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Familia

El rompecabezas de la doble jornada

Dibujo de un padre con su hijo enganchado de una pierna y a rastras

Ocuparse de los hijos, cumplir con la jornada laboral y atender el hogar es una tarea complicada para las familias españolas. Los expertos dicen que la conciliación no es un concepto únicamente femenino y que los primeros que deben dar ejemplo son los directivos de las empresas.

Almudena Hernández   

Ilustración: Óscar Peinado

Hace un buen rato que los muñecos de la tele mandaron a la cama a los más pequeños de la casa. Pero en muchos hogares españoles aún falta alguien por llegar a casa. Muchos padres ven a sus hijos cuando ya están dormidos. Se han perdido sus batallitas de lo que les pasó en el colegio; no han controlado lo que han visto en la caja tonta ni han hecho con ellos los deberes. Quienes no pueden permitirse pagar una asistenta y tienen la suerte de contar con sus padres cerca, se ven sustituídos por unos abuelos que ejercen de niñeros. De unos años a esta parte muchas abuelas se obligan a sí mismas a tener la responsabilidad de un niño a cargo. Los especialistas han acuñado un nuevo término para referirse a estas mujeres, el síndrome de las “abuelas esclavas”. Son abuelas que, debido a la progresiva incorporación de la mujer al mundo laboral, el ritmo de vida de muchas familias y la temida hipoteca que tienen que afrontar las parejas jóvenes, están cuidando cuando que ni física ni psíquicamente están preparadas para hacerlo.

Y puestos a acuñar nuevos términos, también suena mucho últimamente el de los “niños llavero”, esos críos a los que nadie acompaña al cole, que llegan a casa solos y gastan el tiempo a su gusto. Ahí están los datos. Según un estudio de la Fundación SM, 350.000 niños de 6 a 14 años pasan las tardes de los días laborables solos en casa. Unos 70.000 de esos chavales cenan sin que hayan llegado sus padres y casi un millón de niños consideran que sus padres pasan poco tiempo con ellos.

Carmen Sanz, presidenta de Fedepe, empresaria y madre de dos hijosLuego están los centros educativos que abren cuando aún no ha salido el sol y cuyos horarios se prolongan más allá del atardecer; y los niños saturados con múltiples clases extraescolares… Todo ello está ideado, dicen, para conciliar las exigentes jornadas laborales, pero en realidad son medidas de sustitución a la familia.

Patricia Valle es madre de tres hijos y trabaja en una multinacional, para la que viaja dos o tres veces al mes y se ve obligada a pasar varias noches fuera de casa de vez en cuando. Suele levantarse a las siete de la mañana, para preparar el desayuno a sus tres pequeños y acompañarlos al autobús. Luego, vuelve un rato a casa, donde está su “despacho” o aprovecha para reunirse con algún cliente antes de recoger a sus hijos. La tarde discurre entre los deberes, los juegos y un poco de práctica de piano.

Patricia tiene la suerte de teletrabajar, pues su empresa la permite hacer desde casa muchas gestiones, sin necesidad de tener un horario cerrado. Así, cuando no tiene un viaje, puede cuidar de sus niños. Cuando viaja, los abuelos o una mujer la suplen.

Confiesa que “si además de tener que viajar, tuviese que ir a una oficina con horarios extensos, sin duda o no habría tenido tres hijos, o no estaría trabajando en una multinacional”. “Para poder conciliar es importante estar muy bien organizado y cumplir los horarios. La coordinación de la pareja es algo clave para poder llevar bien la rutina y no generar estrés ni tensiones. En el trabajo pienso que uno de los dos siempre tiene que intentar prescindir de horarios extensos y sacrificados como rutina diaria”, reconoce Patricia.

Justifica que sean las féminas quienes se ocupen más de las labores domésticas: “Las mujeres, en general, nos implicamos más en todo lo relacionado con los niños y somos la parte que soporta el mayor peso tanto físico como psicológico. Los padres, sobre todo hoy en día, colaboran muchísimo. La verdad que gracias a mi marido puedo conservar el puesto que tengo. Pero es cierto que, el ‘disco duro’ en todo lo relacionado con los niños –profesores, deberes, actividades, revisiones pediátricas– las solemos llevar nosotras en una mayor parte. No es por ser machista, pero creo que las mamás tenemos mas pronunciado ese ‘sexto sentido’”.

Sin embargo cree que es “muy agotador” combinar trabajo y familia. Pero merece la pena: “Al final me siento realizada porque desempeño un trabajo que me gusta desde hace más de 13 años y porque tengo un marido y tres hijos adorables”.

Algunos peros

Como Patricia, Carmen Sanz reconoce que hay algunos peros en la compatibilidad entre el hogar y el desarrollo profesional de la mujer. Es presidenta de la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias (Fedepe) y es madre de dos hijos. Para ella, la atención a los suyos y la promoción profesional son compatibles: “He tenido un éxito razonable. Estoy orgullosa. Dirijo mi propia empresa y un par de organizaciones y tengo dos hijos a quienes quizás no les he dedicado todo el tiempo que me hubiera gustado pero sí que he sido capaz de conciliar. ¿Cómo? Porque yo a las siete de la tarde le decía a mi jefe ‘yo me voy porque creo que no es necesario estar más tiempo y mañana a las nueve estoy aquí a tu disposición’”. Otro de los trucos que ha utilizado Carmen es organizar desayunos en vez de comidas de trabajo y, sobre todo, dar ejemplo: “Tenemos que dar ejemplo desde arriba. Estas cosas no podemos pedir que las haga el empleado que se queda en la oficina si su jefe está hasta las diez de la noche. El primero que tiene que dar ejemplo es el jefe con su familia y empezar a conciliar desde arriba. Porque se puede hacer”.

Para la presidenta de Fedepe, el primer obstáculo de la mujer para conciliar familia y trabajo es el horario. “La forma de trabajar en nuestro país, donde las reuniones pueden empezar a las seis de la tarde y acaban a las diez de la noche, hace difícil que se pueda conciliar la vida familiar y laboral, pero tanto para hombres como para mujeres. Hay que racionalizar la forma de trabajar y aprender a distribuir mejor el tiempo en las empresas y en las personas.”, denuncia. Carmen Sanz también pronostica que ese esquema de organización no implica trabajar menos, pues “se puede producir mucho más”. “Tenemos una cultura de estar en la oficina, no de trabajar”, por lo que sería bueno cambiar “la cultura del presentismo en la oficina por la cultura de la productividad, del trabajo efectivo”, sentencia.

Recientemente se ha publicado el libro Mujeres, trabajos, empleos (Icaria Editorial), que aborda la problemática del empleo femenino en estos tiempos de globalización. El trabajo lo ha coordinado Pilar Rodríguez, profesora de Sociología de la Universidad de Almería, especializada en temas de género e inmigración. Gran parte de la obra la ha hecho en su baja maternal. “Este libro es una buena manera de conciliación. Parte de un seminario que hice en facultad de Humanidades de la Universidad de Almería cuando estaba embarazada de ocho meses”, presume esta mujer que se autodefine como “mamá novata, de vocación”, pero que está cuidando de su pequeño sola, porque el padre está en Estados Unidos.

Ciertos trabajos

Un hombre frente al ordenador junto con su hijaPor sus conocimientos profesionales y por la práctica en la maternidad, Pilar es una voz acreditada para decir que “por supuesto” que se puede conciliar: “Pero en ciertos trabajos, no. Editar un libro sí permite conciliar. Puedes revisar textos a las cinco de al tarde, a las doce de la noche o cuando el niño esté durmiendo. En este tipo de trabajos que te puedes traer a casa sí que concilias. Cuando no concilias es cuando tienes horario y debes estar en espacios diferentes”.

Sabe que lo tiene más fácil que otras madres, como la chica joven que tiene un contrato precario y que trabaja los fines de semana, o que las inmigrantes que se ven obligadas a enviar a sus hijos al país de origen para que cuiden de ellos sus familiares. Pese a ser consciente de la discriminación a las mujeres en el ámbito laboral, tanto en el acceso a un puesto de trabajo como en la comparativa de sueldos de los hombres, la profesora Rodríguez tiene cierta esperanza: “La desigualdad está dejando de estar de moda. En ese contexto va a empezar a funcionar otro tipo de discriminaciones mucho más sutiles. Las empresas tienen una web estupenda donde dicen que respetan todas esas cosas y luego en la práctica hacen lo que les da la gana. Estamos defendiendo la igualdad  y luego, a la hora de la verdad, búscate la vida”.

Medidas para la conciliación:

  •  Coincidencia entre los horarios de padres e hijos y más ayudas a las familias.
  • Protección social y apoyo a las familias para cuidar de los hijos los primeros dos años.
  • Que empresas y sindicatos hagan de la maternidad un acontecimiento deseable.
  • Flexibilizar los horarios laborales según el sector y las necesidades de cada trabajador.
  • Políticas en pro de la participación equilibrada en la vida familiar y profesional.
  • Que uno de los padres esté en casa en los tiempos que no cubra el horario escolar y que la jornada educativa responda a las necesidades del menor.
  • Escuelas de padres accesibles para éstos, que aumenten el interés del menor por estar más tiempo con sus progenitores.

Fuente: Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid y la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles.

Pilar Rodríguez, profesora de Sociología en la Universidad de Almería. Tiene un bebé de meses

Un manifiesto para ir pronto a casa

El Ministerio de Igualdad se adhirió al manifiesto que impulsa la agencia de noticias Servimedia por la conciliación laboral y familiar en los medios de comunicación. Dicho documento ya ha sido apoyado por una quincena de entidades y organizaciones, entre las que se encuentra la Federación de Asociaciones de la Prensa de España, la Comisión para la Racionalización de los Horarios Españoles y la Fundación Más Familia.

Patricia Valle, Compatibiliza el teletrabajo desde casa y el cuidado de sus tres niñosEsta última organización, precisamente, ha concedido ya un centenar de certificados que acreditan a las compañías ser “empresas familiarmente responsables” y más de 150.000 empleados se benefician de medidas como la calidad en el empleo, la flexibilidad, el apoyo a la familia, el desarrollo profesional y la igualdad de oportunidades.