Unión Europea
La hora de Europa

Los próximos meses serán claves para demostrar la viabilidad de este modelo económico y político, único e irrepetible: la Unión Europea. Los 27 celebrarán el 9 de mayo su día –el Día de Europa– con las miras puestas en las próximas elecciones al Parlamento Europeo –7 de junio– que, según todos los augurios, estarán marcadas por el protagonismo del absentismo y rodeadas por un áurea de ‘euroescepticismo’.
Ana Díaz
La crisis económica a escala mundial, el desempleo, la seguridad energética, la educación, la migración, los cambios demográficos y la crisis institucional en la que Europa parece estar inmersa, constituyen los principales temas en las agendas de los líderes europeos. Y ante este panorama, nada favorable, España asumirá la presidencia de la Unión el primer semestre de 2010. Es la hora de Europa... y de España. Es ahora cuando el país tiene que demostrar su capacidad de liderazgo y su papel en el tablero internacional.
Ya han pasado casi 60 años desde que uno de los padres del proyecto europeo, el ministro de Asuntos Exteriores francés Robert Schuman, alentado por Jean Monet, pronunciara lo que se conoce como la “Declaración Schuman”, germen de la UE.
“Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto; se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”, decía el político galo en su discurso pronunciado en París.
Y es que tras las palabras de Schuman, se escondía el deseo de poner fin a las asperezas y deseos encontrados de las potencias europeas que habían desencadenado en dos contiendas bélicas. En definitiva, se trataba de poner punto y final a la historia más reciente y negra del Viejo Continente que, inmerso en un periodo de recesión económica, debía buscar un nuevo rumbo.
Poco a poco, y tras superar numerosos escollos derivados de la falta de entendimiento entre los países y los anhelos de unos y otros, la idea del proyecto europeo se fue fraguando hasta hoy. Por el camino se quedaron iniciativas, como la Comunidad Europea de Defensa (CED) y la Comunidad Europea Política (CEP), que impulsadas por René Plevé, fueron rechazadas por la Asamblea Nacional Francesa. Igualmente, se superaron dificultades en el plano institucional, como la protagonizada por el país galo en 1966. Para manifestar su rechazo a una serie de medidas que la Comisión proponía, pasó a ejercer una “política de silla vacía” que suponía su ausencia de las reuniones.
A lo largo de todo este largo e intenso camino, han sido muchos los grandes momentos, sin embargo, quizás hayan sido tres, pertenecientes a la historia más reciente de la UE, los que todavía permanezcan en las retinas de los europeos.
Uno de estos puntos de inflexión fue 1992, con la firma, en la ciudad holandesa de Maastricht, del Tratado de la Unión Europea (“Tratado de Maastricht”). Como se desprende en su preámbulo, supone una fase más en la creación de “una unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa”.

Los tres pilares
Este nuevo texto, que entró en vigor el 1 de noviembre de 1993, traía consigo una nueva estructura organizativa, la Europa de “los tres pilares”. Uno de ellos, iría destinado a Comunidades Europeas, otro a la política exterior y de seguridad común y un tercero, a temas relacionados con la justicia. Además, este documento sentaba las bases para la creación de una Unión Económica y Monetaria que vería la luz el 1 de enero de 2001. Fue entonces cuando en 12 países se hacía realidad una de las antiguas añoranzas europeas: la moneda común.
El segundo punto y aparte se sitúa en mayo de 2004, cuando 10 países del este de Europa se convierten en miembros de pleno derecho. De este modo, se superaba la Guerra Fría que había supuesto la división del mundo en dos bloques: el occidental, liderado por los Estados Unidos, y el oriental, comunista, capitaneado por la antigua URSS. Era la caída definitiva del Telón de Acero.
Finalmente, y con la llegada del nuevo siglo, los líderes europeos decidieron dar un paso más en la organización institucional de la Unión. Para ello, impulsaron la creación de un proyecto de Constitución Europea, símbolo de la alianza y del compromiso de los países europeos. El texto, para que pudiese entrar en vigor, debía de ser respaldado por los estados miembros.
Tras una campaña de divulgación europea a escalas que pocas veces antes se habían conocido, el proyecto de Carta Magna sufrió en 2005 el rechazo de Francia y de los Países Bajos. Este “No” trajo consigo el comienzo de una crisis institucional que llevaría a años de reflexión sobre el modelo europeo.
Los primeros síntomas de una aparente y leve recuperación llegaron en 2007, cuando tras en el Consejo de Europa de Lisboa celebrado en octubre, los jefes de estado y de gobierno de los países miembros firmaron, dos meses después, el Tratado de Lisboa, documento que en estos momentos está siendo ratificado en los Parlamentos nacionales. En este sentido, el caso que más dudas plantea es el irlandés, donde el referéndum está programado para octubre de 2009. Pero, ¿qué pasaría si no da su visto bueno? ¿Sería el fin de Europa?
Para el subdirector de Investigación y Análisis del Real Instituto Elcano, uno de los think tank de referencia en España, Charlles Powell, la respuesta parece clara. “Lo más probable es que el resultado del segundo referéndum irlandés sea favorable, porque los demás estados miembros han estado dispuestos a hacer las concesiones necesarias para garantizarlos”, asegura.
No obstante, si no fuese así, “no sería el fin de Europa, ni de la UE, pero indudablemente nos sumiría en una crisis gravísima, de consecuencias difíciles de precisar”, matiza el investigador. Además, añade que sería “posible que con el paso de algunos años, diese lugar a la institucionalización de la Unión Europea a varias velocidades –como sucedió con la moneda única– en la que algunos estados miembros colaborarían más estrechamente que otros en algunos ámbitos y políticas”.
Gran desafío
Paralelamente a las crisis del propio modelo europeo, los 27 tienen ante sí un gran desafío: diseñar medidas que, una vez trasladadas a los diferentes estados, contribuyan a minimizar las consecuencias de la recesión económica. A esto, se unen otros retos de corte social, que derivan directa o indirectamente de la especial coyuntura económica de estos momentos.
El paro, uno de los aspectos más visibles de la crisis económica, está alcanzando unas cifras inimaginables hace tiempo. De hecho, apenas nueve años atrás, en el Consejo Europeo celebrado en la capital portuguesa en marzo de 2000, los líderes europeos decidieron poner en marcha la “Estrategia de Lisboa”. Ésta tenía dos objetivos: conseguir el pleno empleo y convertir a la UE en la economía más competitiva del mundo.
Para ello, se instaba a los estados a impulsar políticas que, entre otros aspectos, fomentaran la inversión en recursos humanos, en la lucha contra la exclusión social así como en educación y formación. Asimismo, se hacia un llamamiento al cuidado del medioambiente: un crecimiento económico sostenible.
Pero, los datos arrojados por el último estudio publicado por la oficina de estadística de la UE, la Eurostat, se encargan de desmantelar estas dos metas. Así, según se desprende del documento, el desempleo en la zona euro se situaba en el mes de febrero en un 8,5 por ciento, mientras que en la Europa de los 27, éste era del 7,9 por ciento. Justo hace un año, estos datos se colocaban en un 7,2 y un 6,8 por ciento respectivamente. Mientras, las otras potencias mundiales, Estados Unidos y Japón tenían unas cifras de desempleo del 8,1 y 4,4 por ciento.
En términos absolutos, estas cifras suponen que en una Europa de casi 500 millones de personas existen 19.156 millones de desempleados, de los cuales, 13.286 residen en la zona euro. Por países, Holanda goza de una tasa menor de desempleo (2,7 por ciento), mientras que España, con cuatro millones de parados, Letonia, y Lituania están a la cabeza de los países con las tasas más altas: 17,3, 14,4 y 13,7 por ciento respectivamente.
Por sectores de población, los niveles de desempleo entre los hombres se sitúan en la zona euro en un 8,1por ciento (frente al 6,5 por ciento de febrero de 2008), mientras que en la UE-27 ha pasado del 6,2 al 7,8 por ciento. Por otro lado, y en el caso de las mujeres, ha pasado de un 8,2 por ciento a un 8,9 en la zona euro, y de un 7,4 a un 8,0 en la UE-27.
Inmigración
La inmigración se ha convertido también en una de las principales preocupaciones de los países miembros. Cada semana, muchas de las costas europeas se convierten en destino para cientos de personas, en su mayoría procedentes de África, que ven a Europa como la solución a sus problemas. Mientras muchos pagan con su vida este anhelo, otros son deportados a sus países de origen y sólo una parte consigue su sueño: permanecer en el subcontinente de de las oportunidades. A ellos, se unen las personas procedentes de Latinoamérica, de los países de oriente y los propios europeos del Este que buscan en sus socios, los países ricos, una válvula de escape.
Según recoge la Eurostat, en 2006 alrededor de 3,5 millones de personas establecieron su residencia en un país diferente al suyo. De ellos, 1.800.000 procedían de un país no comunitario (principalmente Marruecos) y el resto, eran movimientos de ciudadanos europeos, sobre todo polacos y rumanos.
Por países, España (840.000), Alemania (660.000) y Reino Unido (530.000) recibieron más de dos millones de inmigrantes, lo que supone más de la mitad de la inmigración registrada dentro de las fronteras de la Unión. El perfil del inmigrante es el de un joven varón menor de 29 años.
Envejecimiento de la población
Otro de los desafíos a los que se enfrentan los 27 es al envejecimiento de su población. Y es que, por un lado, la esperanza de vida cada vez es mayor, y por otro, a medida que pasa el tiempo, disminuye el número de nacimientos, en consonancia con los cambios en los estilos de vida de los europeos.
Así, en el año 2007, la UE aumentó su población un 0,48 por ciento, estando el 80 por ciento de este crecimiento ligado a la emigración. En este periodo, nueve de los 27 países de la UE registraron un crecimiento negativo (Alemania, Italia, Rumania, Portugal, Hungría, Estonia, Letonia y Lituania) y solamente en tres, el aumento de su población está vinculado a un mayor número de nacimientos (Reino Unido, Francia y Holanda).
Energía y medio ambiente
La energía, sobre todo tras la pasada crisis energética, y el medio ambiente constituyen otros temas en los que España tendrá que prestar especial atención cuando asuma el liderazgo de la Unión. El último Consejo Europeo, celebrado en Bruselas los pasados 19 y 20 de marzo, así lo confirma. El documento de las conclusiones afirma que “la seguridad energética es una prioridad clave y es necesario incrementarla mejorando la eficacia energética, diversificando los suministradores de energía, las fuentes y las rutas de suministro, y promoviendo los intereses energéticos de la Unión respecto a terceros países”. Además, recuerda a los estados “la necesidad de aprovechar lo mejor posible los recursos energéticos propios, como las energías renovables, los combustibles minerales y, en aquellos países que así lo decidan, la energía nuclear”.
En relación al medio ambiente y bajo el paraguas de la creación de un modelo económico sostenible, el Consejo manifestó su “empeño en desempeñar un papel de relieve para lograr en diciembre de 2009 en Copenhague un acuerdo mundial completo en materia de cambio climático para limitar el calentamiento mundial por debajo de los 2º C”.
Ante este panorama, las manecillas del reloj corren en contra de una UE que tiene dar una respuesta firme a los desafíos que un mundo cada vez más globalizado le plantea.
Falta de confianza en las instituciones
Las instituciones europeas han visto cómo la confianza que los ciudadanos depositan en ellas ha disminuido. Así, un 45 por ciento de los europeos confían en el Parlamento, frente al 51 por ciento que lo hacía el otoño pasado.
Por su parte, la Comisión tienen una valoración parecida al Parlamento (42 por ciento vs. 51 por ciento) mientras que el Banco Central Europeo ve cómo la confianza que los europeos depositan en él cae de un 48 a un 39 por ciento.

Charles Powell.
Subdirector de Investigación y Análisis del Real Instituto Elcano
“La crisis económica es el gran reto del momento”
¿Cuál será el comportamiento de España en los próximos comicios al Parlamento Europeo?
El nivel de participación en España ha sido superior a la media europea, pero ha ido descendiendo en las últimas convocatorias. En general, el nivel de conocimiento de los españoles sobre los temas europeos siempre ha sido relativamente bajo, a pesar de lo cual el apoyo a las instituciones europeas es generalmente elevado. El desinterés actual seguramente está relacionado con dos cuestiones: un cierto cansancio provocado por la crisis institucional como resultado del rechazo de Irlanda al Tratado de Lisboa, y la sensación de que la UE no está teniendo una actuación especialmente brillante en respuesta a la crisis económica.
Y, ¿dónde cree que está el fallo? ¿Piensa que los ciudadanos creen que la UE es un proyecto que se está elaborando al margen de ellos?
En general, en buena parte de Europa se piensa que el proyecto ha tocado techo, y que necesita consolidarse, no buscar nuevos ámbitos de actuación. Y en los países de más tradición democrática hay además un cierto escepticismo sobre el funcionamiento de las instituciones y las elites que las ocupan.
En España, sabemos por las encuestas que los ciudadanos son mayoritariamente partidarios de “más Europa”, es decir, de la profundización del proyecto europeo, pero tienen la sensación de que no se está prestando suficiente atención a los asuntos que realmente les importan: crisis económica, el desempleo, seguridad energética, etc.
Se ha destinado parte de su presupuesto a la edición de folletos, guías, etc. sobre la UE pero los ciudadanos todavía tienen lagunas. ¿Considera que se debe cambiar la forma de transmitir el mensaje?
Una de las dificultades a las que nos hemos enfrentado siempre en este terreno es que la UE es un ente muy complejo, cuya estructura y actividad no resulta muy fácil de comprender ni de explicar al público. Por lo general, es la Comisión la que se dedica a esta tarea, y seguramente los Estados miembro podrían hacer más por ayudar a “interpretar” la UE a sus ciudadanos.
¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta en este momento la Unión?
La crisis económica es sin duda el gran reto del momento, ya que cuestiona y pone en peligro la viabilidad del modelo social europeo, la solidez del Euro, e incluso el mercado interior y el principio de cohesión. Si la situación se agrava en algunos países de la Europa central y oriental, y los demás no acudimos en su rescate, podría producirse una fractura gravísima.
El otro reto consiste en superar el actual impasse institucional, mediante la ratificación y entrada en vigor de Lisboa. Si damos una respuesta razonable a ambos asuntos, podremos volver a centrar la atención en otros temas no menores, como el futuro presupuesto comunitario, la reforma de la Política Agrícola Común, la adhesión de los Balcanes occidentales, etc. Pero ahora, lo más importante es que la UE contribuya a dar respuesta a la crisis de la economía.
Absentismo
Hace unas semanas, el Parlamento Europeo difundió los resultados del último Eurobarómetro, elaborado en base a las próximas elecciones en los meses de enero y febrero sobre una muestra de casi 30.000 personas.
Según recoge el sondeo, un 34 por ciento de los europeos creen “estar seguros” de que irán a votar frente a un 15 por ciento que declaran “estar absolutamente seguros de que no irán”. Mientras, en el caso de España, que entró a formar parte de la UE en 1986, el porcentaje de personas “que probablemente votará” se sitúa en un 27 por ciento, en contraposición al 45 por ciento que lo hizo en los comicios de 2004, el 63 de 1999, el 59 de 1994, el 55 de 1989 o el 69 por ciento de 1987.
En cuanto al interés que provocan las elecciones europeas entre los ciudadanos, un 53 por ciento de los encuestados declara “no estar interesado” frente a un 44 por ciento que asegura sí estarlo.
Prioridades del Parlamento Europeo
En relación a las prioridades de trabajo que el Parlamento debe adoptar, los europeos han alterado el orden de los temas.
A la cabeza se encuentra la mejora en la protección del consumidor y de la salud pública –antes ocupaba el segundo puesto– con un 36 por ciento de los votos. En segundo lugar, está la coordinación de políticas económicas, presupuestarias y fiscales que antes ocupaba el sexto puesto. Mientras, en tercer lugar, se sitúa el desarrollo de unas políticas de seguridad y de defensa que permitan a la UE enfrentarse a la crisis internacional.




