Los nietos de Escarrer abren la batalla en Meliá Los miembros de la familia cuestionaron el pacto de socios firmado en 2018 PÁG. 16 Los nietos de Escarrer reviven en Meliá las batallas familiares en la élite empresarial Los sobrinos del actual presidente reniegan del pacto de accionistas de la familia mallorquina Gabriel Escarrer Jaume, presidente de Meliá Hotels International. A.M Resucitan luchas de poder en Eulen, Ferrovial, FCC, El Corte Inglés, Lladró o Gullón J. Mesones J. Mesones MADRID. La junta de accionistas de Meliá, celebrada el pasado 7 de mayo, se presentaba como un paseo triunfal para su presidente y consejero delegado, Gabriel Escarrer Jaume, tras cerrar 2025 con resultados históricos y con la acción protagonizando un rally alcista de prácticamente el 50% en poco más de cuatro meses de ejercicio. Sin embargo, en el turno de intervenciones de los accionistas emergieron las voces discordantes de varios miembros de la familia fundadora y propietaria de la mayoría del capital de la cadena hotelera que fundó el difunto Gabriel Escarrer Juliá. Sus nietos, Jaime, en representación de su hermano Gabriel, y Ana Escarrer Bisbal, hijos de Sebastián Escarrer Jaume, hermano del presidente, cuestionaron el pacto de socios de la familia firmado en 2018 y el plan de sucesión de la compañía. Los miembros de la tercera generación de la saga mallorquina escenificaron en público sus discrepancias con la gestión de su tío y con el blindaje que, en su opinión, el pacto le proporciona apenas unos meses después del fallecimiento, en agosto de 2025, de su abuela, Ana María Jaume Vanrell, esposa de Gabriel Escarrer Juliá –fallecido en 2024–. Expresaron su disconformidad con las declaraciones que el primer ejecutivo de Meliá realizó a comienzos de año en las que trasladó “una imagen de unidad familiar” que, a su juicio, “no se correspondía plenamente con la realidad”. “Mis hermanos y yo no hemos podido recibir acciones que implican una participación indirecta en Meliá porque para su entrega se nos obliga a adherirnos al pacto de socios, que en la práctica blinda la posición del presidente y relega a quienes no comparten esa posición a un papel pasivo”, expresó Jaime Escarrer Bisbal. Tras el fallecimiento de Ana María Jaume, Meliá comunicó en septiembre del año pasado que el control accionarial de la hotelera había pasado a sus seis hijos (María Magdalena, Ana María, María Antonia, María Mercedes, Sebastián y Gabriel Escarrer Jaume) como propietarios de las sociedades familiares titulares del 49,41 % del grupo (Hoteles Mallorquines Consolidados, Hoteles Mallorquines Agrupados y Hoteles Mallorquines Asociados). Adicionalmente, informaron del control indirecto del 5,388%, a través de Tulipa Inversiones 2018. En febrero de este año, agruparon todas estas participaciones en la acción concertada para sumar el 54,805%. El presidente de Meliá recibió la delegación de voto en la junta por el 30% del capital. El pacto de socios, que permanece “inalterado” desde 2018, establece que durante al menos cinco años desde el fallecimiento de Ana María Jaume “se exigirá una mayoría reforzada del 80 % en las decisiones que adopten las juntas generales de las compañías mercantiles para adoptar decisiones que afecten a la reducción de la participación de estas sobre Meliá”. Apellidos ilustres Tras escuchar las palabras de su sobrino y de su sobrina –por medio de un representante–, el presidente de Meliá indicó que “cualquier discrepancia interna entre los firmantes del pacto debe dirimirse en el ámbito privado”. “La compañía debe mantenerse al margen de estos asuntos familiares para proteger el interés social de la empresa”, demandó. La rebelión de una parte de los Escarrer se descubre como la última disputa familiar en la élite empresarial de España que sale a la luz. La historia reciente –y no tanto está sembrada de apellidos ilustres enfrentados por la gestión, el reparto de poder o la herencia en grandes grupos. En la escena mediática ha resurgido recientemente por la crisis de la vasca Tubos Reunidos la histórica batalla en el seno de la familia Ybarra, accionistas, entre otros grupos, de Vocento. La guerra en la familia Álvarez por Eulen y Vega Sicilia acaparó cientos de titulares y se dirimió en los tribunales tras años de lucha sin cuartel. Los hermanos Del Pino también han protagonizado discrepancias públicas por la gestión de Ferrovial que llevó a la disolución del pacto de accionistas. De igual modo, Esther y Alicia Koplowitz, herederas de FCC, separaron sus caminos. El Corte Inglés igualmente libró una batalla de herederos entre Dimas Gimeno y sus primas Cristina y Marta Álvarez. En Galletas Gullón la matriarca se enfrentó a sus hijos para recuperar el control. Y en Lladró los fundadores rivalizaron con sus hijos por la estrategia del grupo y terminó en manos de un fondo.