La guía-interpretación: aspectos fundamentales
Myriam
García Dorado
La sordoceguera es una
discapacidad severa que genera en las personas que la padecen una gran
incomunicación y desconexión del mundo, además de una serie de limitaciones muy
excluyentes en terrenos tales como la información, la comunicación y la
movilidad. Comunicarse de forma voluntaria con cualquier persona del entorno o
desplazarse por lugares desconocidos de manera autónoma suponen un complicado
reto al que tienen que hacer frente cada día. Todo ello, unido a la dificultad
de recibir información sobre lo que sucede más allá de la punta de sus dedos,
hace que sufran duras restricciones y queden en una situación de desigualdad
con respecto al resto de la sociedad. Uno de los recursos con los que cuentan
para superar estas barreras es la figura del guía-intérprete, un profesional que les sirve de nexo con su
entorno y les facilita la participación en igualdad de condiciones y el uso de
su independencia.
El objetivo que se persigue en
este capítulo es comprender y asimilar el papel que va a desempeñar el
guía-intérprete de personas sordociegas como instrumento facilitador para
vencer las carencias y dificultades que este colectivo presenta en el terreno
de la comunicación, la movilidad y el acceso a la información. Además, se
expondrán las técnicas, pautas y recursos necesarios para realizar
correctamente sus funciones, así como el análisis y reflexión acerca de las
actitudes profesionales adecuadas para este trabajo.
1. La comunicación con personas sordociegas
1.1. El reto de la comunicación. La necesidad de
los guías-intérpretes
La vista y el oído son los
sentidos más relevantes en la vida de cualquier persona, puesto que son ellos
los que más cantidad de información le aportan de una manera inmediata y
global, los que determinan su manera de entender el mundo y los que le permiten
realizar las funciones que le hacen sentirse un ser humano que, además, está
integrado en su entorno: actuar de forma autónoma, estar informado para tomar
decisiones, es decir, poder actuar de forma voluntaria e independiente en todas
las facetas de la vida.
Esta idea es mucho más acentuada
cuando se trata del contacto entre personas: la vista, el oído y el habla se
usan para comunicarse, es decir, para intercambiar significados, intenciones,
pensamientos y experiencias, y para formar parte de una comunidad. La
comunicación es la que permite que la persona se defina a sí misma y comprenda
quién es y cómo encaja en el mundo; es necesaria para la integración en la
comunidad, la aceptación de la familia y los iguales y el acceso a los
servicios; sin ella la persona se queda aislada (Duncan y Bagley, 1999).
La forma en que cada persona se comunica y el sistema que utiliza para ello
forma parte de su individualidad, le define como persona, le da su identidad.
Es un hecho que la sociedad da por
sentado que la habilidad para comunicarse es algo innato en la mayoría y
funciona bajo la presunción de que todos los que la integran pueden ver y oír.
Sin embargo, esto no es posible para las personas que no pueden disfrutar de la
vista y el oído. Ser sordociego supone muchos y complicados retos para la
persona, pero la mayor lucha, la mayor dificultad, reside en mantener la
comunicación y, por tanto, la identidad. Está claro que no contar con el medio que le permite establecer
una comunicación significativa y bidireccional con el resto del mundo es un
golpe devastador para las personas que lo padecen (Duncan y Bagley, 1999),
fundamentalmente por todas las pérdidas añadidas que esto supone. Como afirma
Stig Ohlson, persona sordociega de Suecia y Presidente de la Federación Mundial
de Sordociegos: «la sordoceguera es una discapacidad de la información y la
comunicación. Todos nuestros problemas nacen de ahí.» (Ohlson, 1994).
Por otra parte, para establecer
una comunicación coherente con cualquier interlocutor, es necesario que ambas
partes compartan el código con el que van a intercambiar sus mensajes. Y he
aquí otra de las grandes dificultades a la que tienen que hacer frente la
mayoría de las personas sordociegas: la sociedad en general no conoce las
formas y sistemas de comunicación utilizados por este colectivo, como se recoge
en las Conclusiones de la II Conferencia Nacional de Personas Sordociegas, «la
comunicación con las personas de nuestro entorno constituye la principal
barrera que tenemos que superar. La comunicación es, por lo tanto, la clave de
nuestra vida cotidiana y social».
Para superar todas estas
dificultades, además de los problemas para llevar a cabo una movilidad
independiente, se hace necesario contar con una serie de recursos humanos y
técnicos. Frecuentemente, el hombre ha tratado de resolver sus problemas con la
ayuda de la tecnología; sin embargo, en el caso concreto que aquí se trata, «ni
siquiera los más modernos aparatos podrían sobrevivir a la comparación con una
ayuda humana, el intérprete, puesto que el intérprete trabaja con todo el poder
del cerebro humano» (Ohlson, 1994).
Así pues, en este capítulo vamos a
centrarnos en uno de los servicios de apoyo ofrecidos por profesionales que
desarrollan su trabajo dentro del área de la comunicación con personas
sordociegas: los guías-intérpretes.
Esta figura profesional es un complemento, una pieza más del engranaje que
facilita que la persona sordociega establezca las bases para una vida más
plena, independiente y fructífera, junto a los programas específicos para este
colectivo (rehabilitación, apoyo psicológico, educación, formación continua,
vocacional... ya explicados en apartados anteriores), dirigidos y llevados a la
práctica por profesionales expertos en sordoceguera. Como afirma Daniel
Álvarez, persona sordociega, Jefe de la Unidad Técnica de Sordoceguera de la
ONCE y Presidente de la Asociación de Sordociegos de España:
Aun
cuando un sordociego haya recibido la más óptima educación o desarrollado al
máximo sus habilidades en un buen programa de rehabilitación y sea capaz de
comunicarse por diversos sistemas, frecuentemente se va a encontrar con severas
barreras a la hora de integrarse en un engranaje social cuyo ritmo lo marcan
las personas videntes y oyentes, y que difícilmente va a poder seguir. Los
sordociegos necesitan apoyos para poder superar las desventajas que les plantea
su minusvalía en numerosas situaciones, y poder conseguir un aceptable nivel de
integración comunitaria, laboral y social. Este apoyo lo necesitarán, de manera
especial, en situaciones relacionadas con la comunicación y la movilidad, y
consiste más concretamente en apoyo humano, la ayuda de una persona que pueda
servirle de «ojos y oídos», que sea el nexo que interviene entre él y cuanto le
rodea. (Álvarez, 1992a).
Así lo confirman otras personas
sordociegas:
Nuestra
integración social no se agota en la educación o la rehabilitación. Después
seguiremos necesitando ayudas y recursos humanos y técnicos para cubrir
nuestras necesidades básicas y participar en las tareas de la sociedad en la
que vivimos. El servicio de apoyo más importante para nosotros es el de los
guías-intérpretes. (Álvarez y Leyton, 1992).
El intérprete transmite a la persona
sordociega las cosas que no puede ver ni oír, le proporciona la información que
necesita para hacer valoraciones y tomar sus decisiones de manera
independiente, le hace posible comunicarse con otras personas que no conocen
sus métodos de comunicación. El intérprete es, en otras palabras:
...una
ayuda que nos da la oportunidad de llevar una vida abierta hacia el exterior y
la posibilidad de influir en situaciones que nos afectan. Podemos decir que sin
el acceso al servicio de intérpretes, nuestras posibilidades quedan muy
restringidas, pero si pudiéramos contar con un intérprete cuando lo
necesitamos, las personas sordociegas no tendríamos más limitaciones que los
demás. (Ohlson, 1994).
Así se puso también de manifiesto
durante la celebración de la III Conferencia Nacional de Personas Sordociegas:
«Ahora, en esta III Conferencia contamos con guías-intérpretes profesionales
bien formados, que nos permitirán participar plenamente y expresar por nosotros
mismos nuestros anhelos, nuestras opiniones, nuestras ideas...» (Álvarez,
1997).
Mirando hacia el pasado, se puede
ver que:
...la
historia de las personas sordociegas es también la historia de la importancia
de los intérpretes. Hay muchos ejemplos de personas sordociegas que han tenido
éxito en sus estudios o en su trabajo. Si se miran más de cerca estos casos,
nos encontraremos que son historias de personas sordociegas que tienen una gran
fuerza de voluntad y que han trabajado muy duro. Pero también podremos
comprobar que son historias de intérpretes que han trabajado casi tan duro y
que han contribuido grandemente a ello, y sin los cuales los objetivos
propuestos no se podrían haber alcanzado. (Ohlson, 1994).
Así pues, se puede afirmar que,
además de otros servicios fundamentales, es esencial que las personas
sordociegas cuenten con un buen servicio de interpretación en todos los países.
«Conseguir un buen servicio de intérpretes es el primer objetivo que se debe
perseguir antes de poder conseguir el objetivo final: que todas las personas
sordociegas puedan llevar una vida rica, abierta e independiente, una vida con
un alto nivel de calidad» (Ohlson, 1994). Esto significa que estos
servicios ya no son realizados por familiares o por voluntarios bondadosos,
como antaño, sino por profesionales formados para ello, personas que pueden ser
completamente desconocidas, y que reciben una remuneración por hacer un trabajo
para dar un servicio al que la persona sordociega tiene derecho. Esto descarga
a la persona sordociega de depender constantemente de los buenos deseos, las
intenciones y la caridad de los demás. También les hace posible demandar un
servicio de calidad.
1.2. Toma de contacto. Establecimiento de la
comunicación
El mundo en el que se desenvuelven
las personas videntes y oyentes es rápido, agitado, variable, y la multitud de
intercambios comunicativos que se producen a lo largo del día siguen estas
mismas pautas: parte de los mensajes se sobreentienden con el tono de voz, los
interlocutores se interrumpen unos a otros, se entrecortan los mensajes y el
resto se entiende con la mirada; en una palabra, lo que no perciben los oídos,
lo complementan los ojos: uno puede saber que su interlocutor le ha
interrumpido porque alguien le ha llamado al teléfono móvil, de un simple
vistazo se puede percibir si es oportuno intervenir en una determinada
conversación o es mejor esperar... Sin embargo, a la hora de trabajar como
guía-intérprete o, simplemente, de comunicarse con una persona que padezca
severos problemas combinados de vista y oído, es imprescindible entrar de forma
consciente en otro contexto lingüístico muy diferente: los mecanismos
utilizados en un mundo de luces y sonidos no son suficientes ni adecuados para
enfrentarse a esta nueva situación.
Lo primero que se va a percibir
como algo «nuevo» o «diferente» es que en la mayoría de las interacciones
comunicativas no es la persona sordociega la que lleva la iniciativa para el
contacto, sino que debe hacerlo su interlocutor. Y la razón es obvia: una
persona con pérdidas o limitaciones severas en los sentidos de la vista y el
oído tendrá serias dificultades para saber si hay alguien en su entorno con
quien «ponerse a charlar» y, en caso afirmativo, quién es ese «alguien».
Evidentemente, cuantos más y mejores restos sensoriales (vista, oído o ambos)
tenga la persona, más sencilla será la tarea y más fácilmente le permitirá
entablar conversaciones de forma voluntaria e independiente.
Por otra parte, y especialmente si
se trata de alguien con poca experiencia en la comunicación con sordociegos, el
momento inicial de acercamiento puede resultar un tanto embarazoso, puesto que
supone tener que salir del espacio físico privado del que cada uno se rodea y
entrar en el espacio de la persona sordociega, algo que socialmente no es
habitual y a lo que la mayoría no está acostumbrada. Sin embargo, no se puede
olvidar que cuando se toma la decisión de trabajar con personas sordociegas nos
adentramos en un mundo que se mueve bajo unos parámetros sensiblemente
diferentes del resto, en el que las distancias se acortan y el «tacto» y el
«contacto» pasan a tener un significado y unas connotaciones diferentes.
No se puede olvidar tampoco otra
serie de factores que pueden dificultar el establecimiento de la comunicación:
aunque la persona tenga algún tipo de restos, su percepción nunca va a ser
completa, sino parcial y deteriorada, lo que puede hacer que cuando alguien se
acerque a ella para transmitirle un mensaje, este no le llegue, lo perciba
distorsionado o no se dé cuenta de que va dirigido a ella; es posible que,
además, el entorno en que se encuentra no reúna las condiciones adecuadas
(iluminación, ruidos de fondo, personas que pasan, hablan, se mueven...), lo
que dificultará aún más la recepción de la comunicación; igualmente, esto puede
verse empeorado por el hecho de que la persona sordociega esté concentrada en
sus pensamientos o realizando una tarea, por lo que no estará siempre atenta a lo
que suceda a su alrededor.
Tras todo esto se puede concluir
que cuando se vaya a iniciar una conversación con una persona sordociega o un
servicio de interpretación, hay una serie de aspectos derivados de la falta de
los dos sentidos de la distancia que se deben tener en cuenta para facilitar el
establecimiento de ese primer contacto, evitando sobresaltos a la persona
sordociega y crear situaciones confusas o incómodas para ninguno de los dos
interlocutores; así como unas estrategias y recursos que se deben utilizar para
que ambos estén en igualdad de condiciones a la hora de dialogar.
·
Acercarse a la persona sordociega. Si tiene
restos visuales, auditivos o ambos, cuando su interlocutor esté a una distancia
en la que calcule que puede verle u oírle, puede saludarla llamándola por su
nombre o agitando levemente la mano (siempre que esté dentro de su campo de
visión), tratando de establecer contacto visual o auditivo con ella. Así antes
de contactar físicamente con ella le anticipa su presencia, por lo que evita el
sobresalto de un acercamiento repentino.
·
Al
llegar a su lado, tocar suavemente su
brazo para hacerle saber nuestra presencia. Mantener allí un poco la mano,
así la persona sordociega sabrá en qué lado está el recién llegado y podrá
dirigirse a él o enfocar hacia él su vista o su oído con el fin de establecer
una conexión. Este contacto físico debe realizarse tocándole suavemente para
evitarle sobresaltos, ya que tal vez no espere encontrar nadie a su lado, sobre
todo si no le ha oído o visto al acercarse y, especialmente, por respeto a la
persona sordociega.
·
Si
la persona sordociega está ocupada en alguna tarea, el interlocutor debe
retirar su mano, esperar y darle tiempo para que termine lo que
está haciendo y pueda atenderle. Seguramente, estará buscando el punto adecuado
para interrumpirla y después volver a ella con facilidad. Si pasados unos
instantes no ha respondido y da la sensación de que no se ha dado cuenta de la
llamada, se puede insistir de nuevo suavemente. Solo en caso de tener prisa o
presentarse una urgencia (comienza una reunión, el taxi está esperando...), se
podrá apretar un poco más fuerte y con más insistencia su brazo para hacerle
ver la inminencia de una determinada situación.
·
En
general, la persona sordociega responderá estableciendo una «doble vía de comunicación» con el recién
llegado, contestando oralmente a su saludo, tendiendo sus manos para que se las
tome y comience a signar o a deletrear, o saludándole en lengua de signos. Si
simplemente se ha vuelto hacia el interlocutor para saber qué pasa, sin iniciar
la comunicación, este debe tomar la iniciativa y comenzar la conversación. A
partir de este momento ya se ha establecido el contacto.
En el caso concreto de las
personas que utilizan la lengua de signos en campo visual o a corta distancia,
este acercamiento se hará de la misma manera, pero recordando que si la persona
sordociega no ha visto al intérprete acercándose porque no estaba dentro de su
campo de visión o se encontraba demasiado lejos, el intérprete debe aproximarse
a ella y mantener el contacto en su brazo, no solamente hasta que la persona
sordociega se percate de que hay alguien allí, sino hasta que le enfoque dentro
de su campo de visión y sepa exactamente dónde se encuentra. Esto se percibe
fácilmente por el movimiento ocular de la persona sordociega. Posteriormente,
el intérprete debe alejarse la distancia necesaria para poder comenzar a signar
(seguramente también se lo pedirá la persona sordociega).
·
A
continuación hay que determinar y poner
en funcionamiento las condiciones adecuadas para que se produzca un buen
intercambio comunicativo y los mensajes fluyan adecuadamente, según el sistema
de comunicación de que se trate (v. capítulo 4). La adecuada
preparación de estos aspectos es responsabilidad del intérprete, quien deberá
confirmarlos y comprobarlos junto con el usuario sordociego, dependiendo de sus
necesidades individuales.
·
Saludar y presentarse, identificándose con el nombre o
signo en lengua de signos. Hay algunas personas sordociegas, sobre todo de
nacimiento, que tienen una especial sensibilidad en el tacto y que son capaces
de reconocer a las personas con las que mantienen un contacto más frecuente
solo con tocarles las manos. Pero esto se produce en casos excepcionales. Es
cierto que, muchas veces, detalles como el olor de un perfume o de una ropa
conocida les pueden dar pistas para reconocer a una determinada persona, pero
estas también pueden ser confusas. Así pues, no debemos jugar a las
adivinanzas, sino darnos a conocer desde el primer contacto, para que la
persona sordociega sepa con quién está hablando, pueda establecer una
conversación personal y coherente, y así evitar que se produzcan situaciones
molestas y embarazosas para ella.
·
En
caso de que se trate de una persona
sordociega desconocida y no se sepa por anticipado cuál es su sistema de
comunicación, se seguirá el mismo proceso anterior y, en el momento de
acercarse a ella para iniciar la conversación, se tanteará probando los
distintos sistemas y descartándolos: se puede comenzar hablándole, si no
responde se intentará signar con ella, y si no se tomarán sus manos para
utilizar la lengua de signos táctil o para deletrear. De cualquier forma, a lo
largo de este proceso, la persona sordociega, al notar la presencia de otra
persona, intentará comunicarse también y dará pistas. Simplemente, se trata de
ser un poco flexible y observador para percibir las respuestas que vaya
emitiendo el usuario sordociego. Ahora ya pueden comunicarse.
1.3. Elección del sistema de
comunicación
En el proceso de entablar una
conversación o realizar una interpretación con personas sordociegas, un aspecto
esencial es la elección del sistema de comunicación que se va a utilizar.
Muchas veces, puede llevar a engaño el observar a la persona sordociega
comunicándose con otra (pueden estar comunicándose en un determinado sistema
porque es el único que comparten, pero puede que no sea el más habitual de esa
persona), o la información que nos han dado los gestores del servicio puede ser
errónea (la persona sordociega puede haber sufrido una pérdida o deterioro
mayor de sus restos sensoriales y su forma de comunicación ha evolucionado).
Por ello, es fundamental que tras la toma de contacto con el usuario, el
intérprete compruebe cuál es en realidad el sistema más adecuado.
El sistema de comunicación que se
utilice debe ser siempre el que use habitualmente o prefiera la persona
sordociega, el que utilice de forma más fluida o el que mejor entienda. La
forma de determinarlo es preguntándole a la propia persona sordociega y
contrastándolo con ella (v. apartado 2.2.1
de este mismo capítulo). Tal y como afirma Janet, una persona sordociega de
Boston:
Es muy
importante que el intérprete no dé por sentado que ya sabe cuál es el sistema
de comunicación que la persona sordociega necesita. Me he encontrado en muchas
situaciones en las que mis intérpretes pensaban que yo necesitaba una
interpretación en bimodal, porque yo me comunico de forma expresiva en inglés
oral. Sin embargo, tuve que interrumpirles y pedirles que utilizaran la lengua
de signos americana. (Goujon, 2002).
No se debe iniciar la
interpretación hasta estar bien seguro de que se ha elegido el sistema
correcto.
Hay muchas personas sordociegas
que solo utilizan un sistema, mientras que otros manejan varios (v. capítulo 4, apartado
1). Se trata de aprovechar los primeros momentos del
encuentro con la persona sordociega para detectar cuál o cuáles son y,
posteriormente, durante el desarrollo de la sesión de interpretación, se irá
confirmando con ella el más adecuado para cada momento (si desea irlos
alternando), dependiendo del cansancio físico producido por un determinado
sistema, las condiciones del entorno (problemas de iluminación, exceso de
ruido) o de la soltura que posea en cada uno de ellos. Esto no debe suponer un
problema para el intérprete, puesto que debe estar preparado para utilizar
correctamente y con fluidez todos los sistemas de comunicación más
frecuentemente utilizados por el colectivo de personas sordociegas.
Si la persona sordociega está en
un proceso de pérdida progresiva de la visión o de la audición, y su modalidad
comunicativa está evolucionando o tal vez necesitaría cambiar de un sistema
visual a uno táctil, el intérprete no puede obligarle a ello, ni es su función
enseñárselo ni orientarle, ya que para esto se cuenta con otros profesionales
especializados en la materia.
1.4. Pautas de comunicación con
personas sordociegas
Una vez que el interlocutor ha
establecido el contacto y está seguro de que la persona sordociega sabe que
quiere comunicarse con ella puesto que tiene su atención, es necesario no
olvidar una serie de aspectos imprescindibles para mantener una comunicación
eficaz y positiva para ambos.
No hay que olvidar en ningún
momento que todos estos aspectos se derivan de la deprivación sensorial de la
persona, que genera una serie de necesidades y condicionantes únicos. Cuantos
más y mejores restos sensoriales conserve la persona, más sencillo y directo
será este contacto. Estas pautas son igualmente aplicables a cualquier
situación de interpretación. A continuación se presentan algunas de ellas.
·
Presentarse siempre al inicio de la
conversación e identificarse de nuevo
tras cada separación, ausencia o interrupción larga, puesto que al
regresar, la persona sordociega no sabrá si es la misma persona que regresa u
otra que desea iniciar una conversación con ella. Así se evitan confusiones o
molestias.
·
El
interlocutor debe despedirse cuando
se vaya. En caso contrario, la persona sordociega, que no ve lo que está
sucediendo en su entorno, puede pensar que sigue allí y recurrir a él en algún
momento.
·
Avisar a la persona sordociega en caso
de que su interlocutor vaya a ausentarse
o separarse de ella por un tiempo un poco más largo: ir al baño, coger
comida en el autoservicio, buscar un cenicero, hacer el pedido en la barra del
bar... La persona sordociega, mientras no se le indique lo contrario, seguirá
pensando que la situación continúa igual y comenzará a hablar con su
acompañante (más bien con el espacio vacío que ocupaba antes), o se sentirá
confiado pensando que está allí para protegerle de los peligros e imprevistos y
puede encontrarse con personas que le golpean al pasar u obstáculos que no
esperaba. ¡Cuántas personas sordociegas están hablando con la silla vacía de su
intérprete o con la pared de al lado! Además, sería conveniente indicarle
cuánto se piensa tardar: el tiempo en soledad o en un sitio desconocido, sin
control de la situación, puede hacerse eterno.
·
Si
hay que dejar a la persona sordociega
sola en un lugar desconocido, porque el intérprete tiene que irse unos
momentos, nunca debe dejarla en un espacio abierto, sin ningún punto de
referencia, ya que esto produce mucha angustia al no saber qué hay alrededor, y
además puede ser peligroso. Hay que asegurarse de dejarla en un lugar cómodo y
seguro, ofreciéndole la posibilidad de que se quede charlando o cerca de alguna
persona conocida, sentada, o al menos cerca de algo inamovible con lo que pueda
estar en contacto o tocarlo de vez en cuando (pared o mesa).
·
El
interlocutor deberá informarle cuando
haya regresado, aunque esté ocupado en otra tarea o con otras personas,
porque así sabrá que puede echar mano de él cuando lo necesite.
·
Cuando
dos personas oyentes están conversando es fácil responder al saludo de una
tercera sin interrumpir la conversación. Sin embargo, cuando una persona
sordociega está conversando con otra (sordociega, sorda u oyente), cualquier
interrupción de terceros para saludar o comentar algo supone un corte de la
conversación inicial para atender a la segunda, especialmente cuantos menos
restos sensoriales tenga.
En caso de que se quiera hablar
con una persona sordociega que ya está comunicándose con otra, es preferible
esperar a que haya una pausa en la conversación o a que esté libre para
atendernos. Entonces, la persona que llega puede tocarle suavemente en el brazo
para que sepa que está allí y esperar a que pueda interrumpir su conversación.
Solo si es urgente se puede ser más vehemente, insistiendo más. Esto no
significa que los encuentros entre personas sordociegas mantengan unos esquemas
tan rígidos como para esperar un orden riguroso para saludarse, se producen mil
interrupciones, simplemente no hay que perder de vista que en un mundo en el
que los sentidos del «contacto» están tan deteriorados, solo es posible
comunicarse y atender de uno en uno.
·
Es
importante dar pautas para indicar que se
sigue la conversación. Habitualmente, cuando hablan dos personas oyentes,
ante las explicaciones o comentarios de una, la otra va afirmando con la
cabeza, intercalando exclamaciones tales como: «¡Claro,
es verdad!», «¡no me digas!», de forma que la persona que habla es consciente
de que la otra está atenta a lo que está diciendo, sigue el hilo e incluso le
va animando con alguna pregunta o comentario. Esto hace que se sienta
entendida, escuchada y que lo que cuenta tiene un eco en la otra persona.
¿Qué sucede cuando esto no se
puede oír ni ver? Simplemente debemos variar la forma de dar «feedback»: si la
persona se comunica en lengua de signos táctil o con el sistema dactilológico
táctil, entre otros, de forma que tiene contacto con las manos de su interlocutor
(la vía receptiva de la persona sordociega permanece abierta), este puede ir
confirmando con mensajes tales como: «claro», «sí, sí» o lo que sea oportuno en
el contexto. Si la persona está usando la lengua de signos táctil o apoyada en
la muñeca, y ha soltado completamente las manos para hablar, de tiempo en
tiempo pueden dársele unos suaves toques en uno de sus brazos (si este sistema
no le hace despistarse de su elocución); si no, hay que esperar a que ella haga
una pausa y tienda sus manos hacia el interlocutor para «cederle la palabra», o
para que le confirme si la está entendiendo y siguiendo. Si utiliza la lengua
oral adaptada como sistema de comunicación, se pueden dar mensajes verbales
para esta función, aprovechando una pausa en su mensaje, para que ambas voces
no se superpongan y causen confusión. Si finalmente utiliza la lengua de signos
en campo visual o a corta distancia, se puede dar feedback en lengua de signos,
pero teniendo en cuenta que es posible que no nos vea porque no estemos dentro
de su campo visual. En caso de tener que interrumpirle para comentarle algo,
tendremos que acercarnos a él para hacer un contacto físico, esperar a que nos
enfoque y de nuevo retirarnos para hablar.
·
Si
alguien interrumpe la conversación que
mantenían la persona sordociega y un interlocutor, este debe informarla de lo
que sucede y, si es oportuno, hacerla partícipe de la nueva conversación
interpretándola. Si es un tema personal o no es posible la interpretación, se
debe tratar de no tener a la persona sordociega mucho tiempo a la espera sin
ninguna explicación. Si la interrupción se va a prolongar un cierto tiempo, es
mejor avisarla de ello para que se prepare mentalmente y ofrecerle la opción de
hablar con otras personas o esperar. Son muy angustiosos los tiempos de espera,
sin tener referencias que indiquen cuándo puede llegar el final.
·
Comunicarse directamente con la persona sordociega. Si está
acompañada por otra persona que la está interpretando, es más correcto
dirigirse a ella directamente y no hacer los comentarios a través de su
acompañante («Pedro, ¿cuándo quedamos?», en lugar de «Pregúntale a Pedro que
cuándo quedamos»).
·
Ser honesto cuando no se le
entienda. No
fingir que se entiende a la persona sordociega si no es verdad. Esto es fundamental
tanto en situaciones de interpretación como, simplemente, de comunicación.
Pedirle que repita.
·
Es
frecuente que a muchas personas sordociegas les guste charlar durante las comidas, especialmente aquellas cuyos restos
sensoriales se lo permiten, puesto que habitualmente no cuentan con muchos
momentos de encuentro e intercambio de los que pueden disfrutar y quieren
aprovecharlos al máximo. Cuando la persona es sordociega total y su
comunicación es táctil, es posible que esta doble tarea le resulte dificultosa,
puesto que tendrá que interrumpir su comida, limpiar su mano con frecuencia
para recibir el mensaje y el proceso se alargará mucho. En este caso, es mejor
evitar comunicarse, excepto en las pausas que realice, cuando ella lo demande,
entre platos o para darle algún aviso relevante («cuidado, viene el camarero y
te puede golpear», «¿quieres más agua?»).
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2.1. El papel del guía-intérprete
Hablando en general, se puede
decir que la interpretación en cualquier idioma consiste en recibir un mensaje
en una lengua y entregarlo, transmitirlo o pronunciarlo en otra. Es un proceso
completamente distinto al de una mera comunicación, es un paso que va más allá
del simple intercambio de palabras. Para ello, el intérprete debe dominar ambas
lenguas, además de las técnicas de interpretación correspondientes.
En el caso de la guía-interpretación
con personas sordociegas sucede algo parecido: el intérprete, en primer lugar,
debe conocer y dominar a la perfección los distintos sistemas de comunicación
utilizados por este colectivo, tanto a nivel expresivo como receptivo, es
decir, ser muy fluido en todos ellos; además, debe ser capaz de interpretar con
corrección los mensajes que se emitan. Sin embargo, eso no es suficiente;
interpretar a personas sordociegas no es solo conocer sus sistemas de
comunicación, ni comunicarse con ellas, ni siquiera es tan solo transmitir
mensajes, sino que hay algo más: el objetivo final es introducir a la persona
sordociega en el contexto, ubicarla en la situación en la que ambos se
encuentran de forma que «vea, sienta y oiga» lo mismo que su intérprete.
Así pues, el papel del
guía-intérprete consiste en proporcionar a la persona sordociega una imagen lo
más completa posible de la situación de interpretación, a través de la
transmisión de los distintos elementos que la componen, de forma que la persona
sordociega comprenda el contexto y se encuentre en igualdad de condiciones con
respecto al resto de los interlocutores a la hora de participar, actuar o tomar
decisiones. Se trata, por una parte, de ser un canal «lingüístico» entre
personas que no comparten el mismo sistema de comunicación, además de conectar
a la persona sordociega con su entorno, con la realidad, es decir, ser sus ojos
y sus oídos y ser un instrumento en el proceso de promover la integración e
independencia de las personas sordociegas.
Es importante diferenciar el papel
de un guía-intérprete del de otros profesionales del área, como los mediadores
(v. capítulo 6).
Con respecto a los intérpretes de lengua de signos (ILS) se puede apreciar que
hay algunas similitudes (el Código Ético, ser puente de comunicación,
determinadas técnicas de interpretación...) y grandes diferencias
(esencialmente, el guía-intérprete trabaja más estrechamente, con más cercanía
psicológica, con respecto al usuario sordociego, y debe desempeñar una serie de
tareas que no figuran dentro de la función del ILS y que vienen derivadas de
las necesidades sensoriales de este colectivo). Pero lo fundamental es que los
guías-intérpretes que trabajan con personas sordociegas deben ser conscientes
de que la sordoceguera es una discapacidad única y de las implicaciones que eso
tiene en la interpretación (Grassick, 1998).
La interpretación con personas
sordociegas es un proceso complejo, es decir, se trata de un campo altamente
especializado que solo se llegará a dominar a través de una amplia formación y
de una larga práctica. Además, exige mucho del intérprete en muchos sentidos.
El
intérprete debe compensar nuestra pérdida de vista y oído. Esto hace su trabajo
muy difícil. No es solo cuestión de trasladar la palabra hablada a cualquiera
de los sistemas de comunicación que utilizamos, sino que también nos debe
transmitir las señales que nos envía nuestro entorno: cómo es lo que nos rodea,
quién viene, quién se va, cómo reacciona la gente a lo que estamos diciendo;
nos tiene que aportar todo esto y gran abundancia de otro tipo de información,
si queremos tener una imagen correcta de lo que está sucediendo, de forma que
podamos funcionar y actuar de forma acorde a ello. Además también necesitamos
al intérprete cuando nos estemos moviendo por un entorno desconocido y nuevo. (Ohlson,
1994).
Como se desprende de lo dicho
anteriormente, se puede ver que la interpretación con personas sordociegas está
compuesta por una serie de tareas o funciones multifacéticas y variadas, que
podrían esquematizarse de la siguiente manera:
1. Interpretación lingüística.
2. Contextualización.
3. Guía (v. capítulo 10).
En los apartados siguientes se van
a analizar cada una de estas funciones (además de una serie de tareas previas
que son también responsabilidad del intérprete), haciendo especial hincapié en
la estrecha interrelación que hay entre todas ellas, es decir, no son tareas que
se desempeñan de manera independiente y consecutiva, sino que, para conseguir
una fructífera y adecuada interpretación, deben entremezclarse y complementarse
en la justa medida.
2.2. Preparación de la situación
de interpretación
Dependiendo del tipo de servicio
de que se trate, la duración, etc., la preparación variará en distintos puntos.
Sin embargo, sea cual sea la situación de interpretación, antes de comenzar, el
intérprete siempre debe organizar una serie de aspectos que le permitan llevar
a buen término su trabajo, con calidad y eficacia.
·
Recabar información de los
gestores del servicio (v. capítulo 8, apartado 2.2.6).
En primer lugar, y una vez que los gestores del servicio han contactado con él,
el intérprete debe solicitar una información fundamental para conocer la
situación a la que se va a enfrentar y poderla preparar previamente de forma
adecuada, con respecto a:
-
El servicio: Fecha y hora, tipo de servicio
(individual o colectivo, interior o exterior, continuado o no, ocio y tiempo
libre, curso, conferencia…), tema, lugar, punto de encuentro con el usuario (en
el mismo lugar del servicio o en un punto intermedio que él conozca),
acompañamiento al domicilio o no (dependiendo de sus posibilidades para
realizar una movilidad independiente; será determinado por los gestores),
ayudas técnicas a utilizar, características del entorno si es en exteriores,
etc.
-
El usuario: Nombre, características y
necesidades (patología visual y auditiva, restos sensoriales si los posee,
nivel de independencia en movilidad…), sistemas de comunicación, experiencia en
el uso del servicio de guías-intérpretes, número de usuarios si es colectivo,
etc.
-
Materiales: En caso de que sea una
conferencia o congreso, textos de las ponencias, programas, horarios…
-
Condiciones laborales: Duración de la sesión, horario
de trabajo, número y nombre de los intérpretes, turnos y tiempos de descanso,
honorarios…
·
Preparación previa:
-
El servicio: Preparación del itinerario hasta
el lugar del servicio, punto de encuentro o domicilio del usuario, reservar el
tiempo necesario para el servicio y posible acompañamiento.
-
El usuario: Preparación de los sistemas de
comunicación a utilizar, preparación sobre las características y necesidades
del usuario.
-
Materiales: Preparación del material
recibido, solicitud del que falte o de material complementario, preparación de
vocabulario específico, signos, sinónimos, búsqueda de información
complementaria sobre el tema.
-
Preparación personal del
intérprete:
descansar suficientemente para poder estar concentrado, salir con tiempo
suficiente y antelación en previsión de posibles imprevistos, ejercicios de
calentamiento de manos y brazos, ejercicios de relajación…
El guía-intérprete debe vestir con
colores oscuros (marrón, azul, verde, negro, burdeos, etc.), con telas lisas,
sin estampados ni dibujos. No debe llevar puestas joyas (anillos, collares,
pulseras, pendientes llamativos, relojes que cuelguen o abulten demasiado),
pañuelos, ni tarjetas identificativas que puedan producir reflejos.
El aspecto personal debe ser el
adecuado para cada situación de interpretación, ni demasiado elegante ni
demasiado informal, dependiendo del tipo de servicio, de los interlocutores con
los que se vaya a encontrar, etc.
Es necesario que el intérprete
tenga las uñas cortas y pulidas, para evitar arañazos o molestias a la persona
sordociega, especialmente en el uso de los sistemas de comunicación táctiles.
Si las manos del intérprete sudan con frecuencia y piensa que puede resultar
molesto para la persona sordociega o para él mismo, puede tener cerca un
pañuelo o paño con el que se seque cuando lo necesite.
·
Preparación in situ, para lo cual es necesario llegar
un tiempo antes del comienzo de la interpretación. Deberá realizarse sea cual
sea el tipo de servicio en el que se vaya a trabajar.
-
Reunión de «pre-interpretación»
con el usuario.
Este encuentro previo con el usuario sordociego es fundamental para que el
servicio de interpretación sea eficaz. Dependiendo de la duración del servicio,
el tema, etc., la reunión será más o menos extensa y detallada. Dada la gran
importancia de este factor, se explica con más detalle en el siguiente apartado, 2.2.1.
Si el servicio que se va a realizar
es una conferencia, un curso, unas jornadas, etc., o un servicio colectivo en
el que se va a trabajar con un equipo de guías-intérpretes, con un coordinador,
durante varios días y con varias personas sordociegas, es esencial tener en
cuenta otros aspectos relacionados con la preparación.
-
Contactar con la organización del evento. Esta será una tarea a
desempeñar por el coordinador del equipo de intérpretes. En caso de que haya
uno o más intérpretes, pero no se cuente con la figura del coordinador, los
propios profesionales serán los encargados de realizar el contacto con los
organizadores. El objetivo es informar de las necesidades del usuario o de los
usuarios sordociegos y tratar de conseguir algunas mejoras que las cubran: se
necesitan algunas sillas suplementarias o con una ubicación especial, agua,
cojines, una determinada iluminación, posibilidad de que los ponentes sean
conscientes de las necesidades de las personas sordociegas en cuanto a la
velocidad de exposición, etc.
-
Coordinarse con los compañeros y el
coordinador. El coordinador debe establecer la distribución de los intérpretes,
los turnos de trabajo y de descanso, informar sobre cambios en el programa...
El grupo de intérpretes, a su vez, debe demandarle la información necesaria y
colaborar todo lo posible para que el equipo funcione con fluidez.
-
Contactar con el ponente para consultar posibles dudas. El
coordinador es el encargado de establecer este contacto y, si es posible,
establecer una reunión de los ponentes con los intérpretes. En caso de no
contar con un coordinador de equipo, los propios intérpretes deberán tratar de
mantener un contacto con los ponentes para resolver dudas en cuanto a
vocabulario, contenido, etc.
-
Preparar y probar los medios
técnicos a
utilizar.
-
Preparación del entorno. Este aspecto se analiza con más
detalle en el apartado 2.2.2
de este mismo capítulo.

2.2.1. Reunión de
«pre-interpretación» con el usuario
Los usuarios sordociegos con los
que se va a trabajar son, en primer lugar, personas, y las necesidades
individuales de cada persona, incluidas las necesidades de interpretación,
pueden variar mucho de una a otra. Por eso, «es muy importante que el
intérprete no dé por sentado que sabe el tipo de iluminación que necesita un
determinado usuario o que tal persona sordociega necesita "esto y
esto". Siempre hay que contrastar las cosas con el usuario» (Goujon,
2002). Por eso, es fundamental hacer una reunión de
pre-interpretación, con el fin de acudir a cada servicio con la información y
el conocimiento adecuados sobre las preferencias y necesidades del usuario.
Para ello es importante encontrarse alrededor de 15 minutos antes del servicio.
Dependiendo del tipo de servicio que se vaya a desempeñar, este intercambio
será más o menos largo o profundo: por ejemplo, si ambos se conocen y es un
servicio sanitario habitual, tal vez solo es necesario comentar el tema que se
va a tratar. En cambio, si no se conocen de antes y van a asistir a un curso,
unas jornadas u otro evento similar, los puntos que tendrán que abordar serán
más numerosos.
¿Qué es lo que el intérprete y la
persona sordociega deben esperar de este primer encuentro? En primer lugar, y
si es la primera vez que trabajan juntos, se trata de darse a conocer uno al
otro con el fin de comenzar a establecer las pautas de comunicación y de
relación que van a reinar entre ellos durante la interpretación: el estilo
comunicativo, las preferencias y desagrados para trabajar juntos, las
peculiaridades y necesidades...
Por otra parte, es una ocasión de
oro que el intérprete debe aprovechar para establecer las bases de la futura
relación profesional, comenzando, sobre todo, por dar confianza y seguridad a
la persona sordociega. En una situación de interpretación, el intérprete no es
solo responsable de una interpretación eficaz, sino también de explicarle el
entorno y de su seguridad personal; presencia muchas situaciones íntimas de la
persona, le transmite a su vez mucha información de las repercusiones de sus
actos, le deja ver muchos aspectos de su propia forma de ser y de actuar. La
interpretación es una relación en la que el intérprete le pide a la persona
sordociega que confíe en él, así que, a su vez, debe aprovechar para
transmitirle tranquilidad y la seguridad de que puede fiarse de él.
Algunos de los temas que el
intérprete debe averiguar los va a detectar a lo largo de la conversación con
la persona sordociega y otros, inevitablemente, tendrán que abordarse
directamente, preguntándole, e incluso en ocasiones negociando con ella. He
aquí algunos de los aspectos que hay que abordar en este primer encuentro, sea
cual sea el tipo de servicio que se vaya a realizar:
En un principio puede parecer una
ardua labor, pero no hay que preocuparse. No se puede pretender averiguar todo
en la pre-sesión, ya que sería abrumador para ambos interlocutores; lo
importante es que posteriormente, según se va desarrollando el servicio y van
surgiendo distintas situaciones que no se podían prever en un principio, el
intérprete esté muy atento para seguir conociéndole más, detectando más
detalles acerca de él que puedan mejorar su interpretación y, en caso de duda,
preguntar al usuario para ver lo que quiere o necesita y llegar a un acuerdo.
Hay que irse adaptando y conociendo poco a poco. A su vez, el intérprete debe
informar a la persona sordociega de determinados aspectos que a él mismo puedan
incomodarle u otros que faciliten la interpretación.
2.2.2. Preparación del entorno
Los servicios individuales con
personas sordociegas (médicos, abogados, banco...) permiten generalmente poca
preparación del entorno, especialmente porque el intérprete no podrá visitar
con anticipación la sala en la que se van a desarrollar. En todo caso, una vez
que se encuentren en el lugar, el intérprete deberá reaccionar rápidamente e
improvisar si es necesario realizar alguna adaptación, dependiendo de cada
situación en concreto y de las necesidades del usuario: buscar la mejor
colocación para él y para el usuario sordociego, cambiando la ubicación de las
sillas si es necesario; determinar el lugar con la iluminación más adecuada
para cada caso; cómo colocarse con respecto al interlocutor con el que se van a
entrevistar, etc. Nunca comenzará el servicio sin asegurarse de que la
colocación del usuario y las condiciones del entorno son adecuadas para
permitirle una buena recepción de los mensajes.
Cuando se va a trabajar en un servicio colectivo, con un grupo de
personas sordociegas, como puede ser una conferencia, unas jornadas, una
actividad de ocio y tiempo libre, en un espacio interior, el intérprete debe
preparar el entorno buscando las condiciones adecuadas para la persona
sordociega y para sí mismo, de forma que se facilite un correcto intercambio
comunicativo. Se debe dedicar a esta preparación todo el tiempo que se precise,
por lo que es fundamental llegar un tiempo antes, con el fin de analizar el
espacio y estudiar los ajustes necesarios. Es posible que la organización o el
coordinador de intérpretes hayan preparado ya la ubicación de cada persona
sordociega, pero siempre es necesario que cada intérprete lo revise, para ver
si se ajusta a las necesidades del usuario con el que va a trabajar y lo
contraste con la propia persona sordociega.
Lo principal es buscar y organizar
una buena ubicación de todos los usuarios, dependiendo de las características
sensoriales y las necesidades de comunicación que tengan, es decir, que
primarán las necesidades de iluminación, las condiciones sonoras, etc.
Sería deseable que se buscara una
colocación en la que el propio intérprete tuviera una buena visibilidad del
espacio para poder tener información de todo lo que está sucediendo en su
entorno y podérselo transmitir a la persona sordociega. Sin embargo, no en
todas las situaciones esto será posible y, en ese caso, siempre primará la
colocación que cubra las necesidades del usuario.
La colocación va a ser diferente
si el intérprete va a trabajar con un solo usuario a la vez o con varios
(dependiendo de los restos sensoriales).
Otro aspecto fundamental a tener
en cuenta es la comodidad, puesto que el uso de muchos de los sistemas de
comunicación es cansado de por sí para ambos interlocutores, mucho más si se va
a trabajar en sesiones largas. Así pues, es esencial, dentro de lo posible:
Además de las anteriores
consideraciones, válidas para cualquier usuario, a continuación se comentan
algunas peculiaridades a tener en mente para la ubicación de la persona
sordociega, dependiendo del sistema de comunicación que utilice (v. capítulo 4).
Insistir en que es esencial que el intérprete no decida nunca por sí mismo lo
más adecuado para cada usuario, sino que debe contrastarlo con él.
Lengua de signos en campo visual:
-
La distancia a la que deben ubicarse la
persona sordociega y su intérprete, debido a sus problemas de campo de visión,
que es mayor que la distancia habitual entre dos signantes sin problemas
visuales. En cualquier tipo de servicio, es necesario que el intérprete prevea
y busque la mejor colocación que le permita contar con ese espacio añadido. Si
hay más personas sordociegas en la misma situación, hay que recordar que no
deben colocarse de forma que se interpongan y se molesten unos a otros.
-
La iluminación: Se debe buscar un lugar bien
iluminado, pero que no deslumbre a la persona sordociega. El intérprete siempre
debe quedar bien iluminado. Es fundamental tener cuidado con los
deslumbramientos producidos por reflejos o luces directas.
-
El fondo detrás del intérprete es, asimismo, fundamental: hay
que tratar de evitar los fondos deslumbrantes o brillantes. Es fácil que un
fondo de color claro llegue a producirle, con el paso del tiempo, cansancio
ocular y problemas de visión. En situaciones de interpretación en salas
(conferencias, etc.) se puede mejorar colocando una tela o una cartulina de
color negro o azul en la pared detrás del intérprete, mejorando así el
contraste de la figura (cara y manos del intérprete) sobre el fondo oscuro.
Lengua oral adaptada:
Lectura labial:
Foto 2.
La ubicación de los usuarios debe realizarse según las necesidades individuales

2.3. Interpretación lingüística
La primera tarea que debe realizar
un guía-intérprete y que, en un principio, podría entenderse como la más básica
o fundamental de sus funciones, es la transmisión de mensajes. Sin embargo, no
puede verse en ningún momento desligada del resto de las tareas, sino que, por
el contrario, se complementan.
La interpretación lingüística con
personas sordociegas consiste en verter el contenido de un mensaje emitido en
una lengua o sistema de comunicación, en la lengua, sistema o forma de
comunicación utilizado por el usuario sordociego con el que se está trabajando,
y viceversa. Sea cual sea el sistema empleado, nunca significa «transcribir» textualmente las frases que se
reciben, es decir, no debe ser una mera transmisión letra a letra, palabra a
palabra o signo a signo del mensaje, sino que se trata de transferir los
conceptos, las ideas que subyacen a la mera pronunciación de los sonidos o a la
mera articulación de los signos.
Los mensajes, las palabras, van
envueltas en un peculiar envase que las dota de un significado muy determinado,
es decir, que están siempre incorporadas en un determinado contexto (cultural,
lingüístico…), y son emitidas con unas intenciones y objetivos concretos que
hacen que la persona que los está recibiendo entienda un determinado sentido y
no otro de todos los significados posibles que pueden darse a un conjunto de palabras
(Santos
y Lara, 1999). Esta envoltura y contexto deben ser interpretados
también a la persona sordociega para que pueda entender ese significado en toda
su dimensión. Es decir, que la interpretación debe transmitir el mensaje
matizado por las connotaciones culturales, intencionales, etc., que el
intérprete está percibiendo del emisor.
Por otra parte, los mensajes están
igualmente matizados por otra serie de factores, como son la entonación del
emisor (un mismo mensaje puede tener un significado completamente opuesto si se
emite con un tono de broma o con un tono enfadado), las expresiones y
reacciones faciales y corporales que, de forma consciente o inconsciente, se
transmiten junto con las palabras (el significado de un mensaje puede variar si
va acompañado de un rictus de ironía o uno de apatía), los acontecimientos en
los que se producen los mensajes, etc. Todos estos aspectos son fundamentales
para la exacta comprensión del significado de un mensaje y, en el caso de las
personas sordociegas, generalmente no son percibidos de manera directa e
inmediata, por lo que su intérprete deberá transferírselo igualmente. Esto es
lo que se denomina transmisión de la
información del entorno, de la que se hablará posteriormente.
Así pues, se trata de entregar el
mensaje fielmente, transfiriendo siempre tanto el contenido como el espíritu
que ha puesto en ese contenido el emisor, incorporándolo en el contexto en el
que se está produciendo y usando el lenguaje más fácilmente comprensible por la
persona con la que se está trabajando. Si esto no se hiciera así, el mensaje
perdería gran parte del sentido con el que ha sido emitido y, además, la
persona sordociega no recibiría un elevado porcentaje de la información que sí
está recibiendo la persona oyente y vidente.
La interpretación de mensajes en
el caso de las personas sordociegas no es tarea sencilla, ya que depende de
múltiples factores que facilitarán o dificultarán un correcto flujo, como, por
ejemplo, la situación sensorial de la persona sordociega (si padece una pérdida
progresiva de sus sentidos, si sus restos son fluctuantes o estables…), su
dominio del sistema de comunicación a utilizar, la velocidad del interlocutor,
que frecuentemente es mayor que la de los sistemas de comunicación utilizados
por este colectivo; la habilidad del intérprete, etc. Por ello, a la hora de
trabajar, el intérprete debe contar con estos aspectos y tratar de compensarlos
en la medida de sus posibilidades, adaptándose a cada persona sordociega según
su situación individual. Básicamente, está «firmando el compromiso» de tratar
de hacer llegar el mensaje, de forma
clara, coherente y comprensible a la persona sordociega. Para ello, el
intérprete habrá de poner en juego y utilizar todos los recursos que estén a su
alcance y deberá huir de la mera emisión de palabras, signos o configuraciones,
en el sentido puro del término («arrojar, exhalar o echar hacia fuera una
cosa») sin atender a cómo son recibidos por el usuario; no debe perseguir el
reto de ser capaz de transmitir el 100% de la información sin tener en cuenta
las posibilidades de la persona sordociega.
Se incluyen a continuación una
serie de pautas que se deben tener en cuenta para que la interpretación sea
fructífera y cumpla sus objetivos:
·
En
primer lugar, el guía-intérprete debe estar preparado y dominar los sistemas de comunicación utilizados por el colectivo de
personas sordociegas, tanto a nivel receptivo como expresivo. Además, debe
manejar con fluidez las técnicas de interpretación necesarias para la
transmisión de mensajes con este tipo de usuarios.
·
Hay
que saber que el intérprete va a encontrarse con una gran variedad de servicios de interpretación: en distintos ámbitos
(sanitario, laboral, educativo de distintos niveles, legal, ocio y tiempo
libre…); de distinta duración (desde unos minutos a varios días, en jornadas,
convivencias, cursos…); con uno o más usuarios (si hay varios usuarios con
restos sensoriales que utilizan el mismo sistema de comunicación pueden ser
interpretados por la misma persona), etc. Las condiciones y características de
la interpretación serán muy diferentes de una situación a otra, así como las
técnicas y estrategias que el intérprete tendrá que aplicar en cada caso.
·
En
cualquier situación de interpretación, con cualquier usuario, es esencial tomarse y darle tiempo para establecer
una buena comunicación, para irse conociendo, para ir amoldando los estilos de
comunicación e ir ganando mutuamente confianza. Cada persona sordociega y cada
intérprete tienen su propio «carácter» en la forma de utilizar los sistemas de
comunicación, sus propias necesidades comunicativas, su propio ritmo, y es
fundamental ir descubriéndose el uno al otro y acoplándose hasta formar un buen
equipo. Especialmente cuando se empieza a interpretar a una persona sordociega
nueva o desconocida, hay que hacerlo despacio, hasta que se acostumbren uno al
otro y el intérprete descubra la mejor manera de hacerle llegar la información.
·
Es
fundamental que el intérprete se adapte
al ritmo de la persona sordociega para captar y asimilar los mensajes; este
ritmo viene principalmente determinado por las capacidades de percepción
sensorial, el nivel cultural y la fluidez comunicativa. El intérprete no debe
dejarse llevar por la velocidad del interlocutor y transmitir la información
demasiado rápido, aunque él tenga esa habilidad, porque se perderán las
condiciones requeridas por la persona sordociega. Deberá concentrarse para
seguir recibiendo el mensaje y transmitirlo adaptándose a las necesidades del
usuario.
·
El
intérprete debe esforzarse siempre en buscar
la claridad, sencillez y precisión en la transmisión de los mensajes (tanto
más cuanto menores sean los restos
sensoriales que posea la persona sordociega); para ello, debe tratar de:
transmitir la información que está recibiendo de forma ordenada (orden en la
transmisión de las ideas que se están exponiendo, orden en las frases y en las
palabras); situar primero la información general y después completar con los
detalles; seguir el orden de los acontecimientos; dar primero la causa y
después la consecuencia; modificar la forma de la frase utilizando frases
cortas (mejor frases cortas y no una larga frase con subordinadas); utilizar
palabras más conocidas o sinónimos más breves, etc. Estos recursos están a disposición
del intérprete y él deberá aplicarlos dependiendo de las necesidades de cada
caso.
·
Puesto
que los contenidos de algunos intercambios comunicativos pueden ser largos y
densos, es importante indicar claramente
cuándo se cambia de tema, se habla de ideas distintas o se pasa de una a
otra, haciendo pausas o marcándolo con algún signo. Todos estos matices son
habitualmente expresados en lengua oral a través de la entonación y, si no se
le indicaran a la persona sordociega, el mensaje perdería mucho significado y
sería muy confuso. Igual se debe hacer cuando se trata de enumeraciones o de
listados: marcar claramente el paso de uno a otro.
·
Siempre
que la situación lo permita y, especialmente cuando el tema sea de gran
relevancia para el usuario sordociego, el intérprete y la persona sordociega
deben tratar de conseguir que se siga el
ritmo que necesita la persona sordociega, explicando las dificultades a su
interlocutor, pidiéndole que hable más lento, que repita, dando tiempo a que la
persona sordociega lo asimile y participe si lo cree conveniente, etc.
·
Es
posible que el intérprete, si no ha conseguido que el interlocutor se amolde al
ritmo de la persona sordociega, o si es una situación que no se puede
controlar, como una conferencia, se vea desbordado por la cantidad de
información que se le acumula, sobre todo cuando está interpretando para una
persona sordociega que utiliza un sistema de comunicación más lento, debido a
la diferente velocidad de la comunicación o a las dificultades de la persona sordociega
en recibir el mensaje. En ese caso deberá centrar sus esfuerzos en hacer una simplificación de la forma del mensaje,
manteniendo con absoluta fidelidad su contenido, su espíritu: eliminando
palabras innecesarias, términos o expresiones repetitivas, circunloquios,
frases hechas, ejemplos no esenciales, modismos y metáforas..., es decir,
información que no sea fundamental para la comprensión del mensaje y que está
vinculada a las características propias de una emisión en lengua oral y de un
discurso entre personas oyentes (recursos, formas de atraer y mantener la
atención, formas de hacerlo atractivo…).
·
Cuando
esto tampoco sea suficiente para poder seguir el ritmo de la comunicación, el
intérprete deberá hacer una más estricta selección
de la información, es decir, elegir las ideas fundamentales del mensaje de
forma que pueda ser captado y seguido por el usuario. Esto siempre se hará
siendo fiel al espíritu del mensaje. Al seleccionar la información es
imprescindible darle una forma coherente, de forma que no pierda el sentido
para la persona sordociega y no dé como resultado piezas sueltas de
información.
·
Es
muy importante durante la interpretación, especialmente si es rápida, dar
tiempo o realizar breves paradas para que la
persona tenga tiempo de elaborar y procesar la información que le está
llegando.
·
Darle la oportunidad de participar
en la situación
de interpretación. La mayoría de los sistemas de comunicación son más lentos
que la lengua oral que utilizan la mayor parte de los interlocutores con los
que la persona sordociega se va a encontrar en los servicios de interpretación.
Por ello, es frecuente que no tenga la oportunidad de intercalar sus opiniones,
preguntas o sugerencias dentro del desenvolvimiento general de la conversación,
puesto que habitualmente irá retrasado con respecto al ritmo de la mayoría. Por
ello, es esencial que el intérprete le indique las ocasiones en las que puede
participar, le señale cuándo puede pedir la palabra o marque los turnos de cada
interlocutor.
·
El
intérprete debe estar atento a si el usuario «le sigue» y darle oportunidades para hacer saber qué no ha entendido. Esto se
consigue a través del feedback que la persona sordociega va dando, o
simplemente preguntándole o contrastando con ella la información transmitida.
En muchas situaciones ella no lo indicará espontáneamente por no molestar al
intérprete, o incluso por no demostrar públicamente que no ha comprendido; sin
embargo, desde el punto de vista de la función del intérprete (hacer llegar el
mensaje), es fundamental detectar cuanto antes estas dificultades de
comprensión, con el fin de que la confusión no siga en aumento y la
comunicación fluya correctamente. En caso contrario solo conseguirá crearle
frustración y malestar. De nada sirve interpretar los mensajes, si no hay un
eco real en el destinatario, es decir, si no hay una constatación clara de que
están siendo entendidos.
·
Si
se intuye que la persona sordociega no
está entendiendo el mensaje, se debe tratar de aclarar, repitiéndolo de la
misma forma o expresando la misma idea pero reformulando la frase. En caso
negativo, el intérprete debe utilizar y crear todos los recursos y estrategias
necesarios para conseguir el objetivo: dibujos, mensajes escritos, recurrir a
signos naturales, señalar, indicar o dibujar formas…
·
Otro
aspecto fundamental es ir confirmando
a lo largo de la conversación que se
mantienen las condiciones adecuadas para un correcto desarrollo de la
conversación: condiciones del entorno, condiciones físicas y perceptivas
(cansancio físico por exceso de concentración, fatiga visual, fluctuaciones en
la calidad de los restos sensoriales...). Es también importante comprobar que
entiende el sistema de comunicación. Para ello, hay que ir contrastando con el
usuario.
·
Al
interpretar un mensaje emitido por la persona sordociega, el intérprete debe hablar siempre en primera persona.
Además de tener en cuenta todos
los aspectos mencionados anteriormente, se pasa a comentar algunos detalles más
concretos de la interpretación, según el sistema de comunicación que se esté
utilizando y el tipo de servicio de que se trate (v. capítulo 4).
Sistema dactilológico táctil, escritura en letras mayúsculas, el dedo
como lápiz y lectura labial
·
En
general, las personas sordociegas que utilizan estos sistemas dominan la lengua
oral con total fluidez, por lo que las interpretaciones deberán mantener la
estructura de la lengua oral, sin utilizar un estilo telegráfico. Las
adaptaciones a realizar en este sentido vendrán determinadas por el nivel
cultural de la persona sordociega, su capacidad sensorial y la velocidad de
emisión de los mensajes por parte del interlocutor.
·
En
la mayoría de los casos, estos sistemas de comunicación son más lentos que la
lengua oral que utilizan sus interlocutores; por ello, el intérprete
posiblemente tenga que hacer más adaptaciones, selección de la información,
etc.
·
El
intérprete deberá ser muy estricto a la hora de amoldarse a la velocidad y el
ritmo que necesita cada persona sordociega, no dejándose llevar por la rapidez
de su interlocutor ni por sus propias habilidades en el sistema.
·
Si
se trata de un servicio individual, el intérprete deberá esforzarse para que la
persona sordociega tenga tiempo de asimilar la información y de hacer las preguntas
que crea conveniente, es decir, de participar. Es muy habitual que a los
interlocutores que no conocen este colectivo les cueste amoldarse a un ritmo
más lento y deseen dar la información al intérprete para que este se lo
explique posteriormente a la persona sordociega con más tranquilidad. Esto es absolutamente incorrecto, puesto que la
persona sordociega no tendrá tiempo de consultar sus dudas a posteriori.
Lengua de signos táctil
Las personas sordociegas que
utilizan este sistema de comunicación han perdido más o menos recientemente los
restos visuales que poseían para recibir la información, lo que significa que
han tenido que adaptar su canal de comunicación receptivo de visual a táctil.
Esto supone grandes cambios y dificultades. En caso de que haya sido hace poco
tiempo, la persona no estará muy habituada ni será muy fluida con el nuevo
sistema. Además, hay muchos aspectos visuales de la comunicación en lengua de
signos que ahora no van a percibir, por lo que la falta de información va a ser
mayor y no van a contar con algunos elementos fundamentales para darle sentido
al mensaje. El tacto le va a transmitir una información mucho más parcial que
la visión, que es más global, lo que puede conducirle a errores de comprensión
y lentitud. Por ello, es importante que el intérprete lo tenga en cuenta a la
hora de marcar el ritmo y la velocidad de la interpretación, además de los
recursos a utilizar.
·
El
intérprete deberá ser especialmente cuidadoso a la hora de marcar claramente
los parámetros de cada signo (la configuración, el movimiento, la orientación,
el punto de contacto con el cuerpo, el lugar de articulación y el plano de
realización).
·
Si
la persona sordociega solo usa una mano para recibir la lengua de signos, el
intérprete puede tener que transmitir un clasificador o un signo que implique
un movimiento de manos un poco más dificultoso. En caso de considerar que sería
mucho más clarificador usar las dos manos, puede tomar la mano inactiva de la
persona sordociega colocando suavemente su mano por debajo y signar con toda
naturalidad en el espacio correspondiente.
·
Es
esencial recordar que la persona sordociega no puede ver los movimientos de la
cabeza (afirmando, negando...), las expresiones faciales y otros marcadores
gramaticales que tienen un carácter visual y que son fundamentales para la
exacta comprensión del mensaje. Esta información hay que sustituirla por signos
adicionales que den el mismo significado, tales como «seguro», «duda», «signo
de interrogación», «afirmación», etc. También se pueden hacer comentarios
explícitos que aclaren el matiz exacto del signo o del mensaje. Igualmente se
puede recurrir al uso del dactilológico en caso de que haya signos que puedan
confundirse entre ellos.
Otro recurso disponible para
transmitir la información gramatical visual a través del canal táctil es
transformarla en movimientos de las manos, los brazos o el cuerpo que
signifiquen lo mismo; jugar con la fuerza y velocidad en la realización de los
signos o en la articulación de las letras y con la presión sobre las manos de
la persona sordociega; utilizar pausas tras las letras, palabras o frases;
alargar las letras o los movimientos, etc., por ejemplo, para distinguir «guapo» de «guapísimo»; realizar un gran esfuerzo...
·
Al
tener que deletrear un nombre o una palabra que no tienen signo hay que emplear
el sistema dactilológico, por lo que el intérprete debe averiguar la modalidad
que prefiere la persona sordociega (visual-táctil o táctil; v. capítulo 4).
Si no se sabe de antemano, el intérprete debe tantear sobre la marcha: se
inicia el deletreo en el aire, dando tiempo a la persona sordociega para que
toque las letras; si no está cómoda, ella misma tenderá su mano para pasar al
dactilológico táctil.
En caso de que utilice la
dactilología visual-táctil, como la persona sordociega tiene sus manos sobre
las del intérprete para recibir la lengua de signos, muchas veces no será
consciente de que el intérprete está comenzando a deletrear una palabra, ni
podrá palpar completamente las configuraciones de las letras. Por ello, antes
de iniciar el deletreo, el intérprete debe hacer una pequeña pausa o un leve
movimiento de sus manos para que la persona sordociega se percate de que lo que
viene a continuación no es un signo más del mensaje que se está transmitiendo,
sino que es algo «extraño», distinto, un grupo de letras, con el fin de
facilitarle el reconocimiento. A continuación, si la persona sordociega no lo
hace espontáneamente, el intérprete deberá hacer un pequeño movimiento de sus
manos, de forma que las manos de la persona sordociega se deslicen para tocar
los dedos del intérprete y así poder empezar a «leer». Igual se hará al
finalizar las letras. La velocidad del deletreo vendrá determinada por el ritmo
que necesite la persona sordociega; es frecuente que ella misma nos haga una
pequeña indicación cuando ya ha entendido una letra para señalarnos que podemos
pasar a la siguiente. Es posible que necesite hacer pausas entre palabras.
En caso de que la persona prefiera
utilizar el dactilológico táctil, es importante que el intérprete deletree
lentamente, al menos hasta saber a qué velocidad entiende el mensaje.
Este mismo proceso debe seguirse
cuando se trate de signos que no son fácilmente perceptibles a través del
tacto, para transmitir números, cifras, fechas...
·
Puesto
que este sistema de comunicación es cansado para ambos, es aconsejable no
mantener los brazos en alto durante las pausas, sino bajarlos para que puedan
descansar.
Foto 3.
Un servicio de interpretación en un curso de formación de personas sordociegas

Lengua oral adaptada
·
En
el caso de que la persona sordociega tenga restos auditivos funcionales y se
comunique a través de este sistema, el intérprete tendrá, en primer lugar, que
valorar junto con el usuario la situación más favorable para la percepción de
los mensajes: si puede oír directamente al interlocutor o el sistema de
megafonía, el intérprete estará fundamentalmente atento a transmitirle la
información que se pueda perder y la información del entorno complementaria y
pertinente para la comunicación. En caso de no poderles oír, el intérprete
establecerá las condiciones adecuadas para interpretar él directamente.
·
En
este último caso, su función consistirá en ir transmitiendo el mensaje en
lengua oral, adecuándose a las necesidades auditivas de la persona. En general,
las personas sordociegas que utilizan este sistema, dominan la lengua oral con
total fluidez, por lo que las interpretaciones no deben utilizar una estructura
telegráfica, sino que se tratará prácticamente de repetir los mensajes
completos. Las únicas limitaciones son el nivel cultural de la persona
sordociega y su capacidad sensorial para percibir los mensajes (puede darse el
caso de una persona que tenga un resto mínimo, casi no funcional, y que aún no
haya aceptado aprender otro sistema alternativo), lo que nos indicará el tipo
de adaptaciones necesarias a realizar sobre el vocabulario, estructuras,
selección de la información…
·
Lo
más adecuado en esta situación es que el intérprete trate de ir intercalando su
voz en las pequeñas pausas que haga el interlocutor, pero no siempre es
posible, y si se espera demasiado tiempo se acumulará demasiada información, lo
que dificultará su retención y será más fácil perderse. Entonces el intérprete
tendrá que hablar al mismo tiempo que el interlocutor; de esta forma, es fácil
que se solapen las dos voces y que el intérprete tenga dificultades para oír y
emitir el mensaje; así pues, tendrá que interpretar utilizando un volumen
intermedio, lo suficientemente bajo como para permitirle oír la exposición del
mensaje, y lo suficientemente alto como para que se adecue a las necesidades
auditivas del usuario.
·
En
muchos casos el volumen utilizado está condicionado al uso de las ayudas
técnicas auditivas que pueda estar utilizando la persona sordociega.
La segunda función del intérprete
consiste en transmitir toda la información del entorno que la persona
sordociega necesite para que la situación que está viviendo le resulte
coherente, lo que habitualmente incluye información visual y auditiva.
A continuación se incluyen, a modo
de orientación, algunas sugerencias de información que puede necesitar la
persona sordociega en una determinada situación de interpretación. Será el
intérprete, junto con las demandas del usuario, y dependiendo del tipo de
servicio, el que tendrá que determinar cuál es más o menos pertinente para cada
momento:
·
Información visual
-
Descripción/información sobre las
personas: Es
fundamental dar una información inicial en la que se puede indicar qué personas
están y dónde están ubicadas (para que pueda dirigirse a ellas).
Posteriormente, es esencial indicar siempre la persona que habla y dónde se
encuentra. Se pueden añadir aspectos como las personas que llegan, las que se
van, quiénes están, por si quiere hablar con ellos. También es importante
señalar la colocación de la propia persona sordociega con respecto a la sala, a
los objetos y a los demás asistentes.
-
Descripción del espacio físico: tanto para interiores como para
exteriores. Consiste en hacerle saber cómo es el lugar en el que se encuentra,
qué forma tiene, el tamaño, etc. Se aportarán más o menos detalles dependiendo
de la necesidad de la persona sordociega: si va a permanecer allí mucho tiempo,
si tiene que desplazarse por ese lugar de manera independiente, de sus
intereses y del tiempo. En situaciones de exterior, explicar el paisaje por el
que estamos caminando, etc.
-
Descripción de los objetos que hay
en un determinado lugar: las mesas, las sillas...; cuando va a una ponencia: los medios
audiovisuales, la forma en que están colocados, a qué distancia...; en un
restaurante: los objetos que hay en la mesa, cómo y dónde están colocados...;
en una visita a un museo: los objetos que se ven...
-
El ambiente: la decoración de una sala, el
bullicio que reina en un bar, la alegría de una fiesta…
·
Información auditiva
-
Sonidos que se producen en el
entorno: un
teléfono que suena e interrumpe la conversación, una llamada a la puerta, los
avisos de megafonía…
·
Información visual y auditiva
-
Los acontecimientos: lo que está sucediendo a su
alrededor, que no puede percibir tocando con sus manos, y que influye en la
comprensión de la situación; si la persona sordociega comienza una conversación
privada, que no desea compartir con otros, el intérprete debe informarle de si
otras personas están mirando; el porqué de las interrupciones durante la
deambulación; qué está haciendo la gente (si es interesante o llamativo).
-
Las interrupciones y pausas: Hay que avisar y explicarles los
vacíos o silencios que se producen en la comunicación: el médico se ha callado
porque la enfermera acaba de entrar; el intérprete está interpretando en una
conferencia y el ponente se ha detenido porque alguien ha entrado en la sala;
el interlocutor está hablando con la persona sordociega y suelta sus manos
porque una tercera persona le está preguntado algo; van caminando y charlando
por la calle y la persona oyente corta toda comunicación con él porque un coche
se ha parado delante de ellos para preguntarles por una dirección. Todas estas
interrupciones, que para los que ven y oyen tienen una sencilla explicación,
llegan a la persona sordociega como cortes bruscos en su contacto con el
entorno, sin ninguna razón imaginable o tranquilizante para ella, y cargadas de
angustia, puesto que no se sabe lo que sucede y no puede controlarlas.
-
Turnos en la conversación: este aspecto es fundamental para
que los mensajes fluyan con soltura y la comunicación discurra por los cauces
adecuados. Se trata de indicar a la persona sordociega si el interlocutor ha
terminado ya de hablar, si está esperando una respuesta, si ella puede ya
responder, si le han dado la palabra y puede participar, indicarle si le han
interrumpido porque alguien ha venido o porque le quieren hacer una pregunta,
si no, la conversación se convertiría en un completo galimatías y se solaparían
las intervenciones de los participantes.
-
Cuando
se está trabajando en un servicio en el que hay varios interlocutores siempre
hay que ir indicándole a la persona
sordociega quién habla (una mesa redonda, una reunión de trabajo con muchas
personas, una conferencia con varios ponentes) para que ella pueda seguir la
línea de pensamiento de cada participante y poder dirigirse a ellos cuando lo
desee. Igualmente, cuando se esté haciendo un servicio colectivo con varias
personas sordociegas, al interpretar a la lengua oral lo que un usuario esté
diciendo, hay que decir el nombre de la persona que habla para que el resto de
intérpretes del grupo puedan transmitírselo al usuario con el que están
trabajando.
-
Algo
fundamental es indicar claramente a la persona sordociega cuándo una pregunta o comentario van dirigidos a
ella.
-
Ritmo de la comunicación: el intérprete debe marcar a la
persona sordociega el ritmo, la velocidad a la que puede hablar, para que el
propio intérprete tenga tiempo de interpretar a la lengua oral y su
interlocutor pueda seguirle. Si se trata de un servicio colectivo con un grupo
de personas sordociegas, el intérprete deberá indicar a la persona sordociega
la rapidez a la que puede hablar o la necesidad de hacer pausas para que todo
el grupo pueda seguir la exposición, ya que hay sistemas de comunicación más
lentos. Si la persona sordociega no está acostumbrada a este ritmo de
comunicación puede resultarle un poco «exasperante», por lo que el intérprete
deberá explicarle la situación.
-
Información de reacciones y
emociones.
2.4.2. Información de emociones y
reacciones
Una mención aparte merece este apartado, dada la gran importancia que
le conceden las propias personas sordociegas, «una de las piezas más
importantes de la comunicación que necesito saber es el lenguaje corporal y
expresiones faciales de los participantes» (Goujon, 2002).
Se trata de transmitir la entonación de la frase (si es una
pregunta, si espera una respuesta, si es solo un comentario); la descripción del comportamiento de otras
personas (señales de lenguaje corporal, su dinámica, movimientos de cabeza,
posturas corporales, expresiones faciales, estado de ánimo, reacciones...), matices emocionales de la voz
(admiración, enfado, seriedad, informalidad, prisa…) y las emociones del propio intérprete cuando se comunica con la
persona sordociega.
Habitualmente transmitimos
nuestros sentimientos y nuestras intenciones a través de nuestra expresión
facial, corporal y de nuestro tono de voz, incluso se puede considerar que lo
más importante de la voz es tanto lo que se dice como lo que no se dice con ella.
Perder la vista y el oído afecta enormemente a la percepción de estos aspectos
y hace que la persona que antes podía disfrutar plenamente de ellos se sienta
en inferioridad de condiciones, como comentan los finlandeses Riitta y Russ,
pareja de persona oyente y sordociego:
En el
transcurso de los años hemos analizado lo que significa para la relación de
pareja que el compañero esté perdiendo la audición y la visión y cómo cambia la
calidad de la comunicación. Russ antes podía oír con audífonos y, por el tono
de la voz, podía saber cómo se siente una persona y ver su lenguaje corporal
(feliz, triste, sorprendido). Al deteriorarse la audición y la visión, la
calidad de la información que recibe se reduce; por consiguiente, no es capaz
de seguir las emociones y el comportamiento de la otra persona. Esto significa
que no hay igualdad en nuestra relación. (Lahtinen, 1998).
Por ello, es fundamental
incorporar esta información en una buena interpretación para personas
sordociegas. De hecho, se considera que dos tercios de la interpretación no son
solo lo que se dice, sino cómo se dice, y el intérprete debe ser capaz de dar
esa connotación al mensaje interpretado. ¿Cómo podría, si no, la persona
sordociega detectar los matices con que han sido pronunciadas unas palabras o
la reacción que han producido las suyas?
Cuando
estamos con un intérprete es muy importante que este sea consciente de la
importancia de describirnos esas emociones durante una conversación. Es
esencial para nosotros saber qué reacciones y emociones producen nuestras
palabras en nuestro interlocutor y cómo nos habla a nosotros, para así saber
actuar en consecuencia. Así sabremos si se ríe, si parece tener prisa, si se ha
puesto serio de repente… Toda esta información nos ayudará a no «meter la
pata». La transmisión de las reacciones y emociones es además muy importante
para conservar nuestra propia expresividad. Creo que la falta de esta
información tiene una gran influencia en que muchas personas sordociegas sean
inexpresivas. Un simple signo en tu mano que indique: «se está riendo mucho» y
tu cara se ilumina… (Álvarez, 1996).
2.4.3. Selección de información
Evidentemente, no es posible ni se
espera del intérprete, sobre todo en determinadas situaciones, que transmita el
100% de la información que le llega a una persona vidente y oyente, ya que,
además de producir cansancio en la persona sordociega y en el intérprete,
llevaría a una gran saturación y confusión a la persona sordociega, que no
tendría tiempo ni criterios para ordenar y procesar toda la información.
¿Cómo determinar qué información
hay que ofrecer a la persona sordociega y cuál no? Para ello es fundamental
seguir dos criterios: priorización y
selección de la información, es decir, hay que pensar en el objetivo que
persigue esa información y seleccionarla, dando preferencia a la más relevante
para que la persona sordociega pueda desenvolverse en esa situación concreta;
posteriormente, y dependiendo del tiempo y otros factores, se dará información
complementaria.
2.4.4. Factores que determinan la
selección de información
En primer lugar, se trata de
buscar la satisfacción y la seguridad de la persona sordociega, es decir, que
esa información le sea útil, le ayude a ubicarse y le resulte, además,
interesante. Dependerá de sus necesidades, sus intereses, sus gustos… No se la
debe sobrecargar con un exceso de información. La forma de saberlo es
preguntando y hablando con el usuario.
Por otra parte, dependerá de la situación
en la que se encuentren; no siempre es necesario dar el mismo tipo de
información, ni la misma cantidad (depende del tipo de servicio, del tiempo que
la persona sordociega va a permanecer en ese entorno, etc.).
Un aspecto absolutamente esencial
es el tiempo, ya que es el principal agente que va a determinar la cantidad de
información que se puede aportar; es muy frecuente no contar con el tiempo
suficiente y deseable para transmitir lo que está sucediendo. En este caso el
intérprete tendrá que priorizar y, cuando sea imposible, tendrá que transmitir
la información a posteriori.
Lógicamente, cuantos más y mejores
restos sensoriales conserve la persona sordociega, más información del entorno
podrá captar ella directamente.
También, y de forma muy especial,
dependerá del carácter y de la formación del intérprete, del cansancio de
ambos, de la urgencia de la situación, etc.
2.4.5. Cuándo hay que transmitir
la información del entorno
Esta transferencia de información
se va a producir en diferentes momentos y situaciones:
·
Es
fundamental dar una información inicial,
al comienzo de la sesión de interpretación, que sirva como marco general, de
forma que la persona sordociega se haga una idea global y se ubique en el
entorno que le rodea. Se debe empezar por lo más relevante y hacerlo de forma
breve, a no ser que haya un largo tiempo de espera y a la persona le interese.
Después, dependiendo de los factores mencionados en el apartado anterior, se
puede entrar en detalles más curiosos o esperar a que la persona nos demande,
incorporando los matices progresivamente.
·
Es
fundamental aportar información durante
la situación de interpretación y vinculada a la transmisión de mensajes
(durante una conversación con un médico, con el jefe del trabajo, durante una conferencia…),
porque complementará la información lingüística y le aportará a la persona
sordociega matices de intenciones, reacciones, aspectos no verbales. Como ya se
ha mencionado anteriormente, no se puede hablar de conseguir una interpretación
de calidad con personas sordociegas si el intérprete se limita a realizar una
mera interpretación lingüística, una transmisión de los mensajes; en realidad,
las palabras son un instrumento más para conseguir el objetivo final, que es
que la persona sordociega reciba una representación lo más exacta y completa
posible de la situación en la que está en ese momento implicada; esta es la
única forma de que la persona no solo pueda saber lo que se está diciendo, sino
que el mensaje sea coherente para ella y consiga todos los elementos de juicio
que le permitan responder, actuar, reaccionar, tomar decisiones, participar y
controlar una situación que le afecta directamente.
Posiblemente, esta es la situación
más compleja de todo el proceso, puesto que, además de la interpretación
lingüística y la selección de la información adecuada, debe decidirse en qué
momento del proceso de interpretación es pertinente incluirla.
Foto 4.
Es importante intercalar las explicaciones del intérprete con el uso de otros
recursos

·
Por
otra parte, cuando ha terminado el servicio, el intérprete debe explicarle a
posteriori a la persona sordociega algunos detalles que han sucedido durante la
situación que han vivido, pero que no ha tenido tiempo de informarle porque
estaba interpretando lo que se decía y que pueden ayudar a la persona
sordociega a comprender mejor. Es lo que se puede denominar información residual.
·
Los
tiempos sociales son todos aquellos
momentos en los que no se produce una situación de interpretación, pero en los
que la persona sordociega necesita el apoyo de un intérprete: el tiempo previo
al comienzo de un servicio individual, las pausas en las sesiones de trabajo,
los descansos del café, los tiempos de comidas, los desplazamientos para ir al
baño, en servicios de interpretación tales como actividades de ocio y tiempo
libre en los que se hacen juegos, concursos, actividades; en general, son todos
aquellos momentos en los que no se están transmitiendo mensajes, pero en los
que la persona sordociega no puede quedarse sola y sigue necesitando los ojos y
los oídos de su intérprete. En este caso, gran parte de la función del
intérprete es la transmisión de la información del entorno exclusivamente,
aunque haya momentos en los que también tenga que transmitir mensajes si la persona
sordociega necesita contactar con personas que no compartan su sistema de
comunicación.
·
También
en situaciones de desplazamientos.
Además de guiar a la persona sordociega con la mayor seguridad posible, es
habitual que el intérprete se comunique con ella (v. capítulo 10) y, dependiendo de los
intereses y gustos de cada usuario, el intérprete tendrá que dar información
del entorno por el que van pasando.
2.4.6. Cómo transmitir la información del entorno
·
El
intérprete debe buscar la claridad, la
sencillez y la precisión en la transmisión de la información del entorno. Para ello, debe transmitir la
información de forma ordenada; ofrecer primero información general y, después,
completar con los detalles; seguir el orden de los acontecimientos; utilizar
frases cortas y no una larga frase con subordinadas; utilizar palabras más
conocidas o sinónimos más breves, etc. Estos recursos están a disposición del
intérprete y él deberá aplicarlos dependiendo de las necesidades de cada caso.
·
Incorporar la información cuando
no interfiera con algo más prioritario (como cuando se está a medias de la interpretación de una
idea) o cuando no distorsione la concentración o atención de la persona
sordociega. En estos casos, si se sospecha que puede producir más confusión en
la persona, es mejor terminar de interpretar ese tema, a no ser que sea
fundamental para su comprensión o vaya a influir en una decisión. No debe
distorsionar la recepción del mensaje, sino ser aclaratorio.
·
Indicar una separación entre la información del entorno
que le está aportando el intérprete y la interpretación de mensajes, para que
la persona sordociega sea consciente en cada momento de dónde proviene la
información.
·
Para
transmitir cualquier tipo de información, la posibilidad más sencilla es describirla directamente, tanto lugares,
como personas, objetos, sentimientos, reacciones...
·
Otra
opción complementaria, muy interesante para explicar
la forma de los espacios, de los objetos, las ubicaciones, etc., es dibujar
con el dedo sobre la palma de la persona sordociega, o bien que el intérprete
dibuje con sus manos formas y volúmenes en el aire y la persona sordociega siga
sus movimientos poniendo sus manos sobre las del intérprete.
·
Otro
recurso para hacer llegar a la persona sordociega parte de la información del
entorno es a través del contacto directo,
siempre que sea posible. Una vez que el intérprete le ha explicado, por
ejemplo, cómo es un determinado objeto que está decorando una sala y resulta
curioso o interesante para la persona, puede ofrecerle tocarlo para que se haga
una idea mucho más exacta de cómo es; o a la inversa: primero tocándolo y
después explicándoselo.
Si tocamos los objetos, exploramos la habitación
de un hotel o, por ejemplo, esta misma sala, obtenemos información por conexión directa. Esta información la
conseguimos de forma más rápida que si nos la describen. Después podemos
complementarla preguntando a nuestro intérprete aquellos detalles que nos
interesen. Habitualmente, preferimos usar nuestras manos siempre que podemos,
ya que pueden aportarnos más información y disfrutamos más. Por ejemplo, en un
museo hallaremos mayor placer tocando una estatua que si simplemente nos la
describen. (Álvarez, 1996).
En este punto solo se trata de
ofrecerle esta oportunidad al usuario, nunca imponérsela, ya que habrá personas
sordociegas que aún no tengan asumido el uso del tacto en su vida diaria.

·
La
información de reacciones y emociones
es posiblemente uno de los aspectos más complicados para el intérprete. Si la
persona sordociega tiene restos funcionales en la vista, el oído o ambos,
facilitará enormemente el trabajo del intérprete, ya que podrá hacerse su
propia idea de lo que está captando directamente. Sin embargo, siempre quedarán
aspectos que no puedan ser percibidos por sus sentidos deteriorados. En este
caso, lo más aconsejable es que el intérprete haga una descripción directa y
explícita de lo que ve y oye, complementando lo que percibe la persona
sordociega.
En caso de que la persona
sordociega no cuente con ningún resto sensorial, el intérprete cuenta con
varios recursos para traducir una información intrínsecamente visual y auditiva
en claves táctiles, dependiendo del sistema de comunicación que vaya a
utilizar:
-
Descripción
directa y explícita de lo que el intérprete ve y oye.
-
Suplir
esos elementos (tono de voz, enfado, sonrisa, nerviosismo) por movimientos de
las manos, brazos o cuerpo; fuerza y velocidad en la realización de los signos
o en la articulación de las letras; presión sobre las manos de la persona
sordociega; pausas tras las letras, palabras o frases; alargar las letras o los
movimientos.
-
Utilizar
códigos particulares que se pueden acordar con el usuario en un momento
determinado y que se irán desarrollando o enriqueciendo con el trato mutuo: se
puede expresar impaciencia tamborileando con los dedos sobre la mano de la
persona sordociega; colocar los brazos en jarras mientras la mano de la persona
sordociega está sobre la del intérprete; acordar un signo que indique que
alguien se está riendo o está triste; tocar de una determinada forma su mano
para pedirle que repita…
-
Hay
un recurso esencial: en la comunicación táctil los sentimientos se transmiten
mediante las manos y el cuerpo. Las manos del intérprete en contacto con las
del sordociego pueden expresar distintos estados de ánimo (suyos y de los
demás): los movimientos lentos y suaves pueden transmitir calma o confianza,
también empatía; los movimientos rápidos y enfáticos pueden transmitir
urgencia, autoridad o enfado; los movimientos leves pueden transmitir alegría,
y los movimientos dubitativos pueden transmitir timidez o inseguridad. Es
decir, que se pueden revestir los mensajes con este tipo de información táctil
y darán a entender mucho más que palabras.
Por ejemplo, se puede decir «NO»
en cualquier sistema de comunicación con matices muy diferentes: si las manos
del intérprete lo hacen con un movimiento rápido y brusco o apretando fuerte la
mano de la persona sordociega, indicará un NO rotundo y enfadado; si las manos
del intérprete lo dicen con un movimiento entrecortado y lento, será un NO
dubitativo e inseguro...
Todas estas señales pueden servir
al intérprete para hacer ver a la persona sordociega los sentimientos y
expresiones que se perciben en el interlocutor, tanto para transmitir los
matices de su voz, como para hacerle comprender el estado de ánimo que su
propio intérprete presenta.
Cuando
alguien se comunica directamente con un sordociego, este puede captar a través
de las manos si su interlocutor está nervioso, enfadado, si nos habla con
interés o parece tener prisa, si está tenso o relajado. Se puede notar también
cómo se mueve: por ejemplo, un movimiento continuo de su mano cuando deletrea
puede indicarnos que se está riendo. (Álvarez, 2003).
·
Hay
que dar tiempo a la persona sordociega
para que procese todos los datos que está recibiendo y pueda entender las
situaciones que se están produciendo, puesto que no solo se trata de recibir un
mensaje, sino de comprender todo lo que este conlleva: intenciones,
connotaciones, consecuencias, reacciones…
·
Si
además se trata de una situación en la que se está demandando algo de la
persona sordociega, es fundamental ser muy claro, preciso y tranquilo en la explicación de las pautas: le han hecho
una pregunta y tiene que responder; en una reunión le toca levantarse y
presentarse; se van a hacer unas votaciones y hay que levantar la mano; el
médico le pide que abra la boca para explorarle pero que antes le responda unas
preguntas…
·
Si
el intérprete sospecha que la persona sordociega no ha entendido bien alguna
parte de la situación de interpretación, debido a alguno de los condicionantes
que lo dificultan, tiene la posibilidad de repetir y aclarar, posteriormente,
aquellos aspectos que considere importantes para la persona sordociega, cuando
se produzca una pausa no muy lejana o un descanso, siempre que no sea esencial
darla en el mismo momento de la interpretación. Es lo que llamamos información residual.
·
Otro
recurso fundamental para poder llevar a cabo esta transmisión de información es
la anticipación: dar información por
adelantado a la persona sordociega de la situación en que se van a encontrar,
de lo que el intérprete está viendo antes de iniciar el servicio o de las
alternativas que se le van a presentar, para que pueda ir asimilando los datos
y después pueda reaccionar más rápidamente, no se le acumule toda la
información y se eviten situaciones de precipitación.
2.4.7. Objetividad del intérprete
La transmisión de información del
entorno es uno de los momentos en los que se pone más en evidencia la necesidad
de contar con una actitud objetiva por parte del intérprete. Es en realidad una
dificultad considerable para este profesional, pero que debe tener muy presente
durante el desarrollo de su trabajo. En caso contrario, la persona sordociega
estará inerme ante las posibles influencias de su intérprete y recibiría una
información parcial y subjetiva que no le ayudaría a actuar de forma
independiente.
En opinión de un elevado número de
intérpretes y de muchas personas sordociegas, posiblemente la tarea más difícil
de todas las encomendadas a un guía-intérprete es esta de la transmisión de la
información del entorno. Muchas veces es complicado discernir si se trata solo
de dificultades técnicas (es necesario tener una gran habilidad y experiencia
para describir determinados aspectos del entorno de forma, clara, comprensible
y atractiva para la persona sordociega) o, más bien, de complicaciones de
naturaleza ética (Hermansson, 2000).
Es evidente que cuando se
proporciona información del entorno, especialmente aspectos tales como las
emociones y reacciones del interlocutor, el ambiente que envuelve una
determinada situación, el comportamiento que está mostrando una persona en
concreto, etc., el intérprete está, de alguna forma, «implicándose» y dejando
entrever sus criterios de valoración, su escala de valores, su carácter, puesto
que toda la información que entre y salga de él está cribada por el tamiz de su
propia personalidad. Es inevitable, y la persona sordociega debe ser consciente
de ello, que esa información esté impregnada por las experiencias, opiniones y
criterios del intérprete. Es muy complicado conseguir una descripción aséptica
y neutral. Pero, al menos, el intérprete deberá hacer uso del más alto grado de
objetividad posible, y la persona sordociega, en su caso y si realmente está
interesado en ello, deberá hacer un esfuerzo para tratar de conseguir otros
elementos de juicio que le permitan discernir y «limpiar» esa imagen que le
está llegando (contrastar la información con otras personas cuando sea posible,
preguntar para conocer más detalles, ir conociendo poco a poco al intérprete
para saber cuál es su estilo y su carácter, si es más negativo o más
optimista…).
Por otra parte, resulta complicado
ser neutral a la hora de determinar qué tipo de información se va a dar y cuál
no. En primer lugar, porque para una persona vidente y oyente hay determinada
información que puede ser muy obvia y, sin embargo, podría resultar curiosa o
chocante para la persona sordociega. También el intérprete estará influido por
sus propios gustos y preferencias, lo que solamente podrá solventar preguntando
a la persona sordociega por sus intereses, asumiendo esta un papel activo y
colaborando con el intérprete en la tarea (preguntando al intérprete en lugar
de esperar a que este le bombardee con información prescindible para él,
indicándole qué tipo de información le resultaría clarificadora, dándose a
conocer).
Aunque todos los aspectos
relacionados con las técnicas de guía vidente y todo lo que conllevan han
quedado claramente expuestos en el capítulo 10, he aquí algunas
matizaciones importantes relacionadas con esta tercera función de un
guía-intérprete.
Durante el desarrollo de un
servicio de interpretación, el profesional puede encontrarse con una tarea
añadida, que es la de persona de apoyo en los desplazamientos. No todas las
personas sordociegas con las que va a trabajar van a necesitar ni a solicitar
este apoyo; dependerá de los restos visuales que tenga la persona, si ha
recibido rehabilitación para los desplazamientos independientes, de la
capacidad que tenga para realizarlo de forma autónoma (puede haber recibido
entrenamiento, pero producirle temor), de los hábitos que tenga en su vida
diaria (hay personas que necesitarían ir guiadas pero no lo aceptan), del tipo
de servicio de que se trate, etc.
Habrá situaciones en las que la
tarea de acompañamiento será fundamental, como en actividades de ocio y tiempo
libre en exteriores, y otras en las que será un complemento a su función
principal de intérprete, por ejemplo, para acompañarle al servicio en un
descanso, guiarle hasta el comedor, hasta la cafetería para tomar un refresco,
a buscar a otras personas con las que desea comunicarse…
Aunque pueda parecer una función
secundaria o simplemente de apoyo, en realidad no es así. Generalmente, nunca
se suele realizar de forma aislada, sino que mientras que se guía, el
intérprete va comunicándose con el usuario, e incluso, con mucha frecuencia,
transmitiéndole información del entorno. Así pues, es una tarea que exige del
intérprete que asuma una gran responsabilidad y aplique el sentido común, la
prudencia y la responsabilidad, además de las técnicas de guía aprendidas, para
mantener, por encima de todo, un alto grado de seguridad.

2.6. Dificultades de la
guía-interpretación
Tras esta visión general de las
distintas funciones que debe desempeñar el guía-intérprete, sería bueno
reflexionar sobre distintos aspectos que van a afectar al desarrollo de su
trabajo y que es bueno que tenga en cuenta para actuar en consecuencia y,
dentro de lo posible, tratar de contrarrestarlos, adaptándose a cada situación
y aplicando las técnicas y recursos apropiados.
·
En
primer lugar, hay que tener muy claro que el
uso del tacto en los sistemas de comunicación manuales no proporciona una
percepción tan clara, completa y global como una comunicación visual o
auditiva, por lo que va a haber muchos aspectos de la comunicación que van a
ser más difícilmente percibidos por ellos. Esto va a producir dificultades de
discriminación de los elementos del mensaje y va a influir en el ritmo de la
interpretación.
·
La
interpretación se puede ver obstaculizada por la situación de sus restos sensoriales y sus posibilidades reales de
aprovecharlos: restos pequeños, fluctuantes, fatiga visual/auditiva…
·
En
general, la mayoría de los sistemas y formas de comunicación utilizados por el
colectivo suelen ser mucho más lentos
que la comunicación de la lengua oral utilizada por sus interlocutores. Además,
los acontecimientos en los que se ven envueltos suelen ser muy rápidos. Surgen
también situaciones imprevistas que van a producir un cúmulo de información que
transmitir, lo que hace que el intérprete, muchas veces, tenga que actuar sin
tener tiempo de explicar ni contextualizar a la persona sordociega para que
sepa lo que está sucediendo. Entonces tendrá que explicárselo cuando la
situación ya haya pasado.
·
No
hay que olvidar que las personas sordociegas están recibiendo concentrado por un solo canal, el tacto, toda la
información que los demás perciben a través de la vista y el oído, con el
cansancio que eso produce. La persona sordociega, por su parte, debe realizar
grandes esfuerzos por «ver y oír» a través del tacto, es decir, que hacen
muchas tareas al mismo tiempo:
...recibir
lo que los intérpretes les pasan, procesar la información, adivinar las partes
que se pierden y rellenar las lagunas con la información que reciben más tarde
cuando se percatan de que tiene conexión con lo que se ha dicho anteriormente.
Para todo ello precisa grandes dosis de concentración. Pero esta situación no
se puede mantener mucho tiempo. (Ohlson, 1998).
·
La
dificultad para reconocer y procesar la información también estará influida por
el nivel de conocimientos o la falta
de ellos que pueda tener la persona sordociega (sobre el funcionamiento del
mundo y la sociedad que le rodean, cultura general, conocimientos olvidados o
no adquiridos como consecuencia de la discapacidad).
·
En
muchos casos la persona está funcionando con un nuevo sistema de comunicación recién aprendido, o con una
adaptación del anterior que no resulta natural para ella.
·
También
influye el cansancio o frustración
que puede sentir la persona sordociega por la necesidad de tener que pedir
constantemente que le aclaren o repitan cuando no ha percibido bien los
mensajes.
·
Otra
dificultad es que el intérprete, de
quien dependen constantemente las personas sordociegas, reúna los requisitos
adecuados para la comunicación: habilidad, concentración, que entienda bien la
información para hacérsela entender al sordociego, su subjetividad al observar
y sacar conclusiones para transmitir la información.
·
El
trabajo con personas sordociegas supone una gran cercanía física y, de alguna forma, también psicológica, ya que, al estar mucho tiempo juntos y compartir
muchas tareas, se está transmitiendo mucha información personal: de carácter,
de personalidad, de gustos y preferencias… Esto puede producir tensiones o
cansancio.
·
Un
factor que influye enormemente es la cantidad
de tareas que debe desempeñar el guía-intérprete, que suponen para él un
gran esfuerzo y concentración.
Esto puede producir una serie de
consecuencias:
·
Pérdida
de información por parte de la persona sordociega, quien, a su vez, tiene que
tratar de adivinar la información que le falta.
·
Frustración
por una comunicación no satisfactoria.
·
Malentendidos.
·
Pérdida
del sentido del mensaje.
·
Y,
especialmente, cansancio en ambos.
En estos casos, la persona
sordociega debe comprender las dificultades que determinadas situaciones
suponen para el intérprete y que son intrínsecas al funcionamiento de una
sociedad oyente y vidente, y que, en muchos casos, son difíciles de
contrarrestar. Por su parte, el intérprete debe tratar de mantener la calma y
ser consciente de cuáles son las limitaciones y cuáles los recursos con los que
cuenta para desempeñar su trabajo, además de ser comprensivo con las
dificultades que tiene que superar la propia persona sordociega por su parte.
En todo momento es importante recordar que persona sordociega e intérprete
deben funcionar como un equipo de trabajo en el que cada uno tiene una función,
unas limitaciones, y al que ambos aportarán su esfuerzo, paciencia y
comprensión.

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3.1. El perfil profesional del
guía-intérprete
Cuando hablamos de perfil en general, estamos haciendo
referencia al «conjunto de rasgos peculiares que caracterizan a una persona o
cosa». En el caso del guía-intérprete el perfil profesional hace alusión al
conjunto de características que se consideran adecuadas para ser reconocido
como un buen profesional, es decir, como «una persona que ejerce su profesión
con relevante capacidad y aplicación» (Santos y Lara, 1999).
Como puede suponerse, se habla de un perfil ideal,
hacia el que debería tender cualquier persona que quiera mejorar constantemente
en este trabajo, a través de la formación continua, la reflexión y el análisis profesional constantes, y la crítica
constructiva.
Es cierto que
...si se
pregunta a las personas sordociegas lo que ellos demandan de los intérpretes,
las respuestas serán muy distintas unas de otras. Es normal, el hecho de que
seamos sordociegos no significa que tengamos las mismas experiencias,
necesidades y valores. Sin embargo, algunas exigencias básicas, por ejemplo,
son que el intérprete debe tener habilidades para la comunicación y mantener el
secreto profesional, pero aparte de esto, las exigencias de una persona a otra
varían. (Ohlson, 1994).
Sin embargo, y aunque no es fácil
hablar de conceptos tan abstractos y discutibles como estos que se están
tratando, ya que van a depender mucho de la escala de valores individuales de
cada persona y de la filosofía de la vida que cada uno tenga, a la hora de
trabajar en una determinada profesión se hace necesario establecer unos
requisitos mínimos para el buen desempeño de la misma.
Se podría decir que, para que una
persona llegue a ser considerada como un buen profesional de la guía-interpretación,
debería contar con una serie de requisitos, innatos unos y adquiridos otros,
que le permitan desempeñar sus tareas con un adecuado nivel de calidad:
·
Perfil y características individuales: cualidades personales,
capacidades o habilidades intelectuales o cognitivas y valores éticos.
·
Formación: cultura y formación específica.
·
Actitud profesional: hacia los usuarios, los compañeros, la profesión.
3.2. Características individuales
Como se puede deducir de todo lo
dicho hasta el momento, el trabajo de guía-intérprete con personas sordociegas
presenta una serie de peculiaridades determinadas por el carácter único y
especial de esta discapacidad. Ello exige que la persona que trabaja con este
colectivo cuente con un bagaje personal, intelectual, moral y cultural que le
capacite para el desempeño de su labor.
En este apartado se hace
referencia a las características y rasgos personales del intérprete que
influyen enormemente en su forma de enfocar el trabajo, de entender su función
y de relacionarse con el usuario sordociego, y que van a hacer adecuado y a
facilitar el desarrollo de su papel. Incluyen cualidades personales, del
carácter, capacidades intelectuales o cognitivas, y valores éticos. Ya que
sería imposible detallar cada uno de los rasgos deseables en este profesional,
a continuación se reflejan los que se consideran más importantes:
·
Capacidad de observación. Debe ser una persona atenta y
vigilante para percibir las necesidades y características del usuario, ser
sensible a sus reacciones, rescatar información del entorno que sea pertinente
para la persona sordociega, percibir las necesidades de los compañeros…
·
Flexibilidad y versatilidad, entendida como capacidad de
adaptarse, de acomodarse fácilmente a las distintas situaciones sensoriales de
los usuarios, distintos estilos comunicativos, necesidades individuales,
niveles culturales, situaciones de interpretación, tareas y funciones, de saber
«doblegarse» según las condiciones de un momento concreto sin perder el norte
de su profesión. «A todas las personas sordociegas les gusta contar con un
intérprete que tenga la actitud adecuada: una persona flexible y que haga que
la comunicación fluya suavemente, no una máquina» (Bar-Tzur, 2000). Esto vendrá facilitado en parte por la
experiencia de vida que tenga la
persona.
·
Autocontrol, que le permita enfrentarse con
tranquilidad a situaciones complicadas y confusas que va a encontrarse en su
trabajo; es él el que debe mantener la calma y aportar seguridad y claridad a
la persona sordociega, quien no tendrá la información necesaria para poder
controlar los acontecimientos. La disposición de ánimo del intérprete ante
estas situaciones «desconcertantes» será la que marque el tono de los demás.
·
Responsabilidad, madurez, seriedad
y discernimiento
para entender y asumir la responsabilidad que su trabajo conlleva, para
entender los límites de su función y ser capaz de marcarlos o sobrepasarlos
según su conciencia y profesionalidad le indiquen, para todos los aspectos éticos
que la profesión conlleva.
·
Creatividad y capacidad de
improvisación,
para resolver situaciones imprevisibles e insospechadas con las que tan
frecuentemente se va a encontrar, para buscar recursos nuevos.
·
Alto nivel de tolerancia al tacto. Puesto que el tacto es
fundamental para este colectivo, es prioritario que no le sea molesto el uso de
sistemas de comunicación táctiles, la cercanía y el contacto físico.
·
Sensibilidad, para comprender que su trabajo se
desempeña con seres humanos y no con máquinas, personas con situaciones vitales
complicadas que demandan un trato humano a la vez que profesional.
·
Solidaridad, espíritu de
colaboración y capacidad de trabajo en equipo, ya que, frecuentemente, se va a encontrar con
situaciones de interpretación colectivas, en las que un elemento fundamental es
el apoyo y la complicidad entre los compañeros del equipo de trabajo. Hay que
ser consciente de que la interpretación con estos sistemas de comunicación es
cansado y que hay que compartir los esfuerzos entre todos.
·
Saber priorizar. Tener claridad mental y
tranquilidad para saber priorizar lo que es más importante en cada momento: la
seguridad por encima de la comunicación durante los desplazamientos,
priorización de la información que requiera un determinado servicio con un
usuario en concreto, la anticipación de la información antes que la «charla»…
·
Capacidades o habilidades
intelectuales, de
tipo lingüísticas, cognitivas y técnicas. Todas ellas se ejercitarán y pulirán
a través de la formación y la práctica profesional.
El
factor clave es la habilidad del intérprete para procesar información visual y
auditiva compleja, absorber y entenderlo completamente, conforme a mi
perspectiva particular. Después, expresarlo dentro de un marco de claridad sin
perder ninguno de los ricos componentes culturales. Debe tener habilidad no
solo para captar la información auditiva, sino además la habilidad de
transformar la comunicación «visualmente ruidosa o estrepitosa» en
información «visual o
táctil tranquila, reposada». (Goujon, 2002).
Habilidad de comunicación,
habilidad para detectar y seleccionar la información que puede ser relevante
para la persona sordociega, memoria…
Uno de los objetivos fundamentales
de la formación es dar a los futuros profesionales los conocimientos necesarios
para desarrollar su trabajo, dotarles de las herramientas que necesitarán en el
futuro y capacitarles para pensar por sí mismos a la hora de llevar a cabo su
trabajo, dado que es imposible reflejar en la formación toda la realidad
existente y cambiante. En un principio se trata de modelar, de construir sobre
la materia prima que son sus condiciones personales y naturales, mencionadas
anteriormente. Posteriormente, la formación consiste en mantener lo ya
adquirido, profundizar en los conocimientos previos y establecer unos hábitos
de formación continua y de inquietud constante por la mejora y el aprendizaje
de la profesión.
La formación específica deberá
abarcar (1) conocimientos de todas las áreas relacionadas con la profesión: los
sistemas de comunicación, distintas disciplinas relacionadas con la
sordoceguera (oftalmología, educación, orientación y movilidad...); (2)
distintas habilidades requeridas: en métodos de comunicación, técnicas de guía,
de transmisión de la información del entorno, lingüísticas, de interpretación,
y (3) conocimientos de ética, además de (4) práctica-experiencia.
Así lo confirma Marjaana Suosalmi,
ex-presidenta de la Deafblind Internacional (DbI),
...la
formación de los profesionales que trabajan con personas sordociegas debe
incluir los conocimientos relacionados con la materia, las habilidades
necesarias para llevar a cabo un trabajo fructífero y las actitudes correctas.
[...] Sin embargo, muchas veces solo se cultivan las habilidades, como por
ejemplo las habilidades de comunicación. Es verdad que son de vital importancia
en el trabajo con sordociegos, pero en general no es suficiente aprender a
comunicarse. Un profesional debe tener además un amplio conocimiento de
materias relacionadas con la sordoceguera. (Suosalmi, 1993).
Es decir, que se trata de buscar
un equilibrio entre todos los aspectos involucrados en el desarrollo de la
profesión.
Otro tema fundamental es el propio
nivel cultural del intérprete, su bagaje de conocimientos y estudios y, más
específicamente, su interés y esfuerzo por mantenerse constantemente informado
de la actualidad y por mejorar su cultura general. Los servicios de
interpretación a los que va a enfrentarse durante el desarrollo de su tarea
profesional abarcan una amplia gama de entornos y situaciones: bancos,
servicios sanitarios, conferencias, centros educativos... Aunque sería
imposible demandar del intérprete un conocimiento profundo de todas las materias
a las que se va a enfrentar, al menos debe tratar de buscar información, de ir
ampliando su bagaje de conocimientos, de forma que su falta de cultura no sea
una barrera más para la persona sordociega.
Para finalizar, se puede decir que
un profesional de calidad viene dado por una amplia formación, una larga
práctica y por el deseo de mejorar sus habilidades, conocimientos y
profesionalidad tras finalizar su formación inicial.
Las mejores aptitudes y
habilidades personales, pulidas por una buena formación y acrisoladas por el
ejercicio de una práctica profesional, no servirían de nada si no estuvieran
impregnadas por las adecuadas actitudes y comportamientos profesionales.
3.4.1. Código ético y Código de
buenas prácticas
El Código ético que rige el trabajo de los intérpretes de lengua de
signos y los guías-intérpretes es el mismo; es el que hace que ambos colectivos
profesionales se mantengan en un alto grado de profesionalidad. Pero la
situación de trabajar con personas sordociegas supone unos matices bastante
diferentes originados por la cercanía física, la cercanía psicológica, la
«necesidad» de la presencia del intérprete, la duración en el tiempo (se
comparten más tiempos que no solo el de la pura interpretación lingüística),
por lo que la persona sordociega está más «desarmada» y dependiente de su
intérprete. Por eso se hace necesario un Código
de buenas prácticas que aclare el rol del intérprete, que ponga límites a
su función, que delimite las condiciones bajo las que se va a relacionar con
los usuarios, que aporte matices más concretos a situaciones nuevas y
distintas. Esto afecta a su relación con los compañeros, los usuarios y la
profesión.
Así pues, además de estar vigentes
y tener que cumplir los principios incluidos en el Código ético de la
profesión, a continuación se incluyen algunos aspectos muy relevantes a tener
en cuenta durante el desempeño del trabajo, que podrían constituir ese deseable
Código de buenas prácticas que, aunque aún no existe por escrito, ya recoge la
forma habitual de comportarse de los profesionales actuales, su filosofía de
trabajo y su estilo y normas de actuación.
3.4.2. Comportamiento profesional
·
Objetividad. Es una cualidad esencial para
esta profesión, ya que constantemente se están viviendo situaciones en las que
el intérprete maneja informaciones y datos susceptibles de soportar una gran
carga de subjetividad, lo que concede al intérprete un gran poder de influencia
sobre la persona sordociega, quien no tiene posibilidades de contrastar. Así lo
demandan las personas sordociegas:
...hay
más cosas que también se demandan del intérprete. Cuando voy al médico o quiero
hacer una compra importante, la exigencia más importante son las habilidades
profesionales y la objetividad, lo que significa que el intérprete debe ser una
persona que no muestra su propia personalidad. La información que nos da debe
ser objetiva, de forma que nuestras decisiones no estén influenciadas por ello.
(Ohlson,
1994).
Si bien es deseable que el
intérprete pase lo más desapercibido posible en cuanto a la comunicación que se
establece entre las personas que interactúan, es importante tener en cuenta que
ya por ejercer de intérprete se requiere que haga juicios de valor (sobre los
usuarios, los contenidos y la situación de interpretación en general), para así
decidir qué tipo de interpretación se adecúa más a las necesidades del usuario.
·
Secreto profesional. Aunque este concepto está
incluido de forma muy estricta en el Código ético, en el trabajo con personas
sordociegas es importante introducir algunos matices. En servicios con personas
sordociegas se comparten muchos momentos que se podrían considerar como «fuera
de la situación de interpretación», como son los desplazamientos, los tiempos
sociales, etc., durante los cuales las personas sordociegas conversan y
comparten con su intérprete de forma confiada. Pero eso no es así. Es
fundamental recordar que el secreto profesional abarca todo el tiempo que el
intérprete esté con el usuario sordociego, y que toda la información recogida,
sea cual sea su naturaleza, queda protegida por la confidencialidad.
·
Estar en un segundo plano, ser prácticamente «invisible»,
lo que conlleva mantener una actuación discreta, sin destacar ni llamar la
atención por su aspecto ni por su trabajo. El intérprete debe canalizar la
atención hacia la persona sordociega, para que se establezca esa línea directa
de comunicación entre ella y su interlocutor, demostrando que no es él el
protagonista del servicio, sino la persona sordociega; el intérprete es un
instrumento que permite el desenvolvimiento independiente de la persona
sordociega.
·
Imagen profesional, debe recordar en todo momento
que con su apariencia física, su comportamiento y su trabajo está mostrando no
solo su propia imagen, sino también la del colectivo y la de la profesión. Por
ello, debe tratar de respetarla y dignificarla en todo momento. Debe mostrarse
profesional pero amable, siendo un «facilitador» para todos los que participan
en la situación de interpretación.
·
Ecuanimidad. Tratar a todos los usuarios
sordociegos por igual en el terreno profesional: no se pueden hacer
diferenciaciones, eligiendo los servicios o los usuarios que utilizan los
sistemas de comunicación más cómodos o que mejor nivel de comprensión tienen.
3.4.3. Relación con la persona
sordociega
·
Respeto como personas. No hay que verles como
individuos con carencias y limitaciones, ya que se estaría priorizando su
discapacidad y no su esencia. Ante todo, son personas, igual que los demás, y
personas adultas. Esto debe quedar reflejado en la forma en que el intérprete
se relaciona con ellas, tanto profesional como personalmente: cómo se dirige a
ellas; no tratarlas como un objeto, no manipularlas ni manejarlas físicamente cuando
tengan que moverse; no tratarlas como inferiores porque tengan una carencia
sensorial o un ritmo diferente del resto… Hay que tratar de ser naturales, como
haríamos con cualquier otra persona.
·
No sobreprotegerles. Respetar y fomentar su sentido
de la independencia. Ayudarles solamente en lo que ellos no puedan hacer por sí
mismos debido a su discapacidad, ya que son adultos con capacidades y
habilidades propias. Si no presentan otro problema, pueden hacer cualquier
cosa.
·
No tomar decisiones por ellos, sino ofrecerles todas las
posibilidades y que ellos elijan, es decir, darles toda la información para que
ellos hagan sus propias elecciones, tomen sus propias decisiones y resuelvan
sus problemas. Precisamente, el objetivo de contar con intérpretes es que
puedan funcionar de forma independiente y autónoma, que puedan tener mayor
control de sus vidas. No se puede decidir por ellos porque sea más rápido o más
cómodo, no se puede olvidar que si la persona sordociega pudiera ver y oír, el
intérprete no estaría allí.
Una
definición de independencia consiste en la libertad de influencia, guía o
control de otros. Aunque las personas sordociegas necesitan la asistencia de
otros para hacer algunas cosas, deben decidir cuándo y dónde la precisan y
organizar su obtención. Hay que resistir la tentación de entrometerse y dar a
la persona la oportunidad de actuar de forma independiente, con el fin de
aumentar su seguridad, confianza en sí misma y orgullo. (Sauerburger,
1993).
·
Trato de igualdad. El intérprete sabe que, aunque
tenga la «ventaja» de ver y oír, no es superior a la persona sordociega; podría
pensar que él tiene el poder, sentirse superior porque tiene el acceso a la
información y la persona sordociega depende de él. Sin embargo, hay que
recordar que no hay una relación de poder, sino una relación profesional. El
intérprete es un trabajador que ofrece un servicio profesional a un usuario
sordociego.
·
Distancia profesional. Es cierto que para algunas
personas sordociegas solicitar el servicio de un intérprete es, en muchos
casos, no solo un servicio, sino una oportunidad de encontrarse con la grata
posibilidad de reunirse con una persona que sabe comunicarse con él en medio de
este oscuro mundo de silencio y oscuridad, de salir de su soledad y
aislamiento. La necesidad de comunicarse y de compañía es vital en estos casos.
Así, pueden demandar, o suponer que pueden demandar, más de lo que realmente
puede darles un intérprete. Además, el hecho de pasar mucho tiempo juntos y muy
cerca, genera un exceso de confianza que puede llevar a confusiones. Por su
parte, también el intérprete, llevado por el deseo de ayudar, por su poder de
influencia o su formación previa, puede incurrir en asumir funciones que no le
corresponden y van más allá de su papel. Es fácil, si no se está alerta,
convertir al intérprete en un asesor que le ayude a aclarar sus problemas, en
un amigo con quien se comunica bien, que le informa y le hace sentirse
integrado y con quien quiere compartir más momentos, en un psicólogo que le
escucha y le comprende...
No se puede olvidar que, aunque es
cierto que hay que tratar de hacer ese encuentro agradable, no es adecuado
exceder las expectativas, ni implicarse en el desarrollo de los servicios, ni
caer en el desempeño de funciones que no se corresponden en absoluto con la
realidad de la profesión. No es mejor intérprete el que más «ayuda», ni el que
«sonríe más», sino el que recuerda que está ejerciendo un trabajo profesional
al que la persona sordociega tiene derecho.
·
Respeto a las necesidades. El intérprete debe recordar en
todo momento que
...para
la persona sordociega supone un gran esfuerzo y energía recibir la información
lingüística, ya sea a través de su visión o táctilmente, conceptualizarla,
representarla en su mente, y todo ello sin ser capaz de ver bien la
comunicación. Hace falta mucha concentración, inteligencia y paciencia para
trabajar con intérpretes, igual que los intérpretes para trabajar con
sordociegos. Se debe tener respeto mutuo y trabajar en equipo para poder
funcionar bien. (Goujon, 2002).
Por ello deberá respetar las
necesidades que conlleve este esfuerzo, a la vez que demandará del usuario
sordociego el respeto necesario a sus propias necesidades (descanso, silencio…).
·
Espíritu de equipo. Lo ideal para que la interacción
tenga éxito es que ambos miembros del tándem se sientan parte de un equipo de
trabajo en el que cada uno cumpla una función y en el que reine el respeto
mutuo. Esto reza también a la hora de buscar la comodidad y las mejores
condiciones de trabajo para ambos: se trata de una negociación, un constante
diálogo e intercambio para llegar a un acuerdo que sea lo más conveniente para
los dos.
·
Dialogar y negociar. Puesto que este trabajo supone
una gran cercanía y un contacto muy estrecho, es imprescindible dialogar para
hacer saber al otro las cosas que puedan molestar, porque eso afecta a todo el
desarrollo del trabajo: olores, si se está colgando demasiado en tus brazos...
En cualquier caso, y debido a la cercanía que se mantiene durante el tiempo de
trabajo, es importante no utilizar olores demasiado fuertes que puedan incluso
molestar en la recepción de la información: perfumes, aftershave, olores de
comida, tabaco… Los aspectos delicados, que puedan herir susceptibilidades,
necesitan ser considerados de forma especial y delicada, tanto desde el punto
de vista del intérprete como del sordociego.
Como conclusión se puede afirmar
que la guía-interpretación es una tarea de gran responsabilidad, al igual que
el papel que ejercen otros profesionales que trabajan con este colectivo. Exige
del guía-intérprete unas determinadas características personales, una buena
formación y una buena actitud profesional. Todo ello encaminado a proporcionar
a las personas sordociegas un servicio al que tienen derecho para tratar de
suplir la carencia de sus dos sentidos y para conseguir una vida independiente.
Contar
con un servicio de intérpretes altamente formados: no hay nada más importante
para permitirme moldear mi propia vida y dotarla de calidad. En este caso la
responsabilidad de dar forma a mi vida de la mejor manera posible es solo mía.
(Ohlson,
1994).
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1- Las
funciones que debe desempeñar un guía-intérprete son:
a. Interpretar, contextualizar y guiar.
b. Preparar el entorno y reunirse previamente con
el usuario.
c. Ninguna de las dos anteriores.
2- En un servicio individual en la
consulta de un médico de cabecera, el intérprete deberá:
a. Recoger información previa de la persona
sordociega sobre el tema del servicio.
b. Explicarle cómo es la consulta una vez que
estén dentro.
c. Interpretarle lo más rápidamente posible para
que no se pierda ningún detalle de la información.
3- Para iniciar una conversación con
una persona sordociega con resto auditivo, es necesario:
a. Acercarse diciendo su nombre, tocarla
suavemente y presentarse.
b. Acercarse y hablarle para empezar la
conversación.
c. Hablarle desde lejos para que no se asuste al
tocarla.
4- Si el intérprete tiene que
ausentarse por unos momentos:
a. No debe decir nada a la persona sordociega
para no molestarla.
b. Debe avisarla.
c. Avisarla cuando haya regresado.
5- El
guía-intérprete:
a. Debe transmitir el 100 % de la información
del mensaje.
b. Debe transmitir el 100 % de la información
del mensaje, pero teniendo en cuenta el ritmo y las posibilidades de la persona
sordociega.
c. Debe transmitir los mensajes lo más
rápidamente que él pueda, para que no se escape ningún detalle.
6- En la reunión de
pre-interpretación con el usuario, el intérprete debe:
a. Recopilar toda la información posible.
b. Recoger los datos esenciales para iniciar el
servicio de interpretación.
c. Charlar con la persona sordociega para
conocerse mutuamente.
7- Los
factores esenciales que influyen en la preparación del entorno son:
a. Aquellos que faciliten la recepción del
mensaje por parte de la persona sordociega.
b. Los que permitan al intérprete tener una
visión completa de la sala para dar información del entorno a la persona
sordociega.
c. La comodidad del intérprete para que pueda
transmitir bien los mensajes.
8- Para
contextualizar a la persona sordociega:
a. Es necesario tener en cuenta: la situación
concreta de interpretación y las características individuales de la persona
sordociega.
b. Es aconsejable transmitir toda la información
posible para que la persona sordociega comprenda bien la situación de
interpretación.
c. Las dos anteriores.
9- La interpretación lingüística
consiste en:
a. Transcribir los mensajes que se reciben en el
sistema de comunicación de la persona sordociega.
b. Transmitir los mensajes, transfiriendo el contenido
y las ideas que subyacen en ellos.
c. Repetir fielmente el mensaje que se ha
recibido.
10- El
perfil profesional del guía-intérprete depende de:
a. Las características individuales, la
formación y la actitud profesional.
b. La voluntad y el buen hacer de la persona.
c. El interés que la persona demuestre.
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