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Medio Ambiente

Cataratas de Iguazú

Por la selva accesible

Las Cataratas de Iguazú, localizadas dentro de la Selva Misionera o Paranaense, son un accidente montañoso de más de 270 cascadas que Argentina comparte con su vecino Brasil. En 1984, el Parque Nacional de Iguazú fue declarado Patrimonio Natural de la Humanidad de la Unesco y, desde 1995, el 90 por ciento de la visita desde el lado argentino esaccesible para personas con discapacidad.

Lucía Carbajo (Argentina)

Fotos: Iguazú Argentina (Parque Nacional)/L. Carbajo

Argentina pone el espectáculo y Brasil, el patio de butacas”. Así definen los argentinos la custodia compartida que, desde hace años, mantienen el Estado brasileño de Foz de Iguaçú y el de Misiones en Argentina por la explotación y gestión de las Cataratas de Iguazú, una formación orográfica que vierte el agua de un río que nace en Sierra del Mar, a 1.300 metros de altitud, en 275 saltos de entre dos y 80 metros de altura.

El río Iguazú, cuyo nombre proviene de la conjunción de las palabras “agua” y “grande” del guaraní, forma un ecosistema fluvial, selvático y rocoso en el que conviven más de 720 especies, de entre las cuales destacan, por su abundancia, las de aves y mariposas.

La Selva Misionera o Paranaense que rodea las Cataratas de Iguazú tenía, hace un centenar de años, una extensión aproximada de un millón de kilómetros cuadrados compartidos entre Paraguay, Brasil y Argentina. El paso del hombre ha hecho que esta selva subtropical perdiera más de un 80 por ciento de su terreno, quedándose en una extensión cercana a los 54 kilómetros cuadrados.

Custodia compartida

Localizada en una zona geopolíticamente estratégica, la provincia de Misiones, en Argentina, limita con las fronteras de los Estados de Ciudad del Este (Paraguay) y su vecino Foz de Iguaçú en Brasil, gracias a los ríos Paraná e Iguazú. En su confluencia se forma una de las únicas fronteras triples del mundo, compartiendo, por tanto, la soberanía de los parajes que encierra la Selva Paranaense.

Entre los vastos paisajes que rodean al Hito de las Tres Fronteras (un monumento que recuerda la limitación territorial con un monolito en cada país), el estruendo de miles de litros de agua del Iguazú que rompen sobre sí mismos anuncia la existencia, kilómetros antes de este histórico punto, de las Cataratas del Iguazú.

Con sus 275 saltos de entre dos y 80 metros de altura, estas cataratas se convierten en una de las visitas turísticas obligadas en el país del tango. Cada año, el lado argentino del salto de agua recibe a más de un millón de visitantes dispuestos a admirar más del 80 por ciento de las cataratas de nacionalidad argentina.

La Garganta del Diablo, uno de los saltos más impresionantes del país, sorprende a los visitantes con sus 82 metros de altura. Una neblina de condensación del agua de 150 metros impide ver el momento en que el agua golpea contra el suelo. Descubiertas en 1542 y comenzando su vida turística en 1934, no fue hasta 1984 cuando el Parque Nacional de Iguazú-Argentina fue declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco.

Líderes en accesibilidad

Escenario de multitud de películas (entre ellas, La misión, protagonizada por Robert De Niro), las Cataratas de Iguazú viven su máximo esplendor turístico gracias a considerarse una de las excursiones de Argentina que es apta para todos los públicos. En 1995, el Parque Nacional empezó a ofrecer servicios especiales para personas con discapacidad en el área de cataratas. Así, basándose en el programa Naturaleza sin barreras, Iguazú entró a formar parte de los destinos turísticos internacionales de ‘Máxima Accesibilidad’, ya que, según el departamento de Accesibilidad de Iguazú, “el 90 por ciento de los circuitos del parque es accesible para personas con discapacidad”.

Conseguir llegar a este porcentaje supuso, entre otras cosas, cambiar la estructura de las pasarelas de los paseos inferior y superior, desde los cuales se divisan las mejores vistas. En la actualidad, estas pasarelas cuentan con una estructura tal que, sin existir escaleras, en ningún caso se supera el seis por ciento de la pendiente, para mejor manejo y autonomía de las personas en silla de ruedas.

Asimismo, las personas con movilidad reducida no entorpecen el tránsito por las pasarelas, ya que el ancho de las mismas es de entre 1,20 y 1,80 metros. De acuerdo con las normas internacionales de esta materia, existen dos barras de pasamanos que se encuentran a 0,75 y 0,90 metros del suelo, a fin de servir de protección para personas de todas las medidas.

Por eso, tal y como asegura el equipo de Accesibilidad de la gestora Iguazú Argentina, “una persona que se desplaza en silla de ruedas puede recorrer todas las instalaciones, paseos y servicios sin ningún inconveniente desde que desciende del vehículo que le transporta al Parque hasta que se retira del mismo”. Asimismo, Iguazú presta sillas de ruedas y coches motorizados a quien los necesite.

No obstante, Iguazú no sólo tuvo en cuenta a las personas con movilidad reducida a la hora de aplicar el proyecto Naturaleza sin barreras. Las personas ciegas pueden moverse con libertad por las 63 hectáreas de este Parque Nacional gracias a los planos en relieve que existen a lo largo del recorrido. Además, se han colocado carteles de señalización y de interpretación del paisaje en braille. Es más: todos los restaurantes del recinto cuentan con una carta accesible para personas con discapacidad visual.

Por último, también las personas sordas o con deficiencias auditivas viajan con tranquilidad a las cataratas, ya que existen teléfonos especiales para hipoacúsicos, fax e intérpretes de lengua de signos argentina.

Comprometido con la accesibilidad individual de las personas con discapacidad, el Parque Nacional de Iguazú también contempla, en su plan Educación Especial, visitas en grupo de niños con discapacidad intelectual o física, tanto por el lado argentino como por “el patio de butacas” brasileño.

Tren turístico

 

Malos tiempos para Iguazú

En 2006 y para sorpresa de sus visitantes, el cambio climático jugó una mala pasada en las Cataratas de Iguazú, que vieron cómo se desnudaba su estructura rocosa y el caudal de agua se reducía en algo más de un 80 por ciento. Según informó la Compañía de Energía Eléctrica de Paraná (organismo oficial encargado de la medición), el caudal entre junio y agosto de 2006 era de cerca de 280 metros cúbicos por segundo cuando la media registrada en años anteriores fue de 1.500.

Sin embargo, según recuerda la empresa gestora del Parque Nacional, no era la primera vez que Iguazú se enfrentaba a la sequía: durante casi 30 días, entre mayo y junio de 1978, ninguna gota del Iguazú cayó por la catarata, dejando al descubierto la forma de semicírculo ovalado que presenta la Garganta del Diablo.

Tampoco los habitantes de Iguazú están a salvo de los desastres naturales. El yurumi u oso hormiguero, el yacaré overo (una especie de caimán), el jaguar y el lobito de río (un tipo de nutria de color pardo), son algunas de las especies autóctonas de la zona que sufren las consecuencias de la destrucción de la selva Paranaense y el cambio de las temperaturas y el denotado cambio de caudal del río que baña este parque.

 

Lepidópteras, las grandes protagonistas del parque

Primer plano de una mariposaEl Tren Ecológico, el transporte más utilizado dentro de este parque nacional, recorre la reserva impulsado por gas licuado de petróleo, con el objetivo de reducir al mínimo el impacto ambiental. A su paso, este ferrocarril, que cuenta con asientos reservados para personas con discapacidad en cada vagón, muestra otro de los grandes tesoros escondidos de Iguazú: las más de 120 especies de mariposas (lepidópteras) que habitan en el parque y que son las niñas mimadas de los responsables de la reserva.

Las lepidópteras, acostumbrados a vivir en lugares húmedos, han encontrado entre las sendas selváticas de Iguazú el mejor hábitat, ya que la humedad oscila entre el 75 y el 90 por ciento durante todo el año, siendo la temperatura de más de 20 grados centígrados. Actualmente, Iguazú es destino obligado de los biólogos que tratan de determinar a qué se debe el llamativo color de las mariposas diurnas, como la especie autóctona denominada “Mariposas 88”, que dibuja este número en cada ala.