Así. No solo hay actores con discapacidad auditiva. La obra incorpora también a músicos con discapacidad visual vinculados a la 11 que tocan en directo. Los dirige Sergio Full Krys, que evidentemente no lleva batuta, da indicaciones a través de auriculares, va programando todo lo que vamos a tener que hacer cuando hay cortes, cuando hay cambios para que estemos atentos a todos. Y es una dirección nueva, porque yo nunca había trabajado tampoco de esta forma. De hecho, nosotros, las personas con discapacidad visual. Aprendiendo todo de memoria. O sea, no hay partituras, no hay indicaciones y muchas ocasiones se da todo en la cabeza, que es un trabajo mucho más intenso y que requiere de mucho más tiempo. La vocación inclusiva de Bailando el silencio no se queda solo en el escenario, se extiende también al patio de butacas. Una de las características esenciales de la representación es que va a ser totalmente accesible. Hay accesibilidad para las personas sordas, para las personas oyentes y para las personas ciegas. Las personas sordas recibirán la accesibilidad a través de los intérpretes de lengua de signos y del subtitulado que aparecerá en una pantalla 3D envolvente en el escenario. La audiodescripción irá dirigida a personas ciegas a través de Ilunion con un sistema de audiodescripción denominado ARI. Dado que se trata de un musical, la interpretación en lengua de signos de las canciones se ha cuidado mucho. Es un proceso largo que requiere muchísimo trabajo previo. Abajo previo. Primero hay que ver la letra de las canciones, entenderla y luego adaptarla a la estructura de la lengua de signos. A partir de ahí hay que repetir la canción, practicar, trabajar con la persona que está cantando el tema y practicar con ella. Porque no es lo mismo signar una canción grabada que una canción que se canta en directo. Es algo que hay que trabajar más para respetar la estructura de la lengua de signos es difícil, así que toca ensayar mucho. Porque ya sabes que estás pendiente de