Ángel Martín-Blas Sánchez
Nota de la edición electrónica: En este apéndice existen ejemplos en sistema
braille que no se visualizarán correctamente si no tiene instalada la fuente
con la que han sido editados. Para ello, copie el fichero <indebf__.ttf>
que encontrará en el directorio raíz de este disco en la carpeta de Fuentes de
su ordenador.
No obstante, personas sensibles a esta problemática
aguzaron su ingenio para conseguir que los privados de visión pudieran ser
partícipes de la cultura escrita..., en definitiva, del lenguaje codificado.
Ahí están los ejemplos significativos de Valentin Haüy y de Luis Braille, que
comprendieron claramente la importancia que supone el uso de un código para
comunicarse.
Hoy en día, las posibilidades de acceso de las
personas ciegas, deficientes visuales y sordociegas a la información son una
realidad palpable, que se consigue por medio, entre otros, del sistema braille.
Por otra parte, los avances tecnológicos están consiguiendo que quienes no
pueden utilizar su visión, tengan la oportunidad de acceder a los textos
escritos, sin más limitaciones que las que les imponen los propios recursos o
sus destrezas personales.
En
diferentes épocas de la historia, han existido intentos bien intencionados de
encontrar sistemas de escritura destinados a quienes presentan problemas de
comunicación, puesto que siempre han existido personas que han confiado en la
capacidad del hombre para aprender y para comunicarse, aunque algunos sectores
se vean obligados a hacerlo por caminos distintos de los habituales. Sin
embargo, esos intentos ilusionados nunca pudieron concretarse en soluciones
definitivas, por las propias características y deficiencias de los sistemas y
códigos diseñados o por la naturaleza de los materiales utilizados. No
obstante, el mero hecho de pensar en la educabilidad de las personas (en nuestro
caso, ciegas o deficientes visuales y sordociegas) era un importante paso hacia
la redención educativa de las mismas. Esta tesis positiva abrió las puertas a
su educación sistematizada, que comenzó a ser una realidad y a dar sus primeros
pasos firmes.
1. Luis Braille, creador de un
código
En 1809, nació en Coupvray, un pueblecito cercano a
París, un niño, que estaría llamado a revolucionar positivamente el mundo de
las personas ciegas en relación con el acceso a la cultura. Sus padres, de
procedencia humilde, pocas perspectivas de futuro podían ofrecer a su hijo,
salvo la de seguir la tradición familiar de dedicarse al pequeño negocio de la
guarnicionería. Sin embargo, una circunstancia casual hizo que cambiaran
significativamente las cosas, cuando, por accidente, el pequeño Luis se hirió
en los ojos con una herramienta del taller familiar, produciéndose
irremediablemente la ceguera.
Sus padres tuvieron noticia de la existencia en
París de una escuela para ciegos (la creada por Valentin Haüy, ya citado) e
hicieron grandes esfuerzos para conseguir que Luis pudiera desplazarse a ella
para iniciar su formación y educación regladas y tener la oportunidad de
realizar sus lecturas en libros en relieve, que, aunque escasos, le permitieran
acceder, por primera vez, a contenidos relacionados con la literatura, el arte,
las ciencias... No obstante, el acceso a la cultura resultaba para Luis algo
lento y penoso, lo que, sin duda, fue produciendo en la mente del muchacho el
germen de la magistral idea que más tarde daría frutos trascendentes y
beneficiosos para las personas ciegas.
La oportunidad se presentó cuando, contando Luis con
la edad de 12 años y siendo alumno de la escuela de París, vino a ella un
capitán de Artillería, ya retirado, llamado Charles Barbier, para mostrar a los
profesores y alumnos la bondad que supondría para los ciegos la utilización de
un método de «escritura nocturna» diseñado por el militar y que, por medio de
puntos, permitía la formación de mensajes en relieve. Como quiera que, por aquellas
fechas, existía la preocupación por encontrar un
sistema adecuado al tacto distinto al de Haüy, la idea de Barbier fue la
espoleta que provocó una explosión de ideas y entusiasmo en la mente del joven
Luis.
El encuentro casual en la escuela con el viejo
capitán no fue, por tanto, inútil. El año 1825 marcó un hito importante en el
mundo de la tiflología. El joven Luis Braille, que contaba solo con 16 años de
edad, basándose en los principios de Barbier, presentó a sus profesores y
compañeros de escuela el primer diseño de su código de lectoescritura para
ciegos. Ni que decir tiene que la idea fue aceptada de muy buen grado por sus
colegas estudiantes (dado que se observaban resultados sorprendentes con la
utilización de este recurso), si bien entre los profesores la respuesta fue más
bien negativa, pues entendían que el sistema supondría, por su propia
estructura y formato, un elemento de segregación entre videntes y ciegos... La
historia posterior ha venido a demostrar precisamente lo contrario.
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2. Estructura del código braille
El procedimiento de Barbier consistía en la
combinación de 12 puntos, lo que provocaba que el reconocimiento de los
distintos caracteres exigiera un cierto nivel de desciframiento analítico. Sin
embargo, el de Luis Braille simplifica la captación del grafema en su conjunto,
aportando al cerebro una imagen global del mismo. Neurológica, semiológica e
informáticamente se ha podido demostrar, en épocas recientes, la bondad de este
código, fruto de la mente de un joven que tuvo el gran acierto de diseñarlo.
Las propias características físicas y tamaño de sus formas grafemáticas parecen
estar muy cercanas a una disposición óptima desde el punto de vista
psicofísico, no solo en lo que hace referencia al número de puntos empleados,
sino también a la distancia entre ellos y a su distribución. Así lo demuestran
importantes estudios llevados a cabo al respecto, como los de Esperanza
Ochaíta y otros (1988).
El código braille se basa en la combinación de 6
puntos en relieve, sobre un espacio o celdilla, llamado también «cajetín».
Su llamado «signo generador», también denominado
«elemento universal» o «generador braille», está estructurado de la siguiente
forma:
A los tres puntos de la columna de la izquierda se
les asignan los números 1, 2 y 3, según la posición superior, media o inferior
que ocupen, respectivamente. A los de la derecha, se les asignan los números 4,
5 y 6, según su respectiva ubicación superior, media o inferior. Dichos seis
puntos ofrecen matemáticamente la posibilidad de 64 agrupamientos combinatorios
diferentes (incluido el cajetín vacío), con los que se puede lograr una
signografía completa y suficiente para la representación gráfica de contenidos
diversos.
Así pues, cuando Luis Braille ideó su código de
lectoescritura, lo diseñó en series lógicas de agrupamientos, que señalamos a
continuación y cuyo significado está indicado debajo de cada una de las
figuras.
1.ª Serie — Representa las diez primeras letras del
alfabeto. Son las siguientes:
A |
C |
I |
Y |
Q |
K |
[ |
S |
J |
Z |
a
|
b
|
c
|
d
|
e
|
f
|
g
|
h
|
i
|
j
|
2.ª Serie
— Su
representación es igual a la anterior, con el añadido del punto inferior
izquierdo (punto número 3) del signo generador, con lo que se consiguen las
siguientes formas:
E |
G |
M |
] |
U |
O |
_ |
W |
N |
^ |
k
|
l
|
m
|
n
|
o
|
p
|
q
|
r
|
s
|
t
|
(Obsérvese la no inclusión de la «ñ», dado que Luis
Braille era de origen francés, cuya lengua no dispone de esta letra, la cual
aparece en la serie 4.ª.)
3.ª Serie — Reproduce
las combinaciones de la 2.ª Serie, incluyendo también el punto inferior derecho
(punto número 6) del signo generador (o también, igual que la 1.ª Serie, a la
que se añaden los puntos 3 y 6). Presenta estas formas:
e |
g |
m |
} |
u |
o |
|
w |
n |
~ |
u
|
v
|
x
|
y
|
z
|
ç
|
Gen.
|
á
|
é
|
ú
|
4.ª Serie — Se
obtiene con los elementos de la 1.ª Serie, añadiendo el punto número 6
(inferior derecho del signo generador). Estos son los resultados:
a |
c |
i |
y |
q |
k |
{ |
s |
j |
z |
â
|
(
|
î
|
ô
|
û
|
ë
|
ñ
|
ü
|
ö
|
w
|
5.ª Serie — Es
la que se obtiene desplazando todos los grafemas de la 1.ª Serie un espacio
hacia abajo en el cajetín. Las formas obtenidas son:
B |
F |
R |
R |
b |
V |
v |
f |
T |
t |
,
|
;
|
:
|
Div.
|
¿?
|
¡!
+ |
=
|
«»
|
*
x |
º
|
6.ª Serie — Su
composición se basa en las distintas formas obtenidas al combinar el punto
inferior izquierdo (punto número 3), junto con todas las posibles combinaciones
de los puntos de la derecha del signo generador (exceptuando, lógicamente, los
ya obtenidos en anteriores series):
L |
\ |
| |
l |
d |
D |
í |
) |
n.º |
ó |
- |
verso |
7.ª Serie — Se
basa simplemente en agrupar, en diferentes formas combinatorias, los puntos del
lado derecho del signo generador:
H |
X |
x |
P |
h |
p |
` |
|
|
|
|
@
|
May.
|
|
|
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3.
Otras formaciones del sistema braille
Como quiera que con las 64 formas combinatorias no habría suficientes posibilidades para representar los
distintos signos necesarios para las distintas disciplinas, uno de los aciertos
ingeniosos del sistema braille es que se puede obtener una gran variedad de
dichos signos combinando los elementos de dos o más cajetines. Los más
significativos y básicos son:
3.1.
Representación de las letras mayúsculas
Si a cualquiera de las letras minúsculas del
alfabeto anteponemos el símbolo h, inmediatamente
queda transformada en mayúscula.
Ejemplos:
|
N |
hN |
O |
hO |
S |
hS |
|
s |
S |
p |
P |
h |
H |
3.2. Representación de los
números
Teniendo en cuenta que el sistema de numeración más
generalizado es el de «base 10» (que utiliza únicamente 10 dígitos o cifras
para representar cualquier número, así como para realizar operaciones
matemáticas con ellos), en el sistema braille las diez cifras necesarias se
obtienen anteponiendo el signo |a las
diez primeras letras del abecedario. Así resultan estas formas:
|
|A |
|C |
|I |
|Y |
|Q |
|
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
|
|K |
|[ |
|S |
|J |
|Z |
|
6 |
7 |
8 |
9 |
0 |
Para cantidades de dos o más cifras, se coloca el
signo |solamente al principio. Mientras no aparezca un
cajetín en blanco, los grafemas pertenecen a un único número.
Ejemplos:
|
|IK |
|YIJ |
|
36 |
439 |
La coma decimal se
representa por el signo B
Tras él, no es necesario repetir el signo de inicio
de número. He aquí un ejemplo, con su transcripción:
|ZBIQC
0,352
Para facilitar la lectura de grandes cantidades,
puede utilizarse el signo Dcada
tres cifras, no siendo necesaria, tampoco en estos casos, la repetición del
signo de inicio de número tras dichos puntos. Ejemplo:
|IDYCJDKQA
3.429.651
Para representar los números ordinales se utiliza el
mismo procedimiento, si bien, tras el signo de inicio de número, las cifras se
transcriben en la mitad inferior de la celdilla o cajetín, seguidas de la letra
«o» o de la letra «a», según sea el género del sustantivo al que se refieren.
Ejemplos:
|
|FA |
|RfU |
|
2.ª |
38.º |
En el caso
de los ordinales «primer» o «tercer», se transcriben así:
|
|BW |
|RW |
|
primer |
tercer |
3.3.
Las vocales acentuadas o con diéresis
En los signos braille (teniendo en cuenta su
limitada estructura de representación espacial) no es posible añadir elemento
alguno, como la tilde o la diéresis, por encima del cajetín, para, por ejemplo,
acentuar las letras vocales o pronunciarlas, respectivamente. El procedimiento
que se emplea para ello es el de considerar otras formas específicas. Estas son
las cinco vocales acentuadas y la letra u con diéresis en el idioma español:
|
w |
n |
L |
l |
~ |
s |
|
á |
é |
í |
ó |
ú |
ü |
A título de curiosidad, he aquí algunas
otras vocales con otros diferentes acentos, en otros idiomas:
|
a |
c |
i |
y |
q |
|
n |
|
â |
ê |
î |
ô |
û |
é |
è |
|
|
(francesas) |
|||||
El código de lectoescritura braille (Arialalmente
aceptado y valorado) para ser válido ha de estar «vivo», es decir, ha de poseer
la flexibilidad suficiente como para poder adaptarse a las necesidades que los
nuevos tiempos plantean. Por eso, es un código que, sucesivamente, ha
modificado algunos de sus grafemas, tendiendo a la mayor eficacia con la menor
dificultad posible. Existen organismos internacionales que velan para que los
criterios que se adopten sean consensuados y aplicados Arialalmente. En
España, la entidad encargada de estos menesteres es la Comisión Braille
Española.
Los más usuales se representan como las diez
primeras letras del abecedario, aunque en posición más baja dentro del cajetín
(ver la 5.ª Serie de la estructura del código).
3.5. Otras especificidades del sistema
braille
En el sistema visual se utilizan recursos muy
específicos para destacar, subrayar, priorizar o resaltar determinadas letras,
palabras, frases o párrafos. Tal es el caso del uso de las letras cursivas,
bastardillas, negritas, subrayadas, etc. En el código braille, dada su especial
configuración y diseño, los referidos recursos no tienen cabida, puesto que sus
grafemas presentan unas posibilidades muy concretas y uniformes, referidas a
sensaciones táctiles, pero no visuales ni cromáticas, ni de tamaños o estilos.
Por otra parte, y dados los mecanismos y procesos de percepción táctil —que son
diferentes a los de percepción visual, sobre todo en lo que se refiere a la captación
puntual, analítica, secuencial y no global—, se utilizan recursos específicos
para destacar letras, palabras, frases o párrafos. Entre ellos figura, como más
usual el signo T, que
debe enmarcar lo que ha de destacarse.
Otro recurso específico de este código (basado en el
ahorro de espacio, en razón de que necesita
más que el
visual) es el
diseñado para la escritura de versos. Con la inclusión del signo \, el lector sabe cuándo se inicia cada verso
en el texto en tinta, a pesar de que en braille todos estén escritos de forma
seguida.
Mención aparte merece el procedimiento empleado en
el código braille para reducir su extensión en los textos. Se trata del
«braille abreviado», más comúnmente denominado «estenografía» o también
«braille tipo 2», que consiste en la aplicación de determinadas reglas para
eliminar y modificar algunos grafemas de las palabras para hacerlas más cortas.
En las lenguas inglesa y francesa, sobre todo, es habitual su uso (incluso en
los niveles elementales de la enseñanza). En España, aunque menos frecuente a
nivel general, es muy corriente su uso, fundamentalmente, entre personas ciegas
cultas.
Finalmente, he aquí algunas otras formas expresivas
del código braille:
|
Xt |
|FI |
|AIBIM |
|
% |
2/3 |
13 cm |
|
|JthI |
z W |
P |
|
9º C |
{ } |
@ |
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4. Algunas características específicas
del código de lectoescritura braille
Sin entrar, por limitaciones de espacio, en un
análisis pormenorizado sobre el código braille, queremos, al menos, destacar
algunas de sus características, a nuestro juicio relevantes,
señaladas por diversos autores:
·
Se
ejecuta en un espacio micrométrico. Esta circunstancia (que puede variarse en
los primeros momentos de los aprendizajes con el fin de facilitar el
reconocimiento de los grafemas) exige un cierto nivel de sensibilidad y
discriminación táctil.
·
Tiene
un formato rígido. Con esta afirmación queremos decir que el error que pueda
cometerse en la ubicación o localización de algunos de sus puntos es muy
significativo; lo cual lo hace distinto del código visual, en el que los rasgos
pueden ser variados, redundantes e incluso, en ocasiones, superfluos. Al ser limitado
el número de los puntos empleados en el «cajetín» o «celdilla», cada uno de
ellos tiene significativa entidad representativa, no redundante, por lo cual el
lector precisa recursos de atención en su acto de reconocimiento grafemático.
·
Es
«frío» de formas. Si con el código visual (también denominado «en tinta») se
pueden utilizar recursos didácticos y metodológicos basados en las
posibilidades cromáticas, formales y flexibles que pueden componerse para hacer
más atractivo su aprendizaje, en el braille esta posibilidad está ausente. No
obstante, existen otros recursos metodológicos que facilitan e incentivan los
procesos previos para la instrucción: juegos corporales y espaciales, puzzles,
encajes, etc.
·
En
él es significativa la direccionalidad. Las propias estructuras de muchos de
sus grafemas representan signos «en espejo» o «simétricos» a otros. Por otro
lado, cuando las letras en braille se representan en la escritura por
procedimientos manuales, no mecánicos, el sistema presenta la especificidad de
su «reversibilidad», que consiste en que la escritura se lleva a cabo con
dirección de derecha a izquierda, presionando en el papel con un punzón sobre
una regleta o pauta, para después leer lo escrito de izquierda a derecha, una
vez que se ha dado la vuelta al papel.
·
Presenta
una difícil globalización. Muchos de los métodos de lectura visual se basan en
el reconocimiento global de palabras, para proceder después al análisis de las
mismas; métodos que tienen muy en cuenta el campo (central y periférico) con el
que actúa el sentido de la vista. La percepción táctil es puntual, analítica y
secuencial, lo que hace que, en el terreno del reconocimiento de palabras,
perciba estas letra a letra. Niveles más altos de
globalización aparecerán más tarde por diversas vías, como, por ejemplo: por
destrezas lectoras adquiridas, por técnicas de anticipación basadas en el
desarrollo lingüístico y cultural del individuo, etc.
·
Tenidas
en cuenta las excepciones, la lectoescritura braille alcanza, en términos generales,
inferiores velocidades que la visual y parece tener, en este sentido, un
límite máximo de difícil superación.
·
Se
lee fundamentalmente con los dedos índices de cada mano, siendo, generalmente,
el dedo de una sola el que lee en episodios concretos de la lectura.
·
El
almacenamiento de la información se lleva a cabo, fundamentalmente, por los
aspectos táctiles del grafema, sin necesidad (como sucede en la lectura visual)
de la apoyatura de características fonológicas del símbolo.
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5. El acceso a la lectoescritura
braille
Las capacidades de todas las personas no son
idénticas a la hora de abordar diferentes sistemas de comunicación. Estos
exigirán más tarde (unos más que otros) destrezas mínimas previas, para cuya
adquisición serán precisos, en mayor o menor medida para cada sujeto, el
adiestramiento y la instrucción.
Para lograr competencias, al menos mínimas, en la
lectoescritura braille, son precisos unos requisitos, que podrían resumirse en:
·
hábitos
y destrezas motoras, razonablemente aceptables;
·
sensibilidad
táctil suficiente;
·
niveles
adecuados de coordinación motriz;
·
motricidad
manual‑dactilar fina (segmentación, precisión, etc.);
·
logros
mínimos en presión y prensión dactilar;
·
suficiente
memoria inmediata;
·
definida
lateralidad;
·
estructuración
espacial y rítmico‑temporal;
·
un
cierto grado de desarrollo en expresión oral;
·
motivación.
En principio, podemos afirmar que los elementos
básicos que intervienen en la adquisición de destrezas lectoras para el uso del
código táctil pueden considerarse similares a los del visual. La lectura, en
todo caso, consistirá en interpretar y dar sentido a unos signos, una vez reconocidos. No obstante, de la observación diaria de la
práctica lectora en sujetos ciegos y videntes, así como de las conclusiones
extraídas de diferentes estudios, parece deducirse que, comparativamente, el
lector ciego precisa mayor tiempo para su adiestramiento que el vidente, del
mismo modo que, en cuanto a los resultados lectores, se retrasan también algo
más en la población ciega. Todo ello, como es lógico, con las debidas
excepciones que confirman estas observaciones generales.
Para llegar al conocimiento de los procesos
intervinientes en los aprendizajes de la lectoescritura, es preciso distinguir
las dos situaciones más usuales que pueden darse previamente: la una, que se
refiere al inicio del proceso lectoescritor por vez primera, y la otra, cuando
se aborda el aprendizaje de otros sistemas diferentes al ya aprendido. Aunque
ambas situaciones tienen elementos de coincidencia, no obstante, una y otra
divergen desde el punto de vista de los procesos que se emplean, de las destrezas
previas necesarias y de los requisitos que se precisan.
En todo caso, es necesario tener en cuenta algunos
factores que van a incidir claramente en el éxito o en el fracaso lector. Nos
referimos a la cantidad de estímulos lectores que incidan en el sujeto; a la
edad de comienzo de los aprendizajes; al grado de desarrollo de las destrezas
previas, así como de maduración del individuo; a los apoyos que reciba del
entorno familiar, escolar y social; y, también, a la metodología y recursos
didácticos que se empleen con el aprendiz.
5.1.
Acercamiento al código braille por vez primera
La capacidad y necesidad de comunicación son innatas
en el hombre. De ahí que, ya desde los primeros minutos de la vida de un bebé,
el llanto, los gestos, los movimientos..., son vehículos con los que puede
transmitir demandas o sensaciones. Sin embargo, como ya hemos dicho, las
capacidades de todas las personas no son idénticas para comunicarse
espontáneamente y, mucho menos, para utilizar diferentes sistemas de comunicación.
Todos los autores coinciden en afirmar que no existe
sistema lectoescritor alguno cuyo abordaje pueda iniciarse sin tener dominadas
ciertas destrezas previas y sin que el sujeto que va a abordarlo haya alcanzado
el nivel mínimo necesario de maduración psicomotriz. Esta tesis tiene mayor
consistencia cuando se aplica al código braille, por razones que afectan a su
propia naturaleza y estructura.
Queda claro, pues, que, para conseguir competencias,
al menos mínimas, en la lectoescritura braille, son precisos ciertos
requisitos. Pero, además, para lograr que el sujeto aborde por vez primera con
éxito el aprendizaje de la lectoescritura braille, es necesario adiestrarlo en
determinadas habilidades tendentes a lograr su maduración en aspectos tales
como:
·
Reconocimiento,
clasificación, ordenación, etc., de objetos, teniendo en cuenta diversos
criterios, como tamaños, formas, texturas, peso, etc.
·
Coordinación
manual, a través de actividades que exijan el uso de ambas manos.
·
Destrezas
psicomotoras dígito‑manuales, con ejercicios que exijan dominio muscular
fino (segmentación dactilar, alternancia, etc.)
·
Adiestramiento
táctil, por medio de actividades que desarrollen la capacidad de discriminación
amplia, media y fina.
·
Seguimiento
de líneas con los dedos, en todo tipo de direcciones.
·
Orientación
espacial, con respecto a una página.
Es importante que el sujeto demuestre un cierto
grado de motivación por aprender este código. Despertar el interés del futuro
aprendiz será una de las tareas más complejas y difíciles, aunque no
imposibles, para su instructor. Conseguir, además, que el trabajo le resulte
atrayente supondrá un reto añadido.
Muchas veces existe la creencia, entre algunos
profesionales de la docencia, de que son precisos instrumentos y recursos costosos
para lograr con éxito esta tarea. Sin embargo, nada más lejos de la realidad.
Son la imaginación, el interés y la vocación del docente los que encuentran,
casi siempre, la solución, sin grandes inversiones monetarias.
Sin tratar de realizar una relación exhaustiva,
señalaremos, a continuación, cuáles son los aspectos en que es preciso insistir
antes de acceder al sistema braille, a fin de conseguir el éxito necesario:
·
Conceptos
espaciales básicos. Cada uno de los grafemas braille representa una distribución
de puntos en un espacio concreto en el que los conceptos‑clave se
refieren a ubicaciones espaciales: arriba, abajo, izquierda, derecha, en medio, antes de, después de, etc.
·
Establecimiento
de relaciones espaciales: entre las partes de su propio cuerpo; entre su cuerpo
y los demás objetos que están fuera de él; entre los objetos entre sí; etc.
·
Nociones
de cantidad relacionadas con: más que, menos que, lleno, vacío, mucho, poco,
etc.
·
Reconocimiento
de formas tridimensionales.
·
Reconocimiento
de formas en relieve sobre papel.
·
Comparaciones
diversas, entre las que cabe destacar las de: semejanza/diferencia de formas y
tamaños, de texturas y rugosidades, de peso, de grosores, de temperaturas, etc.
·
Ejercicios
básicos de coordinación motriz para: seguimiento y cambio de líneas continuas y
discontinuas, en todas las direcciones, con una y con dos manos; discriminación
de puntos en papel; localización de puntos en una estructura determinada; etc.
·
Habilidades
básicas de encajes y ensambles.
·
Técnicas
elementales de presión y prensión de las manos con diversos objetos.
·
Destrezas
básicas para el picado.
En todo caso, deben realizarse actividades con miras
a lograr destrezas suficientes para la práctica de la lectura y de la
escritura, y ello en razón de que cualquier profesional de la docencia ha de
velar para que los futuros usuarios del código no adquieran vicios en sus
comportamientos lectoescritores, que, una vez asentados, son muy difíciles de
eliminar.
5.2.
Acceso al braille, como segundo código
Cuando un individuo ya ha abordado los aprendizajes
de un código lectoescritor, lo conoce y lo usa, el acceso a otro diferente le
exigirá tener en cuenta otros aspectos, distintos en unos casos y
complementarios en otros, respecto a los señalados en el apartado anterior.
Es obvio pensar que muchos de los requisitos
previamente necesarios para abordar, en general, el complejo proceso de la
lectoescritura ya los habrá conseguido. Por consiguiente, acceder a otro
sistema, a otro código, le exigirá dominar fundamentalmente destrezas que hagan
referencia, por un lado, a las propias características físicas y estructurales
de dicho nuevo código y, por otro, a las condiciones y capacidades personales
necesarias para su abordaje. En general, estas podrían ser algunas notas a tener
en cuenta:
·
Adaptación
a una nueva situación perceptiva. Si el cambio se ha producido por pérdida o
deterioro de alguna capacidad sensorial, la persona afectada habrá de
recomponer sus propias formas de vida, dando un giro importante a la
preponderancia que surgirá en el uso de un canal perceptivo u otro.
·
Potenciación
de las capacidades sensoriales residuales, que habrán de ser entrenadas,
habilitadas, rehabilitadas y/o potenciadas para hacer frente a necesidades
perceptivas nuevas.
·
Potenciación
de la funcionalidad visual o táctil, dependiendo de las características
respectivas del código a abordar. La toma de decisiones en este sentido se
tratará más adelante cuando se haga referencia a la elección del código lector.
·
Ejercitación
e incremento de destrezas manipulativas, táctiles y visuales, tendentes a
facilitar el acceso más rentable posible al sistema.
5.3.
Importancia de la correcta elección del código de lectoescritura
Una de las grandes polémicas pedagógicas surge
cuando se trata de decidir cuál es el sistema que una persona con resto visual
funcional ha de utilizar para su desenvolvimiento futuro. Aunque ninguna
decisión (sobre todo educativa) ha de llevar la categorización de definitiva o
irreversible, es preciso, sin embargo, adoptar criterios que, basados en
técnicas diagnósticas y pedagógicas, se acerquen lo más posible a lo
conveniente. De otro modo, los posibles usuarios del error arrastrarán siempre
el inconveniente de su no competencia lectora ni en un sistema ni en otro.
Como es obvio, un déficit en la lectura repercute de
forma directa sobre el rendimiento académico general del sujeto y sobre otros
muchos aspectos de su vida en relación con los demás. Son precisamente los
problemas lectores los más frecuentes en los fracasos escolares. De ahí que
elegir con acierto el código más adecuado, teniendo en cuenta las
características del posible usuario, es uno de los objetivos más importantes y
significativos que han de lograrse.
Sin entrar en un análisis pormenorizado acerca de la
categorización que puede adquirir un código lector, según el uso, ventajas,
resultados, necesidades, etc., que presenta en cada individuo, podríamos hacer
la siguiente clasificación:
·
Código
funcional/habitual (para la lectoescritura en el trabajo, ocio, etc.). Es el
código que el usuario utiliza, espontánea, repetida y prolongadamente, para el
acceso a la información y para la emisión de mensajes, habida cuenta de que en
él se encuentra más cómodo..
·
Código
de consulta. Generalmente, lo utiliza el individuo únicamente para complementar
su información, por ejemplo, en la consulta de diccionarios, o para emitir
mensajes cortos, en razón de que su uso le exige mayor esfuerzo y le causa
alguna fatiga.
·
Código
puntual/esporádico. Accede a su uso solo en contadas y limitadas ocasiones,
cuando la necesidad lo exige (leer un rótulo, una dirección, etc.), a pesar del
gran esfuerzo que le supone.
Existe un importante porcentaje de personas
afectadas gravemente de problemas visuales, que están en el límite de
posibilidades para poder abordar el aprendizaje y uso de un código (visual o
táctil), continuarlo o sustituirlo. Su decisión se inclinará en un sentido u
otro, según se tomen en consideración distintas variables. Antes, pues, de
tomar dicha decisión sobre qué sistema lector será el más adecuado para un
individuo, habrán de tenerse en cuenta los siguientes aspectos:
·
La
etiología del déficit visual.
·
El
canal perceptivo predominante (tacto o visión).
·
Las
mediciones de cantidad de visión útil.
·
Los
factores de calidad de la visión residual.
·
La
funcionalidad visual detectada en el individuo.
·
La
experiencia y desarrollo visual alcanzados por el sujeto.
·
El
índice de la aparición de fatiga lectora con un sistema u otro.
·
Los
resultados prácticos obtenidos en las experiencias previas.
·
Fundamentalmente,
el pronóstico en cuanto a capacidad visual.
Sin embargo, además de los anteriores aspectos, que
en su gran mayoría pueden ser medidos cuantitativamente o valorados
objetivamente, conviene considerar estos otros referidos a:
‑ Motivación
del sujeto para el uso de un sistema determinado.
‑ Necesidades
reales futuras que se le presentarán.
‑ Intereses
lectores.
‑ Posibilidades
de acceso a materiales concretos de lectura.
‑ Posibilidades
de seguimiento y reciclaje.
‑ Funcionalidad
futura de uno u otro código para el individuo.
Por tratarse de una decisión trascendente para el
futuro del usuario del código lector, esta ha de adoptarse con las siguientes
premisas:
‑ Habrá
de ser una decisión técnica, científica y argumentada.
‑ Deberá ser adoptada interdisciplinarmente
por los componentes del equipo de valoración y atención del sujeto.
‑ Deberá ser considerada reversible, con
posibilidad de rectificación, teniendo en cuenta la evolución del lector.
‑ Irá siempre acompañada del compromiso de
realizar un seguimiento continuo del sujeto.
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6. Instrumentación básica para la lectoescritura
braille
Hasta hace unos años, la escritura del código
braille se realizaba manualmente desde los primeros niveles, para pasar,
posteriormente, al uso de sistemas mecánicos, que es lo habitual en la
actualidad. Para la escritura manual se emplea un punzón (parecido a una
pequeña lezna) con el que se perfora el papel colocado sobre un soporte llamado
pauta, y con la ayuda de una rejilla.
La pauta y la rejilla forman un solo cuerpo, cuya denominación genérica es de regleta. Existen diversos tamaños y
formatos de este instrumento.
Como es obvio, para utilizar con acierto y eficacia
los instrumentos para la escritura manual, el usuario habrá de ser adiestrado,
tal como señalábamos en otro apartado de este apéndice.
Dadas las características y dificultades que supone
la escritura manual (además de la propia peculiaridad de ser reversible con
respecto a la lectura), exige preparar al usuario especialmente en técnicas de
presión, prensión, picado, localización, coordinación motriz, etc., a la vez
que en la capacidad de interiorizar «dos códigos en espejo», según se trate de
lectura o de escritura.
Foto 1. Punzón Foto
2. Pauta Foto
3. Regleta

Hoy en día, el uso de sistemas mecánicos está
generalizado, lo cual, en principio, facilita grandemente la labor, a la vez
que permite con mayor éxito la simultaneidad de los aprendizajes de la lectura
y de la escritura. La «máquina Perkins» es el instrumento más generalizado y
utilizado. Con su teclado, se logra perforar el papel, formando las letras en
relieve positivo y en la misma dirección que en la lectura, lo cual evita la
reversibilidad del sistema manual, permitiendo al alumno, en consecuencia, leer
las palabras escritas sin tener que dar la vuelta al papel.

Como en la escritura manual, se hace igualmente
necesario preparar previamente al alumno con ejercicios tendentes a lograr
dominio muscular de las manos y dedos, así como una gran coordinación motriz.
Como sugerencia de algunos de estos ejercicios, podemos citar:
-
Jugar
a realizar ritmos con toda la mano abierta.
-
Jugar
a realizar ritmos con algunos dedos determinados.
-
Realizar
movimientos alternados de manos y dedos.
-
Seguir
ritmos diversos con leves golpes de manos y dedos.
-
Realizar
secuencias de movimientos musculares de las manos y dedos.
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7.
Otros instrumentos para la lectoescritura braille
7.1.
El material impreso sobre soporte de papel
El material braille impreso en papel está realizado
por máquinas rotativas especiales que imprimen las letras de puntos en relieve
sobre un papel algo más grueso que el de escribir en tinta, pero también más
fino que el empleado para el dibujo.
Los textos para la iniciación a la lectura y para
las primeras prácticas lectoras han de ser sencillos, con palabras cortas, algo
separadas, de léxico adecuado al nivel del usuario, en frases también cortas, y
con la intercalación de líneas en blanco entre las escritas, a fin de facilitar
la localización y seguimiento de las mismas. También se aconseja que la
impresión sea a una sola cara de la hoja de papel, dejando el «interpunto»
(escritura a dos caras) para textos de niveles lectores superiores.
Es muy aconsejable que los textos impresos para
escolares de niveles elementales vayan acompañados, en la medida de lo posible,
de dibujos en relieve, puesto que de esta manera se puede complementar el
contenido de las palabras y, sobre todo, se consigue una práctica lectora más
atractiva y relajante.
Los libros y publicaciones para niveles superiores
han de presentar, como característica necesaria, que la distribución de los
textos sea apropiada, con la suficiente consistencia de los puntos, puesto que,
lógicamente, con el uso, estos van disminuyendo su relieve.
Uno de los inconvenientes de los libros en braille
es su tamaño, puesto que este tipo de escritura en relieve ocupa entre tres o
cuatro veces más espacio que la normal en tinta. Por eso se justifica la
utilización del «braille abreviado o estenográfico», del que ya hemos hablado
anteriormente.
7.2. Otros soportes para el código braille
Entre ellos, y como más habitual en las
escuelas específicas para alumnos ciegos, se encuentra la copia en Thermoform. Este instrumento basa su
utilidad en la realización de copias de un texto en braille (y, por supuesto,
de otros tipos de relieves) por medio de la aplicación de calor y de una bomba
de vacío sobre hojas de plástico. No obstante, este tipo de soporte (por sus
características físicas) solo es aconsejable para textos cortos o pies de
ilustraciones en relieve, ya que, según manifiestan los usuarios, presenta
algunas dificultades de percepción táctil en un uso extenso.

7.3.
El braille en soporte informático
Hoy en día, la técnica avanza con celeridad y está
proporcionando ayudas importantes en las necesidades especiales. Actualmente es posible no solo disponer de
aparatos y dispositivos que permiten el almacenamiento de información en
sistema braille, sino el acceso por este sistema a la información que guardan
los ordenadores personales. Se trataría pues de las herramientas más avanzadas
y rápidas sobre las que se puede sustentar el sistema braille en la actualidad.
En el capítulo 9
quedan recogidos los principales dispositivos e instrumentos que lo permiten,
así como el avance significativo que supone para la comunicación de las
personas sordociegas el poder utilizar el sistema braille para compartir
información y comunicarse gracias a las nuevas tecnologías.
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Cuando, al principio de las páginas dedicadas a
tratar el sistema de lectoescritura para ciegos, hacíamos un pequeño recorrido
por la historia, veíamos que, hasta épocas relativamente muy cercanas a
nosotros, padecer ceguera había sido un importante infortunio para quienes
estaban afectados por ella, puesto que la sociedad los etiquetaba como «incapaces
de hacer lo que los demás». Ser ciego había generalmente supuesto estar
condenado, al menos, a la incultura.
Sin embargo, personas estudiosas y, sobre todo,
sensibles a los problemas de los más débiles, hicieron verdaderos esfuerzos
(casi siempre inútiles, aunque bienintencionados) para redimir a este sector de
población marginado. De ahí que inventaran soluciones varias, que resultaron
ser intentos anecdóticos, mas nunca del todo
provechosos.
Tuvo que llegar el siglo XVIII para que Valentín Haüy
creyera que las personas ciegas podían ser sistemáticamente educadas, aunque
sus convencimientos no disponían de medios adecuados y suficientes para
demostrarlo. Un poco más tarde, surgió la figura (humilde de cuna, aunque
elegido por el azar para la historia) de Luis Braille, que supo poner en las
manos de quienes no veían el instrumento que les haría renacer como personas y
les permitiría acceder a un derecho hasta entonces vedado: la cultura.
El código braille, diseñado con la claridad y
sencillez de quien precisa lo fácil para ayudarse, fue (y es) el medio de
acceso al mensaje escrito, al cálculo, a la música, a la literatura, a las
ciencias... Ha sido y es algo más que un simple código.
Quizá, sus características peculiares (como código
táctil que exige tener a punto las habilidades senso‑perceptivas y
psicomotoras, al menos mínimas) necesiten una dosis
significativa de esfuerzo para su aprendizaje y unos prerrequisitos específicos
para llegar a su dominio. Quizá su lectura no pueda alcanzar los niveles de
velocidad sumos. Quizá sus grafemas se vean obligados, muchas veces, a
renunciar a una transcripción idéntica al original. Quizá sus posibilidades
necesiten mayores tiempos y volúmenes. Quizá, como todo lo humano, no resuelva
todas las necesidades... Sin embargo, podemos decir que, por un lado, el
sistema braille ha abierto a las personas ciegas infinitas puertas de acceso a
la cultura y a la dignidad como ciudadanos, y, por otro, ha sido capaz de
adaptarse a los nuevos tiempos en los que la informática domina la mayoría de
los campos...
Para las personas con sordoceguera el braille
supone, además de todo lo expuesto anteriormente y que comparten con las
personas ciegas, la posibilidad de intercambiar información gracias a este
código y comunicarse a través del mismo. Al no oír, al no compartir los
recursos, sistemas comunicativos y lenguaje de la comunidad, el braille
significa y se convierte para los sordociegos en un recurso que además
significa la posibilidad de compartir un código comunicativo, en el sentido de
vía de intercambio de información. Gracias a las nuevas tecnologías, por
ejemplo, que permiten la transcripción y el transvase de información del código
tinta al braille y viceversa en tiempo mínimo, se permite una comunicación real
y una posibilidad comunicativa más con la sociedad.
Además, desde el punto de vista
de la educación de las personas sordociegas, el braille se trata de una
herramienta de incalculable valor como instrumento que nos permite ir
desarrollando el acceso a la estructura y gramática de la lengua oral. Gracias
a una forma accesible de representación lectoescritora potenciamos el
aprendizaje de la lengua, su conocimiento, comprensión y acercamiento a la
misma una vez conseguido un código comunicativo (v. capítulo 6).
Ahora bien, todo esto ha sido fruto de algunos
(quizá muchos) hombres que han creído en la idea de que el mundo y sus
manifestaciones culturales han de ser accesibles a todos.
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1-
Transcribe el siguiente texto:
hGA NQ{UWA hOnWQu KeQ AG MQWIAYUD hGUN ^UMA^QN IUN^ACA] A
|CBCQ QeWUN QG EJGUD bhQWA] CAWA^UNb
2-
Transcribe esta cantidad:
|IDYJZB[S
3-
Subraya las faltas de ortografía que encuentres en este texto en braille:
he] YJAB A]^U]JU CJ]U A gJNJ^AW]UND h^WA[U MeISAN WWQ[AGUND
4- Luis Braille nació en el año:
a. 1819
b. 1809
c. 1890
5- Con los seis puntos del «signo
generador», ¿cuántas combinaciones diferentes pueden formarse?
a. 84
b. 74
c. 64
6- Fíjate en estos signos
braille: |J C ¿Cuál
sería su transcripción?
a. 92
b. 9,2
c. 9 b
7- Para elegir el código adecuado
es fundamental tener en cuenta:
a. El
pronóstico visual.
b. La
etiología del déficit visual.
c. Las
dificultades lectoras.
8- La pauta es un instrumento de
escritura:
a. Electrónico.
b. Manual.
c. Eléctrico.
9- El «interpunto» es un modo de
escribir el código braille:
a. Utilizando
las dos caras de la hoja.
b. Intercalando
puntos en la misma cara.
c. Suprimiendo
algunos puntos.
10- El «braille abreviado»:
a. Acorta
las palabras.
b. Simplifica
las palabras.
c. Suprime
las palabras.
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