Javier Peña trabaja por primera vez en un musical. Para él ha sido un reto integrarse en el complejo entramado de una obra en la que hay canciones y baile. No lo tenemos fácil para encontrar trabajo. Al principio no sabía cómo iba a ser. Tenía dudas y poco a poco he ido compenetrando mejor con todo el equipo. Hay un compañero, Paco, que no sabía Lengua de signos y hace el personaje de Nico, que sí signa y está aprendiendo. Además hay músicos bailarines y me quedo embobado viéndolos. Son disciplinas que yo no hago yo solo, sino. Pero me encanta verlos. Así. No solo hay actores con discapacidad auditiva. La obra incorpora también a músicos con discapacidad visual vinculados a la 11 que tocan en directo. Los dirige Sergio Full Krys, que evidentemente no lleva batuta, da indicaciones a través de auriculares, va programando todo lo que vamos a tener que hacer cuando hay cortes, cuando hay cambios para que estemos atentos a todos. Y es una dirección nueva, porque yo nunca había trabajado tampoco de esta forma. De hecho, nosotros, las personas con discapacidad visual. Aprendiendo todo de memoria. O sea, no hay partituras, no hay indicaciones y muchas ocasiones se da todo en la cabeza, que es un trabajo mucho más intenso y que requiere de mucho más tiempo. La vocación inclusiva de Bailando el silencio no se queda solo en el escenario, se extiende también al patio de butacas. Una de las características esenciales de la representación es que va a ser totalmente accesible. Hay accesibilidad para las personas sordas, para las personas oyentes y para las personas ciegas. Las personas sordas recibirán la accesibilidad a través de los intérpretes de lengua de signos y del subtitulado que aparecerá en una pantalla 3D envolvente en el escenario. La audiodescripción irá dirigida a personas ciegas a través de Ilunion con un sistema de audiodescripción denominado ARI.