Cooperación
El estigma de ser albino
Las personas albinas, muchas de ellas con graves problemas de visión asociados, sufren en Tanzania un estigma secular, materializado en una auténtica persecución que complica extraordinariamente, cuando no pone en peligro directo, su supervivencia. La delegación de la ONCE de Almería ha presentado recientemente su campaña “Mirar para ver”, reflejo del trabajo llevado a cabo en ese país africano en cooperación con Cruz Roja Internacional.
Mercedes Leal
Gracias a esta colaboración, se ha distribuido material básico entre las personas albinas para su protección frente al sol, desde filtros a gafas o simples gorras. Culminaba así su proyecto de cooperación que, desde finales de 2009, con el apoyo de la Dirección de Relaciones Internacionales de la ONCE, ha permitido la donación de 500 filtros solares y centenares de gorras. La acción de Cruz Roja Internacional ha permitido que el material llegara felizmente a sus destinatarios: los alumnos albinos de la escuela tanzana “Kabanga”.
En la presentación se realizó una conexión en tiempo real con una delegada de Cruz Roja en Tanzania, quien expuso la precaria situación de los autóctonos albinos y con deficiencia visual y permitió mostrar el centro y la población beneficiaria del proyecto, con intervención del director de la ONCE en Almería, Manuel Alborch, del responsable de Servicios Sociales, Marcelo Rosado, de la titular de Cooperación Internacional de Cruz Roja en Andalucía, Almudena Moreno, y la de Cooperación Internacional almeriense, Leticia Cabello. “Aparte de esta colaboración directa, el programa ha servido para impulsar un proyecto más ambicioso en esa escuela que estaba en una situación precaria. A raíz de esta colaboración, Cruz Roja ha decidido dar un impulso a la problemática que desde hace siglos vive la población albina en África. La campaña ‘Mirar para ver’ contempla reformas en esta escuela pero también trabajos de concienciación social a escala estatal”, comenta Marcelo Rosado, promotor de la acción a raíz de la propuesta presentada por una de las maestras de la ONCE en Almería, Elisa Poyatos.
Más de 800 alumnos

La distribución del material se ha realizado en la escuela ‘Kabanga’, que se encuentra al noreste de Tanzania, en la región de Kasulu, y alberga además de sus 659 alumnos de educación primaria, a otros 147 alumnos con necesidades especiales. Provienen de Burundi y de la propia Tanzania y, de ellos, 53 son albinos, 44 ciegos, 13 padecen discapacidad intelectual, 15 auditiva y 22 deficiencias motoras. Sus edades comprenden desde los tres a los 34 años.
La ONCE de Almería ha colaborado con la distribución de esos filtros solares, además de gafas y gorras, específicamente destinados a los alumnos albinos para protegerse de la intensidad y luminosidad del intenso sol africano y contribuir así a prevenir problemas oftalmológicos que a menudo derivan en ceguera. La campaña ‘Mirar para ver’ intenta, además, mejorar las condiciones de vida de estos alumnos albinos mediante información y prevención sanitarias y dotación, aparte de los materiales de protección, de otros para el aprendizaje adaptados a las distintas discapacidades que sufren. En ese sentido, se va a fomentar su formación profesional y la sensibilización comunitaria en favor del respeto y la lucha contra la discriminación de los albinos.
La ONCE, a través de la Fundación ONCE para América Latina (FOAL) y de su Dirección de Relaciones Internacionales, mantiene una tradición de activa colaboración en América Latina, Europa del Este y en los campamentos saharauis de refugiados. Sus principales líneas de actuación son la educación, la formación para el empleo, la inserción laboral y el fortalecimiento asociativo. En el último año, casi 42.000 personas ciegas fueron beneficiarias de sus programas de cooperación internacional.
Vidas amenazadas
El último informe de Cruz Roja sobre situación de la población albina en Tanzania señala cómo, según estimaciones de Al-Shaymaa Kwegyr, primera parlamentaria albina en ese país, el número de los tanzanos oficialmente registrados como albinos no llega a 7.000. Sin embargo, los propios medios de comunicación nacionales reconocen que la cifra real podría rondar las 170.000 personas, pues el registro sólo incluye a los voluntariamente apuntados. Un paso que muchos eluden, pues hasta hace muy poco, los albinos africanos se enfrentaban a dos graves amenazas: una física, su extrema sensibilidad al sol (su esperanza de vida sin protección ni tratamiento adecuado se sitúa allí en los 30 años); y otra psico-social, la marginación y el rechazo de la población. Muchos eran abandonados por sus propias familias, sufrían discriminación en la escuela, y tenían escasas posibilidades de incorporarse al mundo laboral.
Los mitos asociados al albinismo contribuían a que esta población viviera oculta, aislada y dispersa a lo largo del territorio tanzano. Sólo a partir de 2007, comenzaron a conocerse informaciones relativas a la persecución e icnluso asesinato de albinos en distintos países de África, situación agravada por el auge del comercio con partes de sus cuerpos. Extremidades, piel, huesos, pelo e incluso la sangre de personas albinas son utilizadas por brujos locales como ingredientes para pociones a las que atribuyen poderes mágicos como dar suerte o atraer riqueza. En Tanzania, la cifra oficial de asesinatos de personas albinas supera los 40, aunque otras fuentes lo elevan en más de un 25 por 100. Así, se ha detectado un éxodo de tanzanos albinos hacia zonas más seguras, lo que ha provocado que más de 300 niños y adolescentes permanezcan internos en escuelas para discapacitados.
Este histórico estigma ha sido denunciado ante diversos foros internacionales por parte de la ONCE y otras organizaciones sociales. Pero, junto a la denuncia, se hacen imprescindibles campañas como esta “Mirar para ver” como impulso hacia otras de mayor calado que abran una vía de esperanza en el futuro a estas personas, al menos en el respeto de sus derechos más fundamentales, y en primer lugar de su derecho a la vida.






