Cultura
26 millones de documentos abiertos a todo el mundo

Con motivo del Día del Libro, que se celebra cada 23 de abril, la Biblioteca Nacional muestra a PERFILES que las letras, el arte y el conocimiento no deben tener barreras. Además desmonta el mito de que para ser usuario de sus servicios es preciso convertirse en “un ratón de biblioteca”.
Almudena Hernández
Fotos:Jorge Villa
Es la madre de todas las bibliotecas que hay en España. Cuenta con 150.000 usuarios potenciales al año, a los que habría que sumar otros 1.800.000 a través de la web. Una cifra aún superable si se añaden las páginas vistas on-line a través de la biblioteca digital, la hemeroteca virtual y el metabuscador que permite consultar los catálogos: 49 millones de páginas vistas.
En pleno corazón de Madrid –aunque con instalaciones en otra sede en Alcalá de Henares, para dar cabida a su inmenso archivo–, la Biblioteca Nacional de España (BNE) se asoma a los nuevos tiempos cuando casi celebra 300 años de vida. Varios centenares de personas, entre bibliotecarios, restauradores y documentalistas gestionan toneladas y toneladas del material más diverso. Todos los años se añade a sus fondos un millón de ejemplares, que ha de archivarse junto a los 26 millones de fondos ya existentes. En la Biblioteca Nacional cabe de todo, siempre que esté impreso, “desde las hojas parroquiales hasta incunables o calendarios, todo lo que tiene depósito legal”, explica su directora técnica, Belén Llera.
Así, la sede principal de la BNE se reparte en torno al gran Salón General de Lectura, el ala de la hemeroteca Nacional, más tres salas especiales, según el contenido que albergan: la sala Goya acoge dibujos, fotografías y grabados; la Barbieri, música, rollos de pianola, diccionarios de música y hasta discos de pizarra; y la sala Cervantes archiva los manuscritos y los libros denominados “raros”.
Unas 40 personas de distintos departamentos de este organismo están trabajando en la digitalización de todo ese tesoro de fondos. Belén Llera se congratula del estado del proceso de digitalización de los fondos que gestiona. En 2007 salió al público la hemeroteca digital a través de Internet. Años antes ya se realizaron actividades aisladas para la preservación con proyectos concretos como la Virtual Cervantes. “Y ahora mismo estamos en un proceso de digitalización masiva gracias al apoyo de Telefónica”, presume Llera.
10 millones
La compañía ha concedido un patrocinio de 10 millones de euros para cinco años. “La idea es digitalizar unos 200.000 objetos de todo tipo. Hemos empezado por monografías de los siglos XVIII y XIX; vamos a continuar con monografías, pero vamos a introducir también fotografías y mapas; además estamos estudiando si incluir la hemeroteca digital también en este proyecto; y estamos viendo todo el tema de fondo antiguo, de los siglos XVI-XVII, incunables, e incluso manuscritos”, concreta la directora técnica de la BNE.
El progreso y las tecnologías sólo tienen sentido si permiten abrir los archivos del conocimiento a todas las personas. De hecho, en la Biblioteca se tiene en cuenta que la digitalización se haga con el sistema OCR, que permitiría el acceso a los documentos a las personas ciegas. Pero además la digitalización sirve para guardar una copia de valiosos ejemplares. Un accidente, un robo o un daño no acabaría para siempre con la esencia del original.
La BNE tiene en cuenta a las personas con discapacidad a la hora de trazar las líneas maestras por donde discurrirá su futuro. Pero, además, los archivos de este organismo cuentan con facilidades para usuarios y trabajadores con discapacidad. Marina Gómez García, jefa de Servicio de las Salas Generales de la Biblioteca Nacional, explica que en el Salón General existen dos telelupas para personas con restos de visión, y que desde febrero está habilitado un ordenador en la Sala Multimedia con diversas posibilidades de modificación de pantalla, y dos ascensores con teclado en braille. A pesar de que la sede principal de la Biblioteca es un edificio histórico, ya existe una entrada habilitada para personas con movilidad reducida, algo que no es un mero adorno, gracias a varios usuarios con discapacidad que la usan con regularidad. Además, añade Marina Gómez, hay un servicio de acogida que será mejorado: “Las azafatas acompañan a las personas con discapacidad hasta la planta segunda, desde donde se pueden mover sin problema, y existen cuatro plazas de aparcamiento para personas con discapacidad y dos sillas de ruedas disponibles tanto para usarlas en la biblioteca técnica como para acudir a la zona de exposiciones y conferencias”. Incluso, hay personal de la biblioteca con movilidad reducida que también hace uso de esas adaptaciones para superar las barreras arquitectónicas.
La jefa de Servicio de Salas Generales asegura que cuentan con “una colección de braille muy importante”, algo un tanto desconocido por el gran público. Los libros editados en braille no escapan a las normativas del Depósito Legal, que desde 1958 obliga a hacer llegar copia de todo lo que se edita en España a la Biblioteca Nacional. Así, en la BNE hay más de 600 publicaciones en braille, entre monografías y publicaciones periódicas. Unos fondos que, sin embargo, “no tienen mucho uso”, confiesa Marina Gómez.
La Biblioteca ha rescatado varias obras representativas de las que se encuentran en sus archivos para mostrarlas a PERFILES. En su búsqueda, el personal de la BNE confesó haber descubierto que en 1932 hubo una sección de libros en braille y que eso se pudo hacer porque existía una entidad, el Comité del Libro para el Ciego, creada en la época de la República, que donó 200 libros y que además se comprometió a ir ampliando este fondo. Aquella sección estuvo coordinada por una persona ciega. Marina Gómez completa la información con otro dato histórico: “En 1916 había una biblioteca para ciegos en la calle La Palma de Madrid y esa biblioteca tenía mucha relación con la Biblioteca Nacional, y hacían muchas actividades como lecturas del Quijote con niños ciegos”.
La BNE alberga en sus estanterías obras anteriores como los populares Romances de Ciegos, un tipo de publicación que en los siglos XVI y XVII sólo podían vender las personas ciegas; un interesante ejemplar de M. Haüy fechado en 1786 en París titulado Essai sur léducation des aveugles (Ensayo de la educación de los ciegos), que fue un libro pionero “para introducir en la lectura, la ayuda al tacto, la impresión de los libros para que ellos puedan conocer las Lenguas, la Historia, la Geografía, la Música y hacer diferentes trabajos”, según leemos en sus páginas; o un curioso Diccionario de alfabetos en braille, con caracteres fenicios, hebreos y latinos en braille, para amantes de la filología.
La primera biblioteca
Además, la BNE reúne un completo catálogo de la primera biblioteca pública española para ciegos, fechado en 1928, cuyo índice descubre a autores como los Álvarez Quintero, Benavente o Cervantes; o El Madrid de los Austrias de Néstor Luján, en edición habitual, y su correspondiente –y voluminosa– copia en braille.
En la sala Barbieri también hay fondos que tienen especial relación con las personas ciegas. Entre ellos se encuentra un ejemplar editado por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, fechado en Washington en 1979, bajo el título Dictionary of braille music signs (Diccionario de los signos musicales en braille). No está en braille, pero explica la técnica para adecuar partituras a las personas que no pueden ver.
Otra de las salas de la BNE, la Goya, que quizás pueda resultar más contradictoria para quienes no pueden ver pues alberga los fondos gráficos, también cobija ejemplares de gran valor para todos los lectores. Isabel Ortega, jefa del Servicio de Dibujos y Grabados, muestra orgullosa Le plus beau cadeau (El regalo más bonito), una reproducción de gran tamaño de “poesías para niños invidentes”. Está editada por la editorial Raiña Lupa, y es una curiosa obra de arte contemporáneo que alterna poesía, braille y grabado. En él se encuentran obras firmadas por Chillida, Tápies y Miró.
La responsable de Dibujos y Grabados de la BNE, se confiesa “torpe” para interpretar otra de las joyas que ha encontrado en las estanterías. Se trata de La Capilla Sixtina, dos volúmenes editados por Telecom Italia Mobile, que explican en braille y con láminas en relieve las pinturas de Miguel Ángel. El lector puede hacerse a la idea tanto de cómo son las escenas que pintó el genio como de la ubicación exacta de cada una en las bóvedas y paredes del edificio. Se trata de uno de los 26 millones de ejemplares que la BNE ofrece a todos los ciudadanos con ganas de ampliar conocimientos, un lugar donde se puede leer de muchas maneras.
Una exposición en homenaje a Braille
Una parte significativa de los fondos en braille de la BNE se expondrán al público del 2 de junio al 31 de octubre dentro de una muestra con motivo del bicentenario del nacimiento de Louis Braille, que se cumple este año. Este ciudadano francés se adelantó a su tiempo para crear el sistema de lectoescritura denominado con su apellido. Según la jefa de Servicio de las Salas Generales, Marina Gómez, “se va a hacer un recorrido histórico sobre la relación de las personas ciegas o con discapacidad visual con la Biblioteca Nacional y se enseñarán distintos sistemas de lectoescritura para personas ciegas”.
Belén Llera, directora técnica de la Biblioteca Nacional.
“Con Internet, las bibliotecas han asumido que tienen que ser útiles a la sociedad”
¿Hasta qué punto contribuyen las nuevas teconologías en una biblioteca de casi tres siglos?
Recientemente Youtube nos ha propuesto subtitular los videos de la Biblioteca Nacional que se colgaran en este portal. Así, de forma automática, se traduciría a cualquier idioma. Con lo cual, por ejemplo, las personas con discapacidad auditiva podrían ver los subtítulos también en catalán, gallego, euskera… Serviría para subtitular conferencias que acojemos aquí. Sería un lujo.

Además se organizan conferencias y exposiciones como una reciente sobre la malaria con fondos de la Biblioteca. El trabajo no se queda sólo en las salas ¿qué otras actividades se hacen hacia el exterior?
La gran riqueza de la Biblioteca Nacional son los fondos, pero hay que buscar aliados o compañeros para sacar el máximo beneficio para la sociedad. Entonces, en el ámbito español, presidimos la Comisión de Bibliotecas Nacionales y Autonómicas, y también estamos colaborando con las bibliotecas universitarias.
¿Qué otros grandes retos tiene la Biblioteca?
Aparte de la preservación digital y la difusión de nuestras colecciones; el acercamiento a nuevos tipos de usuario, sobre todo del área científica; incrementar la participación española en proyectos europeos como la biblioteca Europeana y algo que siempre está ahí que es la accesibilidad.
¿Por qué no se conoce más lo mucho que hay en la BNE y sus servicios?
Las bibliotecas siempre se han mantenido como pequeños o grandes reservados de la sabiduría. Había una leyenda negra de que para entrar aquí había que venir avalado por algún “sabio”; una idea de tener que ser “ratón de biblioteca”, personas volcadas en los libros y en la investigación. En cambio, con Internet, las propias bibliotecas han asumido que tienen que ser útiles y eficaces para la sociedad para la que trabajan. La sociedad está empezando a ver que la BNE no es solamente esas grandes obras maestras que están accesibles para unos pocos, sino que se está trabajando para que esas obras sean accesibles para todos.





