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Responsabilidad social corporativa

José Alías (enviado especial)

Romper la cadena del trabajo infantil

Niños

En Latinoamérica hay, según la Organización Mundial del Trabajo, 19,7 millones de menores entre cinco y 17 años que trabajan. De estos, 6,86 millones realizan las definidas como peores formas de trabajo infantil: esclavitud, prostitución, actividades ilícitas, o con peligros graves. Este es el marco en el que desarrolla sus actividades el programa Proniño de la Fundación Telefónica.

Proniño está presente actualmente en 13 países de Latinoamérica, y durante el pasado 2007 logró mejorar las calidades educativas y sociales de 52.991 niños y niñas en la región. Se trata de un programa articulado en tres ejes estratégicos de intervención: la protección integral de los menores en situaciones de trabajo infantil con una mayor permanencia de los niños en las aulas; la mejora de la calidad educativa, tanto de las infraestructuras como del entorno educativo; y el fortalecimiento socio-institucional para la sostenibilidad a medio y largo plazo de la intervención social.

En los países en desarrollo, al igual que en el siglo XIX y en las zonas rurales del primer mundo durante el primer tercio del siglo pasado, los niños son una parte esencial para completar los escasos ingresos de la unidad familiar. Son familias numerosas en las que todos los miembros son interdependientes para poder sobrevivir en las circunstancias que les han tocado. Ha de producirse un cambio en la mentalidad de las personas y entender que, más allá del cruel presente, el futuro depende de una adecuada educación que rompa el círculo provocado por una la pescadilla que se muerde la cola como es la pobreza. El progreso y el desarrollo completo de los países del Tercer Mundo pasa por la educación. Y en esto consiste el programa Proniño. No se trata de sacar de las ladrilleras, de las maquilas o de los grandes basureros a una fuerza laboral que destabilizaría a miles de familias, provocando situaciones horribles a miles de menores.

Enfoque global

Así, el proyecto tiene un enfoque global, de 360 grados, que implica a múltiples actores que van desde las propias administraciones públicas, como gobiernos, autoridades locales y organismos internacionales, hasta otras organizaciones no gubernamentales locales con las que se colabora para el desarrollo del programa. 

Precisamente este es la clave del éxito de Proniño, pues no se trata de una acción aislada sino que intenta ser un agente de cambio en los usos y costumbres de la sociedad, así como elemento catalizador para que las distintas administraciones se comprometan de una forma efectiva en la lucha contra el trabajo infantil.

En los suburbios de Lima existen numerosas ladrilleras en las que familias enteras viven de la fabricación artesanal de ladrillos de adobe. En medio de un extenso campo en el suburbio de Huachipa hay  una de ellas. Allí un par de familias tiene su casa y su lugar de trabajo. Los padres amasan la arena arcillosa y van dejando en inmensas hileras miles de ladrillos marcados por siglas, que deben de secarse al sol. La familia obtiene unos 450 soles por cada mil, unos 100 euros, en los que se han invertido entre tres y cuatro días en tenerlos listos.

El terreno no es suyo, sino que viven arrendados y en cuanto se acabe la tierra deberán abandonarlo puesto que los propietarios han descubierto un nuevo uso: el cultivo de césped. Y para esto no se necesita tanta mano de obra y se tiene una mayor rentabilidad. Los padres hacen el trabajo físico más duro, pero la división tayloriana del trabajo permite que los hijos de las familias tengan un lugar en la cadena de producción antes de que los ladrillos partan hacia los hornos. Ellos son los encargados de que el secado sea uniforme. Su menor peso les permite andar por encima de la “comida de mañana” sin estropearla, pero la posición forzada y la escasa alimentación hace que tengan problemas de salud. 

Junto a la ladrillera se encuentra el colegio “Alto Perú” con el que colabora la Fundación Telefónica junto con la organización no gubernamental Cesip. El colegio, que dirige Nelli Villegas, acoge a unos 120 chavales de educación primaria de los que un 60 por ciento procede de familias de las ladrilleras cercanas. El colegio es gratis pero tienen que pagar una pequeña tasa de 25 soles.  Nelli, que lleva 16 años al frente del colegio, lo tiene claro: “Tienen que estudiar más y trabajar menos”. Lo dice porque conoce de primera mano las consecuencias del trabajo sobre quienes representan el futuro de Perú: “Los niños tienen menor estatura y padecen problemas en la piel, deformación de las extremidades y la columna vertebral, además de ver afectada su inteligencia”.  El comienzo del curso escolar es uno de los principales hitos allá donde se está actuando, puesto que en el acto de entrega del material didáctico que se aporta los padres y madres de los menores firman un acta mediante la cual se comprometen a incentivar y permitir que sus hijos abandonen el trabajo infantil y asistan a la escuela para que reciban una educación.

El  programa consiste en inculcar nuevos valores y trabajar tanto con los niños como con las familias. Son ellas las que tienen que entender y, por lo tanto permitir, que parte del tiempo que sus hijos dedicaban a actividades laborales pasen a ser sustituidas por educativas.

Voluntarios

Para las mejoras de las infraestructuras del entorno educativo es fundamental el papel que juegan los voluntarios de Telefónica. En este sentido, Carlos, voluntario que trabaja en Distrito C, la ciudad de Telefónica en Madrid, se muestra orgulloso de los cambios que ha se han producido en la escuela, de cómo, gracias a su esfuerzo y al de sus compañeros, se han podido levantar muros que separan el espacio escolar de un riachuelo llenos de desechos procedentes de las infraviviendas que rodean el colegio.

El voluntariado es clave para la ejecución del programa, ya que buena parte de las actividades que se planifican para cumplir los objetivos del mismo descansan directamente en el esfuerzo y la dedicación de los voluntarios. En este marco, la FundaciónTelefónica ha asumido –entre otros– el compromiso de doblar todos los aportes económicos que realicen los voluntarios. 

El programa Proniño, en su esfuerzo por conseguir una enseñanza de calidad, también esta haciendo hincapié en la utilización de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) como herramienta para la inclusión digital de los menores. En este sentido, el colegio de “Alto Perú” dispone de un aula con una docena de ordenadores conectados al programa Educared, que promueve el uso de Internet.

Por este aula pasan todos los chavales, e incluso algún padre se atreve con las teclas de los equipos aportados por Telefónica. “Los niños son curiosos y tienen muchas ganas de aprender”, señala la directora del colegio, que comenta cómo se organizan los turnos para que todos los alumnos de la escuela pasen por ella por lo menos una vez a la semana.

Nelli Villegas, a sus 57 años, es un ejemplo de la incorporación al mundo digital de un gran número de personas gracias a las aulas de Educared, que de otra forma serían excluidos. A principios del pasado mes de septiembre creó su propio blog con Blogger, en donde comenta su incorporación a las nuevas tecnologías. Para quien lo quiera leer es la dirección es: http://1223altoperudirectora.blogspot.com.