tradiciones religiosas y culturales están construidas desde una dimensión eminentemente visual, lo que puede convertirse en una barrera para miles de personas. «Con este tipo de iniciativas, atrevidas pero de gran impacto, lo que buscamos es precisamente derribar esas barreras», afirmó. La música ocupa un lugar especial dentro de esa estrategia. «Los ciegos siempre hemos sido muy aficionados a la música, pero una banda suena de forma muy distinta cuando la vives desde dentro», señaló. Los participantes pudieron tocar los instrumentos, conocer cómo se organizan los músicos y sentir físicamente las vibraciones que generan las distintas secciones de la agrupación. La actividad reunió además a participantes de distintas edades, desde niños hasta adultos, convirtiéndose en una experiencia intergeneracional que, según Martínez, «va a ser muy enriquecedora». El mandato de llegar a todos La emoción también era evidente en Fernando Redondo, mayordomo de Finados de la Cofradía de la Santa Caridad, quien destacó el carácter pionero de la iniciativa. «Hemos trabajado juntos en actividades relacionadas con el Corpus o la Semana Santa, pero es la primera vez que unimos la música a esta experiencia inclusiva», explicó. Mientras sonaban las primeras notas de ‘La Saeta’, varios usuarios de la ONCE permanecían integrados entre los músicos. Cada uno recibía explicaciones sobre el instrumento que tenía a su lado, quién lo tocaba y cuál era su función dentro de la banda. Para Redondo, la actividad conecta directamente con la misión de la cofradía. «Es hacer realidad el mandato que tenemos de llegar a todos y de hacer presente a Cristo en todo el mundo», afirmó. Más allá del concierto, defendió la necesidad de seguir avanzando en la inclusión dentro de la propia Iglesia. «Tenemos que empezar a romper los estereotipos sobre la discapacidad y a integrar mucho más a estas personas porque aportan una mirada diferente», señaló. La iniciativa se suma a otros proyectos impulsados junto a la Cofradía de la Santa Caridad para acercar la cultura y las tradiciones a todos La música ha sido interpretada por la banda de Argés, Toledo. J. G.