Carlos Espinosa Tras ser arrollado en 2018 cuando rodaba en bicicleta, los médicos auguraron la muerte de Cristian. Pero sobrevivió... Esta es la historia de un hombre para el que rodar en el desierto ha formado parte de su mejor cura. . La pequeña duna que baña la puesta de sol en Merzouga (Marruecos) no debía tener sobre su fina capa superior más que la limpia brisa del cielo azulado. Cristian no debía estar sobre ella . La medicina, con su casi infalible tozudez milenaria, le auguraba la muerte después de que en agosto de 2018 un coche a toda velocidad lo embistiera de frente cuando montaba en bicicleta por su Girona natal. Si no moría en pocos días -auguraron los médicos-, quedaría en estado vegetativo . Rostros compungidos de médicos bajo una hostil luz blanquecina. Palabras incapaces de mitigar un dolor tan grande como el universo . Incomprensión y rabia en las lágrimas de Sheila , la esposa en shock que sujeta la mano de Tanit , esa hija de siete años incapaz de comprender, pero sí de adivinar... Han pasado casi ocho años del accidente. La pierna izquierda casi arrancada muestra infinidad de cicatrices pero permanece en su sitio, gracias al empeño por conservarla que pusieron en la Clínica Guttmann , un centro médico de Barcelona especializado en salud cerebral y neurorehabilitación . Que la tibia sea ahora cinco centímetros más corta debido a una infección que obligó a extraer parte del hueso no es lo más importante; al fin y al cabo, sigue formando parte de su cuerpo. La cabeza es otra cosa: cierto es que en la mente de Cristian nacen reflexiones profundas, pausadas y trascendentales como solo pueden serlo aquellas que decimos llegadas del corazón, pero cada idea necesita en su mente unos segundos de cocción y existe el riesgo de que el hilo de la conversación le resulte esquivo. Con su pierna empequeñecida y la lesión axional difusa en su cerebro, lo sorprendente es que Cristian haya podido terminar su segunda Skoda Titan Desert en Marruecos . Durante seis días ha recorrido sobre su bicicleta 580 km , un periplo que le ha llevado a superar duros ascensos por caminos rotos en el Atlas y a surcar hipnóticos mares de dunas. Un viaje intenso y dispar como su vida, porque de hecho podría entenderse como una alegoría de su propia existencia. Todos los participantes han luchado contra los kilómetros, el agotamiento y el calor. Cristian, sobre todo, contra sí mismo . Cuando le pido un sonido, una imagen, la sensación que define el momento que le cambió la vida , entrecierra sus ojos de un marrón verdoso como si le costara un esfuerzo agónico entresacar las ideas. "Casi nunca he hablado de ello... Sé que cuando salí del coma no podía casi pensar. En mi cabeza se repetía un sonido y solo con el tiempo he llegado a comprender que era el ruido del coche que venía hacia mí". -¿Cómo le explicarías a un niño de 10 años lo que le sucede a tu cabeza? -Difícil... Le diría que tengo la cabeza un poco bloqueada -reconoce tras sopesarlo unos segundos-. Y también que tengo miedo , miedo por varias razones. Primero porque quienes no saben de mi historia me hablan como si yo fuera el de antes, y muchas veces me hablan rápido y no logro entender lo que me dicen. Y después, porque a menudo digo algo y al momento me hacen ver que estoy equivocado. Y eso, cuando te pasa muy a menudo... te va empequeñeciendo , ¿sabes? A menudo me siento como un globo que perdió parte de su aire y ya no es capaz de volar ". Cristian Casals lideraba un grupo dedicado a la producción cinematográfica. Su función era tomar decisiones con criterio , acertar de forma resuelta y expeditiva. El accidente le llegó cuando en el trabajo le iba como nunca lo hubiera soñado, inmerso como estaba en una vorágine profesional para la que ni encontraba freno ni ganas tenía de buscarlo. "He sentido mucha frustración -afirma sin rencor en su voz. Luego se señala la cabeza y aclara-: Esto es una montaña rusa en la que subes, bajas, subes, bajas ... Sobre todo me costó mucho aceptar que no volvería a hacer mi trabajo. Eso me... me mató en vida . Ahora, si quiero organizar algo sencillo necesito estar relajado para no bloquearme. ¿Sabes que para no olvidar que había quedado contigo he tenido que ponerme un recordatorio en el teléfono? Así voy siempre, poniéndome recordatorios para todo". Por suerte, un día recibió una llamada que de nuevo le cambiaría la vida, esta vez para bien; al otro lado del teléfono, el Dr. Álex Del Arco , especialista en cirugía ortopédica y traumatología del Instituto Guttman , le anunciaba que la clínica cumplía 60 años y querían celebrarlo llevando a la Skoda Titan Desert un equipo con cuatro ex pacientes. El anuncio conllevaba una petición insensata, al menos en apariencia: querían que él fuera uno de ellos . "Había oído hablar de esa carrera y daba por hecho que me hablaban de hacerla con bicicleta eléctrica. Pero me dijeron que la tenía que hacer con bici 'muscular'. Yo no tenía bici 'normal' y quedaba solo un mes y medio para la carrera... Era una propuesta alocada, tan alocada que te juro que podría haber dicho que ni de broma... >>Pero no sé por qué, en ese momento dije que sí ". A sus manos llegó una bicicleta cedida, en este caso adaptada a sus necesidades por medio de una biela izquierda más larga que la derecha. A partir de ese momento se volcó a entrenar con una pasión febril que no conocía desde antes del accidente: "Recuerdo que aquellos días llovió mucho, sí, con mucha fuerza, pero yo salía cada día a entrenar -rememora-. Estaba absolutamente volcado en ello. Parecía una locura pero me impliqué con una fuerza desconocida ". La pasión con la que revive aquellos días de su vida da paso a un silencio que se prolonga un minuto, quizá dos. Lo imagino entrenando bajo un chaparrón, juntando los dientes de una boca salpicada de agua y castigada por el frío un día y otro y otro más... Nada que ver con la serenidad y el calor de la fina arena que ahora acaricia con sus manos, como si en lugar de arena mesara el pe ..