Carta del director
José Manuel González Huesa
Director de PERFILES y director general de Servimedia
112
Este país tiene joyas ocultas, desconocidas, a las que sólo hacemos caso cuando las necesitamos. Y una de ellas es el servicio de emergencias, denominado 112. Un número de teléfono que recibe cualquier tipo de llamada de urgencia, sin coste, desde cualquier lugar de España, y aunque no haya cobertura con un operador, el resto de distribuidores la reenvía hasta el servicio de emergencias. Este sistema modélico es un ejemplo para otros países y está lleno de anécdotas. La primera sorpresa es la desaparición de un mito. Ustedes están hartos de ver en las películas que los policías siempre tratan de retener una llamada para localizar a un delincuente, y como espectadores, cuentan los segundos. Pues sepan que desde el mismo momento que una persona llama al 112 con un teléfono fijo, el sistema de control localiza con exactitud el lugar de la llamada. Si es un móvil, la localización se produce en un entorno de 150 metros. Una vez determinado el lugar de la llamada y en función de la necesidad de la emergencia, se decide qué servicio es el más adecuado: una ambulancia, la policía, los bomberos… Pero hay que tener cuidado, porque este sistema no es útil ni necesario para problemas menores con vecinos, un coche en doble fila, información sobre el tiempo… De las 17.000 llamadas al día que recibe el 112 de Madrid (unos siete millones al año), 4.000 corresponden a llamadas equivocadas, erróneas o no procedentes. Y cuidado con las falsas emergencias, a una familia madrileña le ha caído una multa por solicitar un rescate en la sierra, con helicópteros, bomberos, etc., que después resultó ser falso. Consecuencia: más de 36.000 euros de multa. El 112 (mejor llamarlo ‘uno, uno, dos’ y no ‘ciento doce’, para que todos, incluidos los más pequeños, puedan recordarlo) tiene que estar preparado para lo que pueda ocurrir. Y afrontar tragedias como las del atentado del 11M o el accidente del avión en Barajas. Con el primer aviso, movilización general para evitar posteriores catástrofes. O incluso socorrer a una patera en su paso por el Estrecho. A veces también ha servido para perseguir a unos atracadores con las indicaciones de un ciudadano desde su vehículo o resolver un secuestro “express”, al dejar abierta la línea y la policía escuchar las pistas del secuestrado para conocer su paradero. Y el último avance del servicio madrileño: un sistema especial para que las personas sordas se puedan comunicar a través de su móvil y con mensajes de texto con el 112. Un sistema pionero en el mundo. Faltan por resolver algunas deficiencias, como la falta de cobertura en algunas estaciones de metro, pero el camino recorrido hasta ahora ha sido modélico.




