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Entrevista

Enhamed EnhamedEnhamed Enhamed

Nadador paralímpico

“Quiero batir el  récord del mundo que se me resistió en Pekín”

Enhamed Enhamed (Las Palmas de Gran Canaria, 1987) fue el deportista español con más medallas de oro en los Juegos Paralímpicos de Pekín 2008, con un total de cuatro. Estudiante de Dirección y Administración de Empresas, en la actualidad colabora con una consultora que transmite a directivos los valores de esfuerzo y afán de superación que impregnan el deporte. Tras un año alejado de las piscinas, ahora anuncia su regreso con un objetivo claro: volver a hacer historia en Londres 2012.

Mª Isabel Domínguez

Fotos: Javier Regueros

¿Cómo y cuándo comenzó tu pasión por la natación?

Empecé a nadar a los nueve años, seis meses después de perder la vista. Mientras estudiaba en el colegio de la ONCE en Madrid, era un “hobby” sin más. Pero a los 13 años, cuando volví a Canarias, entré en un instituto y, por las cuestiones normales de la “edad del pavo”, empecé a sentir falta de confianza, inseguridad, sobre todo al verme rodeado de compañeros sin ningún tipo de discapacidad. De repente, las cosas normales que antes podía hacer en gimnasia, ahora me decían que no podía hacerlas. Sin embargo, en la piscina me sentía muy seguro porque allí nadie me decía: “Cuidado, no te des un golpe”. Era un sitio donde yo sentía que podía realizarme.

Desde entonces tu carrera experimentó una ascensión progresiva para alcanzar su punto culminante en los Juegos Paralímpicos de Pekín.

Sí, mi carrera ha sido un poco rara porque hasta Atenas tuve tres años en los que llegué muy rápido a una Paralimpiada y conseguí tres bronces. Luego estuve estancado un par de años y después empecé a hacer muy buenas marcas entrenando muchas horas. Fue una ascensión más rápida de lo normal. Aunque algunas veces haya dicho que los cuatro oros de Pekín no me los esperaba, desde que empecé a entrenar en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Madrid en 2006 y vi que los resultados acompañaban, decidí que si me lo tomaba en serio, ¿por qué no podía conseguir alguna medalla de oro? Al principio sólo me propuse una, pero luego empiezas a tener ambición y a ser un poco codicioso y dije: ¿por qué no tres o cuatro? Y entrené pensando siempre en eso.

Después del éxito decidiste tomarte una pausa. ¿A qué te has dedicado?

Después de Pekín descansé prácticamente un año. Al principio estuve sacando las asignaturas de la carrera, que las había dejado a un lado, parecía una carrera que se iba a hacer sola. Al mismo tiempo, había contactado con una empresa, el Jardín de Junio, que estaba haciendo un estudio neurocientífico con deportistas de élite, y empecé a trabajar para ellos. Desde entonces, estamos dando formación en empresas, preparando proyectos de formación para deportistas, etc. Yo doy conferencias “motivacionales”, de superación, de cómo aplicar los valores del deporte al mundo empresarial y, por otro lado, preparo un proyecto de formación para deportistas, entrenadores y equipos.

¿Piensas volver a la competición de alto nivel?

Sí. Me gustaría ir al Campeonato de España de Natación que hay a finales de marzo y también competir en una prueba de triatlón que hay en junio. Y sobre todo, me gustaría estar en agosto de este año en el Mundial de Natación en Holanda.

¿Qué te motiva para volver a entrenar y competir?

Hace tiempo decía que no había podido descansar en muchos años, pero ahora que he descansado me he dado cuenta de que disfruto muchísimo entrenando y, sobre todo, cuando creo que ya no puedo más y decido seguir. Eso es lo que más me motiva. Echo de menos la sensación de que mi cuerpo ya no puede más pero me obligo a seguir; echo de menos la sensación de estar en un poyete, no saber si las cosas van a salir o no, pero tirarte al agua e ir a por todas.

¿Qué sientes al lograr una marca que nunca antes habías conseguido?

El primer sentimiento que tienes es de incredulidad, luego piensas: ‘Vaya pasada’. Y te tiras tres días entre la incredulidad y la euforia. Después te sientes satisfecho al ver que el trabajo tiene su resultado, aunque pronto te asalta la sensación de querer más.

Si las marcas son lo más agradecido de la natación, ¿qué es lo peor?

Lo peor es que hay veces que entrenas mucho, pero no te salen los resultados y te frustras. El problema viene cuando entrenas mucho y no cuidas lo que piensas. Éste es un deporte en el que tienes que tener cuidado con lo que piensas porque estás todo el rato rebotando de una pared a otra sin hablar con nadie y pensando, pensando. Y solamente oyes lo que te dices a ti mismo.

Entonces, ¿compites contra los demás o compites contra ti mismo?

Siempre compites contra ti mismo, siempre.

¿Has tenido alguna vez problemas con tus compañeros o con tus rivales por tu ambición?

Con mis compañeros tuve problemas al principio. Después ya aprendí que los objetivos que tenga uno, sobre todo si son demasiado altos, es mejor callárselos. No ya por la envidia, sino porque cuando la gente ve que apuntas demasiado alto, creen que no te va a salir e intentan que rebajes tu objetivo para que no te pegues el batacazo. Y mis rivales, muchos de ellos se han reído y después han tenido que guardarse la risa.

¿Entiende tu entorno que dediques tantas horas y tantos esfuerzos a la natación?

Al principio, no. Los amigos más cercanos,  incluso mi familia, sólo lo han entendido después de Pekín. Cuando la gente ve los resultados, entiende por qué son necesarias tantas horas. La gente desde fuera sólo ve que lo que haces es cansarte durante seis o siete horas diarias y no ve a dónde te lleva eso.

¿En qué ocupas tu tiempo libre?

Me gusta ir al cine, escuchar música y leer, leo demasiado. Durante una época, sobre todo antes de Pekín, me centré en libros de psicología deportiva, automotivación, confianza y temas relacionados con programación neurolingüística. Pero lo que más me gusta son las novelas de ciencia-ficción.

Después de Pekín muchos periodistas te consideraron el Michael Phelps español. ¿Te gusta esa comparación?

Es algo que me hace sentir muy orgulloso, me parece un gran halago, pero yo no me considero igual. Hice lo que tenía que hacer pero únicamente he conseguido cuatro medallas, mientras él ha conseguido ocho. Creo que las diferencias son muy grandes.

¿Compartes que algunos paralímpicos quieran competir con los olímpicos?

Cualquier persona que quiera competir con los olímpicos debe intentarlo. Si es su sueño, debe ir a por ello, le digan lo que le digan o tenga el problema que tenga. Da igual el resultado, lo importante es que se diga a sí mismo: ‘Yo puedo hacerlo’.

¿Cómo fue la convivencia con los deportistas olímpicos en el CAR?

Era una relación muy buena. Cada uno tenía sus rutinas, pero en el rato que nos encontrábamos, que solía ser durante las comidas, te admiten como un igual. Ellos creen que si tú estás entrenando tantas horas y haces lo mismo que ellos, ¿por qué te van a considerar de otra manera? Han sido los primeros que han aceptado que un paralímpico es igual que un olímpico en todos los aspectos.

¿Qué necesita el resto de la sociedad para admitir esa igualdad entre olímpicos y paralímpicos?

Lo que le pasa a la sociedad es que piensa que cuando una persona no ve o cuando está en silla de ruedas no puede hacer las cosas. No hace falta ponerse en el lugar de la otra persona, porque yo creo que eso es imposible para mucha gente, sino simplemente no juzgar desde un punto de vista tan simple. Hay muchísimo desconocimiento, pero a veces la gente tampoco quiere saber. Sólo ven que un ciego, un cojo o un manco hacen deporte, cuando lo que tienen que ver es que son personas compitiendo al más alto nivel.

¿A qué has tenido que renunciar por la natación?

Una de las cosas que más me costó fue trasladarme de Canarias a Madrid: dejas a la familia bastante lejos, a los amigos… Una vez que empecé a entrenar en serio me costó bastante renunciar a la ‘vida normal’ de los demás. Yo no podía, por ejemplo, ir un jueves por la tarde al cine, luego a cenar y llegar a casa a las doce de la noche. Al principio te cuesta, porque si dices un viernes que no quedas y dices al siguiente que no quedas, al tercero ya la gente no te llama.

¿Cuáles son tus retos para el futuro?

Mi primer objetivo es volver al nivel que tenía antes, que va a ser difícil. El siguiente objetivo en triatlón es competir a un buen nivel y en natación, batir el récord del mundo que se me resistió en Pekín. Sería un poco iluso pensar que volver a conseguir cuatro oros va a ser fácil, sería mentirme a mí mismo. Va a ser difícil, muy, muy difícil, pero yo creo que se puede conseguir. Es más, si yo pudiera conseguir más de cuatro medallas, me encantaría, pero si no es así quiero al menos batir los cuatro récords del mundo.

 
Enhamed Enhamed

Carismático y tenaz

Con un aplomo y una convicción impropios de sus 22 años, Enhamed Enhamed va desgranando los entresijos de su vida como si de un manual de autoayuda se tratara. Su clarividencia y su sólido dominio del lenguaje se lo permiten. Capaz de reconocer sus errores, tampoco necesita disimular sus éxitos bajo una falsa modestia: sabe perfectamente lo que quiere y cómo conseguirlo. Sin embargo, su ambición no resulta antipática porque gracias a ella ha escrito su nombre en el paseo de la fama del deporte español. Por lo demás, Enhamed es un chico que no pasa desapercibido, no sólo por su 1,90 de estatura y por su inseparable perra-guía Gayla. Es carismático y tenaz, parece que no le asustan los obstáculos y odia que lo compadezcan por su discapacidad.