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Asier Vázquez

Foto: Jorge Villa

‘Chico Almodóvar’

Un joven actor ciego participa con un pequeño papel en la última película del director manchego Pedro Almodóvar, titulada El Abrazo Partido.

Última_01Todo está a oscuras. Hay gente que camina de un lado a otro, aparatos de todo tipo, cables, focos, sillas, atrezo… Todo está a oscuras, y hay silencio, y un rumor de gente, breves letanías que se repiten, diálogos y frases que se pronuncian entre dientes hasta que de pronto alguien alza la voz, y todos callan: ¡Acción!

El hombre que ha hablado es Pedro Almodóvar, y estamos en el rodaje de El Abrazo Partido, su última película. Ante la cámara hay un restaurante en semipenumbra en el que, entre otros, Blanca Portillo y Lluis Omar comen. También está Asier Etxandia, que interpreta a un camarero, y tres camareros más, todos ellos afiliados a la ONCE, entre los que está Carlos Galindos, el único de ellos que es ciego total. Esta es la enésima vez que ruedan la toma en la que a Portillo le da un ataque de ansiedad y llanto, mientras Galindos pasa cerca de ella arrastrando un carro de comida. En esta ocasión, el manchego, aficionado a explorar los suburbios de la realidad, dirige a actores ciegos, que hacen de camareros ciegos que sirven a clientes videntes.

El sueño

Carlos, aficionado al teatro desde siempre, y miembro de pequeñas compañías semiprofesionales, ha cumplido sin proponérselo el sueño confesable de muchas de las actrices con las que uno ha podido hablar: ser chico Almodóvar antes de los 40. Aunque la aparición es breve, el actor se muestra muy satisfecho con la experiencia y no duda en afirmar que no le importaría repetir con un papel más largo en el próximo proyecto del realizador. Lo que sí destaca es lo largo que resultó el rodaje para una escena de varios minutos: “Estuvimos unas diez horas rodando, y al final resulta un poco agotador repetir una y otra vez la misma secuencia”. El actor confiesa que, en este sentido, le causó admiración “la capacidad de Blanca Portillo de llorar en las decenas de repeticiones de la secuencia”.

En un momento dado, en mitad de la oscuridad del set de rodaje, Pedro pidió ayuda para salir afuera. El propio Carlos, encantado de servir de lazarillo al cineasta, se prestó voluntario, y relata divertido esa anécdota. Paradójicamente, en ese momento fue el ciego quien dirigió al director.