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Crisis

Bolsillo vacío, carro lleno

Bolsillo vacío, carro lleno. Fotografía del supermercado.

En Plasencia (Cáceres), una persona con bajos recursos económicos puede adquirir los productos hasta dos tercios más barato que en otros establecimientos en el primer Supermercado Social que se abre en España.

Lucía Carbajo

Fotos: Supermercado Social

Aquí no vienen a comprar ricos. A los ricos les digo que, por ética, no deberían estar aquí”. Así de tajante se muestra Consuelo de Miguel, una asistense social de 63 años que el pasado 30 de mayo abrió el primer Supermercado Social de España en Plasencia (Cáceres). En él, las personas con rentas bajas que lo acrediten pueden adquirir todo tipo de productos hasta dos tercios más barato que en las grandes superficies.

Este proyecto, que ha sido puesto en marcha como una iniciativa privada y con la colaboración de la Junta de Extremadura, dispensa productos casi a precio de costo, al que luego se suma una pequeña cantidad de mantenimiento de la nave industrial donde está el Supermercado Social. Aún así, un paquete de 500 gramos de espagueti a una persona que acredite unos bajos ingresos mediante la nómina del paro, la tarjeta de desempleo, la declaración de la renta o la prestación por jubilación, puede costarle entre 25 y 30 céntimos, cuando en otro establecimiento puede alcanzar hasta 1 euro. “Lo que yo hago –explica Con-suelo– es adaptar los precios a las necesidades de las personas: con los sueldos que se cobran hoy en día, muchos no tienen ni para comer. Entonces, yo contacto con un fabricante sin intermediarios y le compro los productos en sacos, los envaso y los vendo casi al precio de costo”.

El escaso beneficio que el Supermercado Social obtiene con este pequeño incremento del precio de costo se destina al alquiler simbólico del local, a comprar más productos y para el sueldo de las siete personas con discapacidad que atienden en este Supermercado Social.

Círculo de solidaridad

¿El truco de Consuelo? “Ser honrado y apostar por lo local”, dice la voz de la experiencia de llevar más de 40 años ayudando a los demás. “Yo no vendo ni tabaco, ni alcohol, ni productos de fuera de España: me sale más rentable vender las legumbres y el pollo producido en España que comprar a empresas mayoristas e intermediarios  que lo importan desde Argentina o Perú”.

“Yo tengo de todo –continúa Consuelo–, y lo que no tengo lo puedo traer. Una familia de cuatro personas hace aquí la compra semanal por 15 o 20 euros en vez de 50 o 60 y eso a mí me benficia porque ayudo a los que tengo cerca y éstos podrán ayudar a otras personas. Así es como se sale de la crisis”, sentencia.

Consuelo no se conforma con ayudar a cerca de 200 familias con su Supermercado Social: “Me gustaría poder montar un comedor social al lado, pero para eso todavía hay que ayudar a que muchas personas salgan de la crisis”, concluye.