Capítulo 10

Técnicas de guía vidente para personas sordociegas

 

Beatriz Arregui Noguer

 

 

 

 

Introducción

 

A lo largo del capítulo el lector conocerá los distintos grados de autonomía personal que una persona sordociega puede lograr y las áreas principales que los técnicos enseñamos en los programas de rehabilitación. El contenido del capítulo se centra en las técnicas de guía vidente, con el fin de proporcionar a los acompañantes de las personas sordociegas el modo más seguro de transmitir en los desplazamientos la información del entorno. La comunicación con personas sordociegas durante los desplazamientos como guía vidente altera tanto la adaptación de los sistemas que normalmente se hace, como las técnicas de guía de una persona ciega; por ello, dedicamos una parte del capítulo a las modificaciones que se deberán realizar en ambos casos y a las normas que se deberán cumplir en situaciones de riesgo. Para finalizar, se indican algunas de las situaciones que un guía intérprete puede encontrarse en su trabajo con personas sordociegas y el modo de resolverlas; por ejemplo, cómo orientarles en una habitación, cómo informarles en una comida y en otras actividades de la vida diaria.

 

 

 

1. Los programas de rehabilitación

 

Cuando las personas que oyen y ven piensan en las personas sordociegas e intentan imaginarse cómo se pueden desplazar, expresan como idea dominante que es imposible que lo hagan de manera independiente. La disminución o falta completa de la visión y de la audición, que son los dos sentidos que permiten a la persona conocer a distancia próxima y lejana lo que ocurre en el entorno en el que se encuentran, sumado a la idea de no poder pedir ayuda en una comunicación de doble vía, hace pensar a algunos de los afectados, familiares y público en general, que caminar solos conllevaría un peligro para sus vidas.

 

La realidad es que, teniendo en cuenta la heterogeneidad de la población sordociega, como se ha explicado anteriormente en este libro, no se puede afirmar de manera general que las personas sordociegas no pueden caminar solas. Hay algunas que padecen una pérdida auditiva y visual en mayor o menor grado que se desplazan de manera independiente a distintos lugares, incluyendo aquellos a los que llegan utilizando un transporte público. Otras personas lo hacen únicamente en recorridos conocidos y habituales, o en condiciones de iluminación óptimas para su deficiencia visual, y para otros itinerarios prefieren ir acompañados de una persona que ve. Por último, hay personas sordociegas que no salen a la calle si no van acompañadas.

 

Esta variación en el nivel de independencia en los desplazamientos de cada individuo se debe a distintos factores, como son, principalmente: el grado de pérdida sensorial; si las deficiencias son congénitas o adquiridas y si su aparición se produce de forma progresiva o repentina; el grado de motivación y el de su necesidad para caminar; si ha recibido o no un entrenamiento en rehabilitación, y el grado de habilidad que posea para comunicarse en la calle con personas que utilizan un sistema distinto al suyo.

 

La sociedad actual concibe al individuo como un ser que debe desarrollarse en sus distintos ámbitos y valerse por sí mismo. Este deseo de independencia que impregna a todas las personas es compartido por los sordociegos y sus familiares (aunque se acompañe de otras emociones, como temor, etc.).

 

La ONCE, a través de la prestación de servicios sociales que realiza a las personas con una deficiencia visual importante y basándose en su nuevo modelo de atención (v. capítulo 8), proporciona los profesionales y servicios necesarios para favorecer una rehabilitación integral de las personas sordociegas. Las áreas de atención para mejorar el nivel de autonomía personal, dependiendo de la valoración de las necesidades, la situación inicial y los intereses del niño o adulto sordociego, se detallan en los apartados siguientes.

 

 

1. 1. Optimización del resto visual

 

Estimulación visual, entrenamiento en ayudas para baja visión y entrenamiento en habilidades visuales, ya explicados en el capítulo 1.

 

 

1. 2. Los programas de habilitación o rehabilitación en Orientación y

Movilidad (OyM)

 

Según sea el grado de conocimiento y experiencia en la materia de cada persona sordociega, consisten en una sucesión de enseñanzas dirigidas a capacitarla para desplazarse de forma independiente, orientada y segura, en entornos de diversa complejidad.


1.2.1. Adiestramiento sensorio-motor y desarrollo conceptual

 

El contenido se centra en asegurarse inicialmente de que la persona posee o adquiere unas destrezas de carácter perceptivo, motor y cognitivo previas a la enseñanza de las habilidades de OyM.

 

  • Desarrollo perceptivo: Mejora de la habilidad en el uso del resto visual y auditivo si lo posee; entrenamiento en la percepción háptico-táctil (reconocer estímulos de temperatura, presión, reconocimiento de los objetos, cualidades y características a través del tacto directo o de elementos intermedios entre la mano o pie y el objeto, como un bastón o el zapato); entrenamiento en la percepción olfativa, gustativa, cinestésica (comprensión de los movimientos realizados, postura corporal, forma de caminar, giros realizados, etc.).

 

  • Desarrollo psicomotor: Mejora de los movimientos relacionados con los músculos largos del cuerpo, para caminar de manera coordinada, mantener la línea recta, realizar giros corporales de forma consciente, etc. Es un área fundamental en la rehabilitación de las personas sordociegas totales. Mejora de la motricidad fina, para adquirir unas destrezas necesarias para el uso de auxiliares a la movilidad, ayudas ópticas, reconocimiento de objetos, etc.

 

  • Desarrollo conceptual: Adquisición de conceptos corporales, espacio-temporales, ambientales, etc.

 

1.2.2. Orientación

 

Aplicando la definición general de «orientación» que realizan Hill y Ponder (1976) al caso de las personas sordociegas, se definiría como el proceso de utilización de los sentidos que una persona con deficiencia auditiva y visual realiza para establecer la propia posición en el espacio y las relaciones con los objetos significativos de su entorno.

 

Los técnicos de rehabilitación realizan un entrenamiento que facilite a la persona el análisis y la comprensión conceptual del ambiente, mediante la organización mental de las relaciones espaciales.

 

Los tres principios de la orientación son: ¿dónde estoy?, que requiere que la persona sordociega conozca dónde se encuentra en el espacio; ¿dónde está mi objetivo?, es decir, dónde se encuentra situado el objetivo en el espacio; y, ¿cómo llegar hasta él?, lo que supone plantearse qué debe hacer exactamente para llegar desde el lugar donde se encuentra hasta el objetivo (Hill y Ponder, 1976) .

 

Con el fin de dar respuesta a esas preguntas, se sigue un proceso cognitivo de cinco etapas, que son las siguientes (Hill y Ponder, 1976):

 

  • Percepción, que es el proceso de asimilación de datos del entorno mediante los diferentes sentidos (incluidos el de la audición y visión si conserva algún resto).
  • Análisis, que es el proceso de organizar los datos percibidos en categorías.
  • Selección, el proceso de elegir el dato analizado que mejor sirva a las necesidades de orientación en su situación en ese entorno.
  • Plan, el proceso de elaborar una línea de acción basada en los datos sensoriales elegidos.
  • Ejecución, el proceso de realización de la línea de acción planificada.

                                       

Cantalejo (2000) refiere, respecto a las personas ciegas, que «la capacidad para que desarrollen la conciencia del entorno es consecuencia de la concentración y de la práctica después de un período de aprendizaje. El esfuerzo que requiere la movilidad independiente, en ausencia de visión, es elevado, debido, en parte, a la disminución de la capacidad de anticipación perceptiva y a la aplicación sustitutoria de la capacidad de anticipación cognitiva».

 

En el caso de las personas sordociegas totales, es todavía mayor el esfuerzo que deben realizar de anticipar cognitivamente el espacio. Para que se desplacen de manera independiente es necesario que exista un conocimiento profundo del entorno por donde van a caminar, que les permita tener una imagen mental del espacio. La persona, en su desplazamiento, confirma que va por el lugar planteado al comprobar que su recorrido coincide con su imagen mental, a través, principalmente, de los estímulos cinestésicos (pendientes de las calles, estimación de la distancia recorrida y distancia entre objetos, giros realizados), la percepción háptico-táctil del entorno (texturas del suelo y la pared, forma y volumen de los objetos que localiza con el bastón, bordillos, etc.) y, en menor medida, los estímulos olfativos. Si la persona sordociega posee algún resto auditivo o visual, aumentará la información que recibe del entorno y podrá acceder a realizar mayor número de itinerarios.

 

1.2.3. Movilidad

 

Para ejecutar el plan trazado, la persona debe moverse de un lugar a otro de una forma segura, para lo cual se le enseña una serie de habilidades y técnicas. El proceso de enseñanza se realiza en los entornos en los que la persona sordociega debe moverse, graduando el nivel de complejidad. Por ello se inicia el programa en espacios interiores, como su casa, el colegio o el lugar de trabajo; se continúa con el desplazamiento por exteriores sencillos y próximos a su lugar de trabajo o vivienda, buscando siempre que el desplazamiento sea con un objetivo deseado por esa persona (llegar a la casa de alguien o a la tienda o a la parada del metro...). Según la necesidad de cada uno y sus capacidades, se aumenta la dificultad de los trayectos, practicando desplazamientos largos por entornos complejos, en los que se deben realizar cruces de varias calles, bastante concurridas, y utilizar un transporte público.

 

Las técnicas que se enseñan son:

 

  • Técnicas de protección personal, en las que la persona coloca sus brazos por delante de ella de modo que le eviten golpearse con objetos situados a la altura de la cabeza, del tórax o la cadera.

 

  • La enseñanza de técnicas de orientación y movilidad, como son el seguimiento de superficies guía (con el dorso de la mano o con el bastón) y las habilidades de toma de dirección (situando el cuerpo en paralelo o en perpendicular a la superficie de referencia), permiten mantener a las personas sordociegas totales una dirección en la marcha, incluso cuando no pueden seguir el contacto con la pared.

 

  • Técnicas para desplazarse con auxiliares de movilidad, como son el bastón, dispositivos ópticos y electrónicos, de forma que les permita localizar la información necesaria con la suficiente antelación como para poder reaccionar y no caerse (en el caso de escaleras, bordillos) o chocarse (con objetos o personas en su línea de marcha), así como obtener información ambiental que facilite la orientación.

 

  • Adiestramiento en el uso de planos y mapas en relieve.

 

  • Técnicas de desplazamiento con guía vidente, con el fin de, al ir acompañado, poder acudir sin correr riesgos a entornos desconocidos, o de una complejidad superior a la que podría llegar con las habilidades adquiridas en orientación y movilidad independiente.

 

 

1.3. Entrenamiento en estrategias de resolución de problemas de autonomía personal y entrenamiento en habilidades de interacción con el público

 

El entrenamiento en este área es fundamental dentro de los programas de rehabilitación de las personas sordociegas. Muchas veces el éxito en movilidad o en determinadas actividades de la vida diaria depende de la habilidad que tenga la persona para comunicarse con otras que desconocen su sistema de comunicación. Los aspectos que se entrenan relacionados con los desplazamientos son: la petición de ayuda para cruzar la calle; si se desorientan, solicitar que les acompañen a un punto conocido; que les indiquen la dirección de una calle o que llamen por teléfono y den un recado; la comunicación necesaria para el uso del transporte público (taxi, autobús y metro), etc. En los casos en que sea necesario, se entrena la comunicación para la realización de actividades de vida diaria, como la compra de alimentos u otros elementos menores, el uso del teléfono, etc.

 

Otras actividades, por necesitar un intercambio de información mucho mayor, únicamente podrán realizarlas con la ayuda de personas que conozcan su sistema de comunicación y les puedan transmitir toda la información necesaria, como pueden ser actividades que impliquen recogida de información para alquilar o comprar un inmueble, realizar gestiones bancarias, compra de electrodomésticos, muebles o contratos de luz, agua, teléfono, etc.

 

 

1.4. Adiestramiento en habilidades para la vida diaria

 

Son programas dirigidos a enseñar al niño o adulto sordociego a realizar actividades cotidianas que le permitan ser autónomo con respecto a sus propias necesidades y a las originadas en su hogar, en función de su edad. Se enseñan actividades relacionadas con la higiene y arreglo personal; el cuidado de la ropa, incluido su lavado y planchado; la preparación de alimentos fritos, cocidos, en microondas, etc.; el uso de ayudas técnicas, como despertadores o indicadores de sonidos (de la puerta del portal o del portero automático, etc.); limpieza de habitaciones; coser, comprar, etc.

 

 

1.5. Orientación para la adecuación del entorno personal

 

Este apartado se refiere a los aspectos que deben tenerse en cuenta para hacer que el espacio y materiales que rodean a la persona sordociega sean más accesibles, bien por su mejora desde el plano visual (contraste, iluminación, ausencia de brillos, etc.) o táctil (mejorar el reconocimiento de espacios a través de texturas o materiales distintos). Indicaciones de las mejoras urbanísticas que deben realizar los ayuntamientos para facilitar la movilidad de las personas sordociegas en la calle (un ejemplo son las texturas específicas en los lugares de cruce de calle o solicitud de semáforos en aquellos que supongan un riesgo) y evitar situaciones de peligro (como objetos en la acera cuya base es menor que el cuerpo: si este sobresale a la altura de la cabeza, el bastón no lo detectará y la persona sordociega no lo va a percibir, ni visual, ni auditivamente).

 

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2. Las técnicas de guía vidente

 

Las técnicas de guía vidente consisten en una serie de estrategias que permiten a la persona con deficiencia visual y auditiva caminar llevando como guía a acompañantes habituales o esporádicos, conocidos o desconocidos, por entornos de distinta complejidad, de forma relajada y segura.

 

La aplicación correcta y eficaz de estas técnicas implica un conocimiento teórico y práctico por ambas partes, por quien guía y por quien es guiado.

           

Por parte del guía, las técnicas que debe conocer son las siguientes:

 

·        Puesta en contacto con la persona sordociega (físico, o auditivo y físico, o visual y físico).

 

·        Posición del cuerpo del guía:

 

-         durante la marcha;

-         al acercarse a desniveles del suelo (bordillos, escaleras).

 

·        Formas de guiar para:

 

-         subir y bajar escaleras: normales o mecánicas;

-         pasar ambos por lugares estrechos sin golpearse;

-         darle a conocer el paso por puertas y facilitar que sea la persona sordociega quien la cierre;

-         indicarle el asiento donde sentarse (en una mesa, en una hilera de asientos, en un coche...);

-         subir o bajar en un transporte público: autobús o metro.

 

·        Uso de la luz como medio que facilite el desplazamiento con personas sordociegas con resto de visión.

 

·        Adaptaciones de los sistemas de comunicación que utilizan las personas sordociegas en sus diferentes formas, cuando esta se produce de forma simultánea a la marcha.

 

 

Por parte de la persona sordociega, los conocimientos y habilidades que debe desarrollar son los siguientes:

 

·        Agarrarse correctamente al guía.

 

·        Mantener una posición y distancia respecto al guía adecuadas y constantes.

 

·        Interpretar correctamente:

 

-         los movimientos del guía (giros, subidas y bajadas);

-         la posición de paso estrecho.

 

·        Dejarse dirigir la mano para contactar con objetos (barandillas, puertas, o sus marcos, para facilitarle el desplazamiento...).

 

 

Hay personas sordociegas que conocen las técnicas que le van a permitir caminar siguiendo el movimiento de cualquier guía, pero otras no, por no haber realizado un entrenamiento en dicha área o no haberlo practicado suficientemente al acabar la rehabilitación. La enseñanza de dichas técnicas, teniendo en cuenta la edad y características de cada individuo, debe realizarla o dirigirla el técnico de rehabilitación o el profesor de apoyo de personas ciegas, deficientes visuales o sordociegas.

 

A continuación, se describen las técnicas que van a permitir caminar al conjunto «guía—persona sordociega» como una unidad. Para facilitar la comprensión, se indicará en primer lugar la técnica de guía correcta y, posteriormente, las adaptaciones necesarias para que ambos puedan comunicarse durante la marcha sin que exista peligro por ello. Para la descripción de las técnicas, la referencia es una persona rehabilitada, indicándose en las observaciones las variaciones que se puedan encontrar para los casos en que no se ha hecho rehabilitación.

 

La responsabilidad del guía es saber adaptarse a cada persona sordociega, guiándola de la manera más segura posible. En un trabajo de guía-interpretación, la función del guía no es enseñarle nuevas técnicas de desplazamiento, ya que su aplicación sin una práctica previa haría que la persona sordociega caminara de manera más insegura.

 

 

2.1. Toma de contacto con la persona sordociega

 

Para iniciar el desplazamiento es necesario que el guía llame la atención y contacte con la persona sordociega. La forma va a depender de si posee o no algo de visión o audición, intentando que se realice a través del canal sensorial que esté más conservado:

 

2.1.1. Si la persona sordociega posee un resto visual

 

El guía deberá:

 

  • situarse en su campo visual,
  • asegurarse de que le ve,
  • indicarle quién es,
  • explicarle que le va a acompañar en el desplazamiento,
  • aproximarse a ella y tocar su brazo para permitirle que se agarre.

 

Al llamar su atención visualmente, hay que tener en cuenta las condiciones de iluminación del espacio donde se encuentra. Si el guía se sitúa con el sol a su espalda, la persona sordociega no podrá verle porque se producirá un contraluz; en este caso, el guía debe contactar táctilmente e indicarle que se gire. Si el lugar tiene poca luz, es de noche o las condiciones de iluminación no lo favorecen, la llamada de atención a la persona sordociega deberá ser táctil.

 

2.1.2. Si la persona sordociega posee resto auditivo

 

El guía deberá:

 

  • llamarle por su nombre a una distancia corta con el fin de captar su atención,
  • presentarse,
  • explicarle que va a acompañarle en el desplazamiento,
  • confirmar por qué oído oye mejor,
  • situarse por el lado en que la persona sordociega oye mejor y tocarle su brazo para permitirle que se agarre.

 

Algunas personas que poseen una escasa audición confirman con mayor rapidez que se les habla a ellos si, al presentarse el guía, les toca su brazo o antebrazo. Hay que tener en cuenta que su comprensión de la comunicación va a depender del ruido de fondo que exista en el lugar. Las personas con una deficiencia auditiva tienen dificultad en localizar de dónde viene el sonido, por ello, si se les dice oralmente que se agarren, se debe al tiempo mantener un contacto que les permita conocer dónde está situado el guía.

 

2.1.3. Si es una persona sordociega total

 

El guía deberá:

 

  • captar su atención tocándole en el hombro o brazo,
  • presentarse utilizando su código de comunicación,
  • tocar con el antebrazo o dorso de la mano el antebrazo de la persona sordociega y mantener el contacto hasta que se agarre.

 

¡No se debe situar a la persona sordociega por delante del guía en el desplazamiento!, a excepción del paso por torniquetes para entrar al metro y del paso por puertas giratorias, que se explicarán más adelante.

 


2.2. Forma de sujeción de la persona sordociega al guía

 

Una vez que ambos han establecido el contacto, la persona sordociega que se agarra al guía utilizando la técnica, desliza el dorso de su mano por el brazo del guía y se ase a él por encima del codo, dejando el dedo pulgar por el lado exterior del brazo del guía (v. foto 1). Así mismo, mantiene su brazo junto a su tronco, quedando el codo en un ángulo de noventa grados.

 

Esta forma de sujeción al guía hace que ambas personas se mantengan separadas a la distancia de un paso. Gracias a ello, la persona sordociega conoce las variaciones del entorno y el camino a seguir con antelación, a través de los movimientos del cuerpo del guía (v. foto 2).

 

Foto 1                                                 Foto 2

 

 

 

 

 

Hay personas sordociegas que no se agarran en técnica guía, por encima del codo, sino que o bien ponen su mano en el hombro del guía (en general, lo hacen más los hombres o cuando la diferencia de altura entre ambos es considerable), o bien se agarran situando su mano en el antebrazo del guía (suelen hacerlo las personas mayores, personas con problemas de equilibrio o aquellos que no se sienten seguros o desconocen la técnica guía), o bien se agarran de la mano (los niños que no tienen suficiente estatura para agarrarse al codo).

 

     La consecuencia es que la distancia entre ambos es inferior a un paso. Por ello, el guía debe estar más atento al aproximarse a cambios de nivel en el suelo (bordillos, escaleras) o al frenar, para que no se le adelante. En estos casos el guía puede:

 

  • disminuir la velocidad de la marcha conforme se acerca al desnivel;
  • extender el brazo por el que le agarran, cruzándolo en diagonal por delante del cuerpo de la persona guiada, de este modo evita que la persona sordociega se le adelante y pueda tropezar o caerse;
  • en el caso de los niños, el guía puede exagerar los movimientos con el brazo, tirando de su mano hacia arriba o hacia abajo, para indicar que van a subir o bajar escaleras o bordillos. Cuando se aproximen a estos, deben mantenerles agarrados por la mano y, al mismo tiempo, extender ese mismo brazo para cruzarlo en diagonal por delante del cuerpo del niño y, de esta forma, frenarle.

 

Otras personas sordociegas mantienen su mano agarrada correctamente al brazo del guía, pero no mantienen su codo en ángulo recto, sino que lo extienden o flexionan. El motivo puede ser que tengan miedo y se sientan inseguros, acercándose mucho al guía o resistiéndose a caminar, o que hayan cogido hábitos incorrectos y no apliquen bien la técnica guía.

 

Las consecuencias son que la distancia de un paso que separa a ambos varía, haciéndose mayor o menor, pudiéndose tropezar en el caso de subida de escaleras o adelantarse al guía si este se para de forma repentina.

 

El guía puede indicar esta incidencia a la persona sordociega (que, aunque le agarra bien, no lleva el brazo caído junto al tronco, y la distancia que les separa no es de un paso). Debe preguntarle si se siente inseguro, probar a disminuir la velocidad de la marcha, etc.

 

Por último, en cuanto a las variaciones con respecto al modo de sujeción de la técnica guía correcta, hay personas que no mantienen el brazo pegado al tronco, sino que lo mantienen separado.

 

La consecuencia es que el espacio que ocupan ambos es superior al ancho de las dos personas, lo cual es excesivo y puede provocar que, en algún caso, la persona guiada se golpee por el lado externo.

 

El guía puede avisarle de que no separe tanto el brazo del tronco, sino que lo deje relajado y caído junto al cuerpo. Es importante tener en cuenta este factor a la hora de desplazarse, ya que debe calcular el espacio real que ocupan los dos para saber si caben o no por los distintos lugares.

 

 

2.3. Inicio de la marcha. La unidad «guía—persona sordociega» en el desplazamiento

 

La persona sordociega puede agarrarse al guía por uno u otro lado, dependiendo de cómo se sienta más cómoda o de la necesidad que marque el sistema de comunicación que utilice.

 

Es frecuente que cuando una persona empieza a guiar, por inseguridad y falta de práctica, tensione su hombro, manteniéndolo contraído y elevado, que lleve el codo flexionado y se gire constantemente a mirar a la persona guiada. Es conveniente que el guía intente ser consciente de su propia posición corporal, así como del estado de tensión (cuerpo rígido) o relajación que posee.

 

Es necesario que mantenga su cuerpo relajado, ya que de esta forma trasmite mejor las variaciones en los movimientos, que es lo que informa a la persona sordociega de los cambios en el entorno.

 

Puede mantener el brazo por el que le agarran con el codo extendido; no es necesario que lo lleve flexionado, a excepción de que acompañe a personas con problemas de equilibrio, que se sujetan colocando su mano en el antebrazo del guía.

 

Debe caminar con su cuerpo orientado hacia delante. Conforme caminan puede girar su cabeza para comprobar cómo le sigue la persona sordociega. No debe girar su cuerpo, ya que se interpretaría como un cambio de dirección, como un giro, y le confundiría.

 

 

2.4. Determinación de la velocidad de la marcha

 

Una vez que inician la marcha, el guía debe adaptarse en lo posible a la velocidad que mantiene la persona guiada, no obligándola a caminar ni a un ritmo superior que pueda hacerle tropezar o sentirse insegura, ni muy inferior, ya que su atención hacia los movimientos del guía disminuiría.

 

Aunque es el guía quien debe adaptarse, no quiere decir que deban caminar siempre a la misma velocidad; en situaciones concretas de mayor urgencia, el guía debe indicárselo y durante ese tiempo caminar más rápido.

 

También puede ocurrir que la persona sordociega camine a una velocidad más rápida que la que puede o considera adecuado seguir el guía, intentando adelantarle en todo momento. En este caso es necesario frenarle y avisarle, para que camine más despacio y no se adelante, ya que, de otro modo, no se guiaría con seguridad. Esta situación es frecuente cuando la persona sordociega posee resto visual y se desplaza por un entorno conocido para él.

 

 

2.5. Realización de los giros en la marcha

 

Al realizar los giros durante la marcha, tanto si es a derecha como a izquierda, no es necesario disminuir la velocidad de esta.

 

El guía debe tener en cuenta no separar su brazo del cuerpo, ya que aumentaría el espacio que ocupan ambas personas y la persona sordociega podría golpearse en el lado del cuerpo por donde no se agarra. También debe confirmar que la persona a quien guía no separa su brazo, porque igualmente aumentaría el espacio que ambos ocupan. Puede hacerlo girando su cabeza, pero sin girar su tronco, porque podría interpretarlo como un giro mayor.

 

En el caso de que la persona sordociega separe su brazo del cuerpo al girar, el guía puede indicarle que aproxime su brazo al cuerpo y recordarle el motivo. Si no ha hecho rehabilitación o no hace caso, el guía debe calcular el espacio que ocupan ambos cuando vayan a girar, y separarse del obstáculo para evitar que se golpee. O también puede desplazarle suavemente, con el brazo que guía, un poco hacia dentro (hacia el guía), con el fin de que no se choque (v. foto 6, en el apartado 2.6).

 

 

2.6. Paso por lugares estrechos

 

Durante el desplazamiento hay muchos momentos en los que el entorno no permite que ambas personas caminen juntas agarradas en técnica guía, por ejemplo, al pasar por puertas, en calles de aceras estrechas o lugares por donde transitan personas en sentido contario (v. foto 3).

 

La forma en la que el guía indica el paso estrecho es dirigiendo el brazo por el que es agarrado hacia detrás, hacia el centro de su espalda (v. fotos 4 y 7). Si la persona ha hecho rehabilitación, entenderá lo que se le está indicando y se situará detrás de él, manteniendo estirado el brazo con el que se sujeta. En muchos casos, para caminar más cómodamente, la persona sordociega deja de agarrarle por el codo y sujeta la muñeca del guía, con el brazo estirado, mientras el guía mantiene el brazo en la posición de paso estrecho.

 

       Foto 3                                                                  Foto 4

 

                          

 

Una vez que se acaba la situación de paso estrecho, el guía vuelve a colocar su brazo en posición normal, caído a un lado de su cuerpo, y la persona sordociega pasa a colocar de nuevo su mano encima del codo en técnica guía.

 

Variaciones en la técnica del paso estrecho que el guía debe tener en cuenta:

 

Hay veces que la persona sordociega no responde a la indicación de paso estrecho, porque esté distraído y no haya entendido el leve cambio del brazo (en cuyo caso el guía puede repetir el movimiento exagerándolo), o porque desconoce el significado de la técnica (al no haber realizado un programa de rehabilitación).

 

En ambas situaciones, si la persona no reacciona, el guía puede disminuir la velocidad de la marcha al aproximarse a la zona que requiere paso estrecho y extender el brazo por el que es agarrado, cruzándolo por delante del cuerpo de la persona sordociega hasta tocar el lateral de su brazo libre (v. fotos 5 y 6), moviéndola suavemente hasta situarla tras él.

 

Foto 5                                                                         Foto 6

 

                

 

 

Si al caminar en esta posición la persona sordociega se mantiene muy cerca de él, porque le está agarrando por el codo, el guía puede pasar la mano de su brazo libre por detrás de su espalda hasta agarrar la mano de la persona sordociega, y llevársela para que le agarre en la muñeca. El guía puede confirmar que la persona a quien guía no se va a dar un golpe por el otro lado dirigiendo su brazo libre hacia atrás, hasta tocar el lateral del cuerpo de la persona sordociega y confirmar táctilmente que está situado detrás de él (v. foto 7).

 

Foto 7

 

 

 

El guía debe caminar más despacio en la situación de paso estrecho, ya que es una forma de desplazarse incómoda para ambos; si caminara a la misma velocidad, la persona guiada puede tropezarse con el guía y pisarle los talones, y además, si la persona sordociega mantiene el brazo estirado, la distancia entre ambos es superior a un paso. En cuanto se acabe la situación que requiera paso estrecho, se volverá lo más pronto posible a la posición normal de guía.

 

 

2.7. Cambio de sujeción de la persona sordociega al otro lado del guía

 

Hay situaciones en las que se va a seguir caminando en la misma dirección, pero es conveniente, para la seguridad de la persona sordociega, que se cambie de lado. Por ejemplo, cuando caminan por aceras estrechas y su situación es la más próxima al bordillo, para evitar que se caiga; o cuando suben o bajan escaleras, para que pueda agarrarse a la barandilla; porque el sol le deslumbre cuando se están comunicando, etc.

 

En los programas de rehabilitación se les enseña a realizar el cambio de lado pasando por detrás del guía, sin perder el contacto con este. Aunque aprenden a realizarlo cuando están parados o caminando, la realidad es que es más seguro y cómodo para ambos que, al indicarle el cambio de lado, el guía haga una breve parada, si la afluencia de gente que camina tras ellos lo permite.

 

En el caso de que la persona desconozca la técnica de cambio de lado, que es el modo más rápido y seguro de hacerlo, el guía puede pararse, indicarle que le agarre por el otro brazo y dejar que se cambie pasando por delante de él, ya que de esta forma, aunque se suelte, el guía le puede dirigir y ayudar. Otro modo sería que el guía se parase, le avisara de que debe agarrarse por el otro lado y fuera él quien se moviera por delante de la persona sordociega (v. foto 27, en el apartado 2.9.2).

 

 

2.8. Paso por puertas

 

Durante la marcha, es posible tener que cruzar puertas de distinto tipo, como puertas más pesadas de entrada de edificios, puertas de habitaciones más fáciles de mover, puertas giratorias, puertas que se abren hacia dentro o hacia fuera, hacia la derecha o hacia la izquierda, puertas que se cierren solas o puertas que haya que cerrar.

 

Hay personas sordociegas que pueden colaborar con el guía y cerrar la puerta; por ejemplo, si poseen resto de visión pueden observar hacia qué lado se abre la puerta y luego situarse ellos junto a esta para cerrarla.

 

Cuando la persona ve poco o es sordociega total, hay situaciones en las que no es práctico que sea el guía quien cierre la puerta, ya que les supone a ambos realizar muchos giros (hacia su espalda y luego recuperar la línea de la marcha). Del mismo modo, pararse cuando se acaba de pasar por la puerta para indicarle en su sistema de comunicación que sea él quien la cierre, no siempre queda claro, pues la persona desconoce el entorno y está desorientada, y tardará en localizar donde está el picaporte.

 

Si se considera conveniente que sea su acompañante quien cierre la puerta, el guía puede ayudar a comprender la situación de paso por estas facilitando el contacto físico de su mano con el marco de la puerta o con el picaporte, según esté situada la persona a uno u otro lado. Aun así, esta información muchas veces resulta insuficiente y es más eficaz dirigir táctilmente la mano de la persona sordociega para que sea ella quien cierre la puerta.

 

Al describir a continuación las posibles situaciones, es importante establecer el lugar en el que la persona sordociega se encuentra. Por ello, aunque el marco es algo que rodea a la persona a derecha e izquierda, a continuación utilizaremos «marco» para indicar la parte de este opuesta a las bisagras.


2.8.1. La persona sordociega está situada más próxima a la puerta y esta se abre hacia dentro (hacia ellos)

 

El guía coge el pomo o el picaporte con su mano libre (v. foto 8). Abre la puerta del todo y sitúa la mano libre (v. apartado 2.13) de la persona sordociega en el pomo del otro lado de la puerta (v. fotos 9 y 10). El guía coloca su brazo en la posición de paso estrecho (o coloca su brazo en el lateral del cuerpo de la persona sordociega y la mueve para situarla detrás). Caminan ambos en paso estrecho hasta traspasar el umbral. La persona sordociega mantiene agarrado el pomo todo el tiempo hasta cerrar la puerta (v. foto 11).

 

El guía debe caminar despacio para darle tiempo a la persona guiada a cerrar la puerta.

 

Foto 8                                       Foto 9

 

       

           

Foto 10                                                            Foto 11

 

  

 

 

2.8.2. La persona sordociega está situada más próxima a la puerta y esta se abre hacia fuera (v. foto 2)

 

El guía coloca su brazo (al que se agarra la persona sordociega) en posición de paso estrecho y abre la puerta con su mano libre (v. foto 13). El guía gira levemente su cuerpo mientras pasan por el umbral y mantiene sujeto el pomo hasta estar del otro lado, momento en el que la puerta queda completamente abierta. Una vez que han pasado, deja de colocar el brazo en paso estrecho. Con la mano del brazo que guía, coge la mano libre de la persona sordociega (v. apartado 2.13), la sitúa en el pomo del otro lado de la puerta (v. foto 14) y se queda parado para darle tiempo a cerrarla (v. foto 15).

 

     Foto 12                                                                   Foto 13

 

                       

 
     Foto 14                                                                  Foto 15

 

                          

 

2.8.3. La persona sordociega está situada más próxima al marco y la puerta se abre hacia dentro (hacia ellos) (v. foto 16)

 

El guía puede hacer un cambio de lado antes de llegar a la puerta, para facilitarle que sea la persona sordociega quien la cierre del modo explicado anteriormente.

 

Otra forma de indicárselo sin que haya un cambio de lado previo es que el guía abra la puerta del todo con su mano libre. Agarra la mano libre de la persona sordociega y la sitúa en el lado exterior del brazo que guía (v. foto 17). Después, coloca su brazo en paso estrecho, pasa su mano libre por detrás de su espalda y coge la mano con la que le agarraba la persona sordociega y la sitúa en el picaporte (v. foto 18). Caminan lentamente, sin ser ya necesario la posición de paso estrecho, pues la persona guiada estará tras él. El guía hace una pausa para que la persona sordociega cierre la puerta (v. foto 19).

 

Foto 16                                                           Foto 17

 

          

 

 

Foto 18                                                           Foto 19

 

  

 

2.8.4. La persona sordociega está situada más próxima al marco y la puerta se abre hacia fuera (v. foto 20)

 

El guía puede cambiarse de lado antes de llegar a la puerta, y así facilitar a la persona sordociega que la cierre, del modo explicado en el apartado 2.8.2.

 

Otra forma en que el guía puede indicárselo sin que realice un cambio de lado previo es abrir él la puerta del todo con su mano libre (v. foto 20). Agarra la mano libre de la persona sordociega para situarla por el lado exterior del brazo que guía (v. fotos 21 y 22). Después, coloca el brazo en paso estrecho. El guía pasa su mano libre por detrás de su espalda y coge la mano con la que le agarraba la persona sordociega (v. foto 23) y le sitúa el dorso de la mano en la puerta. Y caminan lentamente sin ser ya necesaria la posición de paso estrecho, pues la persona guiada estará tras él y mantendrá el contacto con la puerta (v. foto 24). El guía ayuda a que agarre el picaporte del otro lado de la puerta y hace una pausa, para que la persona sordociega la cierre (v. foto 25).

 

Foto 20                                    Foto 21                                               Foto 22

 

    

 

 

Foto 23                                      Foto 24                             Foto 25

 

             

 

2.8.5. Puertas con muelle

 

Siguiendo la idea de facilitar táctilmente el conocimiento de lo que la persona sordociega debe hacer, se le puede indicar que ayude a abrir puertas con muelle. Si no se coloca la mano de la persona sordociega en el lateral de la puerta o en el asidero mientras se atraviesa, se estará cerrando, y el guía no podrá controlarla.

 

Una vez que el guía ha abierto la puerta, y conforme suelta su mano del agarrador para buscar la de la persona sordociega, puede controlar que la puerta no se cierre situando su pie como tope.

 

2.8.6. Puertas giratorias

 

Suelen encontrarse en la entrada a bancos o cajas de ahorros y en algunos edificios públicos. Generalmente suele haber al lado otra puerta que se abre normalmente y, en situaciones en que el guía considere que puede ser muy complicado para la persona, puede utilizarlas o, si es un banco, pedir que las abran.

 

Antes de atravesar una puerta giratoria, es necesario saber si la persona las conoce y si las ha utilizado alguna vez. A excepción de cuando se guía a niños pequeños, no suelen caber las dos personas en el espacio triangular y, además, caminar. Por ello, hay que indicarle que pase ella primero, colocándole una de sus manos en el frontal y la otra en el lateral para que la deslice por este. Se le avisa que cuando note que hay un hueco, debe salir y quedarse quieto, hasta que llegue el guía en el siguiente movimiento de puerta. Si el guía pasa primero, no puede avisar para que la persona sordociega sepa cuándo puede pasar y lo haga.

 

2.8.7. Barras giratorias de acceso a los vestíbulos del metro

 

Al igual que en el caso anterior, es conveniente explicar la situación con anterioridad. La persona sordociega debe pasar delante y el guía le ayuda a conocer la situación colocándole una mano en la barra y la otra en el lateral por donde sale el billete. Se le indica que, una vez haya pasado, debe pararse junto al final de la máquina y esperar a que pase el guía. Por el contrario, si este entrara primero y luego la persona sordociega no lograse hacer girar la barra (a veces se atascan), o el billete estuviese cancelado y no pudiera por ello pasar, el guía debería volver a salir para poder resolver la situación, comprar otro si fuese necesario o ayudarle a llegar al acceso de al lado.

 

 

2.9. Subida y bajada de bordillos y escaleras

 

Durante la marcha se pueden encontrar bordillos y escaleras que pueden suponer un sobresalto para la persona sordociega si el guía no conoce cómo abordarlos.

 

La aproximación a cualquier cambio de nivel debe realizarse de frente a este, es decir, en una línea de marcha perpendicular al escalón o al bordillo. El motivo es porque resulta más seguro para la persona sordociega, ya que si se abordase en diagonal y ella llegara antes que el guía, no se produciría la subida o bajada correspondiente del cuerpo de este, que es lo que le avisa, y por lo tanto podría tropezarse o, en el caso de la bajada, caerse.

 

2.9.1. Subida y bajada de bordillos

           

Conforme se acercan a un cambio de nivel en el suelo, el guía debe disminuir la velocidad de la marcha y hacer una pequeña pausa justo delante, con el fin de captar la atención de la persona sordociega sobre el entorno. Hay que tener en cuenta que la mayoría de la población a la que un guía-intérprete va a guiar son personas que no van a oír cuándo llegan a un cruce de calles y, por lo tanto, no tienen, por lo general, pistas sensoriales que les permitan deducir la proximidad de un bordillo. Una vez que se ha hecho la breve pausa, el guía sube o baja el bordillo y da un paso, con el fin de que la persona guiada pueda tener espacio para subir o bajar, ya que camina un paso por detrás. Tras bajar (o subir) y dar el paso, hace otra pequeña pausa, que permite notar a la persona sordociega que no hay más escalones. A continuación prosiguen la marcha a un ritmo normal.

 

2.9.2. Subida y bajada de escaleras

 

Las escaleras que se encuentran pueden tener barandilla, carecer de ella pero estar limitada por una pared o carecer de cualquier forma de sujeción o apoyo posible (situadas en mitad de la calle, de una plaza o parque).

 

Al igual que cuando se camina por una acera, en las escaleras se debe procurar seguir la marcha por el lado derecho del espacio, con el fin de no chocarse con la gente que se desplaza en sentido contrario.

 

En el caso de escaleras con paredes laterales o con barandilla a ambos lados, es preferible que la persona sordociega se sitúe manteniendo el lado derecho de la marcha. Por lo tanto, se debe agarrar por el brazo derecho del guía. Si viniera sujeto por la izquierda, se cambiarían de lado (v. fotos 26 y 27).

 

Según se acercan, el guía disminuye el ritmo de la marcha (al faltar cuatro o cinco pasos para llegar), hace una pausa pequeña delante de las escaleras y coloca su mano debajo de la mano de la persona sordociega, para dirigirla a la barandilla (v. fotos 28 y 32). Una vez que tocan la barandilla, el guía retira su mano.

 

Si es necesario hacer un cambio de lado para que la persona sordociega se coloque a la derecha, es más fácil cuando se está a unos pasos de la escalera, porque si se hace justo en el inicio, luego hay que dar pasos laterales, que son mucho más incómodos. Mientras el guía sube (o baja) el primer escalón, la persona sordociega se aproxima al inicio de la escalera (v. fotos 29 y 33); cuando aquel sube el segundo, ella sube el primer escalón, y así sucesivamente. El guía camina siempre uno por delante, hasta que, al terminar, da un paso más para permitir que la persona guiada termine de subir (o bajar) todos los escalones (v. fotos 30 y 31, 34 y 35). Tras dar ese paso, hace una breve pausa y prosigue la marcha, para hacer notar a su acompañante que ha finalizado el trayecto por las escaleras.

 

Secuencia de subir escaleras en técnica guía:

 

Foto 26                                    Foto 27                                     Foto 28

 

  

 

 
Foto 29                               Foto 30                               Foto 31

 

  

 

 


Secuencia de bajar escaleras en técnica guía:

 

Foto 32                                                           Foto 33
 
      
 

 

Foto 34                                               Foto 35

 

   

 

 

El guía puede mantener mejor el equilibrio si durante la bajada de escaleras echa ligeramente hacia atrás el peso de su cuerpo. Así mismo, puede ascender con mayor control las escaleras si echa el peso de su cuerpo un poco hacia delante.

 

Hay ocasiones en que la persona sordociega, al inicio de la escalera, se adelanta al guía. En este caso, este puede estirar su brazo por delante del cuerpo de la persona sordociega, de forma que le impida que camine por delante de él. Este control es necesario hacerlo siempre que se bajan escaleras de un piso a otro cuyos tramos formen ángulo entre sí, ya que al estar la persona sordociega agarrada a la barandilla, el giro de un tramo a otro de escaleras puede ser menor en el caso de ella que en el del guía, llegando antes, por lo tanto, al inicio del siguiente tramo (v. fotos 34 y 35).

 

Mientras se avanza por las escaleras, hay ocasiones en que es necesario que ambos se sitúen en paso estrecho, porque vengan personas de frente y la escalera sea estrecha. En esta situación, el guía es el que debe moverse colocándose delante de la persona sordociega mientras esta prosigue agarrada a su brazo con la mano izquierda y a la barandilla con la derecha. Es más seguro y cómodo que el guía deje de caminar mientras existe la situación de paso estrecho. Una vez que acaba, el guía se mueve situándose de nuevo en técnica guía (hacia la izquierda) y prosigue la marcha.

 

Cuando la persona sordociega no se agarra en técnica guía, sino que lo hace por el hombro o antebrazo o estando agarrado al codo del guía se sitúa a la misma altura, este debe avisarle de la proximidad de la escalera, en el caso de que no tenga barandilla para situarle la mano. Una vez que llegan al primer peldaño, le frena estirando el brazo por delante de su cuerpo para evitar que se caiga o tropiece (v. foto 36). Durante el recorrido, el guía debe estar atento a su marcha, girando la cabeza para comprobar que le sigue bien.

 

 

Foto 36

 

 

En el caso de estar la escalera limitada por pared, pero no por barandilla, el guía puede situar el dorso de la mano de la persona sordociega en la pared, para que, si necesita un apoyo extra, pueda utilizarlo, además de agarrarse al guía.

 

Si la barandilla o pared no están en el lado derecho de la marcha, sino en el otro, pueden, de forma excepcional, cambiarse y caminar por el lado izquierdo de la marcha, siempre que la persona sordociega tenga problemas de equilibrio. En este caso, la persona guiada se agarra con su mano izquierda a la barandilla (o se apoya en la pared) y con su derecha al guía. Si la forma de caminar es segura, no es necesario que se cambien de lado.

 

Escaleras de caracol:

 

Aunque apenas se encuentran en los desplazamientos habituales, algunas veces se pueden hallar en las visitas a monumentos. Como los peldaños son mucho más estrechos por una parte que por la otra, el guía debe situarse en este caso en el lado más estrecho y permitir que sea la persona sordociega la que camine por el lado de mayor amplitud de la huella, sin tener en cuenta si siguen la dirección derecha en la marcha. En el caso de encontrarse con alguien que venga de frente, es el guía quien se mueve, situándose en paso estrecho por delante de la persona sordociega y parándose hasta que puedan continuar.

 

Cuando la escalera tiene escalones muy cortos (de pared a pared), el guía no puede caminar por el lado más estrecho manteniendo ambos la técnica guía. En este caso, se sitúa delante de la persona sordociega y, caminando siempre un escalón por delante de él, le facilita que se agarre de la manera que le proporcione tanto mayor información del entorno a través del movimiento de su cuerpo, como seguridad: en el caso de bajada se puede apoyar en el hombro, y en la subida agarrarse por la muñeca o el antebrazo del guía.

 

Escaleras mecánicas:

 

Siempre se debe parar la marcha un poco antes de llegar a la plataforma metálica que antecede a las escaleras, e informar a la persona que se guía de la opción de escaleras normales o mecánicas, si existiera. También conviene asegurarse de que está familiarizado con su uso, es decir, que las ha utilizado en más ocasiones.

 

Si la persona sordociega está de acuerdo en bajar o subir por las escaleras mecánicas, debe situarse en el lado derecho del guía, si no lo estaba ya. Este debe enlentecer la marcha al aproximarse a la plataforma de metal y hacerlo en forma perpendicular a esta.

 

Para subir escaleras mecánicas, el guía sitúa su mano derecha debajo de la de la persona sordociega, hasta colocarla en la barandilla en movimiento (v. foto 37). Tras contactar, retira su mano de debajo y le agarra por la muñeca (v. foto 38). A continuación inclina ligeramente su cuerpo hacia delante y sitúa los pies en los escalones, mientras mantiene presionada la mano derecha de la persona sordociega sobre la barandilla (v. foto 39). Una vez que ambos han entrado en la escalera, el guía suelta la mano de la persona sordociega y se sitúa delante de ella en paso estrecho. Conforme se aproximan al final de la escalera, el guía se sitúa en posición normal, inclina ligeramente su cuerpo hacia delante para no perder el equilibrio y da dos pasos para salir de la escalera y permitir que su acompañante también salga.

 

Foto 37                                       Foto 38                                    Foto 39

 

  

 

 

Para bajar escaleras mecánicas, el guía sitúa su mano derecha debajo de la de la persona sordociega, hasta colocarla en la barandilla en movimiento. Tras contactar, retira su mano de debajo y le agarra por la muñeca. Al entrar, mantiene su cuerpo erguido ligeramente echado hacia atrás para no perder el equilibrio, y sitúa los pies uno en cada escalón, mientras mantiene presionada la mano derecha de la persona sordociega sobre la barandilla. En el caso de sentirse inestable, puede agarrar la barandilla del lado izquierdo con su mano izquierda, para ofrecer un punto de apoyo más sólido a su acompañante. Una vez que ambos han entrado en la escalera, el guía suelta la mano de la persona sordociega y se sitúa delante de ella en paso estrecho. Conforme se aproximan al final de la escalera, el guía se sitúa en posición normal, vuelve a echar su centro de gravedad hacia atrás para no perder el equilibrio y da dos pasos para salir de la escalera y permitir que su acompañante también salga.

 

Cuando los estudiantes de guía-interpretación realizan las prácticas de guía en las escaleras mecánicas, haciendo la simulación de personas sordociegas, sus compañeros encuentran en ellos una dificultad muy superior a la existente cuando los acompañantes son personas sordociegas. Si la persona guiada decide, ante la opción de escalera mecánica o normal, el desplazarse por la mecánica, significa que ya lo ha practicado en más ocasiones y no va a soltarse al entrar en la escalera, como a veces hacen los alumnos.

 

2.9.3. Rampas mecánicas y cintas transportadoras

 

Cuando son llanas, como las de algunas estaciones de metro o aeropuertos, se denominan cintas transportadoras, y rampas mecánicas cuando son inclinadas, como las de los centros comerciales, hechas para transportar de un piso a otro el carro de la compra.

 

Al aproximarse, el guía debe informar de la existencia de la rampa o la cinta, para evitar que se confunda al inicio con una escalera. Por lo demás, el sistema de entrada y salida es igual que el de la escalera mecánica, facilitándole siempre, en un inicio, el apoyo en la barandilla.

 

 

2.10. Indicar la situación de un asiento

 

Existen diferentes formas de asientos: con o sin respaldo, con o sin brazos, sillón, etc. También varía la situación en la que pueden estar: unidos, separados, en hileras, permitiendo el acceso desde diferentes lugares.

 

Cuando el guía y la persona sordociega se aproximan de frente a una silla (v. foto 40), el guía debe disminuir la velocidad de la marcha hasta que las piernas de la persona a quien guía contactan con el borde del asiento. Sitúa su mano debajo de la de la persona sordociega y la lleva hasta el respaldo. Una vez que sabe dónde está su asiento y la orientación para sentarse, antes de hacerlo, la persona sordociega deberá tocar el asiento comprobando que no hay nada.


 

Foto 40

 

 

Cuando el guía y la persona sordociega se aproximan por detrás a una silla, el guía debe disminuir la velocidad de la marcha hasta estar junto a esta. Entonces sitúa su mano debajo de la de la persona sordociega y la coloca en el respaldo (v. foto 41). Manteniéndose la persona sordociega agarrada al guía, esta gira alrededor de la silla hasta situarse frente al asiento. Una vez que conoce donde está su asiento y la orientación para sentarse, antes de hacerlo, la persona sordociega deberá tocar el asiento comprobando que no haya nada en él.

 

Foto 41

 

 

Para facilitar la localización de un asiento, si es un sillón y se aproximan desde el lateral, el guía puede situar la mano libre de la persona sordociega en el brazo del sillón (v. foto 42), para dirigirla luego hacia el respaldo. De esta forma, la persona sordociega conoce rápidamente cuál es la orientación.

 

Foto 42

 

 

2.10.1. Indicación de un asiento junto a una mesa

 

Se aproximan a la silla que corresponde a la persona sordociega y el guía le sitúa su mano libre en el respaldo (v. fotos 41 y 42). Luego coge la mano por la que se le agarraba en técnica guía y la coloca en la mesa (v. foto 43). El contacto con ambos objetos le permite conocer la distancia entre ellos, la orientación que tienen y así ser ella quien se siente. Si la persona a quien se guía es mayor, se puede separar la silla de la mesa y luego situar sus manos en ambos objetos.

 

Foto 43

 

 

2.10.2. La localización de un asiento en un auditorio

 

En una sala de conferencias o teatro se debe explicar, antes de comenzar a desplazarse, la colocación de los asientos en filas, hacia dónde miran y dónde se halla el escenario. Para caminar por el pasillo, la persona sordociega debe situarse en el lado de las butacas; de esta forma, si el pasillo es estrecho y se encuentran con personas que vienen de frente, será más fácil para el guía situarse en la posición de paso estrecho, moviéndose él. Una vez que llegan a su fila, el guía sitúa la mano de la persona sordociega en el primer respaldo (v. foto 44), para que sea este quien pase en primer lugar (v. foto 45). El movimiento de ambos será con pasos laterales hasta llegar al lugar que les corresponde. El guía coge la mano con que le está agarrando la persona sordociega, para colocarla en el respaldo del asiento situado justo detrás de ella (v. foto 46).

 

Al salir, es el guía quien lo hace en primer lugar, cambiando ambos de dirección al llegar al pasillo (v. foto 47).

 

Foto 44                                               Foto 45

 

 

 

 

Foto 46                                               Foto 47

 

 

 

2.10.3. Indicación de un asiento en un coche

 

Si la persona sordociega tiene muy poco resto visual, es preferible que, cuando entre en el coche, sea el guía quien cierre la puerta, sobre todo si hay otras personas alrededor. Igualmente, al salir, el guía debe informar a su acompañante si puede abrir la puerta, o indicarle que se espere a que él la abra, ya que pueden pasar más coches junto al lugar donde han aparcado. Para facilitar la entrada a la persona sordociega en el coche, y que se siente en el asiento de delante, junto al conductor, el guía abre la puerta del todo. Coloca su mano debajo de la mano derecha de la persona sordociega y la sitúa en la parte superior de la puerta. También sitúa la mano izquierda en el borde del techo con el fin de que conozca la altura y no se golpee al entrar (v. foto 48). Luego, dirige la mano izquierda hacia el respaldo del asiento delantero (v. foto 49). De este modo, la persona sordociega puede conocer la orientación y sentarse. Si debe sentarse en los asientos de detrás, una vez que han tocado la puerta y el techo, se le explica dónde debe sentarse, colocándole las manos en el asiento de detrás y en el respaldo inclinado del asiento de delante.

 

Foto 48                                                Foto 49

 

 

 

 

2.11. Recomendaciones para desplazarse guiando a una persona sordociega en transporte público

 

2.11.1. Autobús

 

El guía avisa a la persona sordociega de la llegada del autobús y se aproxima en perpendicular a los escalones. Para facilitar la subida, deberá colocar la mano libre de la persona sordociega en la barra de la puerta o, si no la hubiera, el dorso de su mano en la puerta, para que le sirva de orientación y de apoyo en caso de necesidad (v. foto 50). Si la distancia entre el bordillo de la acera y el autobús no es lo suficientemente grande como para bajar a la calzada y luego subir al autobús, pero es algo mayor que un paso, el guía puede situar la mano libre de la persona sordociega en la puerta para darle a conocer la distancia existente hasta el primer escalón.

 

Una vez dentro, el guía puede informar a la persona sordociega si hay asientos libres, por si quisiera sentarse, y si alguien le ofrece un asiento. Para indicarle el lugar, coloca su mano libre en el asidero del respaldo de su asiento mientras continúan en guía. Una vez que la persona sordociega está agarrada a la barra, el guía coge la mano con la que le agarraba y la sitúa en el respaldo del asiento de delante, para que pueda conocer el espacio donde se va a sentar y la orientación.

 

Ambos deben prepararse para bajar con anterioridad a llegar a su parada. Es más fácil para la persona sordociega mantener el equilibrio cuando el autobús frena si, además de estar agarrada al brazo del guía, este le sitúa su mano libre en los respaldos o barras que haya en el desplazamiento hacia la puerta de salida. Una vez en ella, el guía debe colocarle la mano en el asidero de la puerta (v. foto 51) y bajar del autobús (v. foto 52). Si la distancia entre el suelo del autobús y el bordillo es algo más de un paso, el guía baja a la calzada y luego sube el bordillo para que su acompañante pueda notar la situación a través de los movimientos de su cuerpo.

 

Foto 50                                    Foto 51                               Foto 52

 

            

 

 

Actualmente, los autobuses urbanos disponen de piso bajo, así como la mayoría de los que circulan dentro de una misma comunidad. Los autobuses de trayecto de largo recorrido, entre comunidades, tienen el suelo más elevado que los anteriores, a causa del equipaje que se coloca debajo, y poseen algún escalón para entrar y salir. En esta situación, la persona sordociega no puede mantenerse agarrada en técnica guía por encima del codo, pero sí debe mantener un contacto con el guía, agarrándose a su muñeca o mano para subir, o apoyándose en su hombro al bajar. Esto le permite conocer la altura que hay entre él y el primer escalón, o entre él y el bordillo, según sea el caso. El guía también debe situar la mano libre de la persona sordociega en la puerta o lateral del autobús.

 

2.11.2. Metro

 

Los lugares que entrañan mayor dificultad en los desplazamientos por el interior del metro hasta llegar al andén están descritos en los apartados 2.8.7 y 2.9.2.

 

Al esperar en el andén la llegada del vagón, es preferible que ambos se coloquen a varios pasos del borde, y así, cuando llegue, el guía pueda dirigirse hacia la puerta más cercana casi de frente, sin dar pasos laterales. Tras avisar a la persona sordociega de la llegada del vagón y para facilitarle la entrada, debe colocar la mano libre de la persona sordociega en el lateral de la puerta del vagón, lo que le permite a esta conocer la orientación y la amplitud del hueco existente entre el suelo del andén y del vagón (v. foto 53).

 

Foto 53

 

 

Una vez dentro, el guía puede informar a la persona sordociega si hay asientos libres, por si quisiera sentarse, y si alguien le ofrece un asiento. Para indicarle el lugar, si los asientos están dispuestos en filas, coloca su mano libre en el asidero del respaldo de su asiento mientras continúan en guía. Una vez que la persona sordociega está agarrada a la barra, el guía coge la mano con la que le agarraba y la sitúa en el respaldo del asiento de delante, para que pueda conocer el espacio donde se va a sentar y la orientación. También pueden encontrar asientos libres del tipo que requiere una aproximación de frente (v. apartado 2.10).

 

Ambas personas deben prepararse para bajar con anterioridad a la llegada de su parada. Es más fácil para la persona sordociega mantener el equilibrio cuando el tren frena si, además de estar agarrada al brazo del guía, este sitúa su mano libre en los respaldos o barras que haya durante el desplazamiento hacia la puerta de salida. Una vez en ella, el guía debe colocarle la mano en el lateral de la puerta del vagón, lo que sería el marco (v. foto 54). Cuando se abren las puertas, dará un paso largo y luego otro antes de pararse, con el fin de permitir salir a la persona sordociega y separarse del borde del andén (v. foto 55).

 

Foto 54                                                                       Foto 55

 

                       

 

 

2.12. Pautas para facilitar la orientación

 

Hay ocasiones en que la tarea de guía-interpretación se va a realizar en un espacio interior al que van a acudir repetidas veces o por períodos prolongados de estancia en un mismo edificio o lugar. Si la persona sordociega desea moverse sola, y el guía debe explicarle una habitación, puede facilitarle un conocimiento real del lugar bien representando el espacio sobre la palma de su mano, bien con objetos pequeños que asemejen la estructura del entorno o bien recorriéndolo.

 

Para representar un espacio, el guía dibuja con su dedo índice sobre la palma de la mano de la persona sordociega las líneas que indican los datos más destacables, como son el perímetro de la habitación (que le muestra la forma) o el lugar donde se hallan la puerta, las ventanas, los armarios y otros elementos significativos en el centro de la habitación o junto a la pared.

 

Luego pueden recorrerla, siguiendo el perímetro y partiendo desde la puerta (v. foto 56). La dirección a tomar para conocerla puede ser siguiendo el sentido de las agujas del reloj o a la inversa, pero dependerá del lado por el que mejor se comunique la persona sordociega, para que ese lado quede libre y sea el brazo del otro lado el que contacte con la pared.

 

Foto 56

 

 

La persona sordociega deslizará el dorso de su mano por la pared y, cuando se encuentre con objetos en el camino, se girará para situarse de frente y explorarlos. Una vez que han finalizado, el guía puede dirigirle hacia los elementos situados en el medio de la sala, mostrándole la distancia existente entre ellos y, además, entre dichos objetos y la pared. Al final del recorrido es importante destacar aquellos elementos que pueden servirle a la persona sordociega de punto de referencia, para su orientación.

 

Un punto de referencia es cualquier objeto familiar, sonido (para los que posean resto auditivo), olor, temperatura o indicador táctil que se reconozca con facilidad, sea constante y tenga una situación conocida y permanente en el entorno (Hill y Ponder, 1976). Por ejemplo, si en una habitación hay una sola puerta, cuando la persona sordociega la toque, sabrá en qué parte de la habitación se encuentra. Lo mismo ocurre si hay un solo radiador y nota cerca la fuente de calor.

 

Otra forma en que el guía-intérprete puede ayudar para clarificar la imagen mental de un espacio es representando en volumen ese espacio, utilizando unos pocos objetos cotidianos (como una carpeta o libro, gomas de borrar, monederos o cajas de cerillas..., cualquier cosa que se tenga a mano), a los que se le da el significado del elemento hallado en la sala. De este modo, se facilita la relación posicional entre los objetos y una idea de la distancia existente entre ellos.

 

 

2.13. Pautas para dar a conocer objetos

 

A la hora de acercar las manos de una persona sordociega a un objeto, hay que considerar que la falta de visión le impide conocer la distancia a la que se encuentra de él, así como la consistencia, dureza, textura, etc. Por ello, algunas personas muestran cierta resistencia en el movimiento cuando el acompañante le agarra por su muñeca o antebrazo y se lo dirige hacia el objeto, o hacen un cálculo erróneo, pudiendo golpearse con el objeto en los dedos. La información oral que se proporciona a las personas ciegas, dándole las pistas que necesita mientras busca el objeto, es difícil ofrecérsela a la persona sordociega, ya que si la comunicación es táctil, resulta muy incómodo hablarle en una mano al tiempo que se le coge la otra. Por ello, es más seguro y eficaz colocar la mano del guía debajo de la de la persona sordociega para facilitar el contacto con el objeto de un modo relajado y, luego, transmitir la información necesaria.

 

Tal como refiere Herbert L. Pick, Jr. (1980) en su estudio de la percepción háptica y táctil acerca de la investigación realizada por Anan'ev, Lomov, Vekker y Yarmolenko en 1959, dichos autores analizan las etapas que realiza una persona en la exploración intencionada de un objeto (exploración háptica), distinguiendo tres etapas generales: una fase de orientación, una primera fase de tanteo y una segunda fase de tanteo. En la fase de orientación las personas realizan movimientos con sus manos hasta localizar la figura y, a continuación, deslizan sus manos hasta encontrar un borde distante, para fijar la posición relativa del cuerpo. En la primera etapa de tanteo, las dos manos circundan el objeto y esto les permite obtener una idea general de la forma. En la exploración posterior de la segunda fase de tanteo obtienen una información más detallada, coordinándose las dos manos y tendiendo a moverse en sucesión, actuando una de ellas como punto de referencia mientras la otra se mueve.

 

El modo en que un guía-intérprete puede dar a conocer un objeto a una persona sordociega, teniendo en cuenta todo lo expuesto anteriormente, será:

 

  • Facilitar una breve información del objeto.
  • Situar las manos por debajo de las de la persona sordociega.
  • Acercarlas al objeto, situando cada una en un extremo, con el fin de dar a conocer su posición en el espacio (v. fotos 57 y 58).
  • Retirar el guía sus manos, y
  • dar tiempo para permitir la exploración, primero de la forma y, segundo, del detalle.

 

Foto 57                                                Foto 58

 

 

 

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3. La comunicación en los acompañamientos como guía vidente con personas sordociegas

Realizado por Myriam García Dorado y Beatriz Arregui Noguer

 

Con frecuencia la técnica guía va a sufrir una serie de modificaciones, dependiendo del sistema de comunicación que utilice cada persona sordociega. En otras ocasiones, tal como expresa Dona Sauerburger (1993), las técnicas de guía utilizadas van a diferir de la técnica tradicional, porque los guías que les acompañan están formados en el campo de la sordera y desconocen aspectos relacionados con la ceguera y sus técnicas específicas. Es importante que el guía que se especialice en los desplazamientos con personas sordociegas distinga dos niveles de complejidad en esta tarea: uno de comunicación en movilidad por entornos tranquilos y otro de situaciones de riesgo.

 

En el primer caso, cuando el desplazamiento sea por aceras amplias, sin prisas, con pocos transeúntes, las alteraciones que sufre la técnica de guía vidente en beneficio de la comunicación no van a suponer un perjuicio para la seguridad, y se van a poder mantener durante un largo tiempo.

 

Con respecto al segundo caso, se consideran situaciones de riesgo todas aquellas que supongan un peligro para ambas personas y que, por lo tanto, requieran que el guía esté más atento a la movilidad, y la persona sordociega a la información que recibe a través del movimiento del cuerpo del guía. Estas situaciones serían los cruces de calles con y sin semáforos, la subida y bajada de escaleras de todo tipo, el desplazamiento por calles con mucha afluencia de público, la entrada y salida de transportes públicos, el paso por lugares estrechos, los recorridos por superficies irregulares, sobre todo si la persona guiada tiene problemas de equilibrio, por ejemplo. En todos estos casos, como norma general, el guía debe interrumpir la comunicación y pasar a técnica guía.

 

Dona Sauerburger, citando a la instructora de movilidad Mary Michaud-Cooney, indica: «hay veces en que la atención de quien guía debe estar en el destino, no en la comunicación. Cuando el guía necesite toda su concentración, debe informar a la persona sordociega de que hay que suspender la comunicación mientras sortea una calle, unas escaleras o una zona concurrida. Cuando pueda relajarse nuevamente, debe indicarle que reinicia la comunicación».

 

En este apartado se van a estudiar las adaptaciones que es necesario realizar en la técnica de guía vidente, según el sistema de comunicación utilizado por la persona sordociega y el canal sensorial por el que recibe los mensajes, además de las modificaciones que se producirán en dichos sistemas cuando se acompañe a una persona sordociega en un desplazamiento. A continuación, se analizarán las repercusiones que estos cambios tienen sobre la seguridad y, para finalizar, se introducirán una serie de normas y pautas que el guía deberá tener en cuenta en situaciones de riesgo.

 

 

3.1 Comunicación basada en la lengua oral

 

3.1.1. Canal de recepción auditivo

 

En este caso la persona sordociega conserva restos auditivos y utiliza como sistema de comunicación receptivo la lengua oral adaptada (v. capítulo 4, apartado 4.1).

 

Una persona sordociega que se comunica a través de este sistema tendrá dificultad para entender mensajes producidos durante los desplazamientos en técnica guía, puesto que al ir el acompañante mirando hacia delante para controlar su entorno, cuando este le hable, el sonido irá dirigido en la misma dirección y no llegará de forma clara a la persona sordociega. Además, al haber entre ambos una distancia de seguridad de un paso, el sonido no llegará con la suficiente intensidad para las necesidades de la persona sordociega. Por otra parte, si nos desplazamos por lugares en los que haya ruido de fondo, esto dificultará la recepción del mensaje.

 

a) Adaptación de la técnica guía y de los sistemas de comunicación durante los desplazamientos.

 

Para facilitar la comunicación, se tienen que producir una serie de adaptaciones en la técnica guía. En primer lugar, el acompañante deberá estar situado en el lado del oído con mejor audición de la persona sordociega. Para comunicarse con ella, deberán reducir la distancia existente entre ambos, poniéndose a la misma altura; el guía girará su cabeza hacia el oído aproximándola lo necesario (v. foto 59), y disminuirá la velocidad de la marcha. Es frecuente que la persona sordociega no se mantenga sujeta a su guía por encima del codo.

 

Foto 59

 

 

 

b) Repercusiones en la guía y la seguridad.

 

Al haberse reducido la distancia entre ambos, la persona sordociega no dispone de tiempo y espacio para poder anticipar el entorno a través de los movimientos del guía. Por lo tanto, cuando se encuentren con bordillos, obstáculos, etc., no dispondrá de suficiente tiempo de reacción.

 

Al dirigir la cabeza hacia la persona sordociega, el guía no podrá atender visualmente el espacio por el que se desplazan, por lo que en alguna ocasión podrán aparecer imprevistos que supongan un peligro, como personas que se cruzan en su camino, obstáculos, baches en la acera, etc., ya que el guía no los ve.

 

Esta posición dificultará la indicación de paso estrecho.

 

c) Normas que el guía debe tener en cuenta durante la comunicación en los desplazamientos.

 

El guía debe mantener una atención visual hacia todo su entorno durante la comunicación en los desplazamientos, y no centrarse únicamente en la conversación. Para ello, deberá mirar cada poco tiempo hacia el frente y el lado en el que no está situada la persona sordociega, para localizar todos los obstáculos que se presenten en el camino.

 

En muchas ocasiones, aparecerán obstáculos que no supondrán en ese momento un peligro, por lo que no hacen necesaria una interrupción en la comunicación, por ejemplo, la bajada o subida de un bordillo cuando se camina tranquilamente, o una persona que se cruza en la marcha cuando se anda despacio. En estos casos, puesto que no se mantiene la distancia de seguridad, el guía reducirá la velocidad de la marcha o frenará y, con el fin de asegurarse de que no se le adelante, extenderá el brazo por el que es agarrado, situándolo en diagonal por delante del cuerpo de la persona sordociega (v. foto 60). Al no haber interrumpido la comunicación, el guía puede dar una información corta de lo que sucede.

 

Foto 60

 

 

 

Cuando se desplacen por entornos ruidosos, la persona sordociega va a tener dificultades para entender lo que el guía le dice. En ese caso, tenderá a detener la marcha para poder percibir mejor su voz. El guía deberá valorar si es peligroso o no detenerse. Si el entorno es tan ruidoso que no le permite entender el mensaje, deberán parar la comunicación hasta encontrar un espacio más adecuado.


d) Normas que el guía debe tener en cuenta para las situaciones de riesgo.

 

En situaciones de riesgo (un cruce de calles, escaleras, paso estrecho, etc.) el guía deberá disminuir la velocidad de la marcha, parar la comunicación y pasar a la técnica guía. Si hubiese tiempo antes, se avisará a la persona sordociega de la situación que se va a producir. Cuando surjan acontecimientos rápidos que no den la posibilidad al acompañante de explicar lo que está sucediendo, este debe reaccionar inmediatamente, frenarle colocando el brazo por el que es agarrado en posición diagonal por delante del cuerpo de la persona sordociega y pasar a la técnica guía, dando las explicaciones pertinentes a posteriori.

 

3.1.2. Canal de recepción visual

 

En este caso la persona sordociega conserva un resto visual mayor o menor, a través del cual recibe los mensajes mediante la lectura labial (v. capítulo 4, apartado 4.2).

 

Una persona sordociega que se comunica a través de la lectura labial tendrá dificultad para entender mensajes producidos durante los desplazamientos en técnica guía, puesto que al caminar el guía mirando hacia delante para controlar su entorno, no podrá leer sus labios. Los movimientos de la marcha y la distancia de seguridad de un paso entre ambos hacen muy difícil la fijación de la mirada y la decodificación de los mensajes a través de este sistema. Además, se pueden encontrar con la dificultad añadida de entornos en los que no hay una iluminación adecuada, por falta o exceso de luz.

 

a) Adaptación de la técnica guía y de los sistemas de comunicación durante los desplazamientos.

 

Para facilitar la recepción del mensaje se tienen que producir una serie de adaptaciones en la técnica guía: deberán reducir la distancia existente entre ambos, poniéndose a la misma altura. Ambos girarán su cabeza para mirarse de frente y se aproximarán lo necesario (v. foto 61). Deberán disminuir la velocidad de la marcha.

 

Foto 61

 

 

b) Repercusiones en la guía y la seguridad.

 

Al haberse reducido la distancia entre ambos, la persona sordociega no dispone de tiempo y espacio para poder anticipar el entorno a través de los movimientos del guía. Por lo tanto, cuando se encuentren con bordillos, obstáculos, etc., no podrá disponer de tiempo de reacción.

 

Este sistema de comunicación implica mucha concentración por parte del guía, puesto que debe tratar de no mover su cabeza y esforzarse en vocalizar muy claramente. Al dirigir la cabeza hacia la persona sordociega, el guía no podrá atender visualmente el espacio por el que se desplazan, por lo que, en alguna ocasión, podrán aparecer imprevistos que supongan un peligro, como personas que se cruzan en su camino, obstáculos, baches en la acera, etc., ya que el guía no los ve.

 

Además, esta forma de comunicación requiere mucho esfuerzo por parte de la persona sordociega para comprender el mensaje, por lo que no estará tan atenta y le costará más percibir la información que le aporten los movimientos del cuerpo del guía.

 

En la mayoría de los casos esta situación es muy complicada de mantener y uno de los dos interlocutores suele tender a detenerse para comunicarse.

 

c) Normas que el guía debe tener en cuenta durante la comunicación en los desplazamientos.

 

El guía debe mantener una atención visual hacia todo su entorno durante la comunicación en los desplazamientos y no centrarse únicamente en la conversación. Para ello, deberá mirar cada poco tiempo hacia el frente y el lado en que no está situada la persona sordociega, para localizar todos los obstáculos que se presenten en el camino. Esta situación generalmente solo se podrá mantener para transmitir mensajes cortos. En la mayoría de los casos, el intérprete deberá detenerse para hacerle llegar el mensaje. Para ello, deberá considerar la dificultad del entorno y las circunstancias para determinar si el pararse en esta situación entraña un peligro o no.

 

Es importante que el guía tenga en cuenta que a las personas que conservan algo de visión el sol de frente les molesta mucho y les impide ver. Por ello, deberá buscar una colocación en la que el sol esté a la espalda de la persona sordociega o en un lateral, para que a él tampoco le deslumbre. Si esto no es posible mientras van caminando, tendrán que detener la comunicación o la marcha.

 

Por otra parte, en condiciones de poca iluminación la persona sordociega tendrá muchas dificultades para recibir los mensajes y, por ello, se deberán buscar zonas iluminadas en las que sea más fácil la comunicación, como, por ejemplo, situarse debajo de la luz de las farolas o junto a los escaparates iluminados.

 

d) Normas que el guía debe tener en cuenta para situaciones de riesgo.

 

En el caso en que estén comunicándose mientras caminan, aunque sea brevemente, si se produce una situación de riesgo, deberán pararse automáticamente, cortar la comunicación y volver a la situación de técnica guía, manteniendo la distancia adecuada y la posición corporal de ambos dirigida hacia el frente.

 

Una vez que ha acabado el momento de dificultad, el guía le explicará lo sucedido.

 

3.1.3. Canal de recepción táctil

 

La persona sordociega que no tiene ningún resto visual ni auditivo o, al menos, no le son funcionales para la comunicación, utiliza el sistema dactilológico en palma o la escritura en letras mayúsculas (v. capítulo 4, apartados 2.1.3 y 2.2).

 

En este caso, para poder mantener la distancia de seguridad de un paso tendrían que caminar en una posición incómoda y cansada para ambos.

 

a) Adaptación de la técnica guía y de los sistemas de comunicación durante los desplazamientos.

 

El guía deberá saber a través de qué mano prefiere la persona sordociega recibir los mensajes, y colocarse entonces en ese lado: si los recibe en la mano derecha, el guía se colocará a su derecha. En general, el guía no cruzará su brazo por delante de la persona sordociega para escribir en la mano del lado contrario, porque sería más incómodo para ambos, a excepción de algún caso en que la persona sordociega se lo demande porque prefiera seguir sujeta al brazo del guía, al sentirse así más segura o mejorar su equilibrio. Partiendo del supuesto de que el guía sea diestro, sujetará con su mano izquierda la mano de la persona sordociega sobre la que va a «escribir», utilizando su mano derecha para el deletreo.


 

Foto 62: Guía diestro deletrea                       Foto 63: Guía diestro deletrea
en mano derecha                                            en mano izquierda

 

             

 

En caso de que sea zurdo, deletreará con la mano izquierda y sujetará con la mano derecha.

 

Foto 64: Guía zurdo deletrea                           Foto 65: Guía zurdo deletrea
en mano derecha                                            en mano izquierda

 

             

 

 

Esta situación de comunicación durante el desplazamiento impide la realización de la técnica de guía, porque la mano con la que la persona sordociega se agarra al guía es la misma en la que está recibiendo los mensajes, por lo que para comunicarse tendrá que soltarse de su brazo. Ambos van a caminar a la misma altura, e incluso, en algunas ocasiones, la persona sordociega caminará un poco adelantada a su guía; aumenta ligeramente el espacio que ocupan las dos personas a lo ancho y, además, disminuirán la velocidad de la marcha.

 

b) Repercusiones en la guía y la seguridad.

 

Al no sujetarse al brazo del guía, la persona sordociega no recibe una información exacta y constante del entorno a través del cuerpo de su guía.

 

Al estar caminando situados a la misma altura, cuando se encuentren con bordillos y obstáculos, la persona sordociega no va a disponer del tiempo de reacción suficiente como cuando la distancia que les separa es de un paso. Además, el guía tiene mayor dificultad para frenarle o darle instrucciones a través de su brazo, como, por ejemplo, la indicación de paso estrecho.

 

Al caminar por las aceras ocupan más espacio que cuando se camina con la técnica guía.

 

c) Normas que el guía debe tener en cuenta durante la comunicación en los desplazamientos.

 

Esta forma de comunicación permite al guía una mayor atención visual hacia el entorno que en los casos anteriores, además de poder mantener la comunicación en los desplazamientos en muchas más situaciones. Sin embargo, el guía debe tener en cuenta que la concentración que le exige la interacción comunicativa (dificultades para comprender el sistema de comunicación expresivo de la persona sordociega) no debe hacerle olvidar su responsabilidad como guía.

 

Al no estar aplicando la técnica guía en el desplazamiento, la información que reciba la persona sordociega sobre su entorno deberá ser transmitida de forma intencionada por el guía: por ejemplo, que hay que bajar un bordillo, hay que pararse…

 

Para pasar por lugares más estrechos que el espacio que ocupan las dos personas, el guía gira su cuerpo ladeándolo hacia la persona sordociega (v. foto 66) para reducir el espacio que ocupan.


 

Foto 66

 

 

En ocasiones, además, el guía le indica también a la persona sordociega que se ladee colocándole un poco detrás de él.

 

Foto 67

 

 

Si esta situación se produce por un tiempo breve y el momento es tranquilo, no es necesario pasar a la técnica guía, aunque sí se pueda necesitar parar la comunicación unos instantes. Lo mismo se puede aplicar cuando sea necesario subir o bajar un bordillo, o durante el desplazamiento aparezcan distintos obstáculos, ya que si la circunstancia es tranquila no supone en ese momento un peligro para ellos. Como la comunicación no se ha interrumpido, el guía puede anticiparle información, resumiéndole en una palabra la incidencia del entorno que desea destacar. Si el guía teme que la persona sordociega se le pueda adelantar, precipitándose sobre el obstáculo, puede extender el brazo que tenga más cerca de la persona sordociega, en diagonal, por delante de su cuerpo (v. fotos 68 y 69), manteniendo sujeta la mano con la que se estaba comunicando.

 

Foto 68                                                          Foto 69

 

                       

 

d)     Normas que el guía debe tener en cuenta para las situaciones de riesgo.

 

En situaciones de riesgo, el guía deberá disminuir la velocidad de la marcha, parar la comunicación y pasar a la técnica guía. Si hubiese tiempo antes de pasar a la técnica guía, se avisará a la persona sordociega de la situación que se va a producir. Cuando surjan acontecimientos rápidos que no den la posibilidad al guía de explicar lo que está sucediendo, este debe reaccionar inmediatamente, frenarle con su brazo si lo considera necesario y, luego, pasar a la técnica guía, dando las explicaciones pertinentes a posteriori.

 

Para indicar a la persona sordociega que pase a la técnica guía, el acompañante agarrará la mano de la persona sordociega que recibe la comunicación con la mano más exterior a ambos y la colocará en su otro brazo, el más cercano a la persona sordociega (v. fotos 70 y 71).


 

Foto 70                                                           Foto 71

 

                   

 

 

3.2. Comunicación basada en la lengua de signos

 

3.2.1. Canal de recepción visual

 

En esta situación la persona sordociega utilizará la «lengua de signos en campo visual» (v. capítulo 4, apartado 3.2.1). Estas personas, al tener un resto visual que les permite desplazarse de forma independiente en condiciones de iluminación adecuadas (de día o de noche por calles bien iluminadas), no van a aceptar, en la mayoría de los casos, ser guiados. Hay que tener en cuenta que en esta situación están utilizando su visión para orientarse y caminar a un ritmo que ellos pueden controlar para hacerlo de forma segura.

 

Puede ocurrir que el guía-intérprete, realizando un servicio con ellos, se encuentre con situaciones en las que tengan que desplazarse de un lugar a otro. Generalmente, las personas sordociegas aprovecharán para comunicarse con su guía-intérprete, asumiendo que pueden desplazarse de manera independiente al tiempo que conversan, sin tener en cuenta que al ser su campo visual tan pequeño, si dividen su atención visual entre dos tareas, su seguridad disminuirá.


a) Adaptación de la técnica guía y de los sistemas de comunicación durante los desplazamientos.

 

Estas personas sordociegas necesitan colocarse a una distancia mayor de la normal de su interlocutor para poder percibir la lengua de signos dentro de su reducido campo de visión (v. foto 72). Por ello, para comunicarse al mismo tiempo que se desplazan, necesitan separarse de su interlocutor, lo que les impide poderse sujetar del brazo de su guía. La persona sordociega utilizará su resto visual para localizar los obstáculos o personas que se crucen en su línea de marcha, realizando exploraciones visuales hacia un lado, hacia el suelo y hacia su interlocutor. El intérprete, asimismo, mirará sucesivamente a la persona sordociega, para mantener la conversación, y a su entorno, para detectar los posibles obstáculos. En esta situación, ambos disminuirán la velocidad de la marcha.

 

Foto 72

 

 

 

b) Repercusiones en la guía y la seguridad.

 

Al no ir sujeto del brazo de su acompañante mientras se comunican, se reducen las posibilidades que este tiene de dirigir a la persona sordociega.

 

Por su parte, la persona sordociega, si está concentrada y mirando a su interlocutor, es muy complicado que pueda controlar todas las situaciones de riesgo que puedan surgir delante de ella. Aunque realice dichas exploraciones visuales, la realidad es que se centra más en la conversación, descuidando su seguridad.


c) Normas que el guía debe tener en cuenta durante la comunicación en los desplazamientos.

 

El guía debe estar atento a los obstáculos que haya delante de su camino y del de la persona sordociega, e irle avisando mediante signos o señalando las dificultades para que preste atención y las localice.

 

El guía debe cuidar la colocación en estas situaciones de forma que el sol no dé de frente a la persona sordociega, para evitar los deslumbramientos. Debe, igualmente, recordar que al entrar en espacios en penumbra, como soportales, arboledas, etc., o al salir de ellos, la persona sordociega se verá afectada por los cambios de iluminación, caminará más lento y, durante un espacio corto de tiempo, no verá ni el entorno ni a su interlocutor. Como pauta general, el guía debe observar atentamente el comportamiento de la persona sordociega, ya que, según la patología y la amplitud del campo visual, el tiempo de adaptación al cambio de iluminación varía de una persona a otra. Si lo considera necesario, el guía puede enlentecer o detener la marcha, y si ve que la persona sordociega sigue caminando, acercarse a ella y establecer contacto físico tocando suavemente su brazo para hacerle saber que pueden pararse en ese lugar unos instantes sin peligro, hasta que visualmente pueda reanudar la marcha.

 

d) Normas que el guía debe tener en cuenta para situaciones de riesgo.

 

Al ir caminando separados, cuando el guía considere que se va a producir una situación de riesgo y no va a tener tiempo de avisar a la persona sordociega con signos, por lo que esta no va a poder reaccionar con suficiente antelación para salvar el obstáculo, o no atiende a sus indicaciones por estar muy concentrada en la comunicación, el guía deberá acercarse a ella y frenarle, sujetándole por el brazo para que no se precipite sobre el obstáculo: bordillos, escaleras, personas que se cruzan entre ellos, lugares estrechos, cruces de calles… Una vez que se ha detenido, le indicará cuál es el problema y le sugerirá que se sujete en técnica guía o, al menos, por el brazo. Frecuentemente sucede que prefieren caminar sin agarrarse, en cuyo caso la función del guía es acompañarle caminando a su lado durante el tiempo que dure la situación de riesgo, sin permitir que se restablezca la comunicación y avisándole de los nuevos incidentes que puedan surgir durante esa situación de riesgo.

 

En las situaciones de un cambio de iluminación fuerte que se unan a un cambio en el nivel del suelo, como unas escaleras de subida o bajada para entrar a una tienda, al metro, etc., el guía debe anticipar la situación y colocarse junto a la persona sordociega, parándola sujetando su brazo o frenándola poniendo su brazo por delante del cuerpo de la persona sordociega.


3.2.2. Canal de recepción táctil

 

En esta situación la persona sordociega utiliza la «lengua de signos táctil o apoyada» (v. capítulo 4, apartado 3.2.4).

 

a) Adaptación de la técnica guía y de los sistemas de comunicación durante los desplazamientos.

 

Una persona sordociega que se comunica en lengua de signos táctil, mientras se desplaza en técnica guía no puede recibir los mensajes. Para poder iniciar la comunicación hay que hacer una serie de alteraciones en la técnica guía: el acompañante, con su mano libre, desliza la mano de la persona sordociega que está sujeta por encima del codo, en técnica guía (v. foto 73), hasta apoyarla sobre la mano de ese mismo brazo (v. foto 74), para que pueda recibir táctilmente los signos que emite su guía.

 

Foto 73                                                                 Foto 74

 

 

 

 

En este caso ambos caminan al mismo nivel y el espacio que ocupan es mayor (v. foto 75). El guía mirará alternativamente hacia el espacio situado delante de ellos y hacia la persona sordociega para seguir la conversación. Esta situación obliga a disminuir la velocidad de la marcha.

 

 

Foto 75

 

 

En caso de que la persona sordociega necesite apoyar sus dos manos para comunicarse, le será imposible desplazarse y tendrán que detener la comunicación o la marcha.

 

b) Repercusiones en la guía y la seguridad.

 

Al ir sujetos de la mano y no en la posición de técnica guía, la persona sordociega no va a percibir las variaciones en el entorno a través del movimiento del cuerpo de su guía.

 

Al haber desaparecido la distancia entre ambos, si se produce un cambio de nivel en el suelo o cualquier situación por la que sea necesario pararse, la persona sordociega no dispondrá del tiempo de reacción y correrá el riesgo de adelantarse al guía, chocándose con el obstáculo o incluso cayéndose.

 

Al aumentar el espacio que ocupan ambos en la acera, hay más posibilidades de encontrarse con personas u obstáculos en la línea de marcha. Además, al ir agarrados por la mano y no por el brazo (como en la técnica guía), tiene más dificultades para pasar a la posición de paso estrecho.

 

Al tener que mirar hacia la persona sordociega para seguir su conversación, la atención visual del acompañante hacia el espacio que les rodea disminuirá.

 

c) Normas que el guía debe tener en cuenta durante la comunicación en los desplazamientos.

 

El guía debe mantener una atención visual hacia el entorno y no centrarse únicamente en la comunicación. Para ello, deberá realizar frecuentes movimientos de exploración visual hacia el lado contrario en el que está ubicada la persona sordociega, con el fin de localizar los obstáculos que se presenten en el camino.

 

La persona sordociega no obtiene información del entorno por no ir en técnica guía, por lo que el acompañante debe avisarle, con signos, de los obstáculos que se van encontrando y de los movimientos que debe realizar en función del espacio por el que se vayan desplazando; por ejemplo, le puede indicar que hay una farola y que se coloque un poco por detrás de él, o que hay un bordillo y que lo van a bajar. Esto se hará siempre que se trate de lugares tranquilos, poco concurridos y que permitan una velocidad lenta de la marcha. En todas estas situaciones, tras las indicaciones pertinentes, el guía debe parar la comunicación y, antes de abordar el obstáculo, hacer una breve parada, de forma que le dé tiempo a la persona sordociega a entender la situación y a reaccionar de la forma que se le está pidiendo. Aunque se mantengan agarrados en la posición de comunicación, el guía caminará ligeramente por delante durante la situación de dificultad.

 

En las ocasiones en que surja un imprevisto, como una persona que se cruza de repente, o una baldosa levantada que el guía observa delante de la persona sordociega, el guía, con el fin de frenarle brevemente y que no se le adelante, puede pararle partiendo de la misma posición de comunicación y haciendo presión hacia atrás con ese mismo brazo, o extender el brazo por el que es agarrado en diagonal por delante del cuerpo de la persona sordociega (v. foto 76).

 

Foto 76

 

 

 

Cuando quiera indicarle que se coloque en paso estrecho, en entornos tranquilos, el guía debe disminuir la velocidad de la marcha, extender el brazo por el que es agarrado por delante de la persona sordociega (v. foto 77) y desplazarla suavemente hasta colocarla casi detrás de él (v. foto 78).

 

Foto 77                                               Foto 78

 

                 

 

d) Normas que el guía debe tener en cuenta para situaciones de riesgo.

 

En situaciones de riesgo, debe disminuir la velocidad de la marcha, parar la comunicación y pasar a la técnica guía. Si hubiese tiempo antes de pasar a la técnica guía, se avisará a la persona sordociega de la situación que se va a producir (hay un cruce de calles, escaleras, etc.). Cuando se produzcan acontecimientos rápidos que no den al guía la posibilidad de explicar lo que está sucediendo, este debe reaccionar inmediatamente, frenarle con su brazo si lo considera necesario y, luego, pasar a la técnica guía, dando las explicaciones pertinentes a posteriori.

 

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4. Orientaciones para situaciones de vida diaria que se producen durante la guía interpretación

 

La falta de visión en una persona sordociega es lo que más afecta al conocimiento y realización de las actividades cotidianas, dirigidas a cubrir sus necesidades básicas diarias de autonomía. Son lo que frecuentemente se llaman actividades de vida diaria. Las personas videntes se basan en la visión casi como único canal de información para desarrollar actividades relacionadas con el conocimiento de cantidades (por ejemplo, servirse líquidos o partir carne), conocer el lugar donde deben estar colocadas las cosas (orden), conocer el estado de limpieza de la ropa, o la calidad y estado de los alimentos, realizar tareas manipulativas mediante el tacto indirecto (planchar, freír, manejar el cuchillo...), etc.

 

En los programas de rehabilitación, los técnicos enseñamos cómo desarrollar las habilidades necesarias para que el niño o adulto sordociego puedan realizar dichas actividades, centrándose en el conocimiento de la situación a través del uso de los otros sentidos y utilizando, por lo general, otros métodos distintos al modo de ejecución que tiene una persona vidente.

 

Durante el trabajo de guía-interpretación, el guía puede estar presente en situaciones en que la persona sordociega va a realizar de manera independiente algunas actividades, como son la comida, firmar documentos, localizar un cuarto de baño, etc. Si el guía conoce las dificultades que conlleva la falta de visión y audición en la realización de las tareas, le será más fácil explicar la situación y facilitarle a la persona a quien guía su ejecución.

 


4.1. Cómo orientar en situaciones de comida

 

Hay que explicar a la persona sordociega la situación de la sala, las posibilidades de comida y de menús y, por último, la disposición del contenido en el plato.

 

Si la comida se realiza con un grupo de personas, el guía puede dar a la persona sordociega la información relacionada con el tipo de local, el tamaño de la mesa, la forma y el número de comensales que admite, así como preguntar cerca de quién quiere sentarse.

 

A la hora de explicar las posibles comidas que hay, no hace falta decir toda la carta. Se puede indicar la especialidad del local (como asados o pastas, etc.) y preguntar qué prefiere dentro de los primeros platos, si sopas, verduras, pastas, etc. Una vez que se ha definido por un grupo, se pueden explicar las distintas posibilidades que ofrece la carta dentro de ese grupo de alimentos. Lo mismo ocurriría con los segundos platos. Se le pregunta si prefiere pescados, carne (de ternera, cerdo, ave, etc.), huevos, etc., y una vez que se ha definido se pasa a concretar los distintos platos.

 

Una vez sentados a la mesa, es necesario que el guía avise cuando se acerque el camarero para traer un plato o retirar otro, pues la persona sordociega puede no verlo, y si está signando, puede darle con los brazos.

 

El guía puede explicar los utensilios colocados en la mesa y toda aquella información visual que la persona sordociega no tiene, como si hay vino y de qué tipo, si han puesto entremeses o pan y mantequilla en la espera, etc.

 

Si la persona sordociega pregunta por la localización en la mesa de algún objeto, como la jarra de agua, la panera, que se suelen hallar en el centro de la mesa, el guía puede dirigir su mano deslizándola sobre la mesa para que no se caiga ningún otro objeto alto situado entre medias.

 

Hay personas que prefieren servirse ellos la bebida y otras no, por eso el guía debe antes de realizar algo, preguntar a esa persona si desea que le ayuden. Así mismo, hay personas sordociegas que se parten el filete y otras que estarán muy agradecidas si el guía le dice que no tiene inconveniente en quitar el hueso al trozo de pollo o las espinas al pescado.

 

 

4.2. Cómo orientar el espacio para la firma

 

En los trabajos de guía interpretación es necesario, en muchas ocasiones, que la persona sordociega firme algún documento, y algunas pueden ver el espacio que tienen para hacerlo cuando se lo indica el guía, pero otras no.

 

Hay varias formas para mostrar el hueco donde se debe firmar, una es situando el dedo índice de la mano izquierda de la persona sordociega extendido, justo antes del espacio en donde debe firmar, marcando de este modo la dirección que debe tener el renglón (v. foto 79). Otra es utilizando dos dedos de la mano izquierda para acotar la zona donde se debe escribir (v. fotos 80 y 81), como, por ejemplo, situando el dedo pulgar e índice de la mano izquierda de la persona sordociega uno a cada extremo del cajetín donde debe firmar, para que tenga una noción clara de lo que puede ocupar su firma. También hay tarjetas firma, que son de plástico, con un rectángulo abierto en el centro, que es lo que se coloca en el lugar donde se debe firmar.

 

Foto 79

 

 

Foto 80                                                                       Foto 81

 

                               

 

 

4.3. Cómo orientar la entrada al wc en un lugar público

 

El guía debe orientar el espacio del servicio, explicando a la persona a quien guía cuántas puertas hay, si está limpio o sucio el lugar, si hay papel higiénico y a qué lado se encuentra respecto al wc, si la cisterna tiene una cadena que cuelga de lo alto o está situada en un lateral o por encima, dónde están el lavabo, el jabón y la toalla o papel para secarse las manos. En fin, cualquier información que el guía considere de utilidad y que pueda evitar a la persona sordociega tener que estar tocando la pared en exceso en un lugar que no sabe si está limpio.

 

Las personas sordociegas desarrollan diferentes grados de autonomía personal. En general, depende de si poseen o no algún resto auditivo o visual que les facilite la comunicación con personas del entorno. Aunque muchos viven acompañados, con sus familias o en residencias, algunas personas, inclusive las que son sordociegas totales, viven de manera independiente, solos en una vivienda. En este sentido, es importante que cuenten con apoyos puntuales de familiares, amigos o personas del entorno próximo, a los que puedan recurrir para obtener información de su propio domicilio (como ayuda para programar aparatos de la vivienda, como los de aire acondicionado, fax desprogramado, etc., cuyo acceso es visual) o de gestiones externas que deban realizar (para contratar una obra, comprar mobiliario y recibirlo en su casa...). En este sentido, el guía intérprete puede ser un profesional que proporcione gran independencia a la persona sordociega, pues le va a permitir acceder a muchos lugares, como centros comerciales, consultas médicas, gestión de documentos, etc., obtener la información que necesita y decidir por sí mismo.

 

Para finalizar, el lector que inicia su formación en guía interpretación y acude a este capítulo con el fin de mejorar sus habilidades en los aspectos relacionados con la guía, debe tener en cuenta, tal como se dijo al comienzo del mismo, que muchas de las personas sordociegas puede que no hayan realizado un programa de rehabilitación. Tanto para resolver estas situaciones, como para atender a personas que sí conocen la técnica guía, es importante que tenga presente el desplazarse manteniendo relajado su cuerpo, para transmitir con sus movimientos, de manera clara, los desniveles del suelo. Igualmente, debe permanecer atento a todo lo que ocurre alrededor de ambos, y sobre todo cuando se están comunicando en los desplazamientos, pues es él quien debe en todo momento decidir, con sentido común, la manera de actuar que sea más segura.

 

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Ejercicios de autoevaluación

 

 

1-       La responsabilidad de un guía-intérprete respecto a la función de guiar es:

 

a.        Saber adaptarse a cada persona sordociega, tanto a las que hayan realizado un programa de rehabilitación y apliquen las técnicas de guía vidente, como a las que las desconocen. Debe anticipar las consecuencias que tiene el que la persona sordociega no aplique las técnicas adecuadas, y debe reaccionar transmitiendo una información válida en cada situación.

b.       Guiar realizando en todo momento las técnicas de guía vidente.

c.        Guiar realizando en todo momento las técnicas de guía vidente, y si la persona sordociega las desconoce, debe enseñarle cómo se hacen.

 

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2-       La posición de la persona sordociega en los desplazamientos en técnica guía consiste en:

 

a.        Permanecer agarrada al guía por su antebrazo.

b.       Permanecer agarrada al guía por encima de su codo, dejando el dedo pulgar por el lado exterior; mantener su brazo junto al tronco, de forma que el codo quede en un ángulo de unos noventa grados.

c.        Permanecer agarrada al guía por encima de su codo, dejando el dedo pulgar por el lado exterior y mantener su brazo estirado para que la distancia que les separa sea grande.

 

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3-       El guía, cuando camina en técnica guía sin comunicarse, debe mantener una posición:

 

a.        Con el cuerpo girado hacia la persona sordociega, con el fin de observar su reacción.

b.       Con el brazo caído a lo largo de su cuerpo, sin separarlo excesivamente; el cuerpo relajado y orientado hacia la dirección de la marcha que mantienen.

c.        Manteniendo su brazo pegado al cuerpo, sin moverlo, exagerando los movimientos del cuerpo para indicar la dirección de la marcha.

 

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4-       Las distintas formas que tiene un guía vidente de indicar paso estrecho a la persona sordociega que está guiando son:

 

a.        Explicarle en su sistema de comunicación que debe situarse detrás de él.

b.       Situarse siempre de lado y colocarse delante de la persona sordociega para que esta no tenga que moverse.

c.        Dirigir el brazo que guía hacia la espalda o mover a la persona sordociega desde el lateral hacia dentro, con el fin de situarle detrás de él si no responde a la primera indicación.

 

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5-       La posición del guía y de la persona sordociega respecto a una escalera o a un bordillo, cuando van a abordarlos, debe ser:

 

a.        Aproximarse de frente, en perpendicular a estos, para que sea el guía quien los suba o baje en primer lugar, y así evitar que la persona sordociega se caiga o tropiece.

b.       Aproximarse de forma natural conforme caminan, bien de frente o en diagonal, según el lado en que esté el bordillo respecto a su marcha.

c.        Aproximarse de forma que se den las menos vueltas posibles. Si la persona sordociega llega primero al escalón, el guía le dice en su sistema de comunicación que suba o baje.

 

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6-       La forma de guiar a una persona sordociega al subir o bajar una escalera con barandilla consiste en:

 

a.        Facilitar el contacto de la persona sordociega con la barandilla y subir o bajar las escaleras en técnica guía.

b.       Al aproximarse, disminuir la velocidad de la marcha, dirigir la mano de la persona sordociega hacia la barandilla, subir o bajar la escalera y, al finalizar, dar un paso, para que la persona sordociega pueda terminar de subir o bajar el último peldaño.

c.        Aproximarse a la escalera despacio, facilitar el contacto de la mano de la persona sordociega con la barandilla y situarnos tras ella en el caso de la subida, o delante de ella en la bajada de escaleras, para evitar que se caiga.

 

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7-       La forma en que el guía puede mostrar objetos a la persona sordociega es:

 

a.        Agarrando la mano libre de la persona sordociega por la muñeca y acercándola hasta el objeto para que tenga una información directa a través del tacto.

b.       Describriéndole el objeto y dirigiendo sus manos durante todo el proceso de exploración.

c.        Facilitándole una breve información del objeto, para luego situar sus manos por debajo de las de la persona sordociega y acercarlas al objeto colocando cada una en un extremo, con el fin de dar a conocer su posición en el espacio. Luego, retirar sus manos para que la persona sordociega explore primero la forma y después el detalle.

 

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8-       Las técnicas de guía que utilice el acompañante de una persona sordociega serán:

 

a.        Iguales en todas las circunstancias y los entornos.

b.       Variarán dependiendo de la dificultad de la situación y la complejidad del entorno.

c.        Se adaptarán en todo momento al sistema de comunicación que utilice cada persona.

 

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9-       Las normas que el guía debe tener en cuenta durante la comunicación en la forma táctil de la lengua de signos en los desplazamientos son:

 

a.        Mantener una atención visual hacia el entorno y no centrarse únicamente en la comunicación; avisarle con signos de los obstáculos que se van encontrando y de los movimientos que debe realizar en función del espacio por el que se vayan desplazando.

b.       Permanecer atento a la información que le dice la persona sordociega y realizar los signos de manera más clara, pues hay que tener en cuenta que están moviéndose y esto conlleva mayor dificultad para su acompañante.

c.        Pararse cada vez que la persona sordociega desee transmitirle algún mensaje en la lengua de signos con apoyo táctil de una mano.

 

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10-   Durante la comunicación en los desplazamientos con personas sordociegas, en general, ¿qué normas de seguridad se deben tener en cuenta ante situaciones de riesgo?

 

a.        El guía debe informar de la situación imprevista a la persona sordociega y pararse hasta que se acabe la situación de riesgo, manteniendo el contacto en todo momento.

b.       El guía debe frenar a la persona sordociega para que no se le adelante, situando el brazo por delante de su cuerpo y avisarle de la situación de riesgo.

c.        El guía debe disminuir la velocidad de la marcha, parar la comunicación y pasar a la técnica guía. Si el guía considera que su acompañante se le puede adelantar, le puede frenar con el brazo, cruzándolo por delante de su cuerpo. Si hubiese tiempo antes de pasar a la técnica guía, se avisará a la persona sordociega de la situación que se va a producir, y si no, se explicará a posteriori lo que ha sucedido.

 

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Bibliografía

 

 

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