La cultura desayuna a ciegas Líderes de entidades cántabras participan en el almuerzo de la ONCE para empatizar con las personas sin visión LUCÍA ALCOLEA P óngase un antifaz y verá cómo todo lo que haga después le parece extremadamente complejo. Ese fundido en negro que afilará el resto de sus sentidos es el día a día de los 930 cántabros con discapacidad visual que forman parte de la ONCE. La fundación para la Organización Nacional de Ciegos invitó ayer a «desayunar a ciegas» a más de una veintena de representantes del mundo de la cultura y del arte en la región con un doble objetivo: agudizar su empatía y concienciar sobre la importancia de generar una cultura «más inclusiva». Por cuarto año consecutivo –en otras ocasiones han asistido alcaldes, periodistas y asociaciones de perros guía–, el hotel Las Carolinas de la Asociación de Hostelería de Cantabria fue el lugar elegido para congregar a los participantes en este almuerzo a oscuras. Una iniciativa que insta a mirar un poco más allá de la punta de nuestros pies, a pesar de que no podamos ver absolutamente nada. O precisamente por eso. Una práctica en la que participó una nutrida representación de la cultura de Cantabria, en el sentido más extenso de la palabra. Desde directores de museos hasta rectores de universidades, pasando por directores de cine, escritores y artistas. Todos se quedaron sin visión por un rato y tuvieron que aprender a desayunar con otras herramientas y sin luz. Apoyándose en conceptos en los que seguramente hasta ahora no reparaban, «como la referencia», decía Javier Martín, técnico de rehabilitación de la ONCE, que ofreció algunas pistas a los neófitos discapacitados visuales sobre cómo arreglárselas en el desayuno. «¡Uy qué angustia!», lanzaba Fátima Sánchez, directora ejecutiva del Centro Botín. «Yo llevo bolso, tú lo tienes más fácil», le decía a Ángel Pelayo, rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), que prefería estarse quieto. «Es curioso porque si no ves, hablas menos», señalaba Fátima. Y escuchas más. Ya una vez en la mesa, escenas cómicas llenas de anormalidad, que es la cotidianeidad de las personas ciegas. «Nosotros lo hacemos así todos los días», recordaba Sergio Olavarría, presidente del Consejo Territorial de la ONCE en Cantabria. «A las personas ciegas nos han dicho muchas veces que, para nosotros, una escultura, un cuadro o incluso una historia son invisibles, pero yo estoy seguro de que el arte se puede sentir y que la cultura no solo se mira», reflexionó. «¿Sabían que para una persona que no ve es casi imposible ir sola a un museo?», preguntó Juanma Ramajo, que se definió a sí mismo como actor, cómico amateur y ciego profesional. «Sobre todo porque te vas encontrando con el archienemigo del ciego, que es el cristal». El cristal de una vitrina que te impide palpar lo que tienes delante. Ayer intentaba alcanzar su taza Javier Cifrián, fundador de la Escuela de Cine y Televisión de Cantabria. «Estos 15 segundos caminando hasta el comedor se me han hecho un mundo». Para Marta Sainz de la Maza, directora del Museo de la Naturaleza, «ha sido tranquilizador no ver nada». «Deberíamos ponernos las pilas y hacer museos inclusivos». Ángel Pelayo, Pilar Fatás, Eduardo Lamadrid, Conchi López, Eva Guillermina Fernández, Fátima Sánchez y Sergio Olavarría. DANIEL PEDROIZA