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La cara amable de vivir en las favelas

Rio de Janeiro

El concepto de favela está rodeado de una imagen de marginalidad y delincuencia muy difícil de desligar. Sin embargo, la mayoría de quienes viven en ellas son personas honradas y trabajadoras. Sólo en Río de Janeiro, recien proclamada sede de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de 2016, hay más de mil de estos barrios.

Texto y fotos: Jéssica Hernández

Dos semanas después de ser elegida como ciudad que albergará los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de 2016, diversos altercados en la favela Morro dos Macacos de Río de Janeiro se cobraron la vida de casi 30 personas, entre narcotraficantes, policías y civiles, según fuentes del Gobierno brasileño. Sucesos como éstos son los que frecuentemente llenan los diarios demasiado a menudo y diseñan la imagen que gran parte del resto del mundo tiene de la vida en las favelas y del tipo de personas que las habitan. Sin embargo, sólo en la ciudad de Río existen unas 1.020 favelas, según cifras del Instituto Municipal Pereira Passos, donde vive aproximadamente el 20 por ciento de la población, es decir, cerca de un millón y medio de personas. Según Simone Miranda, guía turística de Río, “alrededor del 10 por ciento de estos habitantes podría relacionarse con el tráfico de drogas, pero existe un 90 por ciento que son trabajadores de hoteles o fábricas de la zona, personas honradas que viven en una favela con las necesidades básicas más o menos cubiertas y que están completamente al margen del narcotráfico”. Sin embargo, la imagen de marginalidad y delincuencia que rodea el concepto de favela es muy difícil de desligar incluso para muchos cariocas que viven en barrios mejor estructurados.

El salario mínimo en Río ronda los 500 reales brasileños, cerca de 250 euros, “y en algunas favelas, como la Rocinha o Vila Canoas, muchos trabajadores cobran al mes cerca de 1.000 reales”, según Miranda. Por este motivo, personas como Cláudia, propietaria de un establecimiento en Vila Canoas, considera que “vivir en una favela no es una desgracia, sino una oportunidad de progreso”. Se trata de una forma de “vida en comunidad” donde se ayudan unos a otros y gracias a los movimientos sociales consiguen suplir las carencias que el gobierno brasileño no cubre. Algunos, como Daniel, habitante de la Rocinha, se lo toma con humor y bromea sobre el Servicio Único de Salud (SUS), “cuya traducción es más conocida entre los brasileños como Seguro que Usted Se muere”.

Niños jugando en las favelas

En realidad, “Brasil es un país con un gran potencial de desarrollo, pero con una política económica y social insuficiente para la demanda existente”, asegura Brenda Ibeth, experta en turismo. “Alrededor del 40 por ciento de la riqueza del país proviene del pago de impuestos, de los cuales la propia población no tiene conocimiento”, ya que estos impuestos son recolectados de forma constante en la compra de cualquier bien de primera necesidad. El problema, según Ibeth  es de dos vías, “por un lado la deficiencia en políticas gubernamentales y la corrupción propia de los países en vías de desarrollo, y por otro lado una población ignorante o indiferente ante sus derechos, lo cual la incapacita para exigir al Gobierno lo que le corresponde”.

Un niño sentado en un tobogán y otro encima de un muro

Más seguras

Pero además, como asegura la guía Simone Miranda “a veces hay más seguridad en las favelas que en la propia ciudad”. Los narcotraficantes encuentran su escondite perfecto en el entramado de callejones, caminos y puertas sin nombre ni número y subidas y bajadas en los cerros (morros en portugués) donde se asientan las favelas. Sin embargo, el poder que tienen para controlar el tráfico de drogas de la zona que dominan es el mismo que utilizan para ofrecer seguridad al resto de habitantes, ya que no permiten que se realicen otras actividades delictivas como robos, prostitución, juego ilegal, etc. Ejemplo de ello, cuenta Miranda, fue la anécdota que sucedió hace cinco años cuando dos policías corruptos intentaron asaltar un banco localizado en la Rocinha pero fue impedido justamente por los narcotraficantes que controlan esta favela.

Los principales problemas de la vida en las favelas son las drogas, el insuficiente sistema educativo y la basura. El entramado de estos barrios es como una gran pirámide donde se apilan las casas sobre los morros de la ‘ciudad maravillosa’. Apenas hay separación entre viviendas y en casos como el de la Rocinha, una de las favelas más grandes de Latinoamérica, sólo existe una calle principal por donde pasan los coches y el único lugar por donde pasa el camión de la basura. También es el lugar de tránsito de los mototaxis, que ofrecen servicios de transporte a las personas que desean subir o bajar las empinadas y estrechas cuestas que dividen estas poblaciones. Estos transportistas son, en muchas ocasiones, los encargados de mover la droga, como cuenta Miranda.

Fútbol y carnaval

La cara más amable de las favelas, la protagonizan dos elementos característicos de Brasil: el fútbol y el carnaval, ya que muchas celebridades brasileñas como Ronaldo, Adriano o Rivaldo, entre otros, se criaron en el seno de una favela. Pero además de ser cuna de muchos futbolistas importantes de la historia, son también una parte importante del Carnaval, ya que en su seno se encuentran las grandes escuelas de samba como la Manguera, Rocinha o Salgueiro. Ésta última es la actual campeona del Carnaval de Río en este año 2009.

Además, estos barrios son grandes generadores de creatividad. Muchos de sus habitantes son artistas que utilizan su imaginación y fantasía como expresión artística de la realidad que les rodea. En la entrada a la favela Rocinha están situadas unas barracas donde se venden todo tipo de souvenirs que recuerdan el lugar, creaciones que suelen plasmar el paisaje curioso a la vez que espectacular que les rodea, puesto que la entrada a este gran barrio es el único lugar de todo Río de Janeiro desde el que se pueden observar al mismo tiempo los dos grandes hitos turísticos cariocas: el Cristo Redentor y el Pan de Azúcar.

El reciclaje es también una parte importante de la filosofía del brasileño y una herramienta de expresión, así como un modo de vida y trabajo, ya que son muchos los habitantes que venden su arte expresado en lienzos, ropas y bolsos formados con chapas de refresco, lámparas con palos de helado o con botellas vacías. Souvenirs exclusivos e inimaginables que reflejan el modo de vida humilde y honrada de gran parte de los pobladores de las favelas que, al margen del 10 por ciento que vive del negocio de la droga, trabaja y lucha por cambiar la imagen estigmatizada y los estereotipos de pobreza y marginación que por lo general la gente tiene de ellos.

Chicas sonriendo

Visita a las favelas

Una de las personas que está contribuyendo a cambiar la percepción de la realidad en las favelas ha sido Marcelo Amstrong, fundador de la empresa turística Favela Tour, que organiza visitas guiadas por estos barrios. Durante horas, los visitantes pasean por la única carretera principal de la Rocinha o los estrechos callejones de Vila Canoas, atendiendo las explicaciones de guías que narran la historia y el desarrollo de unos barrios que también forman parte de la ‘ciudad maravillosa’ y que en sí mismo encierran un encanto propio que es necesario conocer para comprender el modo de vida de los cariocas, la música y muchas de sus tradiciones.

Lejos de ser una experiencia de voyeurismo, estas visitas son parte de un tipo de turismo más comprometido donde los visitantes pueden conocer las peculiaridades de unos barrios que muchas personas temen a pesar de no conocerlos en primera persona. Además, Favela Tour financia el mantenimiento de la escuela ‘Para ti’, ubicada en Vila Canoas, que ofrece un apoyo educativo a cerca de 70 niños. La escuela fue fundada por el presidente de Fiat en Brasil, Franco Urani, y se trata de una iniciativa privada que complementa a la escuela pública, ya que las horas que ofrece la educación pública son insuficientes, según Miranda. Gracias a iniciativas como éstas “se evita que los niños pasen tanto tiempo en la calle y puedan llegar a dedicarse a actividades delictivas”. En ‘Para Ti’ se les ofrecen clases de repaso, ocio y actividades como informática o dibujo.

Estas iniciativas hacen un poco más fácil la vida dentro de estos barrios. Además, entre muchos habitantes existe la convicción de que la proliferación de favelas tiene “cierta conveniencia” para los políticos brasileños, “para pagar una mano de obra más barata o para mantener un cierto número de votos por área provenientes de personas que no cuentan con el grado de instrucción suficiente o ideal para formarse un criterio más amplio y demandante de sus gobernantes”, en opinión de Brenda Ibeth. Además, lejos de la idea antigua de destruir barrios enteros y llevarlos a las afueras, “el Gobierno quiere invertir en las favelas para que la clase baja consuma más, por eso les da más oportunidades”, según Simone Miranda.

Sin embargo, desde la concesión de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos a Río de Janeiro, el presidente de Brasil, Lula da Silva, ha emprendido una “lucha” para pacificar las favelas y “limpiar la suciedad” que los narcotraficantes provocan a la imagen de Brasil, según sus propias palabras tras los altercados de mediados de octubre. Esto no significa que desee terminar con la existencia de las favelas, sino que se ha comprometido a incrementar la presencia policial de estas zonas para erradicar el tráfico de drogas y hacer de las favelas un lugar más seguro. Pero ésta no es una tarea fácil, ya que esa “pacificación” del territorio es lo que provocó, precisamente, el enfrentamiento que acabó con casi 30 muertos en octubre. Paradójicamente, los asentamientos permanentes de la policía en algunas favelas provocó que una de las tres grandes mafias del narcotráfico en Río, el Comando Vermelho, intentara ocupar la favela Dos Macacos, controlada por la banda Amigo dos Amigos. Esto desencadenó la ola de asesinatos, que también se cobró la vida de gente honrada y trabajadora que simplemente vive en esas favelas porque no tiene otra opción o porque así lo ha elegido, y piensa que, lejos del negocio del narcotráfico, existe una cara amable, una vida dentro de las favelas que puede suponer para muchos una oportunidad de progreso.

 

Cuidado con las fotografías

Los turistas que diariamente visitan las favelas saben que hay zonas que no deben ser fotografiadas. Por ejemplo, es recomendable no tomar instantáneas de los Mototaxis, ya que muchos de sus conductores, camuflados bajo la apariencia de transportistas, traen y llevan la droga.