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Haití, destrucción y muerte

Vista aerea de un grupo de gente obsevando varios cadáveres de víctimas del terremoto en un barrio de Puerto Príncipe

Haití vive una situación de caos absoluto desde que el pasado 12 de enero un terremoto destruyera completamente la capital, Puerto Príncipe, provocando decenas de miles de muertos y heridos. La pobreza extrema en que ya estaba sumido el país caribeño se une a esta catástrofe, y hace que quienes intentan ayudar en algo a sus habitantes no encuentren palabras para describir tanto horror.

Perfiles

Fotos: Cruz Roja Española / Ayuda en Acción

Es difícil expresar con palabras el dolor y el sufrimiento que se vive en Haití. Estoy desolado. He visto a miles de niños heridos y amputados, probablemente huérfanos, perdidos por las calles, deambulando sin sitio a donde ir, sin nada que comer, sin techo en el que cobijarse. La situación de los pocos hospitales es crítica. Están desbordados, cientos de personas esperan a que les curen tirados a sus puertas, con heridas abiertas, pero dentro no pueden hacer nada. Ayer se me murieron dos niñas entre los brazos. Ante tal desgracia, uno se rebela”. Son palabras del presidente de la ONG española Mensajeros de la Paz, que viajó a Puerto Príncipe pocas horas después del terremoto para supervisar la llegada de varias toneladas de material sanitario y de primera necesidad, agua, alimentos no perecederos y ropa.

Imagen de destrucción en Puerto Príncipe

Son palabras que repiten una y otra vez todos aquellos que han acudido a la llamada desesperada del país más pobre de América, después de que un terremoto de intensidad 7 en la escala de Richter destruyera completamente su capital en la tarde del pasado 12 de enero. Un terremoto cuyos efectos destructivos son casi imposibles de cuantificar. Se ignora la cifra real de muertos, que algunas fuentes oficiales elevan hasta los 150.000, ni la de heridos, que también se cuentan por centenares de miles. En cuanto a las personas que se han quedado sin hogar, el Gobierno haitiano las cifra en alrededor de un millón.

Voluntario de la Cruz Roja China delante de unas ruinasJordi Bach es el director en Haití de la ONG española Cesal y está trabajando en Puerto Príncipe desde que ocurrió el seísmo. Así relata las primeras horas en la capital después del terremoto: “El aire es irrespirable, mucha gente se protege con pañuelos y mascarillas del fuerte olor a cadáver. Las calles de Puerto Príncipe son ríos de gente arriba y abajo, no hay transporte público. Todos buscan agua y comida, deambulan como perdidos. El resto, la gente mayor, los heridos y los niños, acampan en todo parque, plaza, iglesia o espacio abierto. No hay tiendas de campaña, se improvisan plásticos en el mejor de los casos. La mayoría están al aire libre. Veo cientos de pequeños campos de refugiados, totalmente desprovistos de asistencia. Llegamos a Champ de Mars. La gran explanada se ha convertido en un enorme campo de refugiados. Allí se concentran todos los sin techo de la zona de Centre Ville, la más afectada. Puerto Príncipe es ahora mismo una masa de escombros con un hedor de muerto irrespirable. Las cifras que estoy viendo por televisión se quedan cortas, la realidad es mucho peor. He recorrido toda la ciudad: cientos de miles de personas están sin hogar, comida, agua y ropa, vagando por la calle o apilada en plazas e iglesias”.

Niña haitiana delante de una puerta

Prioridad, los niños

Y entre tanta destrucción y muerte, son los niños quienes más vulnerables se encuentran ante una situación tan caótica como la que se vive en Haití en estos momentos.

Según ha denunciado Unicef, una cantidad indeterminada de menores ha salido del país sin las correspondientes garantías legales. Asimismo, se han recibido avisos de que niños han abandonado hospitales solos o con personas que no habían acreditado ser sus familiares.

Por ello, Unicef y otras 28 organizaciones que trabajan en Haití están poniendo en común toda la información y los recursos para proteger a los niños de las redes de tráfico infantil. Entre las medidas que se han adoptado, con el apoyo de fuerzas de Naciones Unidas, se encuentran las visitas a los hospitales para asegurar que su personal es consciente de la importancia de acreditar la identidad de cualquier persona que quiera llevarse a un niño.

Las tareas para proteger a los niños de Haití se concentran en localizar a todos aquellos que están solos y trasladarlos a lugares seguros, donde reciben los cuidados que necesitan. Son inscritos para que exista un registro de menores no acompañados y, a su vez, se trabaja en un registro de progenitores o familiares en busca de sus niños. El objetivo es que se reencuentren con sus familias y, en aquellos casos en los que no sea posible, en su momento, se abordarán otras opciones.

Arriba niño haitiano sentado en unas ruinas. Debajo niño atendido de sus heridas“Los niños se encuentran en situación particularmente vulnerable y debemos hacer todo lo posible para asegurar su seguridad y bienestar, especialmente cuando pueden haberse visto perdidos o separados de los familiares que les cuidaban”, asegura Annie Foster, directora de la respuesta de emergencia de Save the Children en Haití. “Save the Children está proporcionando a los niños y niñas en los campamentos y refugios lugares seguros donde poder jugar y recibir apoyo para recuperarse de la experiencia traumática que han experimentado. Al mismo tiempo, estamos estableciendo sistemas para localizar y reunir a los niños y niñas no acompañados con sus familias”, dice Foster.

Orecchi Debras, de ocho años, es uno de los miles de niños haitianos que se ha quedado sin hogar. El pequeño aún puede regalar una sonrisa traviesa de vez en cuando, lo cual es sorprendente dadas las circunstancias. Orecchi estaba jugando con un amigo cuando el terremoto sacudió Haití, y derribó la casa, hiriéndose de gravedad en la cabeza. Al mismo tiempo, su hermana Madeline quedó sepultada debajo de una iglesia, aunque afortunadamente días después la encontraron y la sacaron con vida de los escombros. Ahora Orecchi vive en la calle con su familia, durmiendo a la intemperie sobre lonas plásticas. Sólo tienen las ropas con las que les encontró el terremoto. Su madre, Marie Rose, dice que intentó lavar la ropa con el agua de un desagüe, pero no lo ha vuelto a hacer. Dice que odia vivir en las calles. “No encuentras nada de lo que necesitas. Las calles están sucias y apestan”. Quizás, lo más preocupante es que la familia se ha quedado sin dinero para comprar comida y agua. Únicamente cuentan con la ayuda de ONG como World Vision, que está suministrando medicamentos al hospital de La Paix, donde Orecchi y su hermana están siendo atendidos. Pese a todo, ambos son afortunados, ya que conservan a sus padres.

“La extrema pobreza de Haití ya era un factor de riesgo ante posibles casos de explotación y abuso infantil. Ahora, después de que el terremoto ha separado a muchas familias, los niños que no tienen a sus padres a su lado son aún más vulnerables, ya que no sólo tienen menos acceso a la ayuda, sino que también son más propensos a ser víctimas de la explotación sexual y trabajo infantil”, explica Nicole Behnam, especialista en Protección Infantil de World Vision.

Un país mísero

Gente esperando que un camión cisterna les de agua

El terremoto de Haití ha hecho que se hable en todos los medios de comunicación del mundo de un país tradicionalmente relegado al olvido, con una economía que generó en 2009 un PIB de sólo 6.908 millones de dólares y una renta per cápita de 772 dólares, siendo la más pobre de todo el continente americano y una de las más desfavorecidas del mundo. Antes de la catástrofe del 12 de enero, el 80 por ciento de la población haitiana vivía bajo el umbral de la pobreza y un 75 por ciento de ella era dependiente de un sector de la agricultura y pesca organizado en pequeñas y frágiles explotaciones.

Según explica Óscar Serrano, cooperante de Acción contra el Hambre que está trabajando en el país caribeño, “la situación nutricional en Haití ya era muy delicada antes del terremoto, con tasas de malnutrición crónica del 30 por ciento. Después del seísmo es probable que, en poco tiempo, el deterioro del estado nutricional de los niños tome dimensiones críticas. El objetivo es no llegar a situaciones tan críticas como las que hemos visto en otros países como Etiopía, Niger o Myammar”.

Dos personas cubriéndose la cara delante de unas ruinasPasados los primeros días de caos absoluto en las calles de Puerto Príncipe, los cooperantes van pudiendo repartir la ayuda de una forma más o menos controlada. Así lo cuenta Jordi Bach, de Cesal: “Cada día que pasa tenemos la sensación de que es mejor que el anterior. El transporte ha mejorado, las comunicaciones, el abastecimiento de los abrigos (campos de desplazados), los centros de salud están mejor abastecidos... Pero sobre todo se recupera el inquebrantable ánimo de los haitianos, acostumbrados a las mil y una penurias y sacrificios antes del terremoto. No obstante la mejoría, el sufrimiento de la gente es de una magnitud enorme. Miles de heridos, de gente desposeída de todo, de niños y niñas sin padres, siguen viviendo en los abrigos, en las calles, luchando por sobrevivir. Nadie ha vuelto a sus casas. Millones de personas duermen bajo las estrellas, haciendo sus necesidades al aire libre, bañándose públicamente en la calle, sin ningún pudor. ¿Cuándo va a acabar esta pesadilla?“.

La sociedad española se vuelca

La Coordinadora ONGD-España ha querido reconocer públicamente a toda la sociedad española las enormes muestras de solidaridad ofrecidas al pueblo haitiano a pesar del contexto de crisis económica que atraviesa España. Según la Asociación Española de Fundraising, diez días después de la tragedia se habían conseguido recaudar cerca de 30 millones de euros para el trabajo de las ONG en la zona. Según explica la Coordinadora en un comunicado, “son éstas quienes tienen la misión de canalizar la ayuda de la ciudadanía española ante esta catástrofe”. Para la Coordinadora de ONGD, “la situación desesperada de millones de personas, acrecentada aún más tras las diversas réplicas del terremoto, nos lleva a solicitar públicamente que se mantenga el apoyo de manera sostenida y, sobre todo, el compromiso a largo plazo para poder garantizar la reconstrucción del país”.

Cómo ayudar

Mensajeros de la Paz

Santander: 0049 0001 52 2410101010

Caja Madrid: 2038 1753 44 6000065069

Cesal

Santander: 0049 0001 56 2010058858

World Vision

Santander: 0049 5927 96 2795042708

Save the Children

Santander: 0049 0001 52 2410019194

La Caixa: 2100 1727 12 0200032834

Cruz Roja Española

www.cruzroja.es

Ayuda en Acción

BBVA: 0182 4572 46 0208013826