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Discapacidad

ANTES HABÍA OCHO O DIEZ ACCIDENTES CON MINAS CADA DÍA, AHORA SE REGISTRA SÓLO UNO CADA DOS DIAS

Esperanza en Camboya

Al frente de la ONG Sauce encontramos a su fundador, Enrique Figaredo, prefecto apostólico de la localidad camboyana de Battambang. Enrique lleva 23 años ayudando a los más desfavorecidos de Camboya, país que aún se recupera de las devastadoras consecuencias de 30 años de conflictos bélicos, que finalizaron en 1998.

Laura Vallejo  Fotos: Josep María San Saturnino

Esa labor ha sido plasmada en la obra “Cara a cara. Camboya”, en la que el periodista Josep María San Saturnino, Sansa, muestra a través de dos centenares de fotografías cómo ayuda Sauce a niños y adultos camboyanos con mutilaciones debidas a las minas antipersona, y otras discapacidades provocadas por enfermedades como la polio. Una selección de 40 de esas fotos está expuesta en la sede corporativa de Fundación Mutua Madrileña en Madrid hasta el mes de junio.

Los fondos recaudados con la venta del libro, que se puede adquirir a través de la web de Sauce (www.sauceong.org) se dedicarán a seguir financiando el trabajo de esta organización, porque como dice Figaredo, refiriéndose a la crisis económica, “si ahora tocan vacas flacas, tocan vacas flacas, pero no vamos a dejar de hacer lo que queremos hacer: seguir allí”.

Orígenes de Sauce

Bocadillo
"Sauce ayuda a niños camboyanos con discapacidad"

Kike, como prefiere el religioso que le llamen, llegó a Camboya en 1985 como voluntario del Servicio Jesuita de Refugiados, que le asignó a un campo de refugiados. “Cuando llegué me acogió un camboyano que era mutilado de una pierna y había perdido un ojo. Me dijo: ‘He oído que vienes a ayudarnos. Me parece muy bien, te diremos lo que tienes que hacer’—todo esto en inglés porque yo no hablaba aún camboyano. Descansé porque pensé: ya no tengo que inventarme nada, sólo tengo que seguirles”.

Y desde entonces lleva ayudando a los camboyanos más desfavorecidos, para lo que fundó la ONG Solidaridad, Ayuda y Unión Crean Esperanza (Sauce) con la colaboración de amigos, compañeros que conoció durante sus estudios universitarios y familiares.

“La unión de estrategias bien pensadas pero con mucho corazón, para las que luego buscamos los medios juntos”, es como define el jesuita gijonés la organización que lidera.

Bocadillo
"En Camboya son mucho más felices que aquí, dice Sansa, el fotógrafo"

Inicialmente, su trabajo se centró en los mutilados por las minas antipersona, pero enseguida se amplió el radio de acción a familias sin recursos y personas con discapacidad psíquica y física no provocada por las minas sino por enfermedades como la polio.

También pusieron en marcha proyectos de educación y formación para jóvenes, una de las prioridades de la organización actualmente. En definitiva, han creado un tejido de ayuda y sostén social que presta apoyo a decenas de miles de personas.

Por toda esa labor, el prelado ha recibido numerosas distinciones, entre ellas la Gran Cruz del Mérito Civil de la Solidaridad, concedida por el Gobierno español, el Premio Casa Asia y el Vocento a los Valores Humanos, y se le conoce como el “obispo de las sillas de ruedas”.

Discapacidad y educación

La recuperación de una persona que ha quedado discapacitada como consecuencia de un accidente con una mina o de tráfico es más rápida si organizaciones como Sauce intervienen de inmediato, destaca Figaredo.

Sauce los atiende ya en el hospital, después los acoge en sus centros y, enseguida, “hay un clic que les hace pensar ‘yo soy una persona’ y salen adelante’”, recalca el religioso.

En cambio, cuando empiezan a ayudar a niños que tienen discapacidad desde la infancia y llegan a la organización cuando ya tienen 13 años “es más difícil, porque o bien han sufrido un abandono muy fuerte, o han recibido cuidados que no les han hecho independientes”, señala.

Bocadillo
"Ofrecemos una rehabilitación superior a la normalidad"

Sauce proporciona a los niños que han tenido una discapacidad sobrevenida una rehabilitación física “superior a la normalidad camboyana” y, además, les ofrece la oportunidad de estudiar, que muchos no habrían tenido de otra manera.

“Cuando tenía manos nadie me había enseñado a leer y escribir, y ahora que no las tengo estoy saliendo de ser analfabeto”, le comentó un niño que fue acogido en uno de los centros de la ONG tras un accidente con una mina.

En dichos centros reciben educación básica, y tienen la posibilidad de aprender profesiones como informática, mecánica, soldadura, agricultura, a coser y bordar o cocina internacional. También les brindan la oportunidad de aprender inglés e ir a la universidad. Durante el curso 2010-2011 Sauce ha asignado más de un centenar de becas universitarias, con lo que esperan contribuir a la formación de los futuros líderes de Camboya.

Danza, tradición e identidad

Una de las herramientas que más han ayudado a los camboyanos que participan en los proyectos de Sauce es la recuperación de su tradición, cultura, y, sobre todo, de sus danzas.

“Yo ya tenía un lugar para que las personas con discapacidad pintaran y realizaran esculturas en piedra y madera, pero descubrí que había una cultura camboyana de la danza, tanto clásica como folclórica”, recuerda Kike.

“La mayor dificultad fueron los profesores, que te preguntan: ‘¿Cómo va a bailar una persona en silla de ruedas?’ Pero insistiendo, acabaron por ver la posibilidad. Claro que hay unas limitaciones de espacio y movimiento, pero también hay movimientos en silla de ruedas muy bonitos, una complicidad entre el discapacitado y el no discapacitado que es preciosa”, destaca el religioso. Bailarines con y sin discapacidad de los centros de Sauce han realizado ya tres giras por España, la última en 2008, cuando visitaron 12 localidades españolas dando a conocer estas danzas y la cultura camboyana, lo que permite a la organización recaudar fondos para su labor.

Figaredo subraya que esa recuperación de su cultura y sus tradiciones ha contribuido a devolver a los camboyanos su dignidad, a que “se sientan orgullosos de lo que son”, y les ha permitido mejorar su capacidad de diálogo con el resto del mundo.

Un futuro esperanzador

Bocadillo
"Antes había ocho o diez accidentes con minas cada día, ahora se registra sólo uno cada dos días"

Figaredo ve el futuro de Sauce con esperanza. A pesar de que la crisis económica ha reducido las ayudas que reciben, destaca la generosidad de los donantes en países como España, y subraya que tienen otros “amigos” en Japón, Corea del Sur o Australia, menos afectados por las dificultades financieras.

Además, la incidencia de la discapacidad en Camboya ha descendido debido a la práctica erradicación de dolencias como la poliomielitis, y a que las labores de limpieza de las minas antipersona están reduciendo en gran medida los accidentes.

“Antes teníamos ocho o 10 accidentes cada día, y ahora sólo uno cada dos días”, subraya. A ello ha contribuido la Convención sobre Municiones en Racimo, de la que el religioso ha sido un activo promotor, que ha supuesto que se deje de fabricar este arma “inhumana” en numerosos países, se destruyan las existentes, y se destinen fondos a limpiar de minas los terrenos, una labor esta última imprescindible, según Figaredo, ya que si no se realiza “se para el desarrollo de los países”.

“La ratificación de dicha convención por naciones como Estados Unidos e Israel, que aún no lo han hecho, es fundamental para acabar con esa lacra”, reconoce el prelado.

“La simbiosis ha funcionado bien”

Josep María San Saturnino, Sansa

Así define el periodista Josep María San Saturnino, Sansa, el trabajo en equipo que ha hecho posible que la obra fotográfica “Cara a cara. Camboya”, en la que retrata la labor de Sauce, vea la luz.

“Aunque yo figuro como autor, este libro es un esfuerzo colectivo . Kike ha sido el conductor de esta empresa, con su innata destreza ha dirigido esta orquesta con tacto, sentido común y maestría”, resalta el fotógrafo.

El libro muestra la actividad diaria que se desarrolla en el Centro Arrupe, creado en el año 2000 por Sauce, en el que 50 jóvenes de familias humildes reciben educación y asistencia. También incluye imágenes de Prey Thom, otra comunidad de la ONG en la que 150 personas pertenecientes a familias que tienen miembros con discapacidad reciben una casa y una hectárea de arrozal para su cultivo.

Asimismo, la obra recoge la evolución en la aldea de Kum Rieng, que fue bastión de los jemeres rojos, donde Kike Figaredo ha creado un banco de microcréditos que ha permitido a la población salir de la pobreza.

El trabajo de Sauce en materia de educación, una de las prioridades de esta organización, queda plasmado en las imágenes de cinco aldeas, entre ellas la de Tahen, donde han creado guarderías, escuelas y un centro de acogida, con la colaboración de la comunidad budista.

El prefecto Kike Figaredo mostrando una de las fotografías que se expondrán en la Fundación Mutua Madrileña en Madrid

En la realización del libro, Sansa ha tenido más en cuenta a las “personas, que eran las protagonistas de estas historias cotidianas”, que los cánones de la fotografía documental”. Por ello, ha optado por la belleza en lugar de la “fealdad, que es obvia cuando se trata de situaciones de penuria”, y de la que probablemente el público está “saturado” por los medios de comunicación. Para el fotoperiodista, “Camboya es una de las niñitas de mis ojos, la otra es la fotografía”. Visitó ese país por primera vez en 1998, en un viaje de “mochilero”, y en 2001 tuvo ocasión de conocer el trabajo de Kike Figaredo. Desde entonces, volvió cada año, hasta que en 2009 surgió la idea de hacer el libro que ahora ve la luz.

Reconoce que lo más difícil ha sido trabajar en equipo, “a lo que no está acostumbrado”, y seleccionar los dos centenares de fotos que componen este documento gráfico, ya que tomó más de un millar.

Lo que más le llamó la atención fue “que un pueblo que ha sufrido tanto como el camboyano estuviera feliz”. “Son mucho más felices allí que aquí”, por ello considera que Camboya le ha dado la “clave para hacer autoprospección”.

“Yo partí siendo agnóstico y he vuelto siendo creyente”, concluye Sansa, refiriéndose a la capacidad para no perder la fe ante la adversidad del pueblo camboyano.

Baile de la Bendición

“¿Cómo va a bailar una persona en silla de ruedas?”, le preguntaban los profesores a Figaredo. “Pero insistiendo, acabaron por ver la posibilidad. Claro que hay limitaciones, pero también hay movimientos en silla de ruedas muy bonitos”, asegura mostrando una fotografía del baile de la bendición.