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Entrevista 3

“Millones de personas deben huir a otros países con las manos vacías”

Maricela Daniel

Desde hace 60 años, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) ayuda a sobrevivir a millones de personas que se han visto forzadas a abandonar sus países a causa de la guerra, el hambre y la miseria. Maricela Daniel es la nueva responsable de esta organización en España. Nació en Méjico, pero ha desarrollado su trabajo solidario por medio mundo, en zonas conflictivas golpeadas por la pobreza y la violencia, como Etiopía, Pakistán, Ruanda o Bosnia.

Juan Antonio Ledesma

Maricela Daniel

Representante de Acnur en España

Más de 33 millones de refugiados tienen comida, agua, alojamiento y educación gracias a Acnur, presente en más de un centenar de países. Su labor ha sido reconocida con el Premio Nobel de la Paz y con el Príncipe de Asturias de Cooperación.

En más de medio siglo de historia, ¿cuántas personas han recibido protección a través de Acnur?

Alrededor de 60 millones de personas, aunque las cifras son muy frías, y no hay que olvidar que detrás de cada persona hay una historia, una sensación de persecución, miedo, huida, tragedia. Millones de personas tienen que escapar de sus países, de una muerte segura, con las manos vacías, dejando atrás sus escasas pertenencias, separándose de sus familias, de su tierra. Inician una fuga hacia una vida sembrada de miedos y peligros reales. La labor de Acnur es coordinar la ayuda internacional para proteger a los refugiados, salvaguardar sus derechos y ayudarles en todo lo necesario. Esta tarea no es fácil, porque nos encontramos con retos importantes, como la recaudación de fondos económicos, reticencias de los países de asilo o la organización del trabajo en condiciones muy complicadas.

Siempre que hay dolor y desamparo, los que más sufren son los más débiles. El 80 por ciento de los refugiados son mujeres y niños, ¿no es así?

Mujeres, niños y ancianos son los colectivos más vulnerables, pero no debemos olvidar nunca el papel que juegan los hombres en cada cultura. Hemos vivido casos de violencia de género en muchos países cuando los hombres son desposeídos de su rol en la familia. Por eso, desde Acnur tratamos de ayudar a los refugiados y estimular su propia autonomía en los campos de refugiados, pero sin despreciar las raíces culturales.

La crisis económica mundial golpea con dureza a los países más pobres. ¿Cómo afronta Acnur la disminución de la ayuda internacional?

La situación actual es muy preocupante. Los países pobres acogen a la mayor parte de los refugiados de todo el mundo. En África hay nueve o diez millones de refugiados, otros 15 millones en Asia y una cifra muy importante también en países latinoamericanos. En Europa, la cifra de refugiados no llega a los tres millones de personas. La carencia de recursos económicos ya es notable, y más aún en países pobres y subdesarrollados. En los países ricos, la crisis económica provoca un aumento del desempleo, pero en las zonas más pobres del planeta las personas se mueren de hambre y de enfermedades. Hay que reflexionar sobre el nuevo modelo económico y financiero mundial, pero no hay que olvidar que hay casi mil millones de personas en todo el mundo que no tienen nada para comer.

Usted posee una dilatada trayectoria profesional y ha ejercido en países como Etiopía, Pakistán, Ruanda o Bosnia. ¿Cómo ve la evolución de la comunidad internacional frente a las necesidades de los refugiados?

La experiencia me ha enseñado a ver las cosas con escepticismo, pero no tenemos tiempo para recrearnos en debates idealistas. Lo importante es el ser humano, cada uno de los millones de refugiados repartidos por todo el mundo. Me quedo con la relación humana, con la defensa individual de los derechos humanos, mermados una y otra vez por una globalización de la miseria que por ahora parece no tener un final cercano.

¿Cómo se puede colaborar con Acnur?

Hay muchas formas de colaborar, una de ellas con aportaciones económicas. Naciones Unidas sólo cubre una parte de las necesidades económicas de Acnur. Trabajamos gracias a las colaboraciones voluntarias de los ciudadanos, a la solidaridad anónima de decenas de miles de personas preocupadas por los derechos y necesidades de los que menos tienen