Las dificultades de las personas con movilidad reducida Aparcar en el HUCA, misión casi imposible para los pacientes con discapacidad Un turonés lidera un frente contra el uso fraudulento de las plazas reservadas en el hospital ovetense: «Hay quien deja el coche toda la jornada» DAVID MONTAÑÉS Turón (MIeres) Iván González es conocido en Mieres como «el cuponero de Turón». Se trata de una persona muy apreciada en el valle, con fama, afirman los vecinos, de «persona comprometida». Este vendedor de la ONCE se ha puesto al frente de una reivindicación de carácter regional que afecta a gran parte de las personas con discapacidad que cada día necesitan atención médica. Denuncia en concreto que los aparcamientos reservados en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) son utilizados de manera recurrente por otros usuarios e incluso por personal del centro. «Utilizan tarjetas de familiares o incluso de personas que han fallecido. Hay trabajadores que se tiran toda la jornada laboral con el coche aparcado en una plaza reservada sin importarles el perjuicio que causan», explica González. Iván González sufrió la amputación de una pierna hace dos décadas. Durante un tiempo tuvo que desplazarse en silla de ruedas. Esa etapa, por suerte, ha quedado atrás. Hace unos meses fue sometido a un proceso de osteointegración, es decir, un implante artificial que se integra directamente con el hueso. Por este motivo lleva meses acudiendo casi a diario al HUCA para afrontar la rehabilitación. Allí coincide habitualmente con otros asturianos en su misma situación. Es el caso, por ejemplo, del gijonés Roberto García o de María Lorenzo, de Piedras Blancas. No solo se quejan de que muchas veces no tengan aparcamiento. Lamentan que las repetidas denuncias verbales trasladadas a la Policía Local no hayan servido para nada: «Los agentes simplemente nos dicen que para actuar deberían pillar a los infractores in fraganti y que no pueden estar todo el día vigilando. La verdad es que todo podría solucionarse fácilmente con un poco de voluntad, ya que hay personas que actúan con total descaro y sin ningún tipo de civismo». La situación se repite casi a diario, según González. «Voy a rehabilitación casi todos los días y cada vez que llego me encuentro plazas reservadas por coches que pertenecen a trabajadores o a personas que vienen al hospital a trabajar. Muchos utilizan tarjetas de familiares», denuncia. El turonés asegura que ha presenciado casos en los que los vehículos permanecen aparcados toda la jornada laboral. «No estamos hablando de alguien que para cinco minutos para dejar a un familiar. Hay gente que entra a trabajar a primera hora y deja el coche en una plaza para personas con movilidad reducida hasta que termina su turno», explica. En una ocasión, relata, llegó incluso a enfrentarse verbalmente con una empleada que, según afirma, ocupa habitualmente una de esas plazas. «Entraba a las siete y pico de la mañana y salía a las tres de la tarde. Le dije que estaba perjudicando a personas que realmente necesitan ese aparcamiento», recuerda. La discusión no sirvió para solucionar el problema y, según asegura, la situación se repitió en varias ocasiones. No es un privilegio González insiste en que la tarjeta de aparcamiento para personas con discapacidad no es un privilegio. «Es una necesidad. Quien la utiliza de forma fraudulenta está perjudicando directamente a personas que realmente la necesitan», subraya. Según explica, decidió incluso llamar varias veces a la Policía Local para advertir de lo que estaba ocurriendo, pero la respuesta que recibió no le convenció. «Me dijeron que podía presentar una denuncia, pero que para actuar tenían que verlo in fraganti. Al final es tu palabra contra la de esa persona, porque siempre pueden decir que llevaron a un familiar al hospital», lamenta. Esa dificultad para demostrar el uso indebido de las tarjetas hace que muchos afectados opten por no formalizar denuncias. «Si esa persona dice que vino con su madre o con su padre al hospital, ¿cómo lo demuestras? Al final no sacas nada en claro», señala González. Por eso cree que el problema solo puede resolverse con más control y vigilancia. «Si cuando alguien llama para avisar de un caso concreto viniera una patrulla a comprobarlo, muchas de estas situaciones se acabarían rápidamente», opina. María Lorenzo, vecina de Piedras Blancas, comparte esa sensación de impotencia. Ella también acude con frecuencia al HUCA para someterse a rehabilitación tras someterse a un proceso de osteointegración similar al de González. «Hay días en los que llegas y todas las plazas reservadas están ocupadas. Y no siempre por personas que realmente las necesiten», explica. Según relata, cuando eso ocurre no queda más remedio que aparcar lejos y recorrer a pie o en silla de ruedas una distancia considerable hasta el hospital. «Para alguien con movilidad reducida eso supone un esfuerzo enorme», añade.. n Iván González muestra su tarjeta para aparcar, frente al centro de salud de Turón. D. M. María Lorenzo, en el aparcamiento del HUCA, junto a unas plazas para personas con discapacidad, todas ocupadas.