Mientras unas pantallas muestran modelos de datos o asistentes de inteligencia artificial, en otra mesa un grupo prueba un entorno de robótica mientras y el de al lado revisa diseños en 3D. No es una incubadora tecnológica al uso ni una escuela tradicional: es el día a día del centro XTD Valencia, un espacio que en apenas un año se ha convertido en un referente para la formación tecnológica de personas con discapacidad en la capital del Turia. Impulsado por Fundación ONCE con el apoyo de la Generalitat y el Ayuntamiento de Valencia, el proyecto ha echado a andar en el edificio de La Harinera, dentro de la estrategia municipal de Valencia Innovation Capital. Desde allí se ha desplegado durante 2025 una oferta formativa centrada en competencias digitales avanzadas que busca conectar talento diverso con el crecimiento del ecosistema tecnológico valenciano. En su primer año de actividad, el centro ha impartido 24 acciones formativas y ha formado a 267 personas con discapacidad en ámbitos como programación, inteligencia artificial, diseño digital o robótica. La tasa de finalización se sitúa además cerca del 95%, cifra que refleja el alto grado de continuidad del alumnado en los itinerarios tecnológicos. «Tras este primer año el balance es muy positivo. Hemos logrado consolidarnos como un espacio de referencia para la formación tecnológica de personas con discapacidad y demostrar que existe un enorme interés y talento en este ámbito», explican a LAS PROVINCIAS fuentes del centro. El arranque del proyecto en Valencia ha servido para poner a prueba un modelo formativo pensado específicamente para eliminar barreras en el aprendizaje tecnológico. Así, el espacio se ha concebido como algo más que un aula tradicional y funciona también como entorno de experimentación en accesibilidad digital y metodologías inclusivas. Durante el primer año se llevó a cabo una formación piloto en desarrollo web que sirvió como banco de pruebas para integrar criterios de accesibilidad universal, adaptaciones personalizadas y herramientas tecnológicas colaborativas. «El centro se ha concebido como un espacio accesible, flexible y tecnológicamente avanzado, no solo para impartir formación sino también para experimentar con nuevas metodologías inclusivas», explican. A partir de esa base se han ido incorporando nuevas propuestas formativas. Entre ellas destacan los cursos de Desarrollo Web, Diseño Gráfico e Impresión 3D o IA en la Oficina, uno de los más demandados por el alumnado. Además, también se han realizado talleres vocacionales en áreas emergentes como robótica o realidad extendida. De cara a este año el programa seguirá ampliándose con nuevas especialidades. Entre las formaciones ya previstas figura un curso de Ingeniería de Datos y Big Data, además de segundas ediciones de varios programas que han despertado mayor interés. En total, 267 personas con discapacidad han pasado ya por las aulas del centro durante este primer año. Aunque todavía es pronto para ofrecer cifras definitivas de inserción laboral, el proyecto se centra en consolidar un itinerario formativo progresivo que permita acceder a perfiles tecnológicos cualificados. «La mayoría del alumnado continúa avanzando hacia formaciones de nivel superior dentro del propio programa», explican fuentes del centro. «El primer año supone una base sólida sobre la que seguir creciendo, y nuestro objetivo es que ese proceso formativo continuo se traduzca en empleabilidad real». El enfoque responde a una realidad del mercado laboral digital: muchos puestos tecnológicos requieren especialización progresiva, por lo que el aprendizaje se plantea como un recorrido que combina formación inicial con nuevas certificaciones. A pesar del potencial que ofrece el sector tecnológico, las personas con discapacidad siguen encontrando obstáculos para acceder a él. Entre ellos destacan la falta de accesibilidad en plataformas digitales o la brecha de competencias derivada de trayectorias educativas con menos oportunidades. «Todavía hay herramientas o recursos formativos que no están diseñados para todos los tipos de discapacidad», apuntan desde el centro. «Además, muchas personas necesitan apoyos progresivos para acceder a perfiles técnicos que de entrada pueden parecer muy exigentes». Otro factor relevante es la autopercepción. «Cuando alguien ha vivido situaciones de exclusión, es habitual que piense que la tecnología no es para ella. Romper esa idea y demostrar que pueden alcanzar puestos cualificados es una parte fundamental de nuestro trabajo». Uno de los elementos que diferencian al centro valenciano es su apuesta por la accesibilidad digital integral. El espacio combina recursos tecnológicos, metodológicos y humanos diseñados para que cualquier persona pueda formarse en tecnología. El alumnado cuenta, por ejemplo, con intérpretes de lengua de signos, software especializado como el lector de pantalla JAWS, ampliadores de texto y periféricos adaptados que permiten utilizar el ordenador según las necesidades de cada usuario. A esto se suman materiales formativos accesibles —con subtítulos, transcripciones o versiones adaptadas— y herramientas de inteligencia artificial que facilitan la conversión de texto a voz o el subtitulado en tiempo real. «La accesibilidad no es solo cuestión de tecnología. También implica acompañar a cada persona según su ritmo de aprendizaje», destacan. La inteligencia artificial se ha convertido en uno de los ejes formativos del centro, tanto por su impacto en el mercado laboral como por las oportunidades que ofrece para superar barreras. «La IA está generando nuevas familias profesionales donde el talento con discapacidad encaja muy bien», explican fuentes del centro. Entre ellas destacan tareas relacionadas con la revisión de datos, la validación de resultados, la generación de contenidos o el apoyo en procesos automatizados. Además, la propia inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta de apoyo para el trabajo diario, con sistemas de ..