Internacional
El viento del Este sopla incierto en Europa
En el último lustro una docena de países del Este ha entrado en la Unión Europea. Mientras la República Checa ostenta la presidencia comunitaria, la crisis y las diferencias políticas destapan la falta de sentimiento pro europeo de los nuevos vecinos.

Almudena Hernández
Fotos: CE/ J. Lipsius/ J. Villa
Europa mira al Este. Pero los nuevos países de la Unión Europea no muestran demasiada estima hacia esta particular asociación económica y política de 27 estados que trata de aglutinar mercados y políticas. Aunque a partir de 2004 una docena de países orientales se ha adherido a este organismo, las últimas regiones en llegar no se sienten demasiado apegadas a sus hermanas occidentales.
La vieja Europa también da argumentos para ello. Por ejemplo, Rumanía y Bulgaria, los últimos fichajes de la UE, se sumaron en 2007, y hasta el 31 de diciembre de 2008 sólo Irlanda, el Reino Unido y Suecia permitían la libre entrada de trabajadores de esas naciones sin permiso de trabajo. Desde el 1 de enero de este año España, Portugal, Finlandia y Grecia lo autorizan, aunque el núcleo duro se toma su tiempo: Alemania y Austria, vecinos de los nuevos europeos, quizás agoten el plazo, estipulado en 2011.
Con el fin de la moratoria impuesta por el Gobierno español, más de 700.000 rumanos y unos 150.000 búlgaros tienen libre circulación para trabajar en nuestro país. Pero el momento quizás no ha sido el más propicio. Las cifras del paro han llegado a los temidos tres millones de desempleados, datos en los que el colectivo inmigrante tiene un peso importante, aunque el Gobierno muestra tranquilidad y optimismo.
La vicepresidenta primera del Ejecutivo, María Teresa Fernández de la Vega, explicó tras levantar la moratoria que permitir esa libertad no iba a incidir “en materia laboral”. Y, desde el Ministerio de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho ha subrayado que mantener esta moratoria “no tenía mucho sentido”, ya que los gobiernos rumano y búlgaro están impulsando medidas para que sus ciudadanos regresen a su país.

En la Federación de Asociaciones Rumanas en España (Fedrom) el panorama se observa con una mirada distinta. Su presidente, Miguel Fonda Stefanescu, sentencia que “la moratoria se instaló sin ser necesaria y se ha marchado sin ser útil el hecho de que se haya acabado”. Y se explica que, “desde el punto de vista de los derechos está muy bien, porque ahora los rumanos y los búlgaros tienen todos los derechos de los ciudadanos europeos en el territorio español o en otros países”. Pero desde la perspectiva “del efecto perverso que tenía la moratoria, que era darle alas a la economía sumergida, que la gente trabajase sin contrato, el Gobierno la ha suprimido justo cuando el tipo de personas que dan trabajo a la gente que está en la economía sumergida no les va a contratar, porque tienen otro argumento que es: como hay crisis, no van a gastar más en Seguridad Social”.
Rumanía tiene una población de más de 22 millones —la mitad del censo español— y, en las peores de las previsiones, podría alcanzar el medio millón de parados en unos meses. Mientras en el país del conde Drácula hay un millón de empleos vacantes, los rumanos que están en España estudian a conciencia en qué condiciones se produciría el retorno. Las ofertas de trabajo que llegan desde Rumanía son de 300 euros y aquí cuentan con derechos aún deficitarios en su país, como la sanidad y la educación. Los rumanos son la población extranjera más numerosa en España —a 30 de junio de 2008 había más de cuatro millones de extranjeros con residencia legal en España— y además son un colectivo de fácil inclusión social. Sin embargo Fonda Stefanescu puntualiza que aún existe el cliché “difícil de erradicar” de vincular a la población rumana con los gitanos del Este.
Europa desde el Este
El 7 de junio España elegirá a sus representantes en el Parlamento Europeo, y el resto de países votará en fechas cercanas. Todo ocurre en un momento en que el oriente europeo está comenzando a entrar en la agenda comunitaria como destinatario de ayudas, pero también por turno.
Este primer semestre de 2009 la República Checa tiene la presidencia de la UE, un mandato acompañado de gestos de desdén hacia lo europeo. Pedro Lozano Bartolozzi, profesor de Relaciones Internacionales y subdirector del Centro de Estudios Europeos de la Universidad de Navarra, considera que más que de dos Europas, se puede hablar de varias. En momentos de crisis es cuando los países destapan sus cartas para defender los intereses particulares. A pesar de ello, el profesor anima a no olvidar que Europa, “que nació como un mercado, se ha transformado en otra cosa muy distinta, que es la Unión Europea, tiene pretensiones más allá del euro, como la defensa, la política exterior e incluso un parlamento elegido por sufragio universal, con todos sus defectos y carencias. O sea, que el proyecto europeo no es sólo económico, pero hay un cierto resurgir de todos los nacionalismos y un riesgo de volver al proteccionismo del ‘compre productos españoles’. Pero como todo está tan interrelacionado, es muy difícil dar marcha atrás en este proyecto europeo”.

Por su parte, el presidente de la Federación de Asociaciones Rumanas dice que la visión que tiene el Este respecto a Europa “no ha cambiado desde la II Guerra Mundial. Desde Viena para allá consideran que esto es otro mundo, un mundo extraño, que vive como Alicia en el país de las Maravillas”. Es más, sentencia que en esas latitudes “siempre se ha esperado poco” de la UE.
Una península de Asia
En este sentido, el profesor Lozano Bartolozzi, recuerda que Europa “es una península de Asia” y que siempre ha sido “un problema” marcar los límites hacia el Este: “Si se admite el caso de Turquía, ¿por qué no prolongarlo hasta Israel?”. Sin embargo, prefiere ver la evolución, aunque sea lenta : “Europa se hace como el baile de la yenca, un paso para delante y dos pasos para atrás. Se va lentamente cediendo en algunos campos y a la vez poniendo obstáculos a la vez en otros”, pero “hay que ser optimistas”.
El subdirector del centro de estudios europeos de la Universidad de Navarra hace memoria con el pasado de rivalidad del viejo continente para sentenciar que “todo lo que se haga, por poco y complejo que sea, avanzando hacia el entendimiento es absolutamente ilusionante”. Más aún: “Puede ser un modelo para el resto del mundo, como Oriente Medio, América Central, el Sudeste Asiático o incluso el África Subsahariana, como ejemplo de crear ámbitos de seguridad. Pues es difícil que se peleen los países que se unen y tienen intereses comunes”.
También se desprende cierto optimismo de las palabras de Miguel Fonda Stefanescu: “La Europa económica va por otro lado, sobre todo como unidad financiera. Lo que se dice en el Parlamento Europeo es muy parecido a las cosas que se dicen en Wall Street”. Pero hay “muchos proyectos” que tienen en cuenta “el desarrollo de la población”. Si hubiera que definir de alguna manera la construcción Europea, habría que destacar que “su desarrollo es muy de economía social, para que desaparezcan las desigualdades”.
En la actualidad, una de las mayores desigualdades se percibe, precisamente, en el desarrollo económico de los nuevos países europeos. Aunque, a nivel político, un gran reto es la aprobación del Tratado de Lisboa o la continuidad del de Niza, que reparten de distinto modo el número de diputados y competencias de los países. Un reto que puede consumarse si entre la población se extiende la idea de lo que realmente es la Unión Europea. Proyectos como EuropaDirect, gestionado en 500 organizaciones de los 27 países de esta particular asociación política y económica tratan de explicarlo a los ciudadanos de la “península de Asia” que aún no ha terminado de definir sus fronteras.
¿El Este más europeo?
Los países del Este están tomando peso tímidamente en la Unión Europea. En el último lustro una docena de estados orientales ha entrado a formar parte de la Unión. Uno de ellos, la República Checa –que se adhesionó en 2004– ostenta la presidencia europea en este primer semestre de 2009.
Según la fecha de adhesión, así se ha formado la actual Europa de los 27:
1952: Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y Países Bajos.
1973: Dinamarca, Irlanda y Reino Unido.
1981: Grecia.
1986: España y Portugal.
1995: Austria, Finlandia y Suecia.
2004: Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia y República Checa.
2007: Bulgaria y Rumanía.




